Capítulo 1
Corriere della Sera
Análisis toxicológico de Cornea: detectados opiáceos y
alucinógenos
Los expertos: «Imposible determinar la cantidad
ingerida».
la Repubblica
Tensiones internacionales: sabotaje ferroviario en
Francia
Grupo subversivo reivindica una acción en nombre
de A. Train.
Il Sole 24 Ore
Auge del sector de seguridad privada tras los recientes
atentados
Cotizaciones al alza para agencias de contratistas
y de vigilancia electrónica.
LA STAMPA
Turismo en declive: el efecto A. Train ahuyenta a los
viajeros adinerados
Éxodo de turistas pudientes de las localidades italianas.
il Fatto Quotidiano
Vandalismo y amenazas: crece el fenómeno de
los «trainites»
Chalet de un futbolista vandalizado en Ibiza: «Kill the
Rich», la pintada más grande.
Il Messaggero
Alarmas de bomba diarias: la psicosis A. Train
paraliza las ciudades
Il Giornale
Los ricos en el punto de mira: de la alta velocidad a las
villas de lujo, nadie está a salvo
Libero
Sexo, drogas y bombas: el loco plan de A. Train para
destruir Italia Revelaciones impactantes: de la drogadicción a la red
terrorista
Julio se ha transformado en agosto con una letal alternancia de calor tórrido y tormentas gélidas.
El clamor en torno a A. Train ha ido menguando poco a poco, y ahora las noticias sobre las investigaciones se publican únicamente en las páginas interiores de los periódicos europeos, mientras que al otro lado del océano se han visto sustituidas por las matanzas locales.
Entre otras cosas porque las novedades, en todo caso, no son sensacionales: algún resto o cuerpo recuperado del avión que estalló, alguna detención de posibles cómplices, a los que siempre se les califica más tarde como simples fanáticos.
Lo que más miedo da son los sabotajes y las amenazas de bomba de sus «seguidores», que, impasibles, siguen utilizando su nombre.
La bronceada pareja que se aloja en el relais de un parque natural del valle del Loira no ha tocado en ningún momento los periódicos, desde que llegó tres semanas atrás, y a ninguno de los dos se lo ha visto nunca con el móvil en la mano, aunque él a veces recibe llamadas en el teléfono fijo del hotel, que nadie ha conseguido fisgonear.
Ella es una mujer atlética, con el pelo corto; él, un hombre robusto, con la barba corta y la cabeza afeitada.
Atractivos, sobre todo ella, que tiene una mirada difícil de sostener incluso cuando sonríe.
Ambos rondan los cuarenta, algunos especulan con que son entrenadores personales o trotamundos.
Los demás huéspedes del pequeño hotel charme rara vez se topan con ellos y, cuando lo hacen, es porque regresan con sus mochilas al hombro de un largo paseo por el valle, o casualmente a última hora de la noche, cuando bajan a buscar comida entre lo que se ha preparado para el desayuno de la mañana siguiente, como si hubieran pasado todo el día en su habitación haciendo el amor y se hubieran despertado hambrientos.
Son amables con todo el mundo, pero nunca entablan charla alguna, y, después de tres semanas, nadie parece saber aún quiénes son ni de dónde vienen.
El personal también es muy reservado al respecto, y ni siquiera los clientes habituales pueden soltar ni una palabra sobre ellos, lo que añade misterio al misterio.
Deben de estar, de todas formas, muy enamorados, porque nunca se les ha visto solos, y cuando están juntos siempre van de la mano, se abrazan, se sonríen como por una broma secreta. Nadie los ha visto nunca de mal humor.
Hasta esta mañana.
Bajan a desayunar a las mesas del exterior, el aire fresco del valle huele a flores, van con pantalones cortos y chanclas, sonríen distraídamente a quienes se encuentran con ellos.
Pero entonces se quedan parados en medio del jardín y cambian de expresión.
En su mesa, quién sabe por qué, ahora está sentado un hombre unos años mayor que ellos, con un traje de color claro, que solo lleva un guante y un sombrero de fieltro del mismo color.
Alto y delgado, con el pelo castaño que se le sale por las alas del sombrero, un rostro delicado y casi andrógino, ha llegado un par de horas antes en un coche salido de Regreso al futuro y lleva esperando desde entonces, bebiendo café y fumando.
— Merde —dice el hombre. La mujer parece triste, más que sorprendida.
Dante les dedica una sonrisa radiante.
—Hola CC, hola Glenn. Perdonad las molestias. Pero tengo novedades.