Más que una película EPÍLOGO
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EPÍLOGO

EPÍLOGO

Vera

E n Hollywood no tenemos telones, a no ser que estos formen parte del atrezo.

Pero tenemos un «¡Acción!» y un «¡Corten!

». Los directores de cine no somos como los directores de orquesta, que saben interpretar a la perfección las partituras y dar las indicaciones pertinentes para que todos sigan el mismo ritmo a la intensidad adecuada.

A veces los directores de cine no sabemos interpretar la partitura.

A veces todo parece ir perfectamente bien y, aunque hay algo que no encaja, tardamos meses en darnos cuenta de qué es lo que no está cuadrando.

Supongo que igual que nos pasa en la vida.

Aunque el trabajo de director no es fácil, el trabajo de montaje es el que realmente marca la diferencia.

Cuando todo ha pasado por sonido y edición, es el único momento en el que puedo respirar y decir que la película está completa.

Que el esfuerzo ha valido la pena. Cuando los créditos por fin se montan y puedo ver mi nombre en ellos.

Me indican por dónde pasar para posar en el photocall. La alfombra es de un rojo intenso precioso y justo detrás tenemos uno de los carteles promocionales de la película.

Algunos periodistas me han preguntado por el corto, aunque ya haya pasado bastante tiempo desde que salió a la luz.

Me alegro de que se siga hablando de él.

Los fotógrafos están preparados, pero no para fotografiarme a mí sola.

Observo cómo le toman algunas fotos a Aloin, que esta vez ha decidido deleitarnos con un traje naranja fosforito.

No entiendo cómo le puede quedar todo bien.

Por si os lo preguntáis, tuve una reunión con él.

Y también con otras cuatro productoras. Linda me aconsejó que hablara con todo el mundo que quisiera recibirme en sus oficinas.

Que no me cerrara a nada. Sin embargo, ninguna oferta igualaba la de Aloin.

Él estaba dispuesto a pagar la multa apenas sin condiciones.

El resto de estudios y productoras, no. Ellos pagarían, pero con la condición de un gran número de proyectos que tendría que sacar en un tiempo preestablecido.

Atándome de la misma manera en la que Robert ya lo había hecho antes.

Ahora no tengo cláusula de exclusividad y seguiré manteniendo mis principios como autora.

Al firmar con él, me propuso volver a escribir algo con Zander.

Yo no quería presionarle, pero surgió de forma natural.

Por eso estamos aquí ahora. Y aunque me entristece que Cómo decir adiós vaya a quedarse en el olvido, estoy orgullosa de nuestra nueva película.

Al final resulta que no se me dan mal las películas románticas si sé con quién escribirlas.

—¿Vamos? —me indica Zander.

Desde mi numerito en la televisión nos han apodado como la pareja más querida de Hollywood, y aunque a veces no llevo muy bien la atención y le grito a algún paparazzi que nos sigue por la calle, no podría ser más feliz de haber elegido esta vida con él.

Los flashes nos arrollan, pero posamos con tranquilidad.

Yo llevo un vestido largo y escotado que pesa demasiado.

Está hecho de piedras preciosas y diamantes, dándole un color plateado que va a brillar en cada foto.

Zander viste un esmoquin bastante común.

No he podido evitar meterme con él al salir de casa precisamente por ello.

Ambos nos acercamos a hablar con la prensa.

Nos preguntan por Steven Banks, cuya sentencia de juicio se dictará a finales de semana.

Desconozco cuál será la deliberación del jurado, pero espero que Steven no vuelva a pisar esta ciudad.

También nos preguntan por la posibilidad de volver a trabajar juntos.

Zander aún no ha terminado de grabar NALS , así que intentan sonsacarle algo del final de la serie.

Nos preguntan por campanas de boda. Mi novio se descojona al ver cómo me cambia la expresión.

Contesta por ambos diciendo que somos muy jóvenes y que ya llegará el momento.

A mí, honestamente, no me hace falta un anillo para saber que voy a seguir con él el resto de mi vida.

Paseo mi mirada por el resto de la alfombra roja, buscando a alguien en concreto.

Maldigo mi estatura porque ni con tacones de doce centímetros puedo ver más allá de tantas cabezas.

Encuentro a Nolan primero, quien obviamente también ha protagonizado esta película.

Las cámaras lo adoran y todo el mundo aclama su nombre.

Tengo muchas ganas de ver qué le depara el futuro a nuestro amigo de ojos azules y familia alocada.

Esta vez Harper no ha estado involucrada en el proyecto.

Aunque Zander y yo se lo ofrecimos, no quiere tener nada que ver con Hollywood, al menos de momento.

El centro de rehabilitación le ha venido muy bien, y, aunque ya ha salido, sigue viendo a su terapeuta.

Después de todo lo que ha pasado con su padre, le queda mucho por sanar.

Zander se queda atrás, un periodista lo ha secuestrado junto con su mejor amigo. Me vuelvo a parar para que me fotografíen y acabo huyendo de allí en cuanto puedo. Al salir, veo dos caras conocidas que estaba deseando ver.

—¡Vera!

Molly y Eliza están absolutamente preciosas.

Y nada me hace más feliz que saber que están aquí conmigo hoy.

Hubo un antes y un después en nuestra amistad tras volver de Greenlow Valley.

Las llamadas siguieron igual, pero en estos meses he ido a visitarlas.

Ahora me debían la visita ellas a mí. Molly lleva un vestido rosa de satén y Eliza uno negro de lentejuelas.

A pesar de que no está aquí, sé que mi madre estará esta noche pendiente del estreno.

Nuestra relación no se iba a arreglar mágicamente por un giro del guion.

Quizás nunca lleguemos a tener una relación estrecha, no puedo perdonarle todo lo que hizo y ella no puede perdonarme los años de silencio.

Sin embargo, ambas somos felices ahora. Espero que Theo esté orgulloso.

«Creo que siempre lo ha estado, de todas formas».

Saludo a Aloin y a su hermana, y aprovecho para presentarles a mis amigas.

Zander también se acerca a saludar, y yo después lo acompaño a él para ver a sus padres, que también están aquí.

La madre de Zander casi lo mata cuando se enteró, por la televisión, de que estábamos saliendo.

Ahora tengo unos padres postizos que me atiborran de comida cuando voy a su casa.

Y sigo hablando con las primas de Shay sobre Taylor Swift. No me puedo quejar.

Cuando entramos en la sala para ver la película, acompaño a mis amigas hasta sus asientos y después busco el mío.

Como siempre, mi corazón late más fuerte de lo normal.

Aún tengo mucho que aprender. Mucho que aprender a perdonarme y aceptar. Y el proceso no es una escalera. Sé que hay huecos en mi narrativa que aún tengo que averiguar cómo sellar. Sé que tengo que encontrar un equilibrio entre mi trabajo y la vida que pensé que era incompatible con él.

La película está a punto de empezar. Me fijo en que el asiento de Zander está vacío. Justo me llega un mensaje suyo y, como una idiota, le sonrío al teléfono.

—Ahora vuelvo —le digo a Aloin, que es quien está sentado a mi lado.

En realidad, no lo haré.

Intento no hacer ningún ruido mientras salgo de la sala y me dirijo a los baños de la segunda planta. Al entrar, la primera imagen que encuentro es la de Zander sentado en el suelo. Arrugándose el mismo traje que no quería ponerse hace dos horas y media.

Le sonrío mientras me siento con cuidado a su lado, intentando no dañar el vestido. No ha sido idea mía venir aquí, sino suya. Sabe que odio ver a todo el mundo juzgando mi trabajo. Así que ha decidido adoptar como suya mi tradición de esconderme mientras los demás ven la película.

—He escuchado que están poniendo una película muy rara de dos directores opuestos —bromea. Yo río un poco.

—Yo he escuchado que esos directores jugaron con el destino como si se tratara de un guion cualquiera.

Me mira a los ojos antes de besarme la cabeza. Le he prohibido que me bese en cualquier lugar de la cara para que no me estropee el maquillaje.

—No hay nada más bonito que decir que hemos escrito nuestra historia juntos, Scheidegger. —Dibuja una sonrisa algo ladeada.

—Oh, pero te equivocas, Shay. Sí lo hay: aún seguimos escribiéndola.

Fin