Más que una película CAPÍTULO 30 #2
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CAPÍTULO 30 #2

—¿El proceso ha sido muy distinto al pasar de trabajar solos a acompañados?

—Tengo un proceso creativo muy agotador, mucho más de lo que podría imaginar alguien ajeno a este mundillo.

Definitivamente es más complicado de lo que parece.

Compartirlo con alguien en vez de volcarme sola en una historia ha sido una muy buena decisión…

Ha sido precioso no estar sola cuando una escena no encajaba o un diálogo no funcionaba…

Si yo puedo encontrar las palabras, Zander hace que encajen.

Me encantaría saber qué está pensando ahora mismo. Tengo que conformarme con la sonrisa que me dedica por sus palabras. Esta vez es otro periodista el que interviene:

—¿Qué podéis contarnos sobre los personajes?

Compartimos una mirada. Ambos sabemos al instante que ninguno quiere decir nada.

—Solo sus nombres. —Acaba diciendo él—. Los protagonistas son Amelia y Liam.

Varios lo apuntan a toda prisa en sus cuadernos. Para mi desgracia, las preguntas exclusivas sobre la película se acaban. Es el punto de la entrevista en la que todo empieza a ramificarse.

—Scheidegger, en una entrevista reciente Steven Banks habló sobre un posible proyecto llamado Hielo en el que él aparecería. ¿Qué puede decirnos sobre él?

«Que Banks no participará en él si consigo sacarlo adelante. Que no tendrá nada que ver con esta productora. Que no quiero a ninguno de ellos involucrados en esto».

—A una edad muy temprana perdí a mi mejor amigo: mi hermano. Murió por una sobredosis.

Varios murmullos se desatan en la sala. Zander me mira alucinado. Pero me había dicho que fuera yo. Y esto es todo lo que soy.

—No voy a contestar ninguna pregunta respecto a eso, pero con relación al proyecto…, mis recuerdos de esa época y mi duelo personal son vitales. Será una película introspectiva y espero que llegue al público que necesite verla.

«Si es que llega a estrenarse en algún momento».

La sala se alborota un poco por mis palabras. Zander aprovecha el caos para coger mi mano por debajo de la mesa. No opon­go resistencia. La acaricia con cuidado, y yo aprieto la suya dos veces.

La siguiente pregunta va dirigida a él:

—Shay, me gustaría preguntarle sobre los rumores respecto a su relación pasada con la señorita Maya Lincoln, ¿es cierto que sin ella no hubiera vuelto a Hollywood porque se sentía un fracaso en el mundo del cine?

La expresión de Zander se torna mucho más vulnerable. Le suelto la mano en un gesto brusco y me acerco al micrófono todo lo que puedo para que toda la puta sala me escuche.

—¿Qué mierda de pregunta es esa?

Si alguna vez alguien pensó que había sido desagradable con la prensa, van a flipar con esto.

—Señorita Scheidegger…

—No, escúcheme usted. Le dejamos entrar aquí para que nos cuestione sobre nuestro trabajo y su trabajo es hacer preguntas decentes, coherentes y no sobrepasar límites.

¿A esto le llamáis periodismo? ¿Es que si no hay sangre no os vale?

¿Cómo coño se sentiría usted si estuviera subido en esta tarima y yo le hiciera tal pregunta?

—Yo no quería…

—Estoy harta de periodistas como usted que creen que pueden hacer preguntas al borde de sobrepasar todos los límites de privacidad solo para tener una puta noticia.

¿Quiere un titular? Yo se lo daré: Vera Scheidegger es una borde antipática que explota contra la prensa.

Seguro que tiene la repercusión que necesita y su jefe hasta le asciende.

El silencio que me acompaña es sepulcral.

—Oh, ¿ahora nadie dice nada? ¿Es que habéis perdido la humanidad? —Niego con la cabeza, completamente incrédula—. Creo que no necesita que le diga por dónde puede meterse esa pregunta. Sinceramente, puede irse a la mierda. Y escriba eso si quiere también en su jodido artículo. Siguiente pregunta.

Zander no ha apartado los ojos de mí desde que he empezado a hablar.

He hablado de corrido y me cuesta unos segundos recuperar todo el aire.

Me mira con confusión, como si hubiera algo que no le cuadrara.

Sus ojos se deslizan hasta mis manos. Estoy temblando.

No sé si de la furia o de la ansiedad. Esta vez soy yo quien da el primer paso y enlazo nuestras manos.

Poco a poco, como siempre, el temblor cesa.

—Shay, ¿qué puede contarnos sobre la siguiente temporada de NALS?

Por lo menos una pregunta más coherente.

—La verdad es que, de todas las temporadas, esta ha sido la más difícil de escribir… Pero Scheidegger me ha ayudado bastante a construir la visión que necesitaba. Estoy deseando terminar algunos detalles y ponernos a grabar.

Alguien dice algo sobre que se nos está acabando el tiempo de entrevista. Zander y yo coincidimos en que nos hagan una pregunta más.

—Scheidegger, Shay, respecto a la película, ¿cuál es vuestro objetivo?

Zander me indica que conteste yo. Tenemos la misma respuesta de todas formas.

—Queremos que cuando la vean piensen en sus propias historias de amor, las que terminaron, las que continúan o las que anhelan que lleguen… El amor de las películas es increíble, pero el amor de verdad… El amor de verdad es más que una película.

Recibimos algunos aplausos y salimos de la sala atropelladamente.

Ambos queríamos huir de ahí, eso es innegable.

Por un momento temo que nos encontremos con Robert de nuevo, pero no parece estar a la vista.

Sé que deberíamos volver al set y grabar, aunque ninguno de los dos dice nada al respecto.

Caminamos hacia el vestíbulo del hotel en silencio.

—Gracias por pararle los pies a ese tío.

—No esperaba que fueran a atacarte así, lo siento. Tenías razón, estaba muy bloqueada después de ver a mi madre y me centré en mantener la distancia contigo, en vez de recortarla. Zander, tienes que saber que…

Antes de que pueda formular algo coherente, las puertas de la entrada se abren y Nolan aparece corriendo hacia nosotros. Nos mira a ambos, pero se dirige a mí:

—Ahora te lo devuelvo. Será un momento —me dice antes de arrastrarle fuera del hotel.