Matar a una amiga 24 . El perfilador criminal
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24 . El perfilador criminal

—He oído que cambiarás de abogada.

Juyeon no respondió a esa afirmación cautelosa.

—¿Qué estás mirando? —preguntó al parecerle raro que Juyeon llevase un buen rato mirando en la misma dirección.

—¿No puedes verla? —preguntó Juyeon en un susurro con la mirada todavía fija en ese punto.

—¿Ver qué?

El perfilador giró la cabeza hacia donde Juyeon estaba mirando, pero no vio nada.

—Es Seoeun.

En ese momento la expresión del perfilador cambió tan rápido y sutilmente que nadie se habría dado cuenta.

—¿Qué?

—Es Seoeun. Lleva un rato ahí de pie.

—¿Puedes ver a Seoeun?

—Viene a verme a menudo.

—¿Cuánto hace que viene a verte?

Juyeon había estado un rato con la mirada perdida, pero en ese momento estaba mirando fijamente hacia un punto como si realmente pudiera ver algo.

—Viene todos los días, pero no dice nada, sólo se queda mirándome.

El perfilador observó a Juyeon sin decir nada.

—Sé por qué lo hace.

—¿Por qué?

—Porque me odia. Me odia a morir.

¿En qué estaría pensando? Su mente trabajó con rapidez. Era raro que de repente viese a su amiga muerta justo cuando la otra abogada había anunciado que renunciaba. A lo mejor se trataba de una estrategia.

Como el juicio le era desfavorable, ¿estaría pensando en alegar enfermedad mental para conseguir una reducción de condena?, ¿o quizás finalmente estaba intentando confesar porque no aguantaba el sentimiento de culpa? El perfilador se dio cuenta instintivamente de que ese momento era fundamental.

—¿Por qué te odia Seoeun?

Juyeon se quedó un rato sin responder. Finalmente, pasado un tiempo movió sus labios agrietados:

—Creo que nací para ser el orgullo de mamá y papá. Ellos siempre estaban ocupados presumiendo de mí sin importar lo que hiciera.

—¿Odiabas que tus padres presumieran de ti?

—Hubo algunas veces en las que me gustó, pero la mayor parte del tiempo lo odiaba.

—¿Por qué?

—Tenía miedo de que me descubrieran. Supongo que sabía que yo no era nadie de quien presumir.

Los ojos de Juyeon estaban apagados y sin vida como si hubiera perdido toda su energía. Habló en un hilo de voz como si se dirigiera a su propia alma:

—Tenía que ser buena en todo: los estudios, los deportes, el canto, la pintura… Cualquier cosa.

—¿Te daba miedo decepcionar a tus padres?

Ante esa pregunta la comisura de los labios de Juyeon se alzó. Puede que lo hiciese en un tono burlón o porque se sentía abatida.

—No. Me daba miedo.

—¿Por qué?

—A mi madre se le da muy bien tirar cosas.

No importa lo caro o bueno que sea algo, cuando ya no merece la pena presumir sobre ello lo tira a la basura.

Pensaba que me ocurriría lo mismo. Si no tenía motivos para presumir sobre mí…

podría acabar así. Mi madre también odiaba a Seoeun, ¿sabes?

Me preguntaba que cómo podía ser amiga de alguien así y que de qué servía salir con alguien pobre a la que se le daban mal los estudios y de la que no había nada que presumir.

Cada vez que mi madre decía eso yo me enfadaba.

Seoeun era la única persona de la que no tenía que preocuparme porque me abandonase o me dejase tirada.

—Ah, así que por eso te gustaba Seoeun.

—Pero…

—¿Pero qué?

—Pero ahora que lo pienso no sé si me hice amiga suya porque me gustaba o porque mi madre la odiaba.

—¿Por tu madre?

—A partir de cierto momento mi madre empezó a tenerme miedo, pero a mí me gustaba. De esa forma, sabía que nunca me abandonaría. Cuando hacía algo que no le gustaba a mi madre por extraño que parezca me sentía enfadada, pero al mismo tiempo aliviada.

El perfilador arrugó la frente. Sin embargo, Juyeon continuó murmurando mientras seguía mirando al vacío.

—Sabes, la última vez me preguntaste si me gustaba Seoeun. Me gustaba. No sabría cómo expresarlo, pero… Era algo más intenso que simplemente gustarme. Me gustaba tanto que no quería que me la robara otra persona.