Más que una película CAPÍTULO 25
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CAPÍTULO 25

Zander

- G racias por aceptar verme, no tenías por qué. —Levanto la vista de mi vaso de zumo de naranja.

No voy a negar que mi martes ideal no incluía tener que levantarme aún más temprano de lo que pretendía para desayunar en la zona VIP del aeropuerto con Harper Banks. Si por mi fuera, seguiría en la cama.

—No es nada.

Por lo menos parece dispuesta a ir al grano.

—Sí lo es… Zander, lo siento muchísimo —se disculpa—.

Metí la pata completamente contigo… Perdí la cabeza.

No tengo excusa. Solo quería pedirte perdón porque no me puedo creer que hiciera tal cosa…

Estuve investigando y conseguí hablar con algunos de tus amigos del instituto…

Ninguno me dijo nada muy explícito, pero… buscaba hacerte daño, lo siento.

Eso ya lo había supuesto, no había forma de que se hubiese enterado por otra fuente. De todas formas, sé que tengo la espalda bien cubierta con el tema: las únicas personas del mundillo que conocen toda mi historia con Maya son Nolan y, ahora, Vera.

—Mira, tendremos la fiesta en paz por el bien de los dos y por el rodaje que nos queda.

Ella asiente.

No soy rencoroso, a lo mejor Vera puede darme algún consejo al respecto. De hecho, creo que a las únicas personas que odio ahora mismo son a Robert y a Steven Banks, y es por ella. Irónico que esté aquí con la hija del último.

He dormido una mierda pensando en que voy a montarme otra vez en avión. Para ir a Chicago estaba tan centrado en Vera que ni siquiera caí en mi propio pánico a las alturas. Esta vez he estado tan liado escribiendo que solo me percaté de que iba a tener que coger otro avión anoche.

Al menos el bagel relleno está buenísimo.

Y el cuenco de granola y plátano que se está comiendo Harper tampoco tiene mala pinta.

Desde que Scheidegger me habló de su hermano, no puedo evitar ver a Harper con los mismos ojos que ella.

Entiendo por qué quiere protegerla, aunque seré el primero en pedirle que se marche si le hace a Vera algo mínimamente parecido a lo que me hizo a mí durante su fiesta.

—¿Puedo hacerte una pregunta? Obviamente no tienes que responder —Se adelanta a decir—. Si tenía un mínimo derecho a que lo hicieras, lo he perdido y no…

—Harper —la interrumpo—, dime.

—¿Qué piensas de mi padre?

Esta pregunta podría llevarme a sitios en los que no he estado nunca, como por ejemplo la cárcel.

Me tomo otro sorbo de zumo buscando cuál es la mejor forma de contestar.

Sería ideal que Nolan entrara por esa puerta, nos interrumpiera y pudiera escapar de la conversación.

Sin embargo, bien es sabido que no tiene el don de la oportunidad para estas cosas.

—No conozco personalmente a tu padre, Harper… Solo podría decirte lo que miembros de la industria ajenos a la productora dicen de él.

Ella asiente, casi con ojos de cordero.

—De acuerdo. Eso me sirve.

—Las políticas de tu padre son un poco… abusivas.

—¿En serio? Yo… No tenía ni idea.

—Mira, lo mejor ahora es que nos centremos en la pe­lícula… Cuando terminemos todo, conozco a varias personas que pueden ayudarte si quieres saber más sobre cómo se las gasta tu padre.

Harper me mira fijamente. Por unos segundos siento que me acaba de salir un grano enorme en medio de la frente.

—Eres una muy buena persona, Zander.

Parpadeo varias veces.

—Gracias. —Carraspeo un poco—. ¿Has hablado de esto con Vera?

—¿Sobre lo de la fiesta o lo de mi padre?

—Ambas.

—Bueno, le pedí perdón y todo está bien entre nosotras. Pero no le he preguntado nada de mi padre… Vera siempre intenta protegerme y sé que está dispuesta a mentirme por hacerlo… Además, no he sabido nada de ella desde la fiesta de la productora.

Exactamente igual que yo. Al principio no me extrañó, me dijo que necesitaba un poco de tiempo para organizar un nuevo proyecto y yo he estado enganchado al guion de NALS .

Nos hemos estado escribiendo, pero sin tener una charla en condiciones.

Además, Robert me llamó hace unos días para discutir algunos detalles de la película y Vera no le respondía al teléfono.

Cuando me preguntó si yo sabía si estaba bien o dónde estaba, batallé con diferentes respuestas:

«Está desaparecida».

«Bueno, creo que se ha mudado a Arizona».

«Bien, Robert. Todo genial, aunque es posible que Vera haya huido del país».

—¿No has hablado con ella estos días?

—No, créeme, habla mucho más contigo que conmigo… Me ha parecido un poco raro, pero no la culpo por mantener las distancias… Supongo que también estará muy ocupada.

La puerta de la sala se vuelve a abrir y esta vez es Nolan el que entra.

Ya podía haber venido cinco minutos antes.

Se quita las gafas de sol y el gorro, pasando en apenas segundos de chico misterioso a actor reconocido.

Harper se levanta a saludarlo, así que no tiene ni que buscarnos con la mirada.

Nolan se queja sobre su familia, como siempre, resulta que se peleó con su hermano en Acción de Gracias.

Al parecer está saliendo con una influencer .

Nolan no se sabe ni el nombre. Conociéndolo, no habrá ni preguntado.

Antes de que pueda indagar llega la cuarta en discordia. Se me hace raro que a pesar de su impecable puntualidad sea la última en llegar. Y tiene peor cara que todos nosotros juntos. Ni siquiera se para a saludarnos uno por uno, murmura un «buenos días» y va directamente a pedirse un café.

No parece muy receptiva. Por suerte eso no me ha parado nunca. Me levanto y me apoyo en el mostrador a su lado. Ha sacado su portátil y se ha puesto a escribir ahí mismo, como si nada.

—¿Todo bien? —pregunto.

Vera ni siquiera levanta la mirada de la pantalla.

—Ajá.

—¿Qué estás escribiendo?

—Nada que tenga que ver con la película… Es algo que tengo que mandar cuanto antes y…

—Estoy seguro de que Robert entenderá que lo mandes más tarde. Estamos a punto de empezar el rodaje y…

—Zander, ¿puedes callarte, por favor? —Lo fría que suena su voz hace que trastabille un poco—. Lo siento —se disculpa—, no he dormido nada.

—Tienes que descansar.

—¿Ya me estás regañando?

—Te van a salir arrugas de tanto fruncir el ceño.

Inconscientemente hace ese gesto cuando se lo digo. Solo suspira y se limita a guardar el portátil en su sitio. Tiene la mirada un poco perdida. No puedo culparla. Para el resto, vamos a un bonito pueblo a grabar algunas escenas. Para Vera, es volver a un sitio que lleva años evitando.

El somnífero me deja fuera de combate. Me quedo dormido antes de despegar y, cuando aterrizamos, Nolan tiene que despertarme y asegurarse de que no me choco con nada.

La productora ha mandado un coche que nos llevará hasta el hotel en el que nos quedamos.

Sigo igual de somnoliento todo el trayecto, creo que hasta doy otra cabezada.

Me espabilo de pronto cuando al recoger las maletas oímos un recibimiento a gritos.

La única que no se sobresalta es Vera, que se acerca a las dos chicas que han vociferado su nombre.

Las reconozco por una foto que me enseñó.

Elizabeth es la chica alta y esbelta de cabello oscuro, mientras que Molly debe de ser la pelirroja bajita que la acompaña.

La primera tiene rasgos afilados, tan estilizados como para poder compararla con una felina.

Las facciones de la segunda resultan adorables, con esa nariz respingona y esos ojos que parecen propios de un personaje de Disney.

No nos hace falta acercarnos para oír la conversación.

—¿Qué hacéis aquí? ¿Cómo sabíais dónde nos quedaríamos?

—Sabes que no hay muchos hoteles en la zona.

—Hemos sobornado al recepcionista con magdalenas.

Ambas contestan a la vez, pero es la respuesta sincera de Molly la que me saca una sonrisa.

Sus miradas se dirigen hacia nosotros.

—¿Quiénes son? —pregunta Nolan.

—Las amigas de la infancia de Vera.

Harper, que no estaba prestando atención, parece reaccionar al escucharme, así que se acerca a presentarse.

Por la cara que pone la pelirroja tiene que ser su fan.

Le estrecha la mano con entusiasmo. Nolan y yo seguimos su ejemplo, acercándonos.

Vera nos las presenta, aunque he dado en el clavo con cuál es cuál.

—La verdad es que habíamos pensado en ir a buscaros al aeropuerto, pero, claro, no sabíamos cuántos ibais a ser, así que no sabíamos cuántos coches íbamos a necesitar, o si teníais un chófer personal o algo…

—Molly empieza a parlotear a velocidad de crucero—.

Porque claro, Vera ya es prácticamente californiana, pero yo no he salido de este pueblo y no tengo ni idea de cómo va Hollywood.

¡Si yo veo películas y se me olvida cada dos por tres que son actores y que los personajes no existen en realidad!

—Molly, de pequeña, cuando un personaje crecía de niño a adulto en una película, pensaba que tardaban doce años en grabarla —explica Eliza con cariño. Su amiga se sonroja al escucharla.

—¿Tienes vacaciones ahora? —inquiere Vera.

—Bueno, llevar sin verte en persona desde los diecisiete y recibir un escueto mensaje diciendo que vuelves por unos días…

me ha convencido para coger un vuelo desde Seattle.

—Vera le sonríe y vocaliza un gracias—.

¿Ya habéis visitado nuestro pueblo? Greenlow Valley es precioso, pero Cloveland también merece la pena.

Eliza se dirige al resto.

—Oh, la verdad es que no —intercede Harper—, pero me encantaría ver dónde ha crecido Vera.

Veo cómo se endereza al escucharla. Al final Elizabeth y Molly solo están un rato con nosotros y nos dejan tiempo para instalarnos. Siempre traigo poco equipaje, así que no tardo nada en acomodarme.