Más que una película CAPÍTULO 31
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CAPÍTULO 31

Zander

L a confusión me arrolla, casi siento que no estoy dentro de mi cuerpo. La rueda de prensa. La forma en la que Vera me ha defendido. El hecho de que por fin se ha revelado contra Robert y Banks.

Que la quiero.

Joder, necesito hablar con ella.

El aire frío me golpea cuando ponemos un pie fuera del hotel.

Yo solo me giro hacia Nolan, su nerviosismo es palpable.

Veo a través de los ventanales que Vera sube las escaleras, hacia su habitación probablemente.

Debería estar subiendo a su lado, no quedarme aquí. Deberíamos estar aclarándolo todo.

—Nolan, te quiero mucho, pero no tienes el don de la oportunidad —me quejo.

—¡Ya sé quién fue! El que filtró todo.

Veo tanta culpabilidad en su rostro que por unos segundos temo que diga su propio nombre.

—Fue mi hermano.

—¿Qué? Es imposible… Tu hermano no sabía nada. ¿Se lo dijiste tú? —aventuro, intento buscar una explicación.

—No, lo hiciste tú. —Ahora lo entiendo menos—.

En esas vacaciones juntos. Cuando te emborrachaste.

Me confundiste con él. Hablaste sobre Maya con él, pensando que era yo, íbamos vestidos igual…

Le pedí a Linda que hablara con todos los periodistas de los artículos hasta que me han dado suficientes indicios para pensar que era mi hermano…

Lo he encarado y lo ha confesado todo… Beck ha vendido la información para pagarse la puñetera boda porque yo me negué…

Soy un imbécil, he estado tan liado con mis putas movidas familiares que ni siquiera pensé que podríamos utilizar los contactos de Linda para averiguarlo…

Su voz está cargada de enfado. Pero mientras él habla, solo soy capaz de sonreír. Dios, suelto una risa casi maníaca. Ahora el que tiene expresión de desconcierto es él. Desde luego esto no va a mejorar su situación familiar.

—Lo siento muchísimo, Zander. Te compensaré de cualquier forma…

—Da igual. Solo necesitaba saber la verdad. Tener la certeza de que no fue Vera.

Al escucharme, copia mi sonrisa y me abraza. Al separarnos me tomo unos segundos para respirar profundamente. Ahora que sé que no fue Vera, la situación me duele menos. Supongo que porque la traición fue lo que más mella hizo en mí.

—No es culpa tuya, Nolan. No necesito ninguna disculpa.

—¿Sabes lo que eso significa? —me pregunta Nolan.

Sí, claro que lo sé.

—Que el amor de mi vida está ahí dentro y que nunca ha querido hacerme daño. —Me dedica la mejor sonrisa que nunca le he visto.

—¿Y a qué esperas?

Salgo corriendo hacia dentro, dejando a Nolan detrás.

Solo tengo un objetivo y es precipitarme hacia su habitación, sin embargo, al ver a Harper y Robert, mi propósito se vuelve a truncar.

Parece que Harper está intentando negociar algo con el productor.

Ralentizo el paso y, cuando me ven, Harper me hace un gesto para que suba y los ignore.

Capto poco de la conversación, pero intuyo que están hablando sobre Steven Banks y sobre las consecuencias que esto tendrá para Vera.

Subo las escaleras con prisa y me planto en la puerta de Vera, aporreándola casi con violencia.

Cuando la abre, la observo como no me he permitido hacerlo en días.

Sus ojos capaces de iluminar una puta tormenta a pesar de las bolsas que se han formado por falta de sueño.

Y esos labios rojos que me vuelven absolutamente loco.

Tiene el pelo alborotado, la nariz algo colorada, indicándome que puede que haya soltado alguna que otra lágrima.

—Creo que tenemos mucho de que hablar.

No me deja decir nada, me mete dentro de la habitación a toda prisa y cierra la puerta. Nos sentamos en el centro de la cama y espero unos segundos a que se abra conmigo.

—Tengo que empezar desde el principio, esto va para largo.

Dibujo una pequeña sonrisa.

—Me he pasado todos estos días deseando escucharte.

—El contrato que firmé con Banks hace años era abusivo.

Era consciente de que las cláusulas de exclusividad, los tiempos en los que debía trabajar y las cláusulas de terminación de contrato eran excesivas…

Pero Banks me iba a pagar la universidad, me había sacado de Cloveland, planeaba que grabara otro corto y llevarme a los Oscar…

Sentía que se lo debía. Pensaba que no habría mejor productora y estudio. Fui muy ingenua.

—No digas eso. Cualquiera en tu lugar habría hecho lo mismo, Vera.

—A partir de ahí, bueno, Robert intentó sobrepasarse incontables veces conmigo y empecé a enterarme de todas las chicas que habían estado en mi situación antes que yo…

Me di cuenta de cómo nadie las había escuchado, cómo las habían despedido por razones absurdas…

Pensé que lo único que me quedaba era aguantar hasta cumplir el número de proyectos, firmamos por cinco, y…

—Y esta película será el último.

Sus ojos se manchan de culpabilidad.

—No van a dejarnos terminarla de grabar, Zander. No después de lo que he hecho.

Enredo sus dedos con los míos y estrecho su mano.

—Lo único que me importa ahora eres tú. —Remarco cada palabra.

—Cuando te dije al llegar que necesitaba espacio… Era cierto que no quería que nadie se enterase de lo nuestro, pero no era la única razón: Steven Banks me amenazó por Harper, no solo con arruinarme la carrera, sino también la tuya. Me bloqueé, no sabía qué hacer y pensé que si te alejaba…

—Podrías mantenerme al margen.

Ella asiente.

—Antes de venir a grabar, llamé a Linda y le pregunté si ella creía que yo podría marcar alguna diferencia.

Si podía contactar a otras chicas que hubieran pasado por lo mismo que yo.

Me preguntó si me había planteado denunciar, le dije que llevaba años con una denuncia escrita que no había sido capaz de mandar…

—Vera…

—¿Recuerdas cuando te hablé de cómo era la relación de mi madre con mi padre?

Pues me la encontré cuando fui a ver a mi hermano al cementerio.

Discutimos, muchísimo. Y cuando se fue, me di cuenta de que no era distinta a ella.

Que ella había defendido a un hombre terrible durante años, y yo a merced de Steven estaba haciendo exactamente lo mismo.

Mi silencio me hacía cómplice. Cuando volví a meterme en el coche, llamé a Linda y le dije que iba a hacerlo.

—¿Vas a denunciar?

—Más que eso. Voy a enseñarle la verdad al mundo.

He hablado con varias chicas estos días, recopilado sus testimonios; estamos escribiendo un cortometraje mientras Linda busca financiación.

Los abogados de Banks me van a mutilar en cualquier juicio por incumplimiento de cláusulas y con sus influencias puede que no vuelva a dirigir nada en muchísimo tiempo, pero no podía seguir así, Zander. No podía.

La observo llorar durante unos segundos. Aparto las lágrimas de sus mejillas con delicadeza.

—No tenías por qué protegerme. Me hubiera gustado pasar las noches aquí, acompañándote… No tiene que ser nada fácil enfrentarte a todo lo que has estado callando durante años sola.

—No estoy sola, ellas están conmigo.

La abrazo y nos dejamos caer sobre el colchón, y nos quedamos tumbados.

Vera coge su portátil y me enseña el storyboard del proyecto.

Espero que todos paguen por lo que han hecho, y no puedan pisar un palmo de Los Ángeles sin que les arrolle la vergüenza.

Espero que este corto haga despertar a Hollywood de una vez y nadie pueda callarlas.

La escucho con mimo y atención, cuando termina la vuelvo a pegar contra mi pecho.

—¿Harper lo sabe? Me preguntó por mi opinión sobre su padre antes de coger el vuelo.

—Sabía que le cogería por sorpresa, pero quería hablarlo con ella antes de que Robert o Steven se enteraran. Me está cubriendo las espaldas y está intentando enterarse de qué medidas legales planean utilizar contra mí, para ver si puedo encontrar algún vacío legal o adelantarme.

—Al final va a caerme bien y todo.

Eso la hace sonreír.

—Creo que no hubieses dicho eso hace unos meses.

Ahora es mi turno de hablar, le explico por encima lo de Maya: quién ha resultado ser el verdadero culpable, que la gente no deja de ir a su tumba a dejar regalos, que los padres de Maya me van a matar en cuanto me vean…

—Siento mucho haberte acusado de hacerme algo así. Joder, te he dicho algunas cosas bastante crueles y…

—No pasa nada, Zander.

—Claro que pasa. Tenía que haberme enfocado en descubrir la verdad y no haberme paralizado porque me daba pánico que tú tuvieras mínimamente algo que ver… Lo siento muchísimo. Entiendo que puedas necesitar espacio después de esto, puedo marcharme y dejar que sopeses…

—O puedes enseñarme a quedarme, ¿no? —Su voz es apenas un susurro.

No podría ocultar la sonrisa aunque quisiera.

—O podemos huir juntos.

—¿Cómo te sientes? Han pasado unos días, pero ¿es raro que todo el mundo lo sepa?

—Sí, no sé, ya había pasado página. Me ha cogido por sorpresa.

—Cuando me hablaste de ella me acojoné… La quisiste de una forma muy especial y es obvio que nada de lo que sientas después de eso va a ser equiparable… No sé, me sentí muy pequeña. No creo que sea capaz de servirte como parche para esa herida, Zander.

La miro confuso.

—No puedes compararlo, Vera. No querré a nadie como quise a Maya, igual que sé que no querré a nadie como te quiero a ti. No quiero a otra persona que no seas tú. No eres un parche, ni aguja e hilo para mis heridas… Pero sí quiero que seas la mano que aguanto mientras cicatrizo.

—¿Puedo besarte?

En cuanto la escucho decir eso, me precipito inevitablemente hacia sus labios.

Podría acostumbrarme a llamarlos hogar.

Por unos segundos siento que me he pasado de intenso.

Antes de que pueda añadir algo más, toma mi cara entre sus manos y me besa.

Nuestros labios se enredan en una pelea que ninguno de los dos quiere perder, o terminar.

Llevamos días necesitando esto. Al menos llevo días deseando volver a enredar las manos en su pelo mientras siento cada centímetro de su cuerpo pegado al mío.

Nos pasamos un buen rato así, probablemente más que el que deberíamos, pero me da igual. Me va a hacer falta una vida con ella para saciarme. Y me temo que esa vida no va a empezar en este instante.

—¿Y ahora qué?

Ella me analiza con sus grandes ojos.

—Tenemos que seguir fingiendo distancia.

Linda me ha dicho que cuando se filtre la noticia del corto todo será un caos.

Steven cancelará definitivamente esta producción y yo intentaré alejarme de esta productora todo lo que pueda…

Sé que esto no va a afectar solo a las empresas de Banks, va a ser como un dominó, cayendo pieza a pieza.

—¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?

No le hace falta sopesarlo.

—Las chicas quieren convocar una huelga… Sé que es pedirte mucho…

—La apoyaré. Hablaré con mis productores en NALS para sumarnos a ella y hacer presión. Ya que tengo que distanciarme y no puedo ayudarte a plantarle cara a Banks directamente, al menos haré todo lo que necesites.

Ella asiente con lágrimas en los ojos. Mira hacia la lámpara de la habitación para asegurarse de que no empieza a llorar. Cojo su rostro con cuidado, intentando que me mire a los ojos.

—Estoy muy asustada —me confiesa—. Sé que es lo que tengo que hacer…

Lo único que he querido hacer en mi vida es dirigir y puede que Banks me vete de todos los estudios de Los Ángeles…

Sigue teniendo poder. Mucho poder. Me da miedo que lo que intento hacer no sea suficiente.

Y seguro que encuentra una manera de devolverme el golpe, denunciarme por calumnias o algo así.

—Lo averiguaremos.

—Creo que no me dejarán ir a los Oscar este año.

Hace una mueca.

—No necesitas ningún Oscar para ser una directora de la hostia.

Volver a tener esta complicidad, después de haber estado compartiendo espacio pero no palabras, es liberador. Echaba muchísimo de menos a la chica que tengo delante.

Buscamos inconscientemente el contacto del otro, aunque ninguno quiere dar el primer paso. Pero entonces Vera me coge la mano y me la aprieta. Me acaricia el dorso hasta llevárselo a los labios, deposita un beso y la mira fijamente antes de seguir hablando:

—Lo que más me asusta es haber echado tu carrera por la borda.

—Mi mayor miedo es perderte a ti, Vera.

Eso sirve para que me devuelva la mirada. Me besa de nuevo en el mismo lugar. Yo con cuidado deslizo mis dedos por su mejilla. Casi no me parece real poder ver cómo se relaja de solo sentir el roce de mi piel con la suya.

—No habría sido capaz de hacerlo sin ti, ¿sabes? En Chicago, cuando me dijiste que quizás tenía que aprender a hacer las cosas con miedo… Sigo aterrada, pero es mejor que quedarme en silencio.

Es más, la magia del propio momento apenas nos dura. Harper nos escribe diciendo que Robert quiere que empecemos a grabar y que estará presente en el rodaje. Supongo que querrá seguir fingiendo normalidad hasta que la noticia explote. Si no recuerdo mal, hoy teníamos que grabar en el exterior.

Tendremos que mostrarnos distantes delante de todos.

Quizás durante meses. Salimos de la habitación cada uno por nuestro lado.

Cuando llegamos a la zona de rodaje, todo el mundo está en sus posiciones, solo faltamos nosotros.

Robert está en una esquina observando todo mientras habla por teléfono.

Vera pide un café mostrándose un poco más altiva, supongo que con el objetivo de guardar las apariencias.

Yo finjo que me molesta, como si no tuviera ganas de callarla a besos.

Compartimos una mirada.

Una con palabras que ambos conocemos:

«Tú y yo».

Le concedo los honores. Su voz suena alta y clara.

Addams o Scheidegger siempre ha pertenecido a este lugar.

A esta silla. Rodeada de focos, pero sin que apunten a su rostro.

Lo pronuncia como si fuera la última vez que va a hacerlo.

—¡Acción!