Matar a un rico (Colomba y Dante 4) Capítulo 3
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Capítulo 3

Glenn responde a la llamada de Colomba y conciertan una cita a la mañana siguiente en el Hotel Dei Fanti, sobre la colina más alta de Roma.

Está en la suite llamada Universum, separada del edificio principal por un parque que cruza constantemente el personal de servicio.

Ella se rapa al cero la cabeza para igualar el pelo, luego se marcha.

Él la recibe bajo el pórtico rodeado de vegetación que da a Trinità dei Monti.

Va con pantalón corto y camiseta, tiene un físico tonificado, las piernas y los brazos con tatuajes tribales.

Barba de nuevo bien arreglada. En comparación con su último encuentro, sonríe un poco más y se le ve menos estresado, sus guardaespaldas se sientan a cierta distancia, con sus chaquetas.

Son más que la última vez, Colomba cuenta al menos seis.

—¡Colomba! Has cambiado de peinado. ¡Estás fantástica! —dice levantándose para recibirla. Se fija en los vendajes y en el parche color carne sobre la nuca—. ¿Te has hecho daño?

—Nada grave. No sabía que estabas en Roma.

—No lo estaba. Hace tres horas estaba en París. Te queda bien este nuevo look .

Colomba se sienta a la mesita delante de él y de un té frío servido en una redoma de cristal.

—Un amigo mío dice que me parezco a Furiosa, que es un personaje de una película que no he visto.

Glenn sonríe.

—Creo que eres una de las pocas personas en el mundo que no sabe quién es Furiosa... —Luego le sirve un té y entrega sus móviles a los guardaespaldas—. No quiero que me molesten, ¿vale? —dice, antes de volverse hacia ella—. ¿Qué has encontrado esta vez?

Colomba se decanta por el enfoque directo.

—¿Conocías a Cristina Rinaldi Moretti?

—¡Sí! Era una amiga de Jez —dice Glenn, sorprendido—. Lo que le pasó es horrible. Tuez les riches , no es la primera vez que lo oigo, por desgracia, pero ese loco vestido de metal es algo nuevo. ¿Has visto las fotos que circulan por internet?

—Lo vi de cerca...

—¿Cómo?

—Yo estaba en la Maison. Llegué mientras ocurría esa catástrofe. Tenía que hablar con Rinaldi, la vi morir.

Glenn se queda de piedra, incrédulo.

—Dios mío...

—Por desgracia, no pude hacer nada útil, no pude detenerlo, ni tampoco verle la cara. Llevaba una máscara de oxígeno.

Glenn sigue sin poder creérselo.

—Estuviste a punto de que te matara ese monstruo... Las vendas de tus brazos..., ¿fue él?

Colomba se ha vestido con una blusa de manga larga, pero de todos modos sobresalen.

—No directamente, había llamas por todas partes.

—¿Por qué no he sido informado por la Crown?

—Aún están esperando mi informe y no habrían sabido qué decirte —responde Colomba—. Pensé ahorrar algo de tiempo reuniéndome contigo en persona.

—Sí, claro... —Niega con la cabeza, aún sorprendido—. ¿Por qué me hablas de Cristina?

—Tu hermano telefoneó a Cristina Rinaldi cuando llegó a Milán.

—¿Te lo dijo ella?

—No, pero de todos modos lo supe.

—Okey... ¿Pero por qué te resulta extraño que se llamaran por teléfono? —Glenn parece estar sentado sobre brasas ardiendo.

—Hacía años que no hablaban, me lo dijo Marie, y tu hermano fue muy insistente. Luego ambos fueron asesinados.

Glenn se levanta de un brinco.

—Perdóname, será solo un momento, por favor —dice, acto seguido se quita la camiseta y se zambulle en la piscina.

Nada durante diez minutos con todas sus fuerzas, Colomba se descubre observándolo con placer.

Regresa goteando y jadeante. Un guardaespaldas le trae su albornoz, que él utiliza como toalla antes de tirarlo y volver a sentarse.

El sol brilla en las perlas de agua que se le han quedado en los hombros.

—Perdóname de nuevo —dice—. Pero tenía que desahogarme de alguna manera o me habría puesto a gritar.

Colomba le sonríe con simpatía.

—Yo hago lo mismo, aunque generalmente corro.

—¿Por qué Mr. Aluminio habría matado a mi hermano? ¿Solo porque era rico?

—Quizás. O puede que le guardara rencor por algún motivo.

Glenn se lo piensa unos instantes, removiendo el hielo en el vaso.

—¿Has hablado con los jueces de estas sospechas?

—Solo de lo que podía demostrar. Pero hay tres fiscalías diferentes encargadas de los tres asesinatos.

Mejor dicho, de dos, porque oficialmente la muerte de tu hermano sigue siendo un accidente.

Así que estoy buscando algo que conecte a Jesús con Cristina y que no sea su vieja amistad.

Pero procedo por ensayo y error. Glenn, no estoy segura de nada.

—¿Cómo puedo ayudarte?

Colomba ha olvidado su cuaderno nuevo, se percata de ello al abrir el bolso para buscarlo. Finge que no pasa nada y lo cierra de nuevo.

—¿Por qué se pelearon tu hermano y Cristina Rinaldi?

—Ni siquiera lo sabía, ¿estás segura?

—Eso fue lo que me dijo Marie.

—Entonces debe de ser verdad... Pero no sé cuándo me habló de ella por última vez. No era una amistad que compartiéramos. Yo no salía con los amigos de Jez cuando éramos jóvenes, había demasiada diferencia de edad.

—¿Era una amiga de la infancia?

—De la academia de arte, l’École Carnavalet. Ella era algo mayor que él. Ya se había licenciado y trabajaba de ayudante cuando él aún estudiaba.

—¿Era futbolista y estudiaba? En Italia eso es bastante raro.

—En Francia también. Los dos primeros años fue a clase, luego lo vendieron a la Primera división y se le hizo imposible.

Ni siquiera pasaba por casa, así que ya te puedes imaginar si tenía tiempo para ir a clase.

De todos modos, Jez se graduó, aunque había dejado de asistir.

Eso creo, al menos. Tendría que preguntárselo a mi madre.

—¿Y siguieron viéndose?

—Sé que él solía ir a sus desfiles de moda y, como ya te he dicho antes, no sabía que había dejado de hacerlo. De todas formas, seguía yendo a Milán para la Fashion Week, pero yo nunca lo seguí en estas cosas. La moda me parece un mundo fatuo.

Glenn le hace señas a un camarero para que le traiga otra jarra de té. Es un junio extraño, el día anterior llovía a cántaros, pero hoy el sol aprieta.

—¿Crees que mi hermano quería avisarla, que se esperaba algo?

—Si tu hermano o Rinaldi hubieran sabido que su vida corría peligro, habrían avisado a sus guardaespaldas. O a la policía italiana. No pueden haber hablado de Mr. Aluminio, y si lo hicieron, no pensaban que fuera peligroso para ellos. Y...

—... puede ser una casualidad —concluye él por ella.

—Sí.

—Pero tú no lo crees.

Colomba niega lentamente con la cabeza.

—No me deja tranquila, pero al mismo tiempo tengo miedo de ver conexiones donde no existen. ¿Hay alguien más que pueda saber algo, un amigo común? ¿Un confidente de Rinaldi? ¿De Müller?

—Seguro que alguno de los amigos de Jesús la conocía, incluida Diana, pero con ella ya has hablado.

—Necesito hablar con alguien de la familia Rinaldi, y a mí sola me llevaría una eternidad contactar con ellos, ¿puedes ayudarme?

Glenn se lo piensa un momento.

—Esta noche hay un velatorio para recordar a Cristina. Cerca de Florencia..., en Impru... —dice una palabra ininteligible en italiano.

—¿Impruneta? —intenta adivinar Colomba.

—Sí, eso es. La invitación era para mi madre, pero ella no se ha visto con fuerzas para ir, aunque ha mostrado interés en que yo haga acto de presencia. Visto lo visto, podemos ir juntos. ¿Qué te parece?

—Por mí, perfecto. Pero si queremos llegar, hemos de salir ahora mismo. Son tres horas de viaje —dice Colomba.

—En helicóptero, media hora.

—¿Tienes un helicóptero? —Se responde a sí misma—. Sí, claro..., obviamente.

Glenn sonríe y señala hacia los árboles sobre la colina que hay por debajo de ellos.

—Es allí. —Le sonríe—. Tenemos un par de horas, ¿por qué no te quedas aquí y te relajas un poco? Mi casa es tu casa .