Capítulo 2 #2
—No hay nada a prueba de hackers . Apple sigue actualizando el sistema operativo, los hackers siguen actualizando los programas que luego venden en la darknet , donde yo los compro con criptomonedas.
Y hay que saber usarlos, si no, lo borras todo y adiós muy buenas.
He logrado recuperar solo el último mes de actividad.
WhatsApp, SMS y llamadas. Ni calendario ni banca electrónica.
También he comprobado su ubicación almacenada por la app de Google.
Si de verdad no prestó su teléfono a otra persona, CMR estaba efectivamente en Tokio cuando Martínez murió y llegó a Montelupo un par de horas antes de que Mr. Aluminio le prendiera fuego.
—¿Y él cómo sabía que iba a venir?
—Hay que preguntarse cómo es que sabe ese montón de cosas. Pero resulta evidente que tiene fuentes muy cercanas a la Maison, o él mismo es alguien muy cercano.
Entre un rayo y otro, Colomba recorre los mensajes.
Encuentra a muchos familiares, algunos de trabajo, amigos de medio mundo, mensajes muy secos y concretos.
Los que son para «Papá», en cambio, siempre acaban con oraciones, como «que la Virgen le proteja».
El padre es alguien que le importa, al parecer.
—Nada muy útil —dice Colomba al final.
—El más interesante es el de un inglés que le avisa de la muerte de Martínez mientras ella está en Japón.
Parece que ella no sabía nada de nada —dice Dante—.
Pero ve a las llamadas recibidas. —Colomba lo hace—.
¿Lo ves? Este número, según la información que me pasaste, es el de Martínez —dice Dante señalándoselo.
—Luego, cuando llegó a Italia, la llamó varias veces... —dice Colomba.
—Tres —dice Dante—. Y todas sus llamadas fueron ignoradas o rechazadas.
—Aunque realmente habían roto, él tenía algo importante que decirle —dice Colomba.
Dante asiente.
—Y muy privado. Si no, habría enviado a alguien de su equipo a casa de ella para hacer de mediador. Al final, sin embargo, Rinaldi contesta cuando Martínez la llama después de la cena en Milán —continúa Dante—. Hablan tres minutos.
—Una llamada más bien rápida —dice Colomba.
—Significa que han fijado una cita —dice Dante—. Para mandar a alguien al diablo uno emplea menos tiempo; para decir algo significativo, tardas más. Pero no llegaron a tiempo.
—Aunque debe de haberle hecho alguna mención al respecto. Porque sería de eso de lo que quería hablarme Rinaldi... ¿Hubo más llamadas el día de la muerte de Martínez?
—No, y nada relacionado con él. Un montón de gente VIP de todo el mundo. He memorizado todos los números para cuando tengas que buscar nuevos clientes.
—No sé si en algún momento buscaré nuevos clientes —dice Colomba—. Esta experiencia es muy diferente de lo que me esperaba. No me imaginaba que encontraría un asesino en serie a las primeras de cambio.
Ha dejado de llover, Dante abre la puerta acristalada: entran una ráfaga de aire húmedo y el gorgoteo de cien canalones. Se enciende un cigarrillo, a continuación se prepara dos expresos con café de la Sierra Nevada colombiana.
—Lo cultivan los indígenas con métodos tradicionales, sin grandes explotaciones, a través de pequeñas cooperativas de comercio justo.
Para Colomba es amargo e indistinguible de los demás. Él se prepara otra taza, aún más corta.
—No sé si es un asesino en serie... —dice entonces.
Colomba casi se atraganta con su café.
—¿Pero qué están oyendo mis oídos?
—Dos de los tres muertos se conocían, incluso hablaron entre ellos antes de ser asesinados.
Si es un asesino en serie, está pescando en un círculo muy restringido.
O bien existe una conexión entre las muertes que aún no entendemos, y el asesino mata por una razón.
Y si tiene una razón racional, como la venganza o los negocios, entonces es solo un asesino, no un maníaco.
—No actúa como un asesino a sueldo. Y tú has dicho que se basa en el contrapaso —dice Colomba.
—Lo sé, de hecho no puedo entenderlo. Sin embargo, si realmente es un asesino en serie, deberíamos averiguar de dónde le viene esta obsesión por los ricos.
—Odiar a los ricos es algo bastante común, especialmente entre los pobres.
Dante la mira fingiendo estupor.
—Tú sabes que es exactamente lo contrario, ¿verdad?
—¿Los ricos odian a los pobres?
—Dado que dejan que medio mundo muera de hambre o por las guerras, yo diría que sí. Pero volviendo a nuestro asesino, sea quien sea, es demasiado expeditivo en sus acciones.
—¿Expeditivo?
—No tiene ningún problema en matar a gente poderosa, en trepar por una planta vigesimosexta. Se pasó cuatro días en un apartamento vacío para matar a Martínez, actuó en Suiza, provocó un incendio situándose en el interior de un edificio en llamas... No es una persona corriente.
—Es un psicópata, en efecto.
—Eso no basta. Puede que tenga un trastorno de personalidad, pero es superracional con respecto a sus objetivos. Aparte de eso, conoce ambientes que la gente común no pisa. La Jungla, el Castellino de Morcote...
—Puede que haya estudiado a fondo sus objetivos.
Dante hace una mueca.
—O bien frecuentaba esos lugares. Si yo fuera multimillonario, hoy en día, tendría mucho cuidado con a quién invito a cenar.