CAPÍTULO 27
Zander
E l contestador de Vera vuelve a sonar.
Es la quinta o sexta llamada. Antes me aparecía que estaba la línea ocupada.
Tom me mira nervioso desde la otra punta de la habitación.
Parece que todos pensamos que algo va mal.
Deberíamos haber empezado a grabar hace una hora y media.
No hay rastro de Scheidegger. Harper ha dicho que iba a intentar buscar en redes a Molly y Elizabeth para ponerse en contacto con ellas.
Pero algo me dice que Vera no está con sus amigas.
Salgo de la habitación, atravesando los pasillos hasta la entrada. Decido ir al hotel, a pesar de que está muy cerca, por si aparece por allí primero. No es mi opción favorita, pero no me queda otra que esperar.
¿Y si ha tenido un accidente? Dios, no puedo pensar en eso.
Intento observar la calle a través de los ventanales del vestíbulo.
Intento convencerme de que, de todos, Vera es quien mejor conoce esta zona.
Sé que a lo mejor necesitaba tiempo porque volver aquí puede haber resultado arrollador para ella, pero…
—¡Zander!
Harper se acerca corriendo hacia mí. Va caracterizada de Amelia, que es tan simple y apagada comparada con su estilo habitual que incluso no me doy cuenta de que es ella hasta que no la tengo delante.
—¿Qué ocurre?
—He encontrado a Molly. Me ha dicho que no había quedado con Vera. Que Elizabeth tampoco. Ha intentado llamarla, pero no le coge el teléfono… Le he dado la matrícula del coche y me ha dicho que va a preguntar.
—Vale, genial… Ve a tomarte algo al comedor, o no sé, lo que te sirva para amenizar la espera. —Ella asiente, aun dudando—. Estará bien. —Lo digo tanto para convencerla a ella como para convencerme a mí.
Por fin me llega un mensaje suyo. Me pide que retrasemos el rodaje hasta las cinco. Que no cree que llegue antes.
¿Dónde coño estás, Vera?
¿Estás bien? ¿Necesitas algo?
No responde.
Nolan baja por las escaleras principales, nos saluda casi con un susurro.
Yo aviso a todo el mundo de que empezaremos a grabar a las cinco.
Esto no es propio de ella. ¿Retrasar un rodaje?
Antes se pegaría un tiro. Harper y Nolan se retiran para practicar sus frases, yo sigo con la mirada clavada en mi teléfono.
Esperando un mensaje que no llega. Intento guardar la calma y repasar lo que vamos a grabar hoy.
Cuando me llega una notificación casi me tiro sobre el teléfono, pensando que es ella.
Y de esa forma tan simple caigo en el peor remolino posible.
Todo me explota en la cara.
Tengo mensajes de mis padres, de productores, de agentes, de actores con los que he trabajado. Me temo lo peor. Por unos segundos temo que Vera haya tenido un accidente. Le comento a Tom que voy a volver a salir y no me quedo a oír su réplica.
Mi primer reflejo es llamarla, pero la línea vuelve a estar ocupada. Las notificaciones se me siguen acumulando: mensajes, correos, llamadas… No es sobre Vera.
Es sobre mí.
Pincho en la que me aparece primero y los titulares comienzan a sucederse:
Creo que he olvidado cómo respirar.
Entro en varios de los artículos, leyendo la noticia que parece sacada de mis propios labios. En ninguno más fuente que «alguien cercano a Shay».
No son solo noticias. Hay vídeos. Hay posts de gente hablando de Maya y de mí como si nos conocieran.
Hay amigos de Maya queriendo hablar de ella a cambio de dinero.
Hay putos memes con la canción de Money, Money, Money de ABBA, como si su muerte me hubiera reportado tanto beneficio que ya no me importara.
Cierro todo de golpe. Quiero tirar el teléfono a la basura.
Me niego a creerlo.
Vuelvo a leer uno de los artículos, regodeándome en mi dolor. Me paralizo ante unas líneas en concreto:
«Sin embargo, la parte más trágica no es la muerte de su alma gemela, sino su última petición hacia él: que persiguiera su sueño, que volviera a Los Ángeles para dirigir sus propias series y películas y que dejara plasmada en todas ellas su grandiosa historia de amor».
No tiene sentido que ninguno de mis amigos de Chicago haya filtrado esto de repente, pero es que ellos ni siquiera sabían algo tan concreto como eso.
Solo he llegado a entrar en estos detalles con Vera y Nolan.
No, es imposible. Ninguno de los dos me haría algo así. Tiene que haber otra explicación.
«Prométeme que, si alguna vez sientes que te hago daño de la misma forma, también te alejarás».
Me niego a pensar que ha hecho esto.
«No quiero hacerte daño».
No la veo capaz.
«Tú y yo».
Ya basta. Es imposible. Ella no saca nada de esto, no me haría daño con el único propósito de hacerme sufrir. Salgo a la calle cuando me doy cuenta de que algunos miembros del equipo me miran con lástima. Parece que todo el mundo se ha enterado ya.
Es como si hubiera vuelto a perder a Maya y acabara de perder a Vera.
Me convenzo de que lo último no es seguro.
Aunque las palabras suenan débiles en mi propia cabeza.
Hui de estas miradas cuando llegué a Los Ángeles.
Ahora siento que van a volver con una intensidad tal que no sé si estoy preparado.
—Tío…
Me giro al escuchar la voz de Nolan, debe haberme visto salir y me ha seguido.
—¿Lo has leído?
Hace un leve asentimiento.
—Solo tú y Vera sabíais que había vuelto a Los Ángeles por la promesa que le hice a Maya.
—Yo no he dicho nada.
Nolan es un actor increíble, pero sé cuándo está mintiendo.
Cierro los ojos porque ya solo me queda encontrar la manera en la que encajar el golpe.
Oigo cómo alguien más abre la puerta de la entrada. Parece que no habíamos sido los únicos en salir al pasillo. Harper nos mira confundida.
—Os he escuchado y he leído todo… Zander, lo siento mucho. Pero Vera no te haría esto, tiene que haber otra explicación… —Niego con la cabeza.
Lo último que necesito ahora es falsas esperanzas.
—Vera no es impulsiva, bueno, solo cuando está enfadada. Pero esto es demasiado. No haría algo así. Tú la conoces.
Por un momento hasta quiero pensar que es Harper la que ha tenido algo que ver con estos artículos. Pero, de nuevo, no podría haber sabido ese detalle.
—Harper, es mejor que… —intercede Nolan.
—¡No! ¡Estás haciendo un juicio sin hablarlo con ella! —me recrimina.
Estoy enfadado. Confuso. Triste. Decepcionado. Quiero soltarlo todo. Quiero gritar cada secreto hasta que no quede ninguno. Así que comienzo:
—Vera y tú ni siquiera habríais hecho las paces si tu padre no la hubiera presionado para arreglar las cosas contigo. Vuestra relación se basa en que tu padre coaccione a Vera para que se ponga a tus pies cada vez que metes la pata.
Harper entreabre los labios. Ahora es ella quien tiene que encajar el golpe. No sé si planea decir algo. No sé si alguno de nosotros tiene que decirlo.
Esta vez no suena la puerta, pero todos nos giramos hacia Vera cuando la vemos cruzar la calle hasta aquí. Casi siento alivio de que está bien. A pesar de que parece haber llorado. ¿Qué cojones estoy diciendo?
«¿Por qué parece estar mal cuando es ella quien me ha hecho esto?».
Yo no hablo primero, Harper lo hace. Se dirige a ella sin titubear.
—¿Es cierto? —le pregunta.
—¿El qué?
—Que solo somos amigas porque mi padre te chantajea… Que, si no fuera por él, no querrías estar a mi lado. —Vera deja de mirar a Harper para buscar mi mirada.
Se la devuelvo, aunque me duela infiernos hacerlo.
Scheidegger no responde. Su silencio es suficiente.
Harper sube corriendo al hotel y Nolan la sigue, probablemente para consolarla.
—¿Por qué le has dicho eso? —pregunta.
—Alguien ha filtrado lo de Maya.
No soy capaz de señalarla directamente, me aferro a su sorpresa para pensar que no ha sido ella. Sin embargo, su respuesta no me ayuda:
—Lo siento, pero deberíamos ir a rodar… Ya hemos perdido suficiente tiempo por mi culpa.
—¿Es lo único que vas a decirme? —Mi voz suena completamente rota.
—¡Te pedí espacio, Zander!
—Joder, Vera, todo internet está hablando de mi relación y cada puñetera persona del equipo me mira con lástima… Han filtrado que volví a Los Ángeles por ella y eso solo lo sabíais tú y Nolan.
—¿Es en serio? ¿Piensas que he sido yo?
—Me niego a pensar que eres tú —la corrijo—. Pero lo primero que me dices es que nos pongamos a grabar. ¿En serio? ¿Ni un triste consuelo? ¿Marcar distancia también te impide, no sé, darme un puñetero abrazo después de esto?
Estoy perdiendo los nervios. Ella se pasa la mano por la cara, como si ya estuviera derrotada.
—No puedo lidiar con algo así ahora, Zander. Lo siento muchísimo.
Antes de que pueda decir algo más sube a su habitación.
Creo que no tenía tantas ganas de llorar desde la muerte de Maya. Llamo a mis padres para que se queden tranquilos. No menciono nada de Vera. Después apago el teléfono. No quiero saber nada de nadie más. No sé si es el recuerdo de Maya el que me hace romper en llanto.
O si es el hecho de que quiero más a Vera de lo que he tenido la oportunidad de decirle.
Me paso una hora y media tumbado en la cama mirando al techo.
Nolan ha llamado a la puerta para decirme que Vera iba a empezar a grabar sin mí.
Solo le he dicho que se marchara. Cuando me encuentro lo suficientemente bien como para mantener una expresión neutral, bajo al rodaje.
Ella está acomodada en la silla con sus cascos.
No dice nada cuando me coloco a su lado. Yo no digo nada cuando noto que tiene los ojos más rojos que antes. Quiero gritarle que por qué ha hecho tal cosa para ahora llorar por ello. Pongo mi tono más profesional.
En cuanto empezamos a grabar, Harper se marcha y solo queda Amelia.
A diferencia de otros papeles que ha interpretado, este se ha hecho desde el principio sabiendo que era ella quien lo iba a interpretar.
Y se desgarra en cada frase. Creo que uno de los cámaras ha cogido un pañuelo para secarse las lágrimas.
A mí también me dan ganas de hacerlo, me sorprende que aún me queden lágrimas.
Vera ni siquiera se mueve, no aparta la mirada de Amelia. Nolan está haciendo una buena interpretación de Liam, pero toda la atención está fija en ella. Cuando dice su última frase, nadie se atreve a hablar.
El rodaje continúa. No se me pasa por alto que el móvil de Vera tampoco deja de iluminarse con notificaciones y llamadas. En un momento en el que Vera se levanta para dar unas indicaciones, leo un mensaje en su pantalla.
Es de Molly. Le pregunta cómo está. Dice que se ha enterado de que vio a su madre esta mañana en el cementerio. Aunque no debería querer saberlo (no debería querer saber nada de ella), cuando vuelve a sentarse a mi lado, no puedo evitar preguntarle.
—¿Has visto a tu madre hoy? —susurro.
—Sí —musita.
—¿Y qué tal?
—Mi madre tiene razón en demasiadas cosas.
Vera no vuelve a hablarme en todo el día. Yo ni siquiera vuelvo a mirarla.