Matar a un rico (Colomba y Dante 4) Capítulo 3
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Capítulo 3

Glenn deja de fingir que es pobre y pide que le lleven un helicóptero al aeródromo que hay a unos cientos de metros del relais . Dante ya se ha marchado con su coche hacia París, y Colomba espera que no sobrevuelen por encima de él durante el trayecto, porque Glenn podría lanzarle algo a la cabeza.

—Tu amigo ha husmeado en mi vida y en la de mi familia —dice Glenn mientras camina con ella por el sendero arbolado que lleva al helipuerto—. Y además, ¿por qué? ¿Porque hace treinta años Annabelle quizá murió por culpa de las drogas?

Colomba lo atrae hacia ella y lo abraza.

—Escucha, yo no soy como Dante, no hago suposiciones. Yo junto las piezas y miro lo que sale. Y aquí faltan piezas. ¿Por qué se ocultó la sobredosis de Annabelle? ¿Qué hay detrás?

—¿Pero es que necesariamente tiene que haber algo? —dice Glenn.

—No. Pero es un hecho trágico que comparten las víctimas.

—¿Y si mi madre no te dice nada útil?

—Mejor. Podemos poner una cruz sobre la escuela y concentrarnos en el presente —afirma Colomba.

Reanudan la marcha. Glenn aparta una rama que sobresale para dejarla pasar.

—¿De verdad crees que Cornea es inocente?

—Si la hipótesis de Dante es correcta, en el mejor de los casos es cómplice.

—Siempre que haya algo de verdad en lo que nos contó...

Colomba frunce el ceño.

—¿Por qué iba a mentir sobre algo así?

—¿Por qué no? Para saber dónde estabas mintió a docenas de personas, le sale natural.

—A mí no me mentiría.

—Tal vez lo haría si eso sirviera para recuperarte.

Colomba se detiene y espera a que Glenn se gire para mirarla. Sus ojos se arremolinan en un verde casi negro.

—Yo no soy de nadie, Glenn. No soy un objeto que os estáis disputando.

Glenn se da cuenta de que ha pisado una mina.

—Perdóname. No es eso lo que pretendía decir. Pero no entiendo vuestra relación. Os pasáis la pelota el uno al otro, os entendéis a la primera... En esa parte de tu vida yo no puedo entrar...

Colomba lo besa, porque Glenn tiene razón y ella se siente culpable.

—Acabemos con esta historia y luego buscamos otro hotel. Y elegimos uno en un lugar que ambos odiemos, para que Dante no nos encuentre.

Glenn se ríe entre dientes.

—¿Estás segura?

Antes de que Colomba pueda responder, llega desde el cielo el clásico sonido de las aspas de un helicóptero que se aproxima y ambos se apresuran para llegar a la gran H que hay en el centro del césped.

Cuando el helicóptero aterriza, salen de él cuatro guardaespaldas que los rodean y que protegen su ascenso a bordo, y casi resulta algo ridículo teniendo en cuenta que hasta hace un segundo caminaban tranquilos por el bosque sin protección alguna.

Glenn saluda a sus hombres y al piloto, luego vuelve al asiento junto al de Colomba, colocándolo casi en posición horizontal.

—Me da miedo involucrar a mi madre. Ella ha sufrido más que yo la desaparición de Jesús. ¿Es realmente necesario?

—Si no quieres, iré a buscar a los compañeros de clase o a los familiares de Annabelle y Veronica. Será un camino más largo y más cansado.

—Pero no renunciarías.

—No. No ahora que siento que puedo entender algo más. Cuando me fui de Italia lo hice sobre todo por frustración. No sabía adónde ir a buscar para despejar las dudas que tenía.

—No quiero que Dante hable con ella, que le haga uno de sus jueguecitos mentales.

—Llegará mucho más tarde que nosotros. Es irritante lo lento que conduce —dice Colomba.

—Y no quiero que la preocupe. No le digas que la investigación está llena de agujeros ni nada por el estilo.

—Tú también estarás allí, ¿verdad? Serás tú quien la tranquilice.

Glenn asiente poco convencido y pide que le sirvan un coñac del minibar.