Más que una película CAPÍTULO 30
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CAPÍTULO 30

Vera

D urante unos segundos pienso que va a besarme.

Durante unos segundos deseo que lo haga.

Pero no puedo. Así no. Salgo del trance como puedo y carraspeo.

No sé qué me ha llevado a seguirle el juego.

Zander dice algo sobre una botella de agua y yo me acerco a Nolan para darle unas indicaciones.

Mientras le señalo unas líneas, me es imposible ignorar los kilos de maquillaje que cubren sus ojeras.

—Pareces muy cansado.

—Mi hermano va a casarse.

—Ah, ¿y no deberías alegrarte?

Se encoge de hombros.

—Si no fuera porque conoció a la chica hace tres meses y ahora de repente tiene una fortuna que no sé de dónde ha sacado para pagar una boda de ensueño…

—Joder. —Suelto sin pensar.

—Sí, esa fue exactamente mi reacción. Supongo que firmará los papeles del divorcio dos semanas después.

—Qué optimista. Yo no creo que vayan a aguantar dos semanas.

Me sonríe, haciéndome ver que al menos coincidimos en esto. Vuelvo a centrarme en el guion, pero él me para:

—¿Puedo preguntarte algo?

No hace falta ser adivino para saber por dónde va a ir el tema de conversación, quizás por ello decido adelantarme.

—No fui yo quien filtró lo de Maya.

—Pero entonces…

—No lo sé. Da igual, al menos me ha servido para marcar distancia.

—Pensaba que te hacía feliz.

Parece que ahora todo mi entorno me conoce mejor que yo misma.

Que, aunque me esfuerce, no puedo evitar anhelar su contacto.

—Me tengo que ir. —No sé si intento convencerle a él o a mí.

—¿Por qué?

—Porque no puedo dejar que mis decisiones le salpiquen. No puedo dejar que él lo pierda todo por mi culpa. —Me mira confundido. Hablo más para mí que para él—. Hay hombres que están dispuestos a todo por seguir ganando dinero y poder, no les importa a quién tengan que arrollar para hacerlo.

Parece que ese pensamiento le lleva a otra parte, o al menos veo un brillo distinto en sus ojos. Niego con la cabeza, intentando dejar el tema. Ya me explotará cuando vuelva a Los Ángeles.

—Volvamos a grabar, que tenemos mucho que hacer.

No me da tiempo a sentarme cuando nos avisan de que es la hora de la entrevista. Salgo a toda prisa hacia el hotel, empeñada en marcar aún más la distancia que hay entre Zander y yo. Es lo mejor para él, aunque ahora mismo ninguno de los dos sepa verlo.

En cuanto llegamos al hotel me escabullo al baño.

Y me lavo la cara. Me arrepiento de haber desinstalado todo, ahora me pueden preguntar por algo a lo que estoy fingiendo ser ajena.

Vuelvo a mirar mi teléfono. Está claro que ya lo saben, la larga lista de llamadas perdidas de Robert y Steven me lo dejan claro.

Supongo que ahora más que nunca solo me queda dar un paso adelante.

Cuando salgo al pasillo, me topo con Zander, que estaba esperándome en la puerta del lavabo.

—¿Por qué no estás en la sala? ¿Lo han cancelado?

—Estaba esperándote. Se supone que tenemos que fingir compenetración.

Esa palabra. «Fingir». No me hubiera molestado hace unos meses. La habría utilizado con gusto. Ahora mismo pensar en caminar por cualquiera de los sitios de Los Ángeles en los que compartimos días enteros juntos se me hace un mundo.

Me abrazo a mí misma.

—¿Qué es lo que más te preocupa? —me pregunta.

«Todo lo que no puedo contarte».

—¿Es por la entrevista? ¿Por los comentarios que siempre hace Robert?

—No me da tiempo a corregirlo—. Mira, sé tú.

Si puedo pedirte algo más antes de que dejemos de hablar definitivamente y no vuelva a saber nada de ti que no incluya un guion de por medio, déjame compartir una entrevista contigo en la que seas simplemente tú.

¿Cómo le digo adiós a la única persona que ha visto todos mis recovecos en años? Estoy a punto de contarle todo. No sé si en busca de consejo o solo porque necesito que lo sepa con detalle. Me sonríe de forma triste, alentándome a que diga algo. Cualquier cosa.

—¡Vera Scheidegger!

Por un segundo pienso que me he imaginado la voz de Robert en mi cabeza, pero no. Acaba de irrumpir en el pasillo. Ni siquiera he tenido que volver a la ciudad para enfrentar la realidad, ya me ha seguido ella hasta aquí.

Robert tiene un aspecto horrible: barba de hace varios días, pelo sin engominar y camisa mal abotonada, y carga con la chaqueta en la mano a pesar del frío que hace.

Creo que nunca lo había visto tan rojo. Colorado de pura furia.

Esperaba que estuviera enfadado, fue lo primero que Linda me advirtió cuando le dije lo que planeaba hacer y le pedí ayuda para ello.

Aunque no esperaba que se presentara aquí.

Quiero parecer impasible, aunque cada palmo de mi piel esté calado de miedo.

—No sabía que venías —comenta Zander. Me mira a mí, como si yo pudiera explicarle en tan solo un segundo el porqué de la presencia de Robert.

—¿En qué cojones estabas pensando? —me dice él.

—He hecho lo que tenía que hacer.

—¡Has cavado tu propia tumba! ¿Te has vuelto loca?

—Estoy muy cuerda, Robert.

—¿Cuerda? ¡Estás como una puta cabra! ¡Steven Banks va a encargarse de que no puedas volver a hacer cine en años!

Por primera vez desde que lo conozco le hablo libremente.

—Abusaste de mí de todas las formas que pudiste cuando era becaria.

Me humillabas, te insinuabas cada día, convenciste a todo el mundo de que me había acostado contigo e incluso sobornaste a algunos periodistas para que escribieran sobre ello.

Me hiciste sentir muy pequeña. Pero es que no he sido la única…

Puede que tire mi carrera por la borda, es cierto, pero pienso llevarme a toda la productora por delante en el proceso.

»Me aseguraré de que paguéis todos por cada chica con la que os habéis sobrepasado, no solo Steven y tú, no, también cada una de las personas a las que habéis encubierto.

Y esas chicas verán por fin su nombre en los créditos que siempre merecieron, en vez de ver los nombres de sus abusadores una y otra vez en pantalla.

Robert retrocede un paso cuando yo me acerco, Zander coloca un brazo en mi cintura. Pasa su mirada de uno a otro, sin entender absolutamente nada.

—¿Qué está pasando?

—Ah, ¿no se lo has dicho? —Robert suelta una carcajada de puro nerviosismo—. ¡Qué buena es Vera Scheidegger! ¡Protegiendo a su codirector!

Zander me sostiene con algo más de firmeza. Vemos cómo Robert toma aire e intenta recomponerse.

—Está bien, Vera. La noticia todavía no se ha filtrado a la prensa, así que aún estás a tiempo de retractarte sin consecuencias. Renovaremos el contrato, olvidaremos este incidente y todo seguirá como antes.

No me había planteado ni siquiera que se les ocurriría ofrecerme tal cosa. Aun así, tengo mi respuesta clara:

—No. —Y me niego a quedarme aquí discutiendo—. Tenemos que dar una rueda de prensa.

Sin ninguna despedida cojo la mano de Zander y lo llevo conmigo hasta donde ya están colocados todos los periodistas. Al menos ahora sé que la prensa no sabe nada todavía. Linda me lo había dicho, que no tardarían en enterarse, pero no esperaba que volara hasta aquí.

—¿Qué está pasando, Vera?

Siento que me vuelvo un poco más pequeña ante la mirada de Zander.

—Te lo contaré todo después… Solo quiero sepas que ha sido un placer trabajar contigo.

En cuanto pronuncio esas palabras, le doy la espalda y entro en la sala.

Sigue las tonalidades del resto del hotel, colores tierra con madera.

Hay una tarima con dos asientos, una mesa y micrófonos anclados a ella.

En cuanto subo veo mejor la cara de todos los periodistas, de diferentes edades y medios.

Todos con sus credenciales colocadas en sus chalecos y chaquetas. Llenan las cuatro primeras filas.

Tomo el asiento que está más alejado de la puerta y Zander se sienta a mi derecha.

Lo noto más nervioso que de costumbre. Él suele mostrarse mucho más sereno que yo ante los medios; sin embargo, parece visiblemente incómodo con la simple idea de tener que hablar ahora.

No sé si es el encuentro con Robert lo que le habrá desestabilizado.

Un recordatorio más de que le he hecho daño de la peor forma posible, que mis decisiones pueden salpicarle a él y a su carrera.

—De acuerdo, ¿listos? —pregunta uno de los cámaras. Al parecer nos van a grabar.

Me aclaro la garganta.

—Bien, empecemos…

Siento que hace años que no hago una rueda de prensa como esta. Le doy el turno de palabra a uno de los periodistas.

—Buenos días, Scheidegger, Shay. Trabajo para The LA Journal. ¿Cómo surge esta historia?

Yo asiento.

—Claro, bueno —me giro un poco para mirar a Zander—, al principio nos parecía que nuestros estilos eran completamente diferentes y teníamos que encontrar una narrativa que nos permitiera explorar a estos personajes fuera de nuestras zonas de confort, pero sin renunciar a nuestras respectivas esencias.

—Además —añade Zander, interviniendo por primera vez—, esta película es la primera de la filmografía de Scheidegger que tiene un componente romántico bastante importante.

—Una historia romántica que hemos desarrollado juntos —completo mirándolo.

Me devuelve la mirada y escucho el clic de una cámara.

—Muchas gracias.

El periodista apunta todo en una libreta, mientras el turno de palabra pasa a otro rápidamente.

—¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar codo con codo?

Vera y yo contestamos a la vez:

—Complicada.

Oigo algunas risas repartidas por la sala.

Zander se acerca un poco más el micrófono para seguir hablando:

—Vera no es solo brillante, sino que tiene una ética de trabajo impecable, yo soy mucho más desastroso.

—Esta vez se ríe él—. Sin duda ha sido una experiencia muy complicada, tuvimos que trabajar a contrarreloj para acabar el guion cuanto antes…

Pero no cambiaría por nada todo lo que Scheidegger me ha enseñado.

—Me mira de reojo, observo cómo traga saliva antes de cederme el testigo.

—Tengo que admitir que he aprendido mucho más de Shay de lo que en un principio imaginé.