CAPÍTULO 26
Zander
C uando escribes inspirándote en tus vivencias, cierras las ventanas, pero nunca corres las cortinas.
Siempre las dejas así para poder ver a través de ellas.
Ver lo que una vez fue, para poder imaginar lo que pudo haber sido.
Muchas noches me he preguntado si mi destino era precisamente siempre cerrar ventanas en cuanto a amores se refiere.
Es cierto que estar enamorado es una gran fuente de inspiración, pero ¿qué pasa cuando llega el desamor?
¿Es este mi destino? Enamorarme y cuando pierda a esa persona aferrarme a los buenos momentos para mantener esa inspiración constante.
Centrarme en lo pillado que estaba, revisitar el pasado y no ser capaz nunca de decir adiós del todo.
¿A esto se refiere la gente con que no se puede tener todo en esta vida?
Quizás mi éxito profesional no me importa tanto como a Vera; mientras tenga trabajo y pueda escribir las historias que quiero contar, soy feliz.
Ella va más allá de eso. Como ahora que, aunque la escena no está yendo mal, no le termina de gustar lo que estamos grabando. Se le nota en cada poro de la piel.
Quiero estar enfadado con ella. Quiero que vuelva a hablarme.
Una explicación. La observo con detenimiento.
Se pellizca el puente de la nariz, cansada.
No está durmiendo más de tres horas. Lo sé porque la oigo encender el portátil a las tres dela mañana, hablar horas por teléfono o levantarse para tomar más café.
Diría que el que se está tomando ahora es el cuarto del día.
Será mejor hablar de trabajo.
—¿Qué no te convence? —le pregunto.
—Tienen química, pero… Nolan está muy rígido, no sé qué le pasa a Harper, pero no es capaz de mantener el contacto visual.
—Vamos, que si esto fuera un examen los suspenderías.
Pone los ojos en blanco por mi comentario.
No debería molestarme en intentar que sus ojos brillen.
Más que nada porque no puedo verla sin pensar en todos esos posts que nunca deberían haber sido publicados.
La gente ha empezado a llevar cosas a la tumba de Maya, sus padres me han mandado una foto con varios ramos enormes.
Por supuesto, no han sido mensajes amables.
No les hace ninguna gracia que la muerte de su hija sea cotilleo nacional.
—¡Corten! —grita Vera a mi lado, creo que a este paso va a partirme el tímpano. Se levanta de su asiento y camina por el set como si intentara visualizar algo—. Se supone que estáis enamorados y yo no lo veo.
Propone un descanso de forma tan tajante que casi todo el mundo sale de la habitación. Solo quedamos nosotros cuatro.
—¿Vas a quitarme el puesto? —bromea Harper cuando Vera se coloca en su lugar con la misma postura con la que debería estar su personaje. Al menos la situación con Harper está un poco más calmada.
Vera no intenta actuar, solo mostrarles a nuestros protagonistas los gestos de complicidad que yo escribí. Intenta enseñarles la imagen que deben pintar al público, pero Nolan y Harper parecen más perdidos que antes.
Creo que el día de rodaje hoy se nos va a hacer largo. Encima tenemos que dar una rueda de prensa que me revuelve el estómago solo de pensarlo. Vera sigue haciendo sus mejores esfuerzos para hacerles entender lo que necesitamos; sin embargo, no parece que lo pillen.
«Me voy a arrepentir de esto. O quizás no, aunque debería».
—Hazlo conmigo.
Vera se gira al escucharme. Me mira incrédula mientras yo camino hacia ella.
—¿Cómo?
—Está claro que Nolan y Harper no lo ven. Haz la escena conmigo para que vean lo que queremos.
Ella se muerde el labio.
—No soy actriz —puntualiza.
—Ni yo actor.
«Pero no me hace falta fingir que te quiero».
No me da ninguna señal. Ambos hemos retocado tanto esta escena que nos la sabemos de memoria. Ella es Amelia y yo Liam. Nos sentamos en el pequeño sofá, que es más cómodo de lo que parece.
Es una escena en la que tienen que demostrar que se quieren a pesar de todo. A pesar de los errores de ambos. Liam tiene claro que quiere seguir con ella, Amelia siente que ya no hay vuelta atrás.
Mi mano está haciendo círculos en su brazo, la suya está trazando líneas entre los lunares imaginarios de mi rostro. He visto cómo ha titubeado un poco antes de tocarme.
—¿Y si no funciona? ¿Y si es solo una solución temporal que resultará en más discusiones? —La voz de Vera suena clara, pero es apenas un susurro.
Mis ojos están anclados a los suyos. Casi puedo verme a mí reflejado en ellos.
—Ni tú ni yo somos la clase de personas que esperamos a ver si las cosas funcionan. Las hemos hecho funcionar. ¿Qué cambia ahora?
No puedo evitar mirar sus labios. Ese gesto no estaba en el guion, si Vera lo nota, finge no hacerlo.
—¿Y si te rompo el corazón? —musita.
—Bueno, los corazones rotos no son para siempre.
—No quiero causarte más dolor. Sabes mejor que nadie que no lo soportaría.
—También sé mejor que nadie que te quiero.
Esta vez mi improvisación sí la pilla por sorpresa. Y ella también decide saltarse el guion.
—¿Y si no es suficiente?
—Lo es para mí. Te he querido desde que te vi por primera vez. Funcionará.
—¿Y si no funciona? —insiste.
—Pues, joder, habré pasado algunos de los mejores años de mi vida completamente enamorado de alguien que valía la pena.
Soy consciente de que, si continuamos con la escena, acabaré besándola y fingiré que ha sido todo por una estúpida exigencia del guion.