Matar a Aquila (Matar a Aquila 1) Capítulo 28 #3
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Capítulo 28 #3

¿Cuánto tiempo, exactamente, podía alguien llamar a una puerta sin darse cuenta de que no era bienvenido?

Rona entrecerró los ojos y fulminó con la mirada la puerta de su dormitorio.

Al menos cinco minutos, por lo visto. Estaba de un humor de perros.

Lo llevaba días. Cuanto más tiempo pasaban sin noticias de Zoey, más enfadada e inquieta se sentía.

Había empeorado mucho después de la forma desastrosa en que Maxwell había gestionado el mensaje de voz de Zoey.

Rona cruzó el dormitorio y abrió la puerta de un tirón.

—¿Qué pasa? ¿No podías mandar un mensaje?

Flynn sonrió de oreja a oreja.

—¡Estás viva! Llevo días sin verte. La verdad, no esperaba que abrieras.

Rona cruzó los brazos y se apoyó en el marco de la puerta.

—¿Qué quieres ?

Su sonrisa se ensanchó aún más.

—Es Zoey. Mi programa la ha detectado en Francia.

Rona se quedó boquiabierta, buscando las palabras.

—¿Qué?

—Ven. Deja que te enseñe lo que tengo. Tu padre ya está aquí. Está arriba, en el despacho.

—¿Está bien? —preguntó Rona, saliendo al patio y olvidándose de cerrar la puerta.

—Eso parece —asintió Flynn, echándose atrás para cerrarla.

—¿Sigue con...? —Rona dejó la frase en el aire, esbozando una sonrisa nerviosa a Flynn mientras él le abría la puerta de la casa.

—No estoy seguro. No lo estaba buscando, y solo he visto uno o dos segundos de la grabación. No el clip entero. Hasta ahora, solo he visto a Zoey. Tu padre debería poder confirmar si Sarajevo aparece.

Rona tragó saliva y empezó a subir las escaleras al segundo piso, aliviada de que Simon y Charity se hubieran llevado a Hailee a Conwy.

Al menos así, si algo iba terriblemente mal, Hailee no tendría que presenciar lo peor.

Rona respiró hondo y abrió la puerta del despacho de Simon.

Maxwell estaba tras el escritorio; la luz del ordenador le teñía el rostro de azul.

Por una fracción de segundo, sus ojos parecieron completamente incoloros, y Rona retrocedió.

Sintió que Flynn vacilaba detrás de ella y se obligó a seguir adelante.

—Bien hecho, Flynn —dijo Maxwell, alzando una taza de té.

—¿Es ella? ¿Es Zoey? —preguntó Rona mientras avanzaba. Sentía los pies a la vez pesados y ligeros, atrapados en una paradoja onírica.

Maxwell señaló la pantalla del ordenador, y Rona rodeó el escritorio.

Un vídeo de una calidad sorprendentemente alta dominaba la pantalla, y Rona no podía respirar.

Zoey. Zoey, viva. Zoey, erguida junto a un sedán negro con una sonrisa radiante en el rostro.

Rona tuvo que resistir el impulso de alargar la mano y tocar la pantalla.

No podía, no debía, no con Maxwell allí presente.

Volvió a tragar saliva.

—¿Dónde está?

Flynn se asomó por el otro lado del escritorio.

—París.

—¿Está él ahí?

Maxwell se inclinó y pulsó un botón del teclado.

El clip se reprodujo en silencio, y Sascha Sarajevo emergió del coche como un espectro.

Rona tragó con fuerza. Se movía con una fluidez aterradora.

Una forma de moverse que recordaba a la de Zoey.

Pero en él resultaba de algún modo distorsionada.

Infinitamente más letal. En silencio, Rona instó a Zoey a correr.

A huir antes de que él rodeara el capó del coche.

Pero Zoey lo esperó, con aquella sonrisa radiante aún en el rostro.

Sarajevo hizo un gesto, y Zoey se rio. Juntos, salieron del encuadre, con una mano de él en la parte baja de la espalda de Zoey.

Rona parpadeó rápidamente y miró a Maxwell.

—No lo entiendo.

Maxwell se encogió de hombros.

—Sarajevo es encantador. Es una de las razones por las que se le da tan bien lo que hace. ¿Recuerdas de qué hablamos hace unas semanas?

A Rona se le secó la boca.

—Sí.

—¿Sigues pensando que podrías ir allí?

—Yo... —Rona miró a Flynn y luego bajó la vista hacia el escritorio.

—Yo iría contigo —dijo Flynn.

Rona le escrutó el rostro en silencio durante un largo momento, y una oleada de afecto y gratitud entrelazados le recorrió el pecho cuando la mano de él se posó sobre la suya. Un instante, y desapareció.

—Zoey confiaría más en ti que en mí —dijo Maxwell. Si había notado el gesto de Flynn, no hizo comentario alguno—. Y si enviara un equipo a buscarla, apostaría unos cuantos miles en cualquier moneda a que no todos volverían.

—¿Crees que es la única manera de que vaya yo? —preguntó Rona.

Maxwell hizo una pausa.

—Puede que sea la única manera de evitar que muera gente, Rona.

Sarajevo es un hombre peligroso, pero Zoey sigue viva y, por mucho que me cueste decirlo, parece que tienen algún tipo de conexión.

Creo que tú eres quien tiene más posibilidades de traer a Zoey a casa. O al menos de alejarla de Sarajevo.

Rona respiró hondo y controló el temblor de las manos.

—De acuerdo. Lo haré.

—Te lo agradezco, Rona —dijo Maxwell, asintiendo—.

Esto rompe todos nuestros protocolos, pero es la mejor opción que tenemos, y nuestra mejor oportunidad de recuperar a Zoey y quizá también a Sarajevo.

Recuerda, te dije que parte de esto iba a ser un juego de concesiones.

Entrar en el terreno de Sarajevo significa hacer las cosas a su manera.

—Lo recuerdo —dijo Rona, asintiendo. El corazón se le disparó en el pecho.

—Bien. Tú y Flynn iréis primero. Yo os seguiré con un equipo. Esto es lo que tendréis que hacer.