Matar a una amiga 38 . La corte
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38 . La corte

La sala del juicio estaba llena de un aire frío similar al de una mañana de invierno en la que había helado.

La tarde anterior se publicaron numerosos artículos que afirmaban que se había encontrado una testigo crucial para el caso.

Era como una declaración de guerra contra el juicio que se celebraba ese día.

Por supuesto, el fiscal ya había solicitado la comparecencia de la nueva testigo.

Al abogado Jang le invadió una indescriptible sensación de ansiedad.

Se preguntó cuál era el origen de esa sensación.

Si lo pensaba fríamente había más motivos para no creer a Juyeon que para hacerlo.

Era incapaz de recordar todas las situaciones que le eran desfavorables y lo que recordaba tampoco tenía sentido.

Así que ¿por qué creer a Juyeon?, ¿sólo porque su mirada era sincera?

, ¿porque no parecía que estuviera mintiendo?

No, el abogado Jang no es el tipo de persona que sentiría suficiente lástima como para dejarse arrastrar por las emociones.

Al principio, él también pensó que Juyeon era culpable tal como sugería la fiscalía a juzgar por los mensajes y las huellas en el ladrillo.

No era sólo el abogado Jang, en realidad la mayoría de la gente estaba convencida de que fue ella y la opinión pública en ese momento también se inclinaba a pensar lo mismo.

Por supuesto, si Juyeon era realmente culpable debía ser castigada, pero ¿y si no lo era?

Una persona inocente no debería ser castigada y ésa era la razón por la que estaba haciendo aquello.

«El resto de la gente… todos… dicen que fui yo.»

El abogado Jang imprimió fuerza a su mandíbula apretando los dientes.

Se recordó a sí mismo que el rencor no constituye prueba de un crimen.

Las pruebas que la señalaban como culpable seguían siendo insuficientes.

Jang pensó que era el único capaz de limpiar el nombre de Juyeon, pero cuantas más vueltas le daba más nítidamente veía la cara de la madre de Seoeun en su mente.

«Dile que se lo agradezco… Le agradezco que hiciera por Seoeun lo que yo no pude hacer. Si no fuese por Juyeon mi pobre hija… nunca habría tenido algo bonito que ponerse ni un par de zapatos decente… hasta el día en que nos dejó.»

«¿Por qué le hizo eso? Le da tanto miedo estar sola… y aun así la abandonó cuando cerró los ojos en sus últimos momentos. ¿Por qué lo hizo?, ¿por qué?...»

—Que declare la testigo.

La testigo era una estudiante que iba al mismo instituto.

No era alguien que llamase demasiado la atención, se encargaba de sus asuntos en silencio y era el tipo de persona que verías en segundo plano en una fotografía.

Debido a ello parecía fuera de lugar en la corte.

La testigo se notaba nerviosa por el ambiente denso y opresivo.

Se humedecía los labios con la lengua frecuentemente y mostraba señales de ansiedad.

—Vi a Juyeon caminando por el pasillo aquel día. Fue un poco raro porque andaba sin rumbo como si estuviera poseída por un fantasma.

—¿Raro por qué?

—Es que Juyeon… tenía agarrado un ladrillo en la mano. La verdad, no se suele ver a alguien sujetando un ladrillo, así que me escondí en la clase y la observé.

—¿Sujetaba un ladrillo?, ¿estás segura de haberlo visto con claridad?

—Sí, no era una simple piedra, sino un ladrillo. Era rojo y parecía un poco viejo.

Cuando la testigo terminó de hablar los rasgos del abogado Jang se tensaron.

En ese instante tuvo una premonición que le descendió desde la coronilla por su espina dorsal.

Miró a Juyeon. Ella también sintió su mirada y se la devolvió; el abogado Jang era la única persona que le había creído.

La mirada de Juyeon parecía suplicarle que siguiera confiando en ella.

Le pedía que, por favor, no soltara su mano hasta el final.

El abogado Jang tuvo que recomponerse de nuevo.

Tenía que creerle, tenía que creerle. Se repitió esas palabras todo el tiempo como si tratase de hipnotizarse a sí mismo.

—¿Qué hizo la acusada con el ladrillo?

—Juyeon se quedó de pie enfrente de una de las ventanas del pasillo durante un buen rato. Luego, tiró el ladrillo por la ventana. Pude escuchar el golpe con claridad. En ese momento no tuve ni idea, pero… pensándolo ahora creo que Juyeon quizás debió…

Antes de que la testigo terminase de hablar se empezaron a oír resoplidos del público. Estaban furiosos con esa chica que había cometido un crimen, pero no era capaz de reflexionar sobres sus actos.

—Pero ¿por qué no se lo contaste a nadie?

—Al principio no pensé que tuviera nada que ver con lo que le pasó a Seoeun. Después, me daba demasiado miedo decir algo… Luego me enteré por las noticias de que el arma homicida fue un ladrillo y…

El abogado Jang cerró los ojos con fuerza al oír las palabras de la testigo.

Sólo entonces entendió qué le había estado provocando esa ansiedad.

Era una sensación similar a una profecía como si siempre hubiera sabido que eso ocurriría.

Los extremos de los dedos le temblaban y se le puso la piel de gallina.

El ladrillo estaba tan hecho pedazos que resultaba poco creíble que Juyeon lo hubiera usado para golpearla…

En ese momento todas sus dudas desaparecieron por completo.

La razón por la que el ladrillo que el abogado Jang había presentado como prueba de su inocencia se había hecho pedazos quedó esclarecida.

El abogado Jang, que había intentado creer a Juyeon hasta el final, tembló con una sensación de traición.

Lleno de ira miró a Juyeon y ella sacudió la cabeza como si estuviera perpleja.

«No, no puede ser. Es imposible…»