CAPÍTULO 25
Vera
H an pasado tres días, aunque parece que haya sido medio año.
Silencié todas mis notificaciones y me desactivé todas las redes sociales.
No he querido ver nada estos días. Lo mejor que puedo hacer es desconectar de todo.
El rodaje va todo lo bien que puede ir, teniendo en cuenta que Zander y yo apenas hablamos y nos turnamos para rodar ciertas escenas.
Hoy sí que tendremos que estar los dos juntos en el set.
Molly y Elizabeth vinieron a buscarme al hotel en cuanto se enteraron de lo de mi madre.
Pasamos varias horas juntas en las que tuve que contar todo a trozos: les hablé de Hollywood, de mi familia, de Harper y de Zander.
Lo solté todo. No encontré ningún tipo de alivio al hacerlo, pero al menos me sentí escuchada.
Apenas duermo. Mi tiempo libre se resume en garantizarles a mis amigas que estoy bien, ignorar todas las llamadas de Robert y seguir trabajando. Intento taparme las ojeras con el corrector, pero no las mejoro.
He vuelto a perder el control de todo.
He pasado de haber besado a Zander en el tejado de su casa a no ser capaz de mantener una conversación que no sea de trabajo. Qué ironía: eso era lo que yo quería al principio, tener una relación estrictamente laboral con él.
He pasado de empezar a recuperar una amistad sincera con Harper a fingir que no me duele que se marche de cada habitación en la que entro.
Al final es por mi culpa.
Las palabras de mi madre siguen martilleándome, más fuerte que nunca: «Siempre fuiste la más difícil de querer».
No soy tonta. Siempre lo he visto. Puedo recordar cada detalle de quién eres, pero no sentir el impulso de cogerte la mano en medio de la calle. No tengo palabras de aliento, ni sé escribir poemas románticos. Soy la persona que lo destrozará todo a la mitad de la conversación.
No quiero dar un paso atrás, pero tampoco estoy segura de cómo dar otro hacia delante.
Me he traído el desayuno a la habitación porque estoy intentando no tener que ver a nadie salvo para lo estrictamente necesario.
Robert vuelve a llamarme. Dejo que suene hasta que el estridente sonido para. Como no descuelgo, me escribe. El equipo de prensa del que nos habló llegará pasado mañana. Solo espero que todo esto acabe cuanto antes.
Necesito otro café. Atravieso todo el hotel hasta el comedor. Sé que Nolan y Zander no están porque han cogido la costumbre de salir a correr antes de grabar. Me dirijo hacia la única cafetera del bufé, pero Harper está utilizándola.
—¿Podemos hablar? —Me sorprende que las palabras vengan de ella y no de mí.
Por privacidad ambas salimos del comedor, del hotel y caminamos en silencio hasta que el edificio se divisa a lo lejos.
—¿Es cierto? Lo de que solo eres mi amiga por mi padre.
Suspiro. Bueno, al menos empezamos por lo simple.
—Claro que no, Harper. Al principio, cuando te conocí no soportaba a la persona que creía que eras, que fueras tan privilegiada con los contactos de tu padre y no te dieras ni cuenta. No sé, sentía que eras completamente ajena a ello y me cabreaba…
—Puedo llegar a ser bastante egoísta —admite.
Yo niego con la cabeza. No quiero tirar por ahí.
—Pero cuanto más te acercabas a mí, menos ganas tenía de alejarte.
Tenemos un humor similar, te emocionas por todo y me gusta esa intensidad, aunque yo no pueda sentirla…
Cuando empezamos a liarnos, me confundí muchísimo.
Y pensé que me estaba enamorando de ti, así que me alejé porque tenía miedo de hacerlo de verdad…
»Después tú empeoraste con el alcohol y te grité y… tu padre me amenazó, así que volví a pedirte perdón. Pero, créeme, lo hubiera hecho de todas formas, solo hubiera tardado un poco más…
—¿A cuántas cosas te has sentido coaccionada por mi padre? No solo respecto a mí. En general —me interrumpe.
Yo abro la boca varias veces, incapaz de calcular un número.
—No sé el número exacto…
—Joder, Vera.
—Lo siento muchísimo, Harper. No te mereces esto.
Ella niega con la cabeza.
—No se trata de merecer, Vera. Sé que quieres protegerme, sé que vivo en una puñetera burbuja, y hasta ahora eso me ha traído más problemas que soluciones…
No sé cuántos hilos ha movido mi padre o cuántas vidas ha arruinado…
¡Joder, Vera! ¡Podía haberte arruinado la carrera desahogándome con él sin darme cuenta!
Entiendo que quieras actuar como una hermana mayor.
Y que mi situación no es la mejor… Pero cuando se termine el rodaje, voy a entrar en una clínica.
—¿Necesitas dinero?
Ella niega.
—No, llevo ahorrando unos meses. Lo he estado guardando a espaldas de mi padre.
Sonrío al escuchar eso.
Ella me atraviesa con sus ojos azules.
—¿Significa esto que puedo recuperar a mi mejor amiga? ¿Sin ningún padre de por medio, y con la promesa de que voy a ponerme mejor y que lo aprovecharé contigo?
—No me he ido a ninguna parte. Por supuesto que seguimos siendo amigas.
Nos fundimos en un abrazo que ambas parecíamos necesitar.
Harper se ha sincerado conmigo y supongo que ahora es mi turno. Parece que va a preguntarme sobre algo más, probablemente respecto a Zander, pero esto es más importante.
—Harper, necesito contarte algo.
Cuando acabamos la conversación, ella me dice que va a subir a la habitación un rato antes de bajar al set.
Siento que ha sido demasiada información de golpe, y aunque la procesará tarde o temprano, no es fácil de digerir.
Yo voy a la casa después de tomarme el café que no me había dado tiempo ni a empezar. Zander ya está ahí, hablando con Nolan.
Yo contesto algunos mensajes sin buscar la atención de ninguno. De todas formas, no paso desapercibida y, en cuanto me ven, paran la conversación. Creo escuchar que Nolan dice algo sobre repasar sus frases. Es solo una excusa. Se conoce el guion mejor que yo.
Zander toma asiento a mi lado.
—¿Dónde está Harper?
—En el hotel. Bajará en nada. —Él asiente.
—De acuerdo.
Instantáneamente saca el teléfono de su bolsillo. Frunzo el ceño.
—Nunca te había visto tan pendiente del móvil.
—Bueno, últimamente no me queda más remedio. —Está claro que el comentario va con segundas—. Volveremos dentro de nada a Los Ángeles.
Pensaba que realmente tendría ganas de volver. No las tengo. No las tengo en absoluto. Intento no entrar en esa espiral, así que sigo sacándole conversación.
—¿Y quieres estar al día para cuando vuelvas?
¿Por qué estoy haciendo esto? Todo lo que quería era que se alejara.
Lo he conseguido. Se acabó.
—Odias estas charlas superfluas —me dice. No le falta razón.
Solo que nunca he odiado del todo nada que lo incluyera a él.
—Tú no las odias.
—Odio que puedas actuar como si no hubiera pasado nada, porque yo no puedo.
Suspiro. Es más que comprensible.
—De acuerdo, no hablaré de nada que no sea trabajo. —Carraspeo—. Creo que deberíamos revisar la última escena de Amelia; con los matices que le está dando Harper, se me ha ocurrido que…
—Me está matando por dentro, ¿fuiste tú?
Frunzo el ceño.
—No creo que eso encaje en el guion.
—No estoy hablando del guion.
Lo de Maya.
—No, no fui yo. Pero no parece que vayas a descubrir quién ha sido y yo no quiero hablar de nada que no sea trabajo; así que… ¿podemos centrarnos?
Él me roba los papeles que tengo en la mano y comienza a anotarlos como si nada, como si él no tuviera su propia copia a sus pies.
—¿Sabes? Me duele físicamente saber que hay miles de cosas que quería decirte. Miles de cosas que tú dirás y yo querré complementar. Pero no puedo. Ahora solo hay un espacio en blanco. Porque has decidido alejarte de golpe…
—¿Por qué no dejas esa frase para uno de tus guiones?
Él no parece dispuesto a soltar la conversación, sin embargo, Harper, que llega como si fuera un huracán, nos interrumpe a los dos. Creo que ha venido corriendo. Me llama y, como su voz suena un poco ahogada, me sobresalto y me pongo en pie.
—¿Qué ocurre?
—Vengo del hotel. —Baja un poco el tono de voz—. Hay una mujer en la recepción preguntando por ti. Creo que es tu madre.
—No tienes que ir —dice Zander.
Esta vez lo miro a los ojos.
—No te preocupes. Empieza tú el rodaje, yo me incorporaré después.
No le doy tiempo a replicar. Salgo del set y me apresuro hasta el hotel. Efectivamente, la mujer que preguntaba por mí es mi madre. Tiene un abrigo negro colgado de su brazo. Es mío, solía ponérmelo cuando iba al cine con Molly y Eliza.
No sé cómo empezar la conversación, ni siquiera sé qué hace aquí. Cuando ella se sienta en las escaleras, la imito.
—Siento lo del cementerio.
—Me lo merecía.
—Déjame continuar, puede que no cuente las historias tan bien como tú, pero puedo intentarlo.
—Está bien.
—Nunca entro en tu habitación. Desde que te fuiste. Recuerdo muy poco de las semanas antes de que te marcharas. Solo lo de que tenías una beca y te ibas. Pensé que volverías, que necesitarías a tu madre…
Soy incapaz de deshacer el nudo que se forma en mi garganta.
—De pequeña siempre estabas de mi parte, eras la niña de mis ojos… Y lo que dijiste en el cementerio…, tienes razón, quería buscar culpables y tú eras quien tenía más cerca.
—No siempre reaccionamos de la mejor forma en situaciones de estrés.
—Ayer se emitió El último baile en la cadena 7.
Mientras la estaba viendo, me percaté de que, en las facturas que salen del piso, el nombre de la casera es mi nombre, que el coche que conduce Will es el primero que tu padre y yo compramos, y que, obviamente, uno de los personajes se llama Theo, por nuestro Theo…
Se me escapa una sonrisa triste. Nunca había hablado de esto con nadie.
—Era mi primera película. No sabía si iba a tener éxito —le explico—, ya estaba recibiendo mucha presión por parte de mis superiores, que insinuaban que quizás también fuera la última. Y si lo era, quería tener a Theo en ella.
—Al ver las referencias, decidí poner La pieza para ver si encontraba otras, me di cuenta de que metiste esa frase de Nietzsche que tu hermano decía todo el tiempo.
—«Soportamos más fácilmente la mala conciencia que la mala reputación» —completo por ella.
—Y la fecha de nacimiento de Thelma es la mía… En Guerras silenciosas , en el salón de David hay una foto de la boda de sus padres, su madre lleva exactamente el mismo vestido que llevé yo…
—Las de vestuario me querían matar, no encontraban el vestido por ninguna parte.
Eso la hace reír.
—Me di cuenta de que no habías renegado de nosotros, solo nos habías escondido para que únicamente tú pudieras encontrarnos cuando nos necesitaras… Seré clara, Vera, no espero recuperar el contacto.
Yo asiento. Siendo honesta yo tampoco lo espero.
—No quiero que te sientas obligada ahora a llamar… Pero creo que tampoco debías volver a Los Ángeles sin saber que, al menos, nos había encontrado en tus películas.
—Gracias —musito.
—Verte de nuevo me ha reabierto muchas heridas… Sé que odiabas que entrara en tu habitación, pero ayer estuve revisando todo y encontré esto en un cajón.
Saca unos folios doblados de su bolso.
—No sabía que habías escrito un ensayo sobre tu hermano. Siento no haber visto lo mucho que lo querías.
La garganta se me cierra. Intento no ponerme a la defensiva. No sirve de nada.
—Mira, mamá, no vamos a arreglar un conflicto de años en dos conversaciones… Pero podemos tener más.
—Eso me gustaría.
—A mí también.
Me pregunta cosas sobre California, odiaría el clima y la gente, pero tiene bastante curiosidad por cómo funciona Hollywood y de eso sí puedo hablar.
Me pregunta por mi vida en la universidad.
Por mi trabajo. Soy sincera con ella. No parece entenderme, pero tampoco me pregunta, y en días como hoy eso es lo único que necesito.
—Debería irme, supongo que estáis de grabaciones.
No sabemos muy bien cómo despedirnos, pero encontramos la forma de decirnos adiós.
Camino hacia el set de nuevo, observando cómo mi respiración agitada forma un vaho.
Intento entrar sin causar mucho revuelo, pero en cuanto Harper me ve pierde el hilo de la escena.
Zander se gira para seguir la dirección de su mirada. Me siento en absoluto silencio.
—¿Qué ha pasado? ¿Todo bien?
—No te preocupes, puedo dirigir perfectamente.
—No te estoy preguntando por eso, Vera.
—Déjalo, Zander.
—Que tú decidas ignorar mi dolor no significa que yo pueda hacer lo mismo con el tuyo.
El cuchillo se me clava tan hondo que no soy capaz de responder.