39 . La verdad que no podía recordar sobre aquel día
—¿No te puedes morir? Entonces te mataré yo.
Aquel día.
Cuando Juyeon levantó el ladrillo sobre su cabeza Seoeun se quedó quieta mirándola, pero había un brillo extraño en sus ojos. No mostraban preocupación por Juyeon, ni miedo o culpabilidad. Eran ojos de lástima y de furia, ojos que decían que no podía soportarlo más.
—Déjalo ya.
Juyeon se quedó congelada como si hubiera levantado el ladrillo por orden de Seoeun. Las emociones que habían quedado sepultadas por los celos y la ira pronto se convirtieron en confusión.
—No estoy trabajando en esa tienda por mi novio. A mi madre le cuesta trabajo ganar dinero ella sola y quiero ayudarla, pero esa no es la única razón. Trabajo a tiempo parcial por ti. Lo hago porque también quiero comprarte regalos y cosas ricas de comer.
—¿Cuándo te he pedido que me regales nada?, ¿por qué haces algo tan inútil…?
—Lo hago porque me da la gana.
Era extraño. ¿La persona con la que estaba hablando era realmente la Seoeun que conocía? Miraba a Juyeon con una expresión que parecía de una desconocida.
—Odio recibir tantas cosas de ti. Odio tener que pedirle dinero a mi madre cada vez que quiero comprar unos fideos instantáneos y odio mi familia pobre cada vez que la veo trabajar tanto.
Antes de que se diera cuenta, los ojos de Seoeun se habían llenado de lágrimas que no podían terminar de fluir debido al enfado.
—Sé que has estado contando rumores extraños a los demás.
Juyeon se quedó desconcertada cuando le dijo eso. Había dicho mentiras ridículas como que Seoeun no podía resistirse a los hombres y les había pedido que pagasen sus citas. Pensaba que mintiendo volvería con ella, pero no lo hizo. Quizás porque sabía toda la verdad.
—Me da igual. De todas formas, nunca te he visto como una amiga.
—¿Qué?
¿Era así como se sentía que te arrancasen el corazón y lo pisoteasen? Juyeon estaba mareada y con cada palabra de Seoeun le daba un vuelco el corazón.
—No sabía que mi idea de aguantar sólo hasta que encontrase otra amiga fuese a durar tanto tiempo.
—¿De qué estás hablando?
—Me preguntaste si te estaba usando ¿no?
Pues es verdad. Te he usado. Me dabas cualquier cosa sólo con que te dijese que la necesitaba.
Si hubiese querido habría podido usarte mucho más.
¿Te acuerdas? Cuando estábamos en secundaria me dijiste que si ganabas una beca en la academia me la darías.
Estuve esperando una hora enfrente de la academia ese día que hacía tanto frío sólo para recibirla.
En ese entonces hacía realmente todo lo que me pedías, me ajustaba a lo que querías.
—Ahora… ¿qué estás diciendo?
—No me mires así. Para ser sinceras a ti también te gustaba. Te tenía miedo y hacía todo lo que me pedías.
Mentira.
Juyeon dio un paso hacia atrás como si hubiera visto un fantasma. Seoeun la miró y soltó una risita.
—¿Por qué te piensas que estaba siempre a tu lado?
, ¿crees que era porque me gustabas un montón?
Hasta cuando salíamos tenía que aguantar que tu madre preguntase por qué salías con alguien de tan bajo nivel y soportar toda la mierda que me decías.
Hice lo que pude. Bastaba dar un poco más de lástima y ser un poco más amable para que me dieras ropa que valía un montón de dinero, era tan fácil como eso.
—…
—Pero ahora voy a dejar de hacerlo. Por eso lo siento.
Juyeon tropezó. Sus piernas perdieron fuerza y al mismo tiempo tuvo miedo de Seoeun. ¿La había utilizado? No podía ser verdad, su amiga nunca haría eso… Sacudió la cabeza negando varias veces y Seoeun resopló al verla.
—Pensaba fingir que no sabía nada y que soy tu amiga para seguir utilizándote, pero ahora me das lástima. A lo mejor piensas que soy patética, pero creo que la realmente patética eres tú. No tienes a nadie en quien apoyarte excepto a mí.
Mentiras, mentiras, mentiras…
Juyeon siguió sacudiendo la cabeza. No paraba de decirse a sí misma que era imposible que su amiga hubiera actuado así y que todo eso era una pesadilla.
Cada vez que su mirada se cruzaba con la de Seoeun se le ponía la piel de gallina.
—¿Qué pasa?, ¿no te crees que te utilizara?, ¿o es que esperabas que te pidiera perdón y te suplicara ser mi amiga y te has quedado de piedra? Oye, Juyeon, yo también soy humana. ¿Sabes cómo me sentía cada vez que me despreciabas?
No, esa no puede ser Seoeun. Juyeon sacudía la cabeza todo el rato mientras Seoeun la miraba con desdén. Retrocedió otro paso por el miedo que le provocaba su mirada. Aun así, Seoeun siguió mirándola de ese modo y ella dio otro paso, luego dos y luego tres como si alguna fuerza la empujara.
—¿No podías haber sido más amable conmigo? No desprecies así a la gente.
Juyeon sacudió la cabeza. De haber podido le habría gustado taparse las orejas. Evitó la mirada de Seoeun y se marchó corriendo como una niña asustada.
No pensaba en nada. Ni siquiera se dio cuenta de que el ladrillo seguía en su mano.
Siempre había sido honesta con Seoeun, ¿a partir de qué momento se había torcido todo?
Cuando volvió en sí ya estaba enfrente del aula.
Deambuló por el pasillo y se detuvo frente a la ventana del pasillo.
Seoeun estaba de pie ahí sola. En ese momento, se giró y miró hacia la ventana por la que se asomaba.
Cuando sus miradas se cruzaron Juyeon retrocedió sorprendida como si se hubiera quemado.
Agarró su bolsa y se marchó corriendo de inmediato.
En el alféizar de la ventana por la que se había asomado hacía un momento descansaba el ladrillo rojo.
Un ladrillo con las huellas dactilares de Juyeon claramente impresas.
Juyeon era una chica mala que no sabía cuidar de sus amigos y pensaba que siempre estarían ahí para ella.
Los trataba sin cuidado, no sabía expresarse y aunque le cayesen bien lo único que sabía hacer era actuar como si estuviera irritada.
Aun así, Juyeon siempre consideró a Seoeun su amiga.
Para ella, Seoeun era alguien con quien quería estar siempre cuando estaba pasando por un momento difícil, cuando se sentía sola y cuando estaba contenta.
Era una amiga en la que podía confiar y apoyarse.
Perderla significaba perder a esa persona con la que siempre compartía buenos y malos momentos.
Así que, decidió olvidar la última conversación que tuvo con Seoeun.
La borró de sus recuerdos y dejó sólo a la Seoeun que siempre era amable y estaba a su lado.
Por eso hasta el final no fue capaz de recordar las últimas palabras que le había dicho.