Más que una película CAPÍTULO 25 #2
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CAPÍTULO 25 #2

Vera me avisa de que Tom está esperándonos abajo para enseñarnos dónde vamos a grabar.

Nos acompaña hasta la casa, que está bastante cerca.

Desde fuera me parece preciosa, al parecer está en venta y nosotros la hemos alquilado para utilizarla en estos días de rodaje.

Como en Chicago, el tejado es a dos aguas por el clima.

De un color gris oscuro que contrasta con la fachada blanquecina.

Casi todas las escenas que vamos a grabar aquí las haremos en el salón; sin embargo, recorremos el resto de la casa.

Tras el trabajo del departamento de arte, es justo como Vera y yo les describimos la casa de la familia de Amelia, adonde la pareja solo ha huido unos días en busca de algo de paz, aunque no hay mucha tranquilidad en estos momentos en su relación.

Terminamos la visita en el salón, que es donde tenemos ya colocado la mayor parte del equipo. Ocupan más los focos y las cámaras que el mobiliario; de hecho, este está posicionado estratégicamente al fondo de la habitación. Aun así, hacemos algunas pruebas con las cámaras.

A mí todo me parece perfecto, pero eso no evita que Vera cambie la posición de uno de los cojines marrones que hay sobre el sofá color pistacho hasta que está satisfecha. Tom bromea diciendo que ya está acostumbrado.

Cuando parece que Vera ya está de acuerdo con cada elemento, Tom nos sugiere que demos un paseo por localizaciones al aire libre, así que los tres nos dirigimos hacia allí.

Greenlow Valley tiene más encanto del que pensaba, tengo que admitirlo.

Está lleno de barrios residenciales, pequeños comercios, callejuelas de ladrillos y árboles en las aceras.

Eso sí, hace más frío del que esperaba. Me sumerjo en mi abrigo y Vera en la bufanda granate que ha cogido a última hora antes de salir.

Después de un rato, Tom se despide para volver a su hotel, que no es el mismo que el nuestro; Vera y yo emprendemos el camino de vuelta. No es hasta que veo la facilidad que tiene Scheidegger para moverse por las calles que recuerdo que ha pasado años recorriéndolas.

—¿Cómo te sientes?

Acepto el silencio como parte de su respuesta.

—Rara. Este sitio sigue igual, pero yo no. Tengo muchos recuerdos.

—¿Has hecho alguna travesura en estas calles?

Ella sonríe.

—Oh, sí, una vez le estafé a un tío veinte dólares por un vaso de limonada cuando era una cría. Mi madre me hizo devolverle el billete, por supuesto.

Suelto una risita.

—Solía venir con Lexy, cuando no queríamos que nadie nos viera en Cloveland —me explica.

—¿Has pensado mucho en ella estos días?

—No. No hasta que he puesto un pie aquí…

—Podrías escribir sobre ello.

Me encojo de hombros.

—Vaya tontería, no es una historia digna de contar.

—Pues cámbiala. Nadie tiene que saber que las protagonistas fueron Vera y Lexy.

Podrías describir a dos personajes distintos, con detalles y sensaciones que te traigan de vuelta a la época del instituto, sí.

Pero eso no quiere decir que tengas que plasmar tu vida en la pantalla…

Puedes destripar tu primer amor y hacer de él una historia que merezca la pena.

—Lexy no fue mi primer amor.

Por la forma en la que me mira en esos escasos segundos, me hace creer que su primer amor soy yo.

Ya vemos el hotel en la esquina de la calle, pero cuando se para en medio de la acera la imito. La observo con curiosidad. No soy capaz de esperar a que ella diga algo, así que me adelanto sin remedio.

—¿Pasa algo?

—Sí, necesito que me hagas un gran favor.

—Claro, dime.

—Necesito que te alejes. Necesito que se vea distancia entre nosotros. Necesito que seas una persona más.

Me toma unos segundos asimilarlo. Sobre todo, porque su mirada y sus palabras no concuerdan.

—¿Por eso llevas días sin hablarme?

—Mira, me dijiste que me darías el tiempo y el espacio que quisiera… Y ahora lo necesito. Sé cómo funciona esta industria y me ha costado sangre, sudor y lágrimas que mi equipo me respete.

—Te da miedo que el resto se entere —completo.

—Sí, porque si se enteran de que tenemos algo, yo pasaré de ser la tía fría a la tía que se ha follado a su codirector. Y según muchos también a su productor… No puedo lidiar con algo así ahora. Y menos aquí.

Trago saliva.

—Bueno, podemos fingir que somos solo compañeros de trabajo de cara al resto…

Ella niega con la cabeza.

—Solo quiero estar sola estos días, Zander.

—No tienes que huir sola, ya lo hablamos.

Maldigo que no sea capaz de no tener la última palabra.

—No quiero que me acompañes y no tengo ninguna buena razón para quedarme.

Ha disparado a matar y dado en el blanco. Y aun así soy incapaz de ser indiferente al dolor en sus ojos. Niego con la cabeza.

—¿Estás segura de que es lo que quieres? Sé que estás acostumbrada a marcharte cuando algo va mal, pero puedo enseñarte a quedarte.

Ha optado por mirar al cielo en vez de buscar mis ojos. Sé que estamos en medio de la calle, pero la situación se siente asfixiante.

—Estoy segura —afirma.

—Está bien, me haré a un lado.

Le dedico una pequeña sonrisa, como si así pudiera hacer que doliera menos.

Me deja ahí en medio de la calle y se adelanta hacia el hotel sin dirigirme la mirada o la palabra.

Obviamente me duele que todo haya cambiado tan rápido, pero le prometí que le daría lo que necesitase, y lo haré, aunque me duela.

El viento invernal seca mis ojos húmedos antes de derramar ninguna lágrima.