Matar a un rico (Colomba y Dante 4) Capítulo 13
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Capítulo 13

Alfonso soporta ese trabajo solo porque no todos los clientes son como los rich kids del internado, que, de hecho, son la minoría.

Ha llevado a artistas, cantantes, modelos y un montón de empresarios.

Ha tenido oportunidad de conocer a gente muy agradable, con quienes ha entablado una relación decente, a veces amistosa.

Un chico lo llama con voz pastosa. Es el hijo de un oligarca ruso, Alfonso nunca lo ha visto sobrio y le augura una sobredosis antes de los veinte años.

Quiere champán, pero no «esa mierda de la vez anterior».

Lo quiere añejo, deletreando la palabra como si Alfonso la oyera por primera vez.

Entonces todos los chicos empiezan a repetir añejo a coro y Alfonso deja a su segundo con ellos y se apresura hacia el bar.

Se ha reabastecido en Fiumicino, pero duda de que encuentre allí lo que quieren los chicos.

En el pequeño compartimento detrás del bar se amontonan los paquetes aún precintados y Alfonso va a mirar allí dentro.

El comandante anuncia que han alcanzado la altitud de crucero y estallan más aplausos.

Alfonso abre la puerta inferior del compartimento, que suele estar dedicado a los vasos de repuesto, y ve una caja de madera cerrada con un gancho.

El conjunto le parece de muy baja calidad para ser el envoltorio de un champán a-ñe-jo , pero podría no ser el envoltorio original.

La saca y le quita el gancho. Por un momento, su cerebro no puede procesar lo que ve.

Un chip. Bloques de algo que parece plastilina, atravesados por cables.

Alfonso comprende.

—Joder, hay una...

Bum .