CAPÍTULO 32
Vera
E stoy justo donde empecé.
En el camerino de El show de tu noche presentado por Joe Donnell. Esta vez Robert no está a mi lado, de hecho, seguramente esté rogándole a alguien por un préstamo para poder hacer frente a las denuncias. No me arrepiento de nada de lo que he hecho. Espero que caigan absolutamente todos.
Como sospechaba, no pudimos acabar Cómo decir adiós , me sigue doliendo no haber podido terminar un proyecto que tanto me ha enseñado, pero al menos pude centrarme en el corto.
En estos meses he vivido únicamente para el trabajo.
Mis momentos libres han estado dedicados a llamar a Elizabeth y Molly para asegurarles que seguía viva y cuerda.
También en esta última semana, he visitado a Harper en el centro de rehabilitación.
Le dieron la opción de que asistiera sin necesidad de que la internaran; sin embargo, con la caída de Steven, están intentando tirarla al lodo a ella también.
De todas las formas posibles. Al menos allí puede concentrarse únicamente en su recuperación.
Después de que el corto se estrenara y el rodaje de la película se cancelara, debería haber descansado.
Sin embargo, tenía otro pequeño proyecto que llevar a cabo, que es la razón por la que estoy aquí esta noche.
Joe Donnell está en estos momentos entrevistando a dos de las chicas implicadas en el corto, Georgina y Laura.
Ambas son encantadoras y sé que sus palabras calarán entre el público.
Yo estoy aquí por algo que no tiene nada que ver. Una promesa que me hice a mí misma.
En estos meses he aprendido muchas cosas.
Como que Zander Shay no es tan irritante como pensaba.
Harper Banks es mucho más fuerte de lo que ella misma creía.
Y Nolan Harlow es tan jodidamente encantador como aparentaba en pantalla.
Pero sobre todo he aprendido cosas de mí.
A tener miedo. A no tenerlo. A aferrarme con fuerza a las cosas que quiero.
A dejar marchar las que me hacen daño. A abrazar públicamente la persona sarcástica e irónica que siempre he sido.
A mantener viva la memoria de mi hermano sin regodearme en el dolor.
He aprendido que enamorarse vale la pena si es de la persona correcta.
La maquilladora se despide de mí y me pide que espere a que el regidor me avise de que es mi turno de entrar al plató.
Por eso no me extraño cuando oigo cómo golpean la puerta minutos después, aunque, a decir verdad, pensé que tardarían más.
Se supone que yo cierro el programa que se emitirá mañana.
—¿Puedo pasar?
Ese acento francés me resulta familiar.
—¿Aloin?
Se mantiene en su línea, esta vez lleva un traje verde pistacho bastante vistoso con una camisa marrón. Se acerca a abrazarme, yo le devuelvo el gesto, aún un poco extrañada.
—¿Qué haces aquí?
—Sé que tu aparición es sorpresa, pero he pedido unos cuantos favores. Quería reunirme contigo cuanto antes. Llevo meses queriendo hacerlo, pero sé que has estado muy ocupada y quería dejarte espacio.
—Pues dime…
—He visto el corto. Bueno, está en todas partes.
Lo invito a tomar asiento. Él prefiere quedarse de pie y yo decido hacer lo mismo.
—Sí, soy consciente.
—He oído que quieren vetarte durante cinco años… Cinco años no es mucho.
Obviamente ha habido consecuencias por cada una de mis acciones, aunque no se hayan hablado públicamente.
Banks ha utilizado todas las artimañas que ha podido para denunciarme por incumplimiento de contrato, alegando muchas cosas que no son ciertas y apoyándose en jueces corruptos.
El juicio fue a principios de semana. La deuda que tengo ahora tardaré unos años en pagarla.
Aunque no tengo muy claro cómo voy a hacerlo, no es algo que me quite el sueño.
Lo que de verdad me mata es precisamente lo del veto.
No podré grabar, producir ni dirigir nada nuevo en cinco años desde el momento de la deliberación del juicio.
O si no, me veré envuelta en una deuda peor, de la cual no sabría cómo escapar.
—Es mucho para alguien como yo —rebato.
¿Qué coño voy a hacer en estos cinco años?
—¿Como tú?
—No vivo de esto, vivo por y para esto. Es todo lo que siempre he soñado.
—No tengo muy claro por qué me sincero con él—.
Mira, siempre tenía miedo de no conseguirlo, ¿vale?
Así que mantuve mis medias lo más altas posibles.
Las mejores notas. Para poder tener un plan B si mi vena creativa no funcionaba.
Pero el plan A es el único que realmente me ha importado nunca.
Mi sueño siempre ha sido ver en pantalla mis historias… Y ahora…
—Y ahora no tienes ni idea de qué hacer sin esa posibilidad —completa por mí.
Suelto un suspiro.
—Supongo que seguiré escribiendo e intentaré que mi vuelta sea lo más impresionante posible para que nadie deje de hablar de mí. No sé cómo hacer para que la gente no me olvide durante estos cinco años.
—¿Y si no fueran cinco años?
—¿Cómo?
—Verás, acabo de fundar una nueva productora, estoy empezando…
Pero tengo mucho dinero y una hermana enamorada de tu trabajo.
Le dije mil veces que estabas atada a Banks y que no estarías interesada en hacer nada con nosotros, pero ella me insistía en que al menos tenía que conocerte…
Te confieso que solo me interesé en la productora de Banks por ti…
—La multa va a ser…
—Puedo pagarla —resuelve.
Algunos calificarían esto como un golpe de suerte.
Supongo que en parte lo es. Aunque le gusta mi trabajo y por eso ha venido hasta aquí.
Le sonrío. Es inevitable que me emocione la situación.
Aun así, no estoy dispuesta a cometer el mismo error que en mis primeros años aquí.
En ese momento tomé una decisión precipitada porque veía mis sueños materializarse ante mí y no podía ignorar la posibilidad de hacerlos realidad.
Ahora hay muchas otras cosas que tener en cuenta:
—Estaré encantada de estudiar tu propuesta, Aloin, pero no en este momento. Si me disculpas, tengo algo que hacer.