Matar a un rico (Colomba y Dante 4) Capítulo 4
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Capítulo 4

En un momento dado, Dante recupera la palabra.

Mientras tanto, la pálida tarde de junio ha concluido, en el restaurante chino que queda detrás de ellos han empezado a freír, la plaza se está vaciando y se va llenando al mismo tiempo.

Desaparecen, o casi, los autóctonos, que son sustituidos por jóvenes de todo el sur de Roma y por parejas más adultas y de clase media que se dirigen a los restaurantes étnicos.

—Hola, CC —dice, enfocándola.

—Hola, retrasado. ¿Ahora te metes en manifestaciones?

—Mi propia existencia es un manifiesto, no necesito hacerlo... Pero había una chica y me daba pena.

—Ah, eso es, me queda todo claro. Querías ser guay.

—Me estás malinterpretando.

—Sí, sí, claro, claro... —En realidad, Colomba solo se burla de él para ganar algo de tiempo. No sabe cómo darle la noticia. Va a por dos rollitos de primavera y regresa a su lado. Dante olisquea cautelosamente el suyo, en busca de rastros animales: no se fía de lo que pone en el menú.

—Gracias por haber venido a buscarme. Pero ¿cómo me has encontrado?

—En la centralita de la comisaría tienen mi número colgado: si te metes en algún lío, me llaman.

Dante da un mordisco con la punta de la boca. No come prácticamente nada, Colomba no es capaz de entender cómo puede mantenerse activo.

—Solo intenté evitar un abuso de autoridad por parte de esos fascistas que son tus antiguos compañeros. Y me pillaron a mí también.

—¿Les dijiste que eras claustrofóbico?

—Debido a la ansiedad del momento, se me olvidó. ¿Qué ha pasado con los chicos?

—Libertad con cargos. Podrán presumir delante de sus amigos.

—Mira, yo estoy en el lado justo. El mundo está a punto de arder, por si no te has dado cuenta.

—Dante la mira a través de los cristales agrietados de sus gafas, que uno de los agentes le metió en un bolsillo.

Ha enderezado las patillas y se las ha vuelto a colocar, pese a que el sol ya se ha puesto—.

¿Cómo es que llevas la misma camiseta que ayer?

—Da otro mordisco aún más pequeño—. ¿Has dormido en Milán?

Pensaba que era solo una reunión de trabajo, pero si hubiera sido algo de sexo llevarías una camiseta de él y su olor encima.

En cambio, solo llevas encima un vago aroma femenino que no es de los tuyos. ¿Te has vuelto fluida?

Colomba se pregunta cómo es capaz Dante de oler algo que ella ni siquiera nota. Y mientras come un rollito de primavera, además. Se lo quita, cansada de verlo mordisquear, y se lo termina.

—No es que una duerma fuera solo para follar. Me quedé en el hotel, sola , porque el asunto del trabajo se alargó un poco.

—¿Qué es eso que no eres capaz de decirme?

Colomba resopla.

—Tratar contigo es agotador. He aceptado un trabajo de consultoría.

—¿Con quién?

—Con el DIS.

Dante se pone en pie de un brinco. Una manga de la chaqueta se le descosió mientras lo cargaban en el furgón y una solapa se agita mientras se agita.

—¿Los servicios secretos? ¿Te has olvidado de lo que nos hicieron?

—Los que ocultaron la información sobre el Padre hace tiempo que ya no están ahí. Y de todos modos, no tendré que hacer de espía.

—Pero tienes que trabajar con ellos. ¡La policía secreta! Bastante daño hace ya la no secreta...

—Bueno, déjalo ya... —dice Colomba, solo para acabar con la conversación, sin rabia, porque Dante es Dante, y hay que tomárselo como es.

Lo acompaña a casa a pie mientras le cuenta el resto.

Siguen discutiendo durante todo el trayecto hasta el nuevo apartamento de él, en la calle dei Serpenti, en el barrio de Monti, el corazón de Roma.

Era una casa de balcón corrido antes de que se hiciera una costosa reforma, y las escaleras dan a un patio interior.

Es una de las razones por las que Dante la eligió, además de la gran terraza.

En realidad, Dante vive allí, duerme en el gran jardín de invierno, una especie de gran invernadero de cristal que ha vaciado de plantas y equipado con cortinas y electricidad. No tiene ventanas por encima, está al abrigo de las miradas ajenas.

El apartamento propiamente dicho solo lo utiliza para el baño y como almacén, y es un caos, aunque una empleada doméstica vaya a limpiar y ordenar dos veces por semana.

Hay cajas de café, cartones de cigarrillos y ceniceros, percheros, objetos desperdigados, como cinturones y juguetes infantiles aún en su embalaje original.

Tarde o temprano acabarán en sus Cajas del Tiempo, donde Dante encierra lo producido o difundido durante los años en que fue prisionero del Padre.

Y por todas partes una extensión de libros viejos y nuevos, abiertos en el suelo y boca abajo sobre los muebles, porque así es como Dante señala los puntos de lectura.

Colomba ha aprendido a no fijarse en ello, aunque en el poco tiempo que vivieron juntos lo habría estrangulado.

Dante prepara dos expresos de café arábico panameño con la cafetera de bar que ha colocado bajo un toldo junto al invernadero. Colomba finge captar la diferencia con el café del súper de marca blanca, él se toma otros dos más, fuma dos cigarrillos y se prepara un Moscow Mule.

—¿Qué te hago? —le pregunta a Colomba. En comparación con el apartamento, la terraza está ordenada como si fuera un jardín japonés.

—Comida. Solo he comido dos rollitos. ¿Qué tienes en casa?

—Verduras. Frutas. Galletas.

Colomba va a por las galletas, tristemente veganas, luego se tumba en el sofá y se saca las zapatillas deportivas. Él se relaja en el sillón de mimbre mientras mira las luces del Altar de la Patria.

—Dijiste que te mantendrías lejos de los asesinatos.

—Solo voy a realizar un trabajo para el DIS, una consulta como empleada. Hablo con todo el mundo, me pongo al corriente y luego escribo unos informes. Y trabajar para ellos tiene beneficios adicionales.

—El dinero.

—No van a pagarme ellos. —Y le enseña la identificación que le han dado esa mañana, con su foto y los sellos. Ahora es una detective autorizada por la Jefatura. Aún no se lo cree—. Me he convertido en una detective privada.

Dante la coge con su mano mala. En casa no lleva el guante que la oculta. Es un amasijo de cicatrices, solo mueve el pulgar y el meñique, pero hace que le sirvan para todo.

—Parece de verdad —dice tras un rápido examen.

—Es de verdad.

—Dijiste que se tardaban meses en sacarla, un montón de papeleo...

—Venga, es obvio que el DIS tiene canales privilegiados.

—¿Y entonces quién te va a pagar?

—La Crown. Es una agencia de investigación francesa.

—Y tú eres su agente en La Habana . ¿Saben que también trabajas para los servicios secretos?

—Oficialmente no, aunque si me han contratado, alguien debe de saberlo.

—Arlequín, siervo de dos amos.

—Gracias por la comparación. Pero de todos modos el trabajo sigue siendo el mismo. Averiguar si lo mataron.

—No me fío de ninguno de los dos. Cero. Los de la Crown son mercenarios, los de la secreta, déjalo correr, y juntos son prácticamente una asociación para delinquir.

Colomba resopla.

—Mira, si encuentro indicios de asesinato, ¿qué importa para quién trabajo? Si no encuentro nada, me pagan de todos modos, ¿qué más quieres?

—Que no trabajes para gente como esa. Me alegro de que te hayas decidido a dar el salto: llevas lo de ser policía en la sangre, llegar a ser detective privada era tu destino, y yo te di la turra para que te sacaras la licencia.

Puedes abrir tu agencia, elegir a tus clientes y contar con la ayuda de uno de los mejores criminólogos de Occidente —dice Dante.

—¿Estás hablando de ti?

—Pero en vez de eso prefieres ser una agente encubierta.

—Eso no es verdad, solo soy una fuente, una ciudadana privada. Y trabajo para mi país.

—Trump decía lo mismo. —Dante se ha terminado el Moscow Mule. Se prepara otro. Esta vez Colomba le pide una cerveza, porque las galletas le han dejado la boca seca—. ¿Así que la gente del DIS solo duda de si se trata de un asesinato? ¿Realmente crees eso?

—Tal vez tengan alguna información que no me han transmitido, pero si supieran que a Martínez lo mataron, no me mandarían a mí como espía.

—Aunque sospechan que fue asesinado.

—Lo temen, que no es lo mismo. La tipa me he parecido competente, me apetece hacer este experimento. —Colomba lo atrae hacia ella y le desordena el pelo—. Deja de tocar las pelotas. ¿No empezaba los Bridgerton otra vez? Vemos un episodio y luego me voy a casa.

—¿No duermes aquí?

—Mañana he de volver a Milán, tengo que hacer la maleta.

Dante niega con la cabeza.

—Estoy totalmente en contra de esta historia. Así que me voy contigo —dice.