Más que una película CAPÍTULO 33
98%

CAPÍTULO 33

Zander

E stos meses han sido una locura.

Mi rutina era: escribir un nuevo proyecto, reunión con productores de NALS sobre la huelga, dormir, escribir el guion de la última temporada.

Así en bucle. No lo cambiaría por nada, aunque creo que nunca he tenido una racha tan larga de cansancio.

No recuerdo ninguna noche en la que no me haya dormido de puro agotamiento.

He seguido manteniendo las distancias con Vera, pero porque ambos hemos estado muy ocupados y Vera quería centrarse exclusivamente en el corto. En cuanto Banks y Robert se dieron cuenta de que yo era el último de sus problemas, se olvidaron de mi existencia.

Es cierto que Hollywood se ha puesto patas arriba.

Nolan y yo hemos intentado aportar nuestro granito de arena a la causa: estar presentes en todas las manifestaciones y eventos, apoyando en redes cada uno de los testimonios que han salido a la luz.

La huelga de NALS se prolongará al menos unos meses más.

Solo quiero llamar a Vera. Pero me insistió en que sería ella quien se pondría en contacto conmigo cuando todo estuviera resuelto. Así que todavía tengo que esperar.

He aprovechado estos meses para volver a Chicago, quería hablar con los padres de Maya en persona, aclarar las cosas todo lo que pudiera. Al menos tengo la conciencia tranquila, aunque no creo que nunca les vaya a caer bien. Nolan vino conmigo y aproveché para enseñarle mi ciudad natal.

Me encantaría que estuviera aquí ahora viendo El show de tu noche de Joe Donnell.

Vera nos comentó que viéramos el programa de hoy porque participan dos de las protagonistas del cortometraje.

La verdad es que la entereza con la que están hablando en televisión es admirable.

Para mi sorpresa, Joe está manejando muy bien la entrevista, sin preguntas estúpidas, dejándolas hablar y apoyando sus testimonios.

—Señores y señoras —habla Joe, mirando directamente a la cámara—, tristemente tenemos que decir adiós a Paula Moon y Georgina Laces, a las que seguro veremos en los próximos taquillazos… ¡Pero no se vayan todavía! Tenemos una sorpresa encantadora.

Frunzo el ceño. Pensaba que la entrevista de Paula y Georgina duraría un poco más.

—¡Querido público, Vera Scheidegger!

¿Qué? Efectivamente aparece en el plató. Lleva un vestido verde precioso que resalta sus ojos. Apenas va maquillada, pero lleva sus labios rojos como sello personal. Saluda a Joe con un abrazo y seguidamente al público con una sonrisa. Una que no es falsa. Se la ve radiantemente feliz.

—Dinos, Vera, porque no estás aquí para hablarnos de tu última película o del corto…, sino que estás aquí por motivos personales.

—Sí, vas a tener la exclusiva de cómo abro mi corazón, ¿estás contento con ello?

—Eh, ¡yo hago las preguntas aquí! —bromea.

Se desatan algunas risas entre el público, yo esbozo una sonrisa.

—Cuéntanos, Scheidegger. Un pajarito me ha dicho que has grabado algo en secreto durante estas semanas que vamos a poder ver en unos minutos.

¿Cómo?

—Así es.

—¿Y qué es lo que estamos a punto de presenciar? —se interesa Donnell.

—Bueno, sé que todo el mundo me conoce como una chica que se pegaría un tiro antes de confesar sus sentimientos en una televisión nacional…

Pero me he enamorado de alguien que es un romántico empedernido.

Y adora los grandes gestos. O al menos eso me dijo cuando intentó convencerme de que las comedias románticas eran lo mejor.

—¿Por eso estás aquí?

—Sí. No sé escribir poemas de amor. Hasta hace unos meses no sabía ni cómo escribir la escena de un primer beso. Eso sí, se me da bien grabar cortometrajes en tiempo récord, como ya habréis comprobado…

Busca con la mirada su cámara, y Joe se la señala. Se toma unos momentos, mirando directamente a ella. Encontrando las palabras adecuadas.

—Solo quiero que todo el país sepa que estoy completamente enamorada de Zander Shay. Y a Zander, que sé que estás viendo esto… Te amo.

La pantalla se funde al negro y por unos segundos temo que mi televisión se haya roto en el peor momento posible.

Sin embargo, aparece un título en pantalla: Tú y yo .

Reconozco al instante la melodía que suena de fondo.

Es la canción que escuchamos por primera vez juntos en aquel bar y yo no dejaba de poner en el coche.

Aparece una chica en escena. Su cara me suena, pero tardo unos cuantos planos en ubicarla.

Estoy bastante segura de que fue la chica que tuvo la cita con Vera.

Está en el descanso de un rodaje. Mientras todos empiezan a trabajar, ella está sola en la entrada, esperando a alguien. Alguien que llega tarde. Será capulla.

Cuando el personaje masculino aparece en escena segundos después, casi pienso que voy a asesinar a mi mejor amigo.

¿Qué hace Nolan Harlow allí y por qué yo no sabía nada de esto?

Él la toma del brazo y el escenario cambia.

Es como un videoclip. No hablan. No hay diálogo.

Solo la música y estos dos recorriendo Los Ángeles.

Aparecen cada uno de los sitios que hemos visitado.

Echo Park. The Lighthouse Cafe. La noria de Santa Mónica.

El Pantages Theatre. Somos nosotros. Es nuestra historia en apenas unos minutos.

En el clímax de la canción, Nolan y la chica comparten un beso con tanta química que traspasa la pantalla.

Es abrasador. Se me acelera el corazón solo de pensar que esta es la definición gráfica de cómo me siento cuando estoy entre sus brazos.

La melodía se está acabando, pero ellos siguen besándose entre lo que parecen risas y bromas.

Como si no existiera nada más que su amor y Los Ángeles fuera el escenario que lo acogió.

Se separan poco a poco, sin apartar la mirada.

Extasiados. Perdidos en los ojos del otro con grandes sonrisas.

Ningún temporal parece ser suficientemente fuerte como para borrarlas.

El gradiente de color se va fundiendo a blanco y negro, hasta que aparece de nuevo el título, y se fusiona con una de las cámaras del programa.

El plató vuelve a aparecer. Esta vez solo vemos a Joe de pie detrás de su mesa, aplaudiendo junto con el público. El ruido va cesando poco a poco y vuelve a tomar asiento. Se dirige a la cámara con una sonrisa.

—¡Creo que esta ha sido la declaración de amor más bonita que he presenciado nunca! —dice casi a punto de llorar.

De hecho, tiene que parar para sonarse los mocos. El público vuelve a soltar alguna carcajada ante su dramatismo. Finge tomarse unos segundos para volver a dirigirse a la audiencia, o, mejor dicho, a mí:

—Por cierto, Zander Shay, si todavía estás mirando la pantalla, haz el favor de abrir la puerta de tu apartamento.

¿Cómo? Me levanto como un resorte y camino hasta allí.

No me hace falta asomarme a la mirilla. En cuanto la abro, me encuentro a Vera.

Lleva un traje que ya le he visto en otras ocasiones, así que supongo que grabaron el programa hace unos días.

No me lo puedo creer. Siento el corazón todavía latiendo en mis oídos.

Ella solo me mira con una sonrisa. Como si fuera completamente ajena al hecho de que estoy literalmente cayendo a sus pies.

—¿Por qué?

Aunque ya sé la razón. Porque le dije que me encantaban los grandes gestos.

Y todo lo que sea cursi o romántico. Porque me encanta ella y me hubiera parecido suficiente cualquier cosa que hubiera hecho.

Pero ha decidido hacer algo que sabía que me llenaría por dentro.

Su forma de decir te amo. Dios, Vera Scheidegger me ha dicho te amo en televisión nacional.

Soy incapaz de decir algo más a pesar de tener la boca ya entreabierta. Al menos eso la hace reír. Pasa los brazos por mi cuello y por pura inercia yo llevo mis manos a su cintura.

—No he visto muchas películas románticas, pero —me mira divertida— creo que esta es la parte en la que me besas.