21 . El psiquiatra
Las preocupaciones sobre la identidad sexual a menudo se dan en la adolescencia. Es una etapa en la que los individuos normalmente empiezan a desarrollar sentimientos por el sexo opuesto y trabajan en la construcción de su identidad.
Si examinamos el diario de Juyeon no se perciben señales evidentes de inquietud con respecto a su identidad sexual. Sin embargo, en algún momento parece haber tomado conciencia de su creciente obsesión por su amiga. Veamos esa parte:
«Me siento como si estuviera perdiendo la cabeza. ¿Por qué soy así? Echo de menos a Seoeun un montón.»
Es necesario prestar atención a esta parte que fue escrita y después tachada.
Parece que se siente confusa por sus sentimientos hacia su amiga.
El problema aquí es el ambiente opresivo familiar.
En casos como el de esta estudiante deberían tener a alguien para recibir asistencia psicológica o hablar abiertamente de ello, pero en la familia de Juyeon no se da esa posibilidad para nada.
En su diario aparecen con frecuencia frases como: «Papá y mamá no se pueden enterar» o «tengo miedo».
En el caso de Ji Juyeon, parece que se siente confusa sobre sus emociones y no sabe exactamente qué significan.
Se da cuenta de que sus sentimientos hacia su amiga se están volviendo cada vez más obsesivos y en una situación así el hecho de que su amiga no corresponda a esos sentimientos debe haber sido muy frustrante e irritante para ella.
Lo cierto es que Juyeon viene de una familia adinerada, es buena en los estudios y siempre ha recibido halagos y ha llevado una vida de triunfos.
Sin embargo, a menudo parece ansiosa e intranquila.
Cree que si no gana se convertirá en una perdedora.
Este sentimiento de inseguridad le produce una presión por ganar a toda costa y al final explota como una bomba cuando las cosas no salen como ella quiere.
En especial, la reacción de Juyeon al rechazo parece producir tendencias violentas y de ira.
«Odio a ese hijo de puta que está intentando coquetear con Seoeun, me pone enferma y no aguanto que Seoeun me ignore porque le gusta tanto. Me dan ganas de matarlos.»
Bueno, es difícil de afirmar que sólo porque haya escrito en su diario que le gustaría matar a alguien realmente haya llegado al punto de cometer un asesinato. Sin embargo, cabe la posibilidad de que cometiese un acto que escapase a su control una vez emergiesen sus tendencias violentas.