Más que una película CAPÍTULO 24
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CAPÍTULO 24

Vera

L a cafetería de Molly es exactamente como en las fotos que me mandó cuando terminaron la remodelación.

Tiene un estilo retro con los colores pastel y el suelo de baldosas alternadas de blanco y negro, igual que en un tablero de ajedrez.

Me la ha enseñado entera, desde la zona del comedor a las cocinas. Incluyendo los baños del servicio.

Ha cerrado hace una media hora, pero yo quería estar con Molly y Elizabeth. Ambas están sentadas conmigo en una de las mesas. Siento que casi estamos haciendo retroceder el tiempo con cada minuto de conversación. Volviéndonos cada vez más adolescentes, en vez de más adultas.

El hecho de volver a casa es abrumador. De repente, los años de instituto no me parecen tan horribles, siento que he sido una exagerada. Que cada una de mis experiencias se han visto manipuladas por una versión de mí a la que le era más fácil demonizar todos sus recuerdos que afrontarlos.

—No quería preguntar antes —dice Molly—, pero es cuestión de días que tu madre se entere de que estás aquí. ¿Vas a ir a verla?

—Aún no lo sé —confieso—. Quiero ir a ver a Theo mañana. Después del rodaje… Pero no sé qué hacer con mi madre.

«Últimamente no sé qué hacer con muchas cosas».

—Hagas lo que hagas, será lo correcto para ti. Y eso es suficiente —me dice Elizabeth.

—No sé, chicas, siento que he cometido muchos errores en los últimos años… Sé que no puedo volver atrás… Es solo que, después de todo, ¿cómo no voy a pensar que soy yo el problema? No sé hacer feliz a las personas que me rodean… Solo les complico aún más la vida.

—Eh, eh, eh —me reprende Molly—. No. No te permito esa clase de pensamientos en mi cafetería. Que escribas a personas horribles no te convierte en una. Y eres más valiente de lo que crees, Vera. Siempre lo has sido.

—Eso es cierto. —La apoya Eliza—. Cuando Lexy fue una capulla en la graduación, no bajaste la cabeza ni un segundo, Vera. Nadie pudo contigo entonces. No sabemos cómo funciona Hollywood, y entendemos que tu contrato es una mierda. Pero conocemos tu instinto. Y nunca se ha equivocado.

—Exacto. No escuches al miedo, escúchate a ti.

«No debería haber alejado a Zander así».

Lo arreglaré. Lo arreglaré cuando termine todo.

—Ni siquiera siento que haya sido buena amiga con vosotras, llevamos años sin vernos.

Eliza retira mis brazos con cuidado de mi rostro.

—Escúchame bien, Vera. ¿Te hemos echado de menos? Por supuesto. Pero sabíamos que necesitabas irte y conocer quién eras fuera de un sitio que te asfixiaba.

—Sabíamos que volverías cuando estuvieras lista. Cuando leí tu mensaje diciendo que venías me pasé toda la mañana gritando por la cafetería.

La perspectiva me hace reír un poco. Ella señala una de las paredes.

Molly ha colocado los pósteres oficiales de mis películas que le mandé firmados. Hay un cartel justo debajo que pone: «La directora es mi amiga».

—El mundo tenía que conocer a Vera Scheidegger… —dice Eliza.

—Pero nosotras tuvimos el privilegio de crecer con Vera Addams, que también merece jodidamente la pena —concluye Molly.

Nos abrazamos y me acurruco en el hombro de Elizabeth. Casi había olvidado que todavía tengo una familia funcional aquí, formada exclusivamente por ellas.

Nada equipara a la sensación de estar en un rodaje. Ver a tanta gente apiñada en una habitación, colocando cables, focos y cámaras, no dejará nunca de parecerme surrealista. Miro las sillas de tela que están una al lado de la otra. Nuestras sillas.

He desayunado esta mañana sola en la habitación, así que no he visto ni a las estrellas ni a mi codirector.

«Codirector. Eso es todo lo que puede llegar a ser, Vera.

Ya está». Me tomo mi segundo café del día sentada mientras reviso las escenas que vamos a grabar hoy.

Zander está en la otra parte del salón, hablando con Nolan, o más bien se está riendo de él mientras le retocan el maquillaje.

El pobre va a empezar a estornudar polvo en dos segundos.

No reacciono hasta que escucho cómo un cuerpo se sienta en la otra silla un poco después.

—¿Has revisado las escenas? —pregunto volviendo al guion.

—Sí, no soy tan irresponsable como crees… ¿A qué hora te dormiste?

Frunzo el ceño.

—¿A qué viene esa pregunta?

—A que si sigues acostándote a las tantas las ojeras van a llegarte a las mejillas.

El problema de que me conozca tan bien es que, aunque intente marcar distancia, tampoco soy capaz de mentirle.

—Estoy trabajando en algo secreto.

—¿En qué?

—No sé si te gustará.

—Déjame juzgarlo por mí mismo.

Harper entra en la habitación y saluda a todos con una sonrisa.

Parece estar muy emocionada, supongo que es bueno.

Nunca la había visto tan conectada con un papel como con este.

Sé que está disminuyendo el alcohol, siguiendo las directrices de su médico.

Espero que el cambio de aires le venga bien y no sea contraproducente.

—Bueno, Zander. Ya estamos todos, ¿empezamos? —digo lo último en voz alta para que todos me oigan.

Revisamos que todo el equipo funciona correctamente.

Zander y yo nos colocamos unos cascos para escuchar bien a Nolan y Harper.

Sé que los dos están algo más nerviosos de lo habitual, aunque suele ser normal en el primer día de rodaje.

Repasan sus frases. Yo le hago alguna que otra indicación a Tom. Y empezamos a grabar.

Me enamoré del cine por contar historias.

Pero me enamoré de hacer cine cuando entré en un set por primera vez.

Me parecía majestuoso que hubiese tantas personas involucradas.

Empecé a leer todos los créditos de mis películas favoritas porque sabía que cada uno de esos nombres había contribuido a lograr lo que a mí me acababa de maravillar.

Es cierto que en el set no es todo tan mágico, y que los encargados de montaje son los que marcan la verdadera diferencia.

Aun así, al oír algunos de nuestros diálogos cobrando vida, casi me quedo sin aliento.

A Nolan se le está dando genial el punto de mostrar en cada sílaba que no está entendiendo a qué viene esta discusión.

A Harper le tiembla un poco la voz al final de las frases, lo que aporta un punto de inquietud que, a pesar de que no se lo he pedido, encaja perfectamente con el guion.

Sigo mirando embobada su actuación. Como ellos, me sé las frases de memoria, así que no puedo evitar vocalizarlas en silencio. Me giro para ver si Zander está sintiendo lo mismo que yo…

Él no está mirando la pantalla.

Me está mirando a mí.

Vuelvo la vista al frente.

Sí, esto va a ser más difícil de lo que pensaba.

Después de unas horas de rodaje, paramos para comer. Yo les miento a todos diciéndoles que voy a comer con Elizabeth y Molly.

Intento poner la radio, pero no tengo ni idea de cómo funciona ese cacharro en este coche, así que acabo rindiéndome.

He conducido muy pocas veces por esta carretera, quizás dos o tres.

Tengo el corazón en la garganta. Ha pasado tanto tiempo que quizás mi madre haya sacado las cenizas de mi hermano de allí y se las haya llevado a casa.

Ni siquiera se me había ocurrido pensarlo hasta que estoy aparcando.

Me tomo unos segundos antes de salir y caminar hacia la entrada.

Recuerdo perfectamente dónde está la tumba.

Cierro los ojos al ver su nombre y nuestro apellido grabados.

La fecha de su nacimiento (le encantaba su cumpleaños) y esa fatídica noche.

Hay unas flores secas al lado. Seguramente las haya traído mi madre.

Tendría que haberme abrigado más. La calefacción mientras grabábamos estaba muy alta y me he dejado alguna que otra capa de ropa en la casa. Ni siquiera el abrigo acolchado es capaz de calmar mis escalofríos.

O quizás mis estremecimientos no se deban al clima.

—Me juré antes de llegar a Los Ángeles que nunca dejaría que la industria acabara con mis principios. Y cuando falleciste, me prometí que no le hablaría a tu tumba como si pudieras escucharme, pero me he vuelto una experta últimamente en romper promesas…

Creo que esto va para largo, así que decido sentarme justo en frente de la inscripción.

—Hay una película. Una que todavía no he escrito, que se llama Hielo … La protagonizan dos hermanos como tú y yo que escapan de casa… Es un poco cruda y muy triste… Bueno, claro, no estabas aquí… —Joder—. Soy directora y guionista.

»Escribo todas mis películas. Creo que eso te hubiera gustado.

Saber que cada cosa que la gente ve de mí es completamente mía…

Aunque te confieso que últimamente pienso que voy a acabar escribiendo guiones para otros, porque siento que voy a tirar toda mi carrera por la borda… Ahora estoy aquí porque…

Vuelvo a suspirar. He pensado en qué decir durante años y ahora no me salen las palabras.

—¿Qué coño hago? Solo quería decirte que te echo de menos.

Que gracias por venir a mi cuarto cada vez que mamá y papá discutían hasta romper la vajilla.

Por abrazarme lo suficientemente fuerte como para que dejara de temblar.

Gracias por saberte todas mis canciones favoritas y cantármelas en aquellas noches.

Sé que en los últimos meses de tu vida pensaste que papá y mamá no estaban orgullosos de ti; no puedo hablar por ellos, pero una semana antes de que murieras escribí un ensayo sobre cómo las malas decisiones no te definen.

Me interrumpo a mí misma porque el frío está causándome algo de tos.

—Escribí un ensayo para clase sobre ti, no llegué a entregarlo porque me parecía demasiado nuestro como para que alguien más lo leyera.

Empezaba diciendo: «Quiero a mi hermano a pesar de sus errores», y terminaba así: «Amo a mi hermano con todos sus errores».

Nunca te lo leí. Debe de seguir en algún sitio, en casa…

Casi me río al decirlo.

—Bueno, «casa» … No he vuelto desde el último año de instituto… Siempre pensé que nos marcharíamos juntos, aunque no recuerdo cuándo lo hablamos…