Más que una película CAPÍTULO 24
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CAPÍTULO 24

Vera

I ntento por todos los medios no cerrar los ojos cuando el foco me apunta directamente a la cara. Mantengo una postura erguida y me aseguro de no hacer muecas que mañana puedan salir en la portada de algún diario digital.

— Cómo decir adiós es el mayor reto de mi vida.

—Mi voz suena firme, no flaquea—. Si habéis visto mis películas, que doy por hecho que sí porque las habéis pagado vosotros —provoco varias risas en el público con la frase que ya traía aprendida de casa—, sabéis que las historias románticas no son lo mío…

Pero esta historia no es sobre el amor que ya hemos visto en pantalla, es sobre la cotidianidad de querer a alguien y compartir tu vida con esa persona.

Es una historia contada al revés, desde el final de la relación hasta el inicio.

Es sobre enamorarse con todo. —No puedo evitar mirar a Zander, que está subido al escenario a mi lado, respetando mi tiempo de intervención.

—Si os preguntáis por qué decidimos empezar por el final —Shay me toma el relevo, no puedo evitar sonreír mientras habla—, no es solo por darles una vuelta a los miles de romances que ya habéis visto antes, sino porque la historia solo tiene sentido si empieza desde ese punto…

No se trata de la ruptura, sino de lo que lleva a los personajes hasta allí…

Él sigue hablando, sobre la trama, sobre Amelia y Liam.

Algunos periodistas toman notas, algunos productores se miran con curiosidad, distingo a algunos miembros de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas con pequeñas sonrisas.

Zander y yo empezamos a entrelazar nuestras palabras y la química nos delata.

No sé si los demás podrán sentirlo, pero hemos adquirido una compenetración envidiable en las últimas semanas.

Sea como sea, cuando terminamos de hablar, la sala estalla en aplausos.

Volvemos a estar en la casa de Steven Banks, esta vez en el interior.

En un salón que, con sus columnas griegas y sus pinturas, parece habernos transportado a Europa.

Hemos sido el gran anuncio de la noche, pero no el único.

Zander se acerca a Nolan, yo busco a Robert que me hace un gesto de enhorabuena y me dice que hablaremos después.

Algunos ejecutivos de la productora se acercan a mí.

Evito algunas preguntas, sonrío ante ciertos halagos.

Miembros de la Academia del cine me elogian por Guerras silenciosas y la mencionan como favorita para mejor película.

Tendré que esperar a ver cuáles son los resultados en los Globos de Oro y en los Critic’s Choice para creerlos.

Sé que podrían estar mintiéndome solo para complacer mi ego, como yo hago con los hombres de mi alrededor, pero, cuando afirman que debería llevarme ya el Oscar a mejor directora, mi corazón se acelera sin remedio.

Se despiden de mí, excusándose para hablar con otras personas, así que yo me deslizo por el salón, haciendo lo mismo. No suelo ser la persona más sociable de la sala, pero es innegable que los contactos siempre son necesarios.

—Vera Scheidegger, ¿verdad?

Un hombre negro vestido con un traje naranja chillón estrecha mi mano con fuerza.

—Aloin Durand, soy productor. —Su nombre encaja en mi memoria con rapidez.

Robert me lo había comentado, están intentando ficharlo para la productora. Al parecer es un inversor con bastante pasta. Creo que me dijo algo sobre que tiene visiones muy frescas, pero que es demasiado liberal para su gusto.

Le tiendo la mano.

—Es un placer conocerle, señor Durand.

—El placer es todo mío, debo decir que estoy muy impresionado con la premisa de su nueva película. No puedo esperar a verla… Es una directora muy valiente. No todos los que conozco se atreverían a salir de su zona de confort…

—No sé si valiente, pero a veces una tiene que contar las historias que necesita escribir.

—Creo que se equivoca, joven. Los artistas como usted deben sustituir ese «a veces» por un «siempre», ¿qué sentido tiene si no?

—Nunca se habían referido a mí como una artista.

—Entonces quizás no está rodeada de las personas correctas.

Su sonrisa se vuelve aún más afable. La mía flaquea, aunque asiento de buena gana.

A él lo llama otro hombre que, si no recuerdo mal, es un amigo de Robert. Frunzo el ceño. Tendré que buscar más información sobre este tal Aloin, la sensación de vértigo que me ha dejado al alejarse me resulta inquietante.

Al sentir una mano en mi espalda, mis pensamientos desaparecen.

—Me sigue gustando más la Vera que simplemente dice lo que piensa que la que se trae bromas preparadas de casa, pero has estado fantástica.

Le sonrío antes de tomar un trago.

—Tú también has estado impecable, Zander. Como siempre.

Ha pasado una semana desde que volvimos de Chicago.

Nos hemos visto todos los días y he dormido un par de veces en su casa, ¡quién me diría que el piso que me pareció enano unos meses atrás sería el sitio al que quiero volver todas las noches!

Él está ultimando el guion de NALS , mientras yo estoy intentando empezar otro proyecto, sin intención de llevarlo a pantalla, por el simple hecho de seguir escribiendo algo.

Y ver hasta dónde me lleva. Ambos seguimos ocupados; sin embargo, tendremos que poner nuestras rutinas en pausa.

El 5 de diciembre tenemos un vuelo a Tennessee y estaremos grabando allí durante una semana y media. Robert ya nos ha avisado de que va a mandar a un pequeño séquito de periodistas para que nos hagan preguntas sobre la película. Así podrá ir creando expectación.

—¿Y tu caballero de la armadura plateada? —le pregunto. He perdido a Nolan de vista hace un rato.

—Secuestrado por su agente. A Linda le ha encantado también la presentación… Yo casi no llego a la fiesta, estaba completamente concentrado en una escena de Hunter y Gwen.

Me había dado cuenta de que había llegado tarde, pero me parecía algo completamente normal viniendo de él.

El motivo sí que me interesa más.

—¿Qué escena?

—Ya lo sabrás cuando salga la temporada…

Yo arqueo una ceja. Sé que solo está intentando sacarme de quicio.

—Me lo vas a decir antes o… —Lo amenazo acercándome a él.

—Cuidado —me reta de coña—, ¿quieres que todos los titulares de mañana sean «EXCLUSIVA: Vera Scheidegger amenaza a su codirector»?

—Capullo.

—Aburrida.

—Imbécil.

—Estirada.

—¡Y aquí están mis chicos de oro! —Robert se acerca medio corriendo a nosotros. Nos da un fuerte abrazo a cada uno—. Habéis estado fantásticos. Zander, eres un genio delante del público. Los dejas a todos alucinados. En serio, tienes que aprender de él, Vera.

También puedo aprender a cometer un asesinato y que la policía no nos pille. Algo en la mirada de Zander me dice que no tendría que esconder sola el cadáver.

—Ya tienes el guion completo. Te lo hemos mandado esta tarde.

Después de que tuviera aquella revelación sobre el final, seguimos trabajando en algunas escenas que estaban más flojas y aplicando los cambios que nos habían exigido. Un proceso definitivamente exhaustivo, pero que ha merecido la pena.

—Ya tenemos el reparto, el diseño de vestuario también está listo, a finales de esta semana empezarán a montar todo en Greenlow Valley… Espero que estéis listos para grabar.

Me tenso ante la mención del pueblo. Estoy intentando evitar pensar en ello a toda costa.

—En fin, habéis estado muy bien, parecía incluso que teníais química… Voy a presentarte a unos amigos, Zander, ven.

Y, de esa forma, se lo lleva lejos de mí.

No tengo tiempo para respirar cuando escucho un carraspeo a mi espalda.

Llevaba esperando toda la noche solo para esto.

Tenía claro que íbamos a vernos hoy. Cuando me giro, no me extraña encontrarme a un hombre esbelto, de ojos soñadores marcados por la edad, con un impecable traje negro y pelo azabache carcomido a parches por canas.

Steven Banks. La leyenda. El mito. El director. El hombre que ahora tengo delante. A quien es mejor no importarle que estar en su lista negra.

—Hace mucho que no nos vemos. —Me trata con familiaridad, como siempre.

De hecho, deja su copa aún medio llena en una bandeja para poder tenerme entre sus brazos.

Se separa y me mira fijamente—. Cuando te he visto ahí arriba, hablando con tanta confianza…

Me estoy haciendo mayor, eh. Creo que casi suelto una lágrima de orgullo…

—Gracias —musito.

Empezamos a pasear por la estancia. Él me tiende su brazo y yo no lo rechazo.

—¿Recuerdas cómo nos conocimos?

Trago saliva. Nunca podría olvidarlo.

—Me escribiste un correo electrónico. Por el corto.

—Había estado con unos inversores para la productora que me traían loco.

Estaba cenando, intentando buscar una película, una serie…

Algo que me produjera algún sentimiento.

Algo que me llegara. Estaba tan desesperado que pensé en mis inicios, en los cortos caseros que hacía, y decidí buscar en internet.

Y cuando lo vi…, cuando vi ese corto, tu corto…

Vi que estaba causando revuelo, que había profesores de cine hablando de ti… Supe que tenía que conocerte.

»Y aceptaste venir a Los Ángeles. Recuerdo exactamente el momento en el que te vi salir del taxi.

Parecías hecha a medida para esta ciudad aunque fuera la primera vez que la pisabas.

Ver cómo hablabas de cine y de mis películas…

Solo podía pensar: «Puedo darle mucho más de lo que cualquier otra persona pueda ofrecerle».

—Fue muy amable por tu parte.

—Seamos honestos, ¿crees que tendrías el éxito que cosechas ahora de no ser por mí?

El chantaje me lleva de vuelta a la cocina de mi infancia. Unas palabras que mi padre podría haberle dicho a mi madre perfectamente. No hace falta que responda a su pregunta, aunque lo hago de todas formas.

—No —admito.

—Te lo he dado todo.

Remarca cada sílaba. Sus ojos azules están clavados en los míos. Solo tengo ganas de vomitar.

Quiero pensar que alguien más me habría descubierto o que habría llegado al mismo sitio en el que estoy sin él, solo que hubiera tardado más tiempo en alcanzarlo.

Sin embargo, la realidad es que no puedo estar segura.

Porque en esta línea temporal esto es lo que pasó.

Y esto es con lo que tengo que lidiar ahora. Hago un leve asentimiento.

—Bien, ¿te has dado cuenta de que falta alguien vital para mí esta noche?

Mierda.

Mierda .

Harper.

No la he visto desde su fiesta. He estado tan sumida en mis propios embrollos y dramas que ni siquiera he intentado hablar con ella.

—¿Está bien? —me atrevo a preguntar.

—Normalmente tú eres quien responde mejor a esa pregunta…

—Yo…

—Déjame acabar. —Nos paramos en una de las esquinas del salón—.

Tienes que entender que me estás poniendo en una posición delicada, Vera.

Fui director durante décadas, sabes que soy el más galardonado de la historia, un mito que aún vive entre el resto de los mortales.

—Se le escapa una risa llena de soberbia—.

Sigo siendo aclamado por historias que ni siquiera recuerdo cuándo empecé a escribir…

Pero por encima de todo eso, soy padre. Y si tengo que elegir entre tú, una chica de un pueblo perdido en medio de la nada, y mi hija Harper, creo que la elección está clara…

—Lo siento, no quería…

—Mira, Vera. No quiero tener a mi hija llorando por las esquinas diciéndome que te ha perdido, ¿vale?

—Suena incluso más autoritario que antes—.

Suficiente tengo con que le gusten las mujeres.

No apruebo lo que sea que haya entre vosotras dos, pero, sea lo que sea, arréglalo.

No quiero tener que estar excusando a Harper de cada cena importante.

Y sobre todo no quiero más dolores de cabeza que incluyan tu nombre saliendo de su boca.

—Toma una bocanada de aire antes de seguir—.

Me gustan tus guiones. Me gusta tu pasión y tu carácter, aunque sea poco comercial…

Pero no olvides quién te ha puesto aquí.

Te tenía por una persona más agradecida…

Recuerda que solo necesito una llamada para destruir toda tu carrera.

He bajado el mentón sin darme cuenta, él me lo sujeta para que le devuelva la mirada.

—No pretendía hacerle daño a Harper.

—Tus intenciones no me importan, solo las consecuencias.

Arréglalo. Está esperándote en la puerta.

—Estoy algo mareada, por sus amenazas, por sus navajas escondidas en formas de halagos—.

Ah, y Vera, un pequeño consejo… Robert me ha dicho que todavía no has firmado la renovación del contrato.

Personalmente, tus explicaciones me parecieron muy vagas…

Tu carrera no es la única que puedo arruinar.

No creo que sea justo que Zander Shay pague por tus errores, ¿verdad?

Steven se marcha a saludar a alguien más.

Cuando logro recomponerme un poco, me dirijo a la puerta trasera.

Harper está sentada en una escalera mirando su teléfono, sin embargo, el repiqueteo de mis tacones negros delata mi presencia.

Se gira para mirarme. Observo el vestido rosa que la acompañé a comprar.

—Te queda genial ese traje.

—Y a ti ese vestido.

Me dedica una sonrisa frágil. No ha llorado, pero sus ojos son de cristal como si estuviera a minutos de hacerlo.

—Harper, yo…

—Me pasé. Me pasé muchísimo, Vera. Con todo. Tenías razón, siempre la tienes. Y decidí pagarlo con Zander porque sé que, aunque no lo admitas, cada vez te importa más y… Lo siento. Me disculparé con él en cuanto lo vea… Dios, ¿en qué momento me he convertido en alguien tan despreciable?

Se me encoge el corazón al escucharla.

—No digas eso, Harper.

—Es verdad, Vera. Odio en quién me estoy convirtiendo. Creo que soy una mala persona. —Una lágrima cae por su mejilla.

—¿Y qué quieres hacer, Harper? ¿Qué quieres hacer al respecto?

—Quiero ser alguien de quien estés orgullosa.

Siento cómo son mis ojos ahora los que se humedecen un poco.

No soy alguien con quien quiere acostarse. Soy alguien a quien enorgullecer.

—Estoy intentando dejarlo… Estoy reduciendo las dosis y he buscado ayuda médica…

Yo la paro. No necesito que siga hablando.

—Todo irá bien. —La abrazo y dejo que se acurruque entre mis brazos—. Te recuperarás. —Creo que repito la misma frase un par de veces.

—Gracias. —Acaba musitando.

—Venga, entremos y demos la actuación de nuestras vidas.

Ella se ríe un poco antes de seguirme.

Me hubiera gustado hablar con Harper sin la coacción de Steven de por medio. No puedo justificar sus acciones, pero la conozco. Quiero confiar en que cambiará. Quiero confiar en que realmente va a intentarlo.

Siento otra punzada en el pecho. La amenaza que antes solo se cernía sobre mí ahora se extiende sobre Zander. Cuando volvemos a entrar en la sala, disfrazo la culpabilidad, el miedo y mis verdades más amargas, para que nadie pueda ver que me estoy muriendo por dentro.