Matar a un rico (Colomba y Dante 4) Capítulo 7
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Capítulo 7

Dante se detiene ante uno de los puestos de restauración porque ha visto una máquina para hacer expreso de calidad y el aroma del café parece decente.

Se toma tres, dirigiendo la mano del camarero, culpable de presionar demasiado el café en el filtro, luego vuelve con dos tazas junto a Glenn, quien lo saluda con un gran signo de interrogación en la cara.

—¿Han estado a punto de echarlo? Vi el lío que se formó desde lejos.

—Pero no lo hicieron gracias a los buenos oficios de su amigo Tancredi. —Le da un café—. Quería invitarlo a él, pero ha desaparecido con otros simil-lords ingleses, así que se lo ofrezco a usted. Este es el mejor café que puede tomar esta noche.

—Simil-lord es una bonita definición para Marco. Pero es tan perverso que me parto de risa.

—Aunque parece que lleve una escoba metida en el trasero —dice Dante.

Ambos sueltan unas carcajadas, se ha roto el hielo y deciden tutearse.

—¿Por qué no me pediste que te pusiera en la lista?

—No quería que Colomba se irritara. No me lo propuso y me parecía poco delicado.

Glenn observa mejor a ese alienígena con americana y corbata.

—¿En cambio no te pareció poco delicado colarte a hurtadillas en un velatorio?

Dante está a punto de responderle con una pedorreta, pero ve que Colomba se acerca en su versión Super Saiyan y se queda boquiabierto.

Nunca la ha visto con un vestido como ese ni, sobre todo, con unos zapatos como esos ; se abre paso entre los invitados como una modelo futurista, más de uno se vuelve para mirarla, ella parece no ser consciente.

Es extraordinaria, pero a él le resulta inquietante, como si se hubiera mimetizado con el entorno.

Glenn se acerca a ella antes incluso de que Dante dé un paso, le coge la mano y recibe una sonrisa de las que Colomba no regala. Dante piensa que hacen una pareja perfecta. Podrían ser la imagen de portada de Vanity Fair .

Ella le dice algo y se aleja yendo hacia Dante, pero por desgracia para él la sonrisa de antes desaparece.

—Te habría conseguido una invitación si me hubieras dicho que te importaba —dice molesta—. Pero no, tú tienes que hacerte el interesante y arriesgarte a que nos echen de aquí a los dos.

—Vamos, tenía un pase de los carabineros, no habría ocurrido nada grave.

—¿Por qué has querido venir a toda costa?

Dante sabe que la verdadera respuesta lo incriminaría y ya se siente bastante patético.

—Me interesaba saber cómo se mueven los ricos estando en manada. ¿Cuándo tendría otra oportunidad como esta?

—O a lo mejor querías conocer a Glenn e interrogarlo.

—He hablado con él, pero en plan amistoso y casual.

—Oye, que te conozco. ¿Has descubierto algo útil?

Dante cede.

—No estoy seguro de que me lo haya contado todo. Tiene sombras en lo que concierne a su hermano. —La reacción de Colomba es demasiado suave y Dante se pone nervioso—. Tú sabes algo, ¿verdad? Tu viajecito ha resultado útil.

—Y el tuyo, inútil. Antes de que se me olvide, tengo algo para ti. —Saca el puro del bolso que venía con el vestido—. Te lo envía el padre de Cristina Rinaldi. Es un viejo gilipollas y tú le caes bien. Hazte algunas preguntas y date también las respuestas.

Dante saca el puro del recipiente.

—Vaya. Un King of Denmark. ¿Sabes cuánto vale? —dice metiéndoselo en el bolsillo de la chaqueta.

—No tengo ni idea de cuánto cuesta un puro.

—Este, unos cuatro mil euros.

—¡Devuélvemelo ya!

—Demasiado tarde, pero no te preocupes. Lo venderé en eBay y dividiremos las ganancias. Aunque me molesta que los desconocidos me regalen cosas caras. Tú, en cambio, veo que no tienes tantos escrúpulos —añade, señalando el vestido y arrepintiéndose de inmediato.

Colomba hace una mueca.

—Es un préstamo. Me he mimetizado.

—¿Un préstamo de Glenn?

—¿Y de quién iba a ser? ¿Por qué, me queda mal?

Dante se controla.

—Te queda muy bien. He visto a un par de ancianos a los que les ha dado un infarto allí en medio...

—Uno de ellos me invitó a hacer un viaje con él.

—Yo solo puedo ofrecerte el DeLorean. ¿Te gustaría conducirlo en el viaje de vuelta, o no te ves capaz de hacerlo con tacones?

—Voy a volver con Glenn. Tengo que hablar con él y he de encontrar el momento adecuado.

—He conducido más de dos horas para llegar hasta aquí, tenía la esperanza de volver acompañado.

—La próxima vez, antes de hacerlo, pregúntame qué pienso al respecto. Ya que estás aquí, en todo caso, ¿por qué no te ligas a la hija de algún ricachón y así sentamos la cabeza los dos?

Colomba le da un beso en la mejilla y se marcha con Glenn.

Dante la observa hasta que desaparece. Se siente terriblemente solo.