Matar a un rico (Colomba y Dante 4) Capítulo 19
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Capítulo 19

Dante ha dejado de mirar los documentos y se ha tumbado boca arriba en el suelo del salón, delante de la puertaventana abierta.

Está analizando en su cabeza el comportamiento de Tancredi, sus palabras, su forma de actuar ante los demás, las anomalías, sobre todo estas últimas.

Los asesinatos que ha cometido y de los que Dante ha tenido conocimiento son todos ellos completamente justificables desde el punto de vista de un asesino que quiere borrar su pasado.

Tancredi no quería arriesgarse a que alguien pudiera traicionarlo, ni siquiera personas que probablemente nunca lo habrían hecho.

La anomalía es la muerte de su hijo en el avión.

¿Estaba al tanto y dejó que muriese, o lo manipuló para que forzara tener disponible ese avión la noche de la explosión?

En ambos casos, el riesgo era enorme. La investigación sobre el chico podría haber descubierto algún secreto de familia que él no tenía interés en revelar.

No sucedió, pero de todas formas fue un riesgo.

Segunda anomalía: ¿por qué quiso congelar los restos de su hijo?

No pudo ser una elección de su mujer, o difícilmente fue así.

Ella es profundamente católica, casi integrista, a juzgar por los grupos con los que se relaciona.

Y a los católicos no les gusta la hibernación, como demostró Duccio Rinaldi con claridad.

¿A quién iba dirigida esa representación?

Porque debía de existir una razón. Si solo hubiera sido narcisismo, ya se las habría apañado para tener más público.

¿Intereses? ¿Acuerdos con los Martínez de los que no sabe nada? ¿Con Glenn?

La muerte de Annabelle fue otra anomalía.

Según Berù, Rossetti/Tenia/Xabier a menudo se marchaba de París en viajes «de trabajo», que le permitían procurarse droga con la que traficar.

¿Por qué no hizo lo mismo en su último viaje?

¿Por qué no se marchó meramente para no volver nunca más, dejando atrás a una novia desesperada, tal vez, pero no a una familia rica dispuesta a pagar a un detective para que le diera caza?

La policía podría haberlo detenido antes de que hubiera subido a bordo del barco.

Y Tenia no mató a Annabelle en un arrebato de ira, porque la habría matado de una forma más física, a golpes o a puñaladas, no habría razonado cómo y cuándo ponerle una inyección letal de heroína. El cadáver no tenía marcas, ha visto las polaroids , algunas son auténticas.

Y Jesús sabía algo que le permitía tener a Tancredi cogido por los huevos.

Dante se pregunta si lo que llevó a la muerte de Annabelle no será lo mismo que le daba a Jesús Martínez esa pequeña ventaja sobre Tancredi, hasta el punto de convencerlo de apoyar el proyecto de la Aeon. La misma razón, treinta años después.

Cuando Bart lo llama, sigue tumbado, el teléfono está a un par de metros y llega hasta él arrastrándose.

—Colomba dice que si te regalara una cafetera tipo bar no sabrías qué hacerte con ella —le dice.

—Dante, yo el café me lo tomo de máquina, y solo por la mañana. Pero gracias por pensar en ello. ¿Y por qué deberías regalarme algo?

—Porque eres amiga mía. Es algo así como hacer una ofrenda sacrificial para congraciarse con los espíritus. Y seguí tu consejo, fui más insistente.

—¿Ahora que tiene novio?

—No tiene novio de verdad.

—¿Y cómo te mostraste más insistente?

—Le pregunté si le apetecía abrazarme en la oscuridad, en la cubierta de un yate.

Bart se queda en silencio un instante.

—Bueno, al menos fuiste original... ¿Habéis encontrado a los familiares de Tenia?

—Todos quemados, al menos los nacidos en el siglo XX . ¿Y tú? ¿Algo ha sorprendido a tu cerebro de científica? —pregunta Dante.

—No, solo a mi estómago. ¿Pero el colega que hizo la autopsia de Annabelle Boucher sigue en activo?

—Muerto y requetemuerto.

—Vaya, menos mal. Porque debería ser denunciado por lo que hizo. No solo basó el diagnóstico de ictus por aneurisma en nada, porque no veo los exámenes histológicos, sino que los órganos internos de las fotos adjuntas al informe no pueden ser los de la chica. Ese tipo era un criminal.

—Un criminal habría hecho mejor su trabajo. Es más probable que fuera la primera vez que hacía algo semejante. Era un amigo de la familia de Annabelle, según el detective.

—Bueno, pero de todos modos tendrían que inhabilitarlo.

Si era tan chapucero cuando no tenía que hacerse notar, imagínate tú con cosas normales.

Piénsalo: los intestinos, el útero y el estómago que fotografió pertenecían a una mujer de al menos cincuenta años.

Me pregunto si habrá escondido algo más, aparte de la sobredosis.

Como por ejemplo una herida por arma blanca o un traumatismo.

—Por lo que sé, no tenía heridas visibles, pero...

De repente, Dante deja de oír. Se queda con la boca abierta. Intestinos, útero y estómago. El tapón de los termómetros salta, casi colapsa.

—Qué idiota he sido —murmura—. Lo siento, Bart, tengo que salir pitando. —Dante cuelga y llama a Glenn .

Tiene la esperanza de llegar a tiempo.