Matar a una amiga 22 . La abogada Kim
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22 . La abogada Kim

Por suerte, superaron el juicio por los pelos, aunque no había ninguna garantía de que fuesen a ganar las sesiones restantes.

La abogada Kim afiló su determinación como si se tratase de una hoja forjada para perforar y herir a alguien.

Sólo recordar lo que ocurrió en el tribunal la llenaba de frustración.

A pesar de sus esfuerzos por salvar esa vida al borde del colapso peleando junto al precipicio con desesperación, Juyeon actuaba como si estuviera ansiosa por caer.

—¿Qué tal es estar sola?

Juyeon no contestó a la pregunta de la abogada Kim. Su mirada desenfocada estaba fija en algún lugar desconocido como si estuviera poseída.

La abogada Kim había escuchado que nadie había ido a visitar a Juyeon durante los últimos días en que ella no lo había hecho.

No había sido intencional, pero pensó que era positivo.

Juyeon había debido sentirse completamente sola y asustada.

Tenía que tomar conciencia de lo terrorífico que era.

Necesitaba saber la manera en que su vida pendía peligrosamente de un hilo.

De esa forma no volvería a cometer el mismo error.

—¿Por qué no confesaste directamente que la asesinaste? Te dije que actuases como una pobre chica que ha perdido a su mejor amiga. No pudiste ¿y te pones a insultar a gritos?

La abogada Kim le había gritado a Juyeon y de repente se dio cuenta de su error.

Por más dura que se mostrase con ella todavía tenía sólo diecisiete años.

Debió responder de forma racional, pero sin darse cuenta se había puesto furiosa con su clienta, que era una adolescente.

Kim tenía que reconocer que la había puesto contra las cuerdas.

Era un caso del que todos los medios hablaban y que había atraído la atención de todo el mundo. La abogada Kim sabía perfectamente que la manera en que concluyera el juicio tendría un impacto significativo en su carrera.

—Muy bien. Empecemos de cero. Es tu primer juicio, así que es normal que te resulte extraño y estés asustada. Como dije antes, no hace falta que escuches a nadie más. Simplemente haz lo que digo y te sacaré de ésta.

Sin embargo, Juyeon todavía se veía como si hubiera perdido el juicio y su cara estaba exenta de vitalidad. Al verla así, la abogada Kim sintió cierto resentimiento.

¿Pensaba volver en sí de una vez? Estaba en una posición en la que tendría que estar llorando y suplicando que la salvara. Era como una cuerda caída del cielo para ella.

Tenía esperanzas de que Juyeon se agarrara a esa cuerda.

—No vuelvas a actuar así. Si lo haces será realmente difícil…

—…¿Y si yo la hubiera matado?

—¿Qué acabas de decir?

Juyeon se echó a llorar como una niña desamparada ante la pregunta de la abogada.

—De verdad no me acuerdo, no creo que lo hiciera… ¿pero si realmente lo hubiera hecho…?

—¿Y qué más da?

—¿Cómo?

Juyeon la miró. La abogada Kim le devolvió la mirada con ojos fríos. Transmitía firmeza, como si no tuviera ninguna intención de caer en sus provocaciones infantiles.

—Si la hubieras matado, ¿piensas quedarte aquí y pagar por ello?, ¿vas a pudrirte en la cárcel durante tus mejores años?

Juyeon tenía un tic en el ojo por la ansiedad. Se sentía como si tuviera a su madre delante.

—Mírame. Ya te lo dije, ¿no? Si yo te defiendo tienes que ser inocente incluso aunque seas culpable. He venido a sacarte de aquí. Vale, entiendo que debes estar preocupada por la chica muerta, pero…

Después de descubrir que a Seoeun no se le daban bien los estudios y que su familia era pobre, la madre de Juyeon estaba siempre disgustada. Le decía que saliera con otras chicas que pudieran ayudarla en la vida y que no había nada que ganar de alguien sin ningún valor como Seoeun.

—¿Te sientes culpable? Ya, es comprensible. Pero ahora no es el momento. Que te sientas culpable no cambiará nada.

«Con todas las chicas buenas que hay, ¿por qué tienes que juntarte con Seoeun?»

Cuando su madre se puso a hacer averiguaciones descubrió que su nivel era mucho más bajo de lo que había imaginado.

«¿Sientes lástima por ella? Hay un límite a la compasión que uno puede sentir. Si te sientes mal simplemente le enviaré algo de dinero. Tú estudia mucho. Tienes que estudiar y triunfar. ¿Ayudar a chicas desfavorecidas? Cuando tengas éxito podrás hacer lo que te dé la gana.»

—La muerte de esa chica es cosa del pasado. Vivir en el pasado es algo que sólo hacen los perdedores…

«Ptt»

Juyeon escupió a la cara de la abogada Kim y se hizo el silencio por un momento. La abogada cerró los ojos con fuerza. La saliva caía por su ojo izquierdo y Juyeon le dedicaba una mirada cargada de veneno.

—Eres basura.

La abogada Kim alzó la mano y limpió las babas que bajaban por su cara. Las palabras de Juyeon se clavaron en sus oídos y no se las podía sacar de encima.

¿Basura?, se repitió esa palabra una y otra vez.

En toda su vida nunca había fracasado. Había llevado una vida llena de éxitos y victorias y todo el mundo la envidiaba, pero ahora una niña caprichosa estaba insultándola sin ninguna vergüenza.

Una chica arrogante incapaz de hacer nada por sí misma y que no sabía mostrar agradecimiento la estaba llamando «basura».

—¿Quieres que te diga la verdad?

La voz de la abogada Kim sonaba inquietantemente tranquila.

—La gente dice que eres una perra horrible y cruel. La hija de puta más mala del planeta que trata a sus amigos como a esclavos y una psicópata que ahora incluso ha cometido un asesinato.

—Yo no la maté. ¡He dicho que no la maté!

—No importa si lo hiciste o no. De ahora en adelante cada acción que cometas y cada palabra que pronuncies te agarrará por el tobillo y te arrastrará al fango. Ya nadie creerá nada de lo que digas.

Juyeon la miró como si estuviera a punto de abalanzarse sobre ella. La abogada Kim se enfrentó a la chica rebelde con una ligera sonrisa.

—En realidad, debería darte las gracias por estar actuando como una desquiciada. Gracias a ti he recobrado el sentido. No creo que tú y yo seamos compatibles, ¿verdad?

La respiración de Juyeon se aceleró. La abogada Kim enderezó los documentos y se alisó el cuello de la camisa como si no hubiera ocurrido nada.

Juyeon seguía mirándola con intensidad. La abogada Kim recogió con calma su bolso y se dispuso a salir.

Entonces, se giró y miró a Juyeon como si acabara de recordar algo.

—Creo que hemos terminado aquí. ¿Sabes lo que eso significa?

—…

—Que estás acabada.