Más que una película CAPÍTULO 23 #3
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CAPÍTULO 23 #3

—La ingresaron, pero la infección ya estaba muy avanzada…

No pudieron hacer nada… Y lo peor es que me mintieron.

Me dijeron que se pondría bien. No quise irme, me quedé toda la noche con ella…

Cuando estaba amaneciendo el monitor con sus constantes se puso a pitar.

Aunque las enfermeras me pidieron que me fuera de la habitación, me quedé ahí.

Yo llamé a sus padres nervioso y, cuando llegaron, nos dijeron que había fallecido.

—Zander…

—Te juro que no soy una persona violenta, pero cuando el médico que la había diagnosticado mal vino a darnos el pésame, le pegué un puñetazo. Fue una puta negligencia médica. Maya murió porque nadie le creyó, nadie quiso ir más allá…

Vera me toma la cara entre sus manos y se dedica a limpiarme las lágrimas con cuidado; ella también llora.

—Todo el personal del hospital me pidió perdón.

Las enfermeras, los médicos, los de recepción.

Sus padres solo lloraban detrás de la puerta.

Su única hija acababa de morir. Yo no quería aceptarlo.

Siempre he vivido de ilusiones. Sentía que estaba viviendo una película y no quería aceptar que pudiera salir mal.

Pensaba que alguien de repente me iba a decir que había ocurrido un milagro, ¡yo qué sé!

—Suelto un suspiro tembloroso—. Lo siento, aún me cuesta hablar de esto.

—No tienes que disculparte.

Busca mi contacto, aferrando sus dedos a los míos.

—Antes de que la ingresaran, en la sala de espera…

no dejaba de susurrarme que, si ella se iba, yo tenía que volver a Los Ángeles, que nadie ni nada podía iluminar mis ojos de la forma en la que las películas y las series lo hacen…

Que ella estaba convencida de que ese era el sitio en el que tenía que estar.

Me decía que si volvía que escribiera historias que contaran el amor que habíamos vivido.

—Así que lo hiciste. —Completa por mí—. Esté donde esté ahora, Maya se sentirá muy orgullosa de ti.

—Murió mientras yo aún sostenía su mano…

Lo que dijo Harper es cierto a medias, no aguantaba estar en una ciudad que tenía tanto de ella.

Admito que había construido todo mi futuro en base a mi relación, y al deshacerse se me vino todo encima…

Pero ella me había dejado un propósito. Iba a mantener la promesa.

Esperé a que se fallara el juicio por la negligencia porque necesitaba asegurarme de que suspendían a ese médico.

Una semana después me mudé a Los Ángeles y creo que el resto de la historia ya la conoces.

Nadie sabe qué decir cuando una persona joven muere.

Todos piensan que le quedaba toda la vida por delante, pero eso es precisamente lo que la gente que se queda aquí no quiere escuchar.

No quieren pensar en la graduación que nunca vivirá, en la boda que nunca se celebrará, en la casa que nunca comprará. Es algo que ya sabe todo el mundo.

Mientras procesa la historia, me estrecho contra ella. Encuentra la forma de acurrucarme en su pecho, a pesar de que la supero en tamaño.

—La mesa de billar… —recuerda de repente— era suya, ¿no? —Yo asiento.

—Se la regaló su padre. Jugábamos cada noche.

—¿Y la mujer de antes?

—Era su madre, no le caigo muy bien. A su padre tampoco. Sienten que hui a Los Ángeles y que su hija no me importó lo más mínimo. Siempre pensaron que se merecía a alguien mejor…, así que no les gusta mucho verme.

El silencio vuelve a rodearnos.

—¿Pensabas que me sentaría mal? —Su voz es apenas un susurro. Me acaricia el pelo con mimo.

—No es eso. Desde lo que dijo Harper, desde antes incluso, sentía que debías conocer esa parte de mi historia. Determina no solo quién soy, sino también lo que hago.

—Está bien… Gracias por contármelo. No pasa nada. Han pasado cosas entre nosotros, pero obviamente entiendo que la amas de una manera muy especial y que cualquier cosa que puedas sentir por… esto —hace un gesto refiriéndose a nosotros— no es equiparable…

Me incorporo, poniéndome un poco serio.

—No, no compares… Ni siquiera soy la misma persona que era cuando salía con ella.

No vamos a precipitarnos, ¿vale? Me dijiste que querías ir despacio y eso vamos a hacer.

De forma romántica o no, no era capaz de escribir nada hasta que tú llegaste.

Me has recordado de mil formas distintas por qué hago lo que hago y por qué amo hacerlo.

Joder, me has devuelto lo que más feliz me hace en el mundo.

No sé qué hubiera pasado si Maya no hubiese muerto, pero no voy a quedarme toda la vida intentando invocar un fantasma.

Lo único en lo que puedo pensar es que estoy en esta casa contigo.

Y que no cambiaría esto por nada. Por absolutamente nada.

Coge mi rostro entre sus manos y me besa.

Yo le correspondo al instante.

La mayoría de nuestros besos han estado teñidos de pasión, incluso de enfado.

De una tensión que debía romperse de alguna forma.

El de ahora no se parece absolutamente nada a ninguno de ellos.

Es tan lento que me resulta fácil pensar que puede parar el tiempo.

Pero a la vez pasa lo suficientemente rápido como para siempre necesitar más de ellos.

Nos separamos y observamos nuestro alrededor. Está empezando a nevar. Voy a decirle que quizás lo mejor es que bajemos, pero se adelanta:

—No tengo una Maya, pero… tengo un Theo.

Yo la miro extrañado.

—¿Qué?

—Tenía un hermano mayor, Theo. Murió de una sobredosis. No celebro Acción de Gracias desde los catorce porque era su fiesta favorita y mi madre y yo nunca supimos cómo afrontarlo. —Lo dice como si no le importase, sin embargo, no puede ocultarme cómo siente que la están apuñalando.

—Ni siquiera sabía que tenías un hermano.

—Bueno, no es un tema del que me guste hablar mucho. —Le tiembla la voz y carraspea para evitar que se rompa—. Lo siento, quiero hablarte de él, pero me pone muy sensible y no sé cómo manejarlo.

—Es normal. Podemos aprender juntos. Puedes intentarlo si quieres.

A mi frase la acompaña un prolongado silencio. Yo tan solo espero a que se recomponga un poco.

—¿Puedo empezar de otra forma?

—Vera, esto no es un examen. No te vas a equivocar. Solo somos tú y yo, ¿recuerdas? —Ella asiente.

—Mi madre era la sombra de mi padre. Lo amaba tanto que se consumió en ese matrimonio. Mi padre no nos trataba muy bien a nuestro hermano y a mí, no era abusivo, pero a veces tenía unos comentarios…

—¿Qué clase de comentarios?

—Solía decirme mucho que yo no sabía querer, que era muy fría y que parecía que nunca me importaba nadie. Y que así nunca nadie me querría a mí.

Nunca pensé que odiaría a alguien tanto tan rápido.

—Escúchame, no eres incapaz de ama…

Niega con la cabeza, entiendo al instante que necesita seguir.

—Mi madre le apoyaba, a veces con palabras, a veces con silencios.

Peleaban muchísimo, y cada vez que lo hacían Theo venía a mi habitación y ahogaba sus gritos con música a todo volumen…

Siempre pensé que si mi padre se iba todo iría a mejor.

Lo deseé tantas veces que, cuando se fue, tenía pesadillas en las que volvía. Pero no fue a mejor, Zander.

»Mi madre era un eco, un fantasma que apenas comía, estaba todo el tiempo deprimida y enfadada con nosotros.

Su actitud me ponía furiosa, nos culpaba de que se hubiera ido y yo le gritaba porque no la entendía.

Si el amor es bueno, por qué tenía que destrozarla así.

Theo siempre intervenía en todas nuestras peleas…

No era muy diferente a mí en cuanto a relaciones sociales.

Un poco introvertido, pero era… era muy cariñoso.

Con mi madre, conmigo, con sus amigos más cercanos.

Era la clase de persona que conoces y esperas de todo corazón que nunca se vaya de tu vida.

—Sus ojos se han vuelto a llenar de lágrimas.

Le acaricio el brazo, pero no siento que mi intento por tranquilizarla sirva de mucho.

—No tienes que seguir —le aseguro.

—Lo echo mucho de menos. —Solloza—. Creo que murió pensando que yo no lo quería.

Que me avergonzaba de él y de su adicción…

No tuvimos una gran discusión como en las películas que hacen que el personaje principal se sienta horrible por lo que ha dicho…

, pero tuvimos silencio. Tuvimos palabras vacías…

Necesitaba mi ayuda, mi apoyo. Mi padre se fue, mi madre le dio la espalda, pero yo tampoco supe tenderle la mano…

Estábamos los dos en casa solos cuando tuvo la sobredosis.

No me di cuenta… —Las lágrimas comienzan a derramarse—.

Estaba pared con pared y no me percaté de nada.

No le avisé de que iba a cenar porque quería cenar sola.

No le dije que estaba viendo una película y que podía verla conmigo.

Murió a mi lado y yo ni siquiera llamé a su puerta.

—Se calla de golpe y sus sollozos se vuelven más fuertes.

La dejo que grite. Que patee la nieve. Que solloce hasta que no pueda aguantarlo más. No le doy palabras de aliento porque sabe tan bien como yo que no hay nada que le pueda decir que vaya a hacerla sentir mejor.

No sé cuánto tiempo nos quedamos así, solo me atrevo a hablar de nuevo cuando su respiración deja de ser errática.

—¿Puedo preguntarte algo? Relacionado con esto. —Ella no duda en asentir.

—Claro.

—¿Crees que una de las razones por las que te has vuelto tan cercana a Harper en los últimos años es porque quieres intentar salvarla ya que… ya sabes?

«Ya que sientes que no pudiste salvar a tu hermano».

—Simplemente no quiero cometer los mismos errores que cometí con Theo. Sé que no te cae bien…

—No tiene que ver con eso, Vera. Me preocupa que revivas una y otra vez el trauma de tu hermano cada vez que Harper te pone en una encrucijada…

—No es algo que te incumba. —Intenta sonar fría, pero tiene la nariz tan congestionada que es imposible.

—Lo sé. Pero si te hace daño, si te recuerda tanto a él que no puedes lidiar con ello, prométeme que te alejarás. Prométeme que te alejarás de lo que sea que te haga daño.

—Te lo prometo. Y tú prométeme que, si alguna vez sientes que te hago daño de la misma forma, también te alejarás.

—Si lo dices porque tu padre te repetía que no eres capaz de amar nada. Él no te conocía, Vera. Amas todo lo que haces con una intensidad envidiable. Eso también es amor. Y estoy seguro de que Elizabeth y Molly no han dudado en ningún momento que las quieras…

Ella niega con la cabeza.

—No, tienes razón. Huyo todo el tiempo de lo que siento.

En parte porque no sé cómo se supone que debo querer bien a alguien, y eso me aterra.

Y luego porque después de lo de Theo… No sé si podría gestionar otra pérdida.

Dios, ¡abandoné a mi madre, Zander! Ni siquiera me despedí de ella. Le dejé una puta nota… —Solloza.

—Vera…

—Los Oscar están en mi habitación porque era la única entrega de premios que veía con mi hermano, nos encantaba desde pequeños.

Él era el único que sabía que quería ser directora de cine…

Lo único que tengo que me recuerda a Theo es una puñetera estatuilla dorada que ni siquiera él me vio ganar. ¡Es patético!

—¡No lo es! Claro que no lo es. Te agarraste a un sueño para salir de un sitio que te estaba drenando, incluso si no lo hiciste de la mejor forma, ¿qué más da, Vera?

Saliste adelante. Podrías haberte hundido, o quedarte resignada en Tennessee…

Y por mucho que sientas que huyes todo el tiempo, ahora estás aquí.

—Bueno, esto es también otro tipo de escape.

—Pero ya no tienes que huir sola.

Apoya la cabeza en mi hombro, durante unos segundos pienso que ya no va a decir nada más, pero escucho su voz algo tomada aún. Es apenas un susurro:

—Prométemelo. Prométeme que darás un paso atrás si te hago daño.

Asiento a pesar de que no estoy seguro de ser capaz de cumplirlo.

Le beso la frente, como si de esa forma pudiera sellar el pacto.

Acaricio su pelo con cuidado, colocando los mechones estratégicamente para despejar su rostro.

Su mirada completamente clavada en la mía.

Ambos tenemos las mejillas sonrosadas, por las lágrimas y por el frío.

—Sé que es muy mal momento… —dice—. Pero creo que tenemos que cambiar la última escena. Ya sé cuál es el final que necesitamos escribir.