Matar a un rico (Colomba y Dante 4) Capítulo 10
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Capítulo 10

—¿Joe Lanzoni? —Dante se ríe por detrás de la ventana del baño.

Él está en la terraza; ella, bajo la ducha, tras una cortina de plástico, para mantener cierto grado de intimidad.

Cuando Dante está en ese cuarto de baño —hay otro en la casa con un lavadero que solo utiliza la asistenta— corre la cortina para ver el cielo.

Pero Colomba es más recatada, aunque a estas alturas ya le queda poco que ocultarle a Dante—. ¿Y dijo que era un pobre?

—Un pobretón —dice Colomba, enjabonando sus dos centímetros de pelo con un champú sin etiqueta.

En el baño de Dante, si no es ella la que compra en el supermercado, solo hay productos ecológicos artesanales, no transgénicos, ni testados en animales, pero también sin descripciones útiles.

La espuma es bastante densa y amarillenta—.

Pero no sé si desde el punto de vista de sus bienes o de su espiritualidad. A Glenn tampoco le cae simpático.

—Y si lo dice Glenn...

—No empieces... —Colomba huele la espuma—. ¿De qué es el champú? ¿De zanahoria?

—Chirivía.

—Ah, chirivía... —No se acuerda de lo que es, pero tampoco quiere preguntar—. ¿Y tiene alguna propiedad especial?

—No tengo ni idea. Lava.

—Ya, claro.

Colomba se pone el albornoz que Dante le compró por internet, como todo lo demás, con la palabra HER escrita en el bolsillo.

Es más nuevo que el que tiene en la otra casa.

No es la otra casa, es tu casa , piensa Colomba.

Y si la historia con Glenn sigue adelante, a pesar de que ella le está ocultando un montón de cosas, la de Dante volverá a ser solo la de Dante.

Es decir, ahora también es la de Dante, pero él le dio las llaves desde el minuto uno.

¿Tendrá que devolvérselas? Ella sabe que él nunca se las pedirá, pero ¿cómo podrá usarlas de ahora en adelante?

¿Y si Dante también empezara a salir con alguien?

Por un lado, todo sería más sencillo, pero por otro, la idea la entristece.

Como si la hubiera oído, él llama con los nudillos, luego abre la ventana con cautela.

—¡No estoy mirando! —dice, deslizando una mano con una cerveza helada—. Pero creo que la necesitas.

Colomba la coge y piensa que eso es, que echará de menos cosas como esa.

Pero también echa de menos a Glenn, que se habría metido directamente en la ducha.

Suspira y se bebe la cerveza, se pone unos vaqueros cortados por encima de la rodilla y una camiseta de Dante con Jason, el de Viernes 13 , luego vuelve a salir y se tumba a su lado, para contemplar la puesta de sol.

Los días han empezado a acortarse, pero todavía hace calor.

—¿Vas a contárselo? —pregunta él al cabo de un rato, mientras se enciende un cigarrillo. No necesita decir a quién se refiere.

—¿Lo de la Aeon?

— Yesss .

—Sí, se lo diré, pero no ahora. Hay un montón de cosas que explicarle.

—Como por ejemplo que eres una agente secreta... Pero si yo no hubiera aparecido, ¿qué intenciones tenías? ¿Quedarte a jugar a los exploradores en el Loira?

—No me planteé ese problema. Sabía que en un momento dado habrías venido.

—¿Y si no hubiera ido?

—Entonces sería porque algo te habría pasado, y habría ido yo a buscarte —dice Colomba.

En realidad, no está segura de nada, pero le parece que es lo más apropiado que puede decir en ese momento.

Dante sonríe y se levanta para prepararse otro cóctel de vodka-café con hielo picado: tiene todo lo que necesita un buen barman.

Colomba rechaza el cóctel y otra cerveza, ya está bien como está.

—Aún estoy pensando que me parece increíble que Tenia/Xabier/Rossetti haya conseguido infiltrarse en una de las sociedades secretas más exclusivas del mundo. ¿Podía ser alguien de los servicios de seguridad?

—CC, deja de mirar a los pobretones, como diría el Príncipe del Cemento Armado. Tenia amasó su fortuna. Probablemente era bueno invirtiendo sus ganancias como narcotraficante.

—¿Tan bueno como para llegar a ser alguien que puede gastarse mil millones en un hogar entre los hielos?

—El Príncipe dice que también hay lobistas de altísimo nivel, según tengo entendido, tal vez sea uno de ellos —dice Dante.

—En todo caso, no es tu conserje vengador.

—No. Aquella era una buena idea, pero resultó ser falaz.

—Dante se enciende un cigarrillo con la colilla del anterior—.

Pensaba que era uno de ellos, e insultaba así su inteligencia.

En cambio, es mucho más inteligente que un rico libertino.

Es alguien que ha aprendido a fingir ser uno de ellos, y ahora será tan rico como ellos, si no más.

—¿Tú crees?

—Escucha, Tenia lleva casi cuarenta años en activo, teniendo en cuenta que empezó a los catorce.

Autodidacta, sin familia, ha ido subiendo todos los peldaños de la escala social.

Consigue infiltrarse en el clan mafioso más poderoso de la tierra, la Aeon.

¿No te parece que habrá guardado un montón de pasta?

—¿Y por qué no huyó, en vez de matar, tras haber guardado un montón de pasta? —pregunta Colomba.

—Porque un montón de pasta no es lo que le interesa, apunta a lo más alto.

Si fue capaz de llegar a la Aeon, eso significa que se relaciona con todos los círculos importantes.

Puede que esta vez no quiera huir con el dinero.

Que quiera convertirse en uno de ellos, hasta el fondo.

¿Has dicho que se hizo una cirugía estética en el rostro?

—¿Has visto cómo era de joven? —dice Colomba—. Solo necesitó unos pequeños retoques para convertirse en otra persona.

Dante se sienta con un gran vaso de hielo y líquido con matices negros.

—Déjame probar —dice ella, bebiéndose un sorbo—. No está mal. ¿Pero estamos seguros de que no sigue haciéndose pasar por extranjero? —continúa, devolviéndole el vaso—. En la Aeon hay gente de todo el mundo.

—Mató a Jesús en Italia, donde él pasaba poquísimo tiempo.

Lo mismo nuestra diseñadora de moda preferida, que siempre estaba de viaje por el mundo, y Veronica, que vivía la mitad de su tiempo en Francia.

Cabe la posibilidad de que se haga pasar por extranjero, pero su base está sin duda alguna aquí.

Y, de todos modos, es difícil hacerse pasar por extranjero cuando te mueves en un entorno internacional.

¿Tú crees que G. I. Joe realmente puede ayudarnos?

—Si realmente estaba allí...

—Me muero de ganas de hablar con él.

—Dante... Me voy mañana por la mañana en su helicóptero. Está en la costa de Cerdeña, no podemos ir en coche hasta allí.

—Podemos. Tomamos un ferri en Civitavecchia. Allí quizá pedimos que nos recoja un bote auxiliar.

—Dejando al margen que a ti te disgusta navegar casi tanto como viajar en helicóptero, así tardaríamos una eternidad. Te haré una videollamada.

—Acabas de volver. No me apetece dejar que te marches tan pronto. ¿Estás segura de que no quieres renunciar al helicóptero?

—Segura.

Dante termina su bebida y deposita el vaso.

—Entonces tendré que hacer un sacrificio. Llama al señor Joe y pregúntale si tiene disponible un médico de los buenos. Las instrucciones se las daré yo.