Matar a una amiga 25 . El abogado Jang
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25 . El abogado Jang

Un hombre extraño entró. A primera vista no parecía contento. Juyeon sabía por su madre que se trataba del nuevo abogado de oficio que había acudido a regañadientes sólo porque ningún otro había accedido a llevar su caso.

Su madre lloró y se golpeó el pecho mirando a Juyeon. Ni siquiera se le ocurrió preguntar si estaba bien o si estaba sufriendo. Lo que su madre realmente quería decir y la sinceridad de lo que le había dicho mientras se golpeaba el pecho residía en las últimas palabras:

—¿Por qué demonios me estás haciendo esto? Mi vida está arruinada por tu culpa. Di algo.

Normalmente no había sinceridad en nada de lo que decía su madre, pero esas palabras eran auténticas. «Por tu culpa… por tu culpa.»

En el pasado Juyeon se habría enfadado al oír eso, pero ya no se enfadaba. Parecía verdad lo de que la vida de su madre había quedado arruinada por su culpa. ¿No se la había estado arruinando desde que nació? Se preguntó si no sería mejor que no hubiera nacido.

—Oye, chica. Mira, si sigues sin decir nada no hay forma de que pueda ayudarte.

Juyeon no decía nada, aunque al abogado Jang no le importaba. De todas formas, no estaba allí para escucharla. Simplemente estaba haciendo su trabajo.

Como abogado de oficio su trabajo consistía en llevar casos que no quería.

Las cosas estaban claras cuando hasta una abogada famosa había renunciado.

Era un partido que no podía ganar. El abogado Jang sabía que su trabajo no era demostrar la inocencia de Juyeon, sino conseguirle una ligera reducción de condena.

Sin embargo, ni siquiera eso le agradaba.

Si era culpable debería ser castigada. Odiaba la delincuencia juvenil.

Le disgustaban especialmente los casos de violencia y acoso escolar.

Algunos dirán que se trata de chicos que no saben comportarse y que todo el mundo comete algún error cuando es joven.

Sin embargo, a ojos de Jang no había excusas.

Sabía mejor que nadie que acosar a un chico es acosar a una familia entera, destroza la familia y arruina por completo la vida de la víctima.

Durante su tiempo en el oficio, Jang había conocido a todo tipo de personas: borrachos que no recordaban qué habían hecho, gente sin vergüenza que no entendía qué crimen había cometido, los que alegaban ser inocentes desde el principio,

otros que decían que todo era una conspiración y algunos que mentían como si no hubiera ocurrido nada.

La pena máxima que podía recibir Juyeon eran diez años.

No, como había cometido un crimen grave como el asesinato, cabía la posibilidad de que pasase hasta quince años en la cárcel.

Quince años podría parecer un periodo demasiado largo para una chica de diecisiete años, pero él pensaba que era un castigo demasiado pequeño para alguien que había cometido un crimen tan brutal.

¿Protección de menores? Jang lanzó un resoplido.

Por supuesto, él lo sabía. Sabía que los menores que viven en las calles porque la opción de permanecer en sus hogares es aún peor a veces cometen crímenes porque están hambrientos y exhaustos, y que hay muchos que podrían cambiar si se les diera un poco de apoyo y ánimos.

Pero ninguna excusa podía justificar la violencia. Además, cuando se trataba de violencia escolar no había lugar para debates en opinión de Jang. Asesinos que cometen actos terribles escudándose en que son menores...

El abogado Jang apretó los dientes de forma involuntaria mientras le venían a la mente recuerdos que preferiría desterrar.

Ahora su cara estaba desencajada por el desprecio.

Le aterrorizaban esos jóvenes que hacían lo que les daba la gana.

Chicos sin miedo que ni siquiera sabían qué habían hecho mal.

Exigían perdón de forma incondicional porque eran jóvenes a pesar de ser adultos.

Hacía mucho tiempo el abogado Jang había sido acosado por chicos así y llegó incluso a pensar en quitarse la vida.

Ninguno de los adultos a su alrededor lo supo hasta que pensó en la muerte.

No, quizás lo sabían, pero fingieron no saberlo.

Debían pensar tonterías como que así es como crece todo el mundo, que todos sufren hasta cierto punto y al final consiguen superarlo.

Pero mientras lo hacían, su joven corazón moría poco a poco.

Y ahora, Jang se había convertido en un abogado que defendía a la culpable de algo así.

Quería acabar con eso lo antes posible. Todos los chicos que cometían algún crimen decían lo mismo, que no sabían que terminaría así.

Decían que el otro había insultado primero, que estaba enfadado…

que no pensaban llegar tan lejos. Pero que mientras lo hacían se enfadaron… que lo hicieron todos juntos…

Todo eran excusas ridículas. ¿No sabían qué ocurriría? ¿Arrastraban a la víctima durante horas y le daban palizas y no sabían qué podría pasar? ¿Las grababan suplicando por sus vidas para subir esos vídeos a las redes y no pensaban llegar tan lejos?

El abogado Jang se reía cada vez que escuchaba una de esas repugnantes excusas. Probablemente nunca imaginaban que podían llegar a ser castigados mientras pisoteaban y arruinaban la vida de alguien riendo como demonios.

En lo referente a Juyeon, el abogado Jang ya sabía lo suficiente. Había visto todos los programas especiales que había producido esa cadena. Juyeon actuaba de forma arrogante a pesar de haber crecido en una familia adinerada y haber sido querida. Había estado acosando a su víctima a placer.

—¿Todavía puedes ver a la víctima?

Juyeon asintió sin contestar. «Pff». El abogado Jang rompió a reír sin darse cuenta. Juyeon estaba seria como si ni siquiera tuviera fuerzas para mentir.

El abogado, que había escuchado que se tenían sospechas de que pudiera padecer una enfermedad mental, tuvo que hacer grandes esfuerzos por no reír. ¿De verdad iban a salir con lo de la enfermedad mental? Hasta eso debía tenerlo planeado.

Sabía que Juyeon había estado insultando y gritando en el juicio.

Eso significaba que cuando se enfadaba era incapaz de controlar sus emociones y no sentía ni un ápice de culpabilidad.

Era una chica que tenía que salirse siempre con la suya y que sólo confiaba en sus padres y hacía lo que le venía en gana sin saber que el mundo es un lugar aterrador.

El abogado Jang lo sabía bien. Sabía lo inteligentes y terribles que podían ser los chicos así.

¿Debería defenderla? ¿No debería pagar por sus errores?

Si la defendía y reducían su condena, ¿no estaría cometiendo una injusticia hacia la familia de la víctima?

Cada vez que se encontraba en momentos como ése realmente quería dejar su trabajo.

Quería decirle que su padre rico la había abandonado, que los abogados famosos habían huido y que nadie quería defenderla.

También que él tampoco quería, pero que no había tenido elección como abogado de oficio y que de hecho a la gente como ella era a la que más despreciaba; pero decidió atajar el asunto de una manera mucho más sucinta y brusca:

—Supongo que no piensas decir nada, así que creo que no queda nada que pueda hacer.

Juyeon lanzó un profundo suspiro. Mirando a sus ojos temblorosos y sin saber qué hacer el abogado Jang comenzó a ponerse nervioso.

—Si no tienes nada que decir será mejor que terminemos aquí…

—Creo que lo que la gente dice es verdad.

—¿El qué?

—Aquel día… Realmente quise matar a Seoeun.