Más que una película CAPÍTULO 22
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CAPÍTULO 22

Vera

A unque Halloween ya haya pasado, y el resto de casas del vecindario ya no estén decoradas, la fiesta se ha convertido en una excusa para mantener las horripilantes decoraciones.

Siempre veo casas llenas de telarañas, calabazas talladas, tumbas falsas, esqueletos y fantasmas colgando de los porches…

Harper lo ha llevado un poco más allá, y hay una réplica de su cabeza decapitada sobre el buzón.

Prefiero no saber cuánto le ha costado. Algunos de los invitados se toman fotos con ella.

Nunca me he sentido muy cómoda en estos ambientes, casi todos están acostumbrados a estar delante de la cámara, y no detrás. Es como entrar en una convención de protagonistas que lo trasladan a su vida diaria sin darse cuenta. Y tú solo eres tú.

Observo cómo, agarrado a la barandilla, hay un esqueleto fluorescente, supongo que es para que pueda verse cuando sea completamente de noche.

Me aliso el vestido de cuadros, tiene varios tonos de negro y gris.

Al final le hice caso a Zander y vengo vestida de Miércoles Addams. No me ha costado encontrar algo que me sirviera para la ocasión, mi armario está lleno de prendas oscuras.

Además, en cierto sentido, me gustaba el hecho de estar rodeada de gente y que hubiera alguien que supiera que comparto apellido con el personaje. Un secreto guardado entre ambos.

La puerta está abierta y tomo aire antes de entrar.

Esta casa no es la residencia habitual de Harper, es otra propiedad de Steven Banks que suele utilizar su hija para fiestas porque tiene un enorme salón que ahora mismo está atestado de gente.

De hecho, la mayor parte de la planta baja es precisamente esta estancia.

Hay mesas llenas de comida, todo con decoración de Halloween.

Incluso veo algunos cócteles de color morado o con ojos que parecen humanos.

Repaso toda la habitación con la mirada. No sé si es mejor que encuentre ya a Harper o no verla en toda la noche. No hablamos desde que le grité. Robert tampoco me ha dicho nada al respecto, así que supongo que al menos todavía no se lo ha contado a Steven ni a él.

Una chica que va vestida de Regina George me da un pequeño golpe en el hombro mientras sale de la habitación. Algunos han aprovechado su disfraz terrorífico de Halloween y otros han optado por algo que se aleja bastante de la noche de las brujas.

Veo a uno disfrazado de un papel enorme llamado «Compromiso».

Bueno, eso a mí al menos sí me da miedo.

—¡Vera!

Nolan va vestido de Eduardo Manostijeras, impresiona un poco verlo con el pelo oscuro.

Va muy bien caracterizado, si no estuviera sonriéndome me acojonaría y todo.

Intenta darme un abrazo, pero las manos con tijeras alargadas le dificultan un poco la acción.

Cuando me separo de él, veo a Zander justo detrás.

Intuía que él precisamente no iba a optar por un disfraz que indujera miedo.

Va de Spiderman, y la verdad es que sí hay algo en él que grita un poco Peter Parker, aunque no sabría señalar exactamente qué.

Me acerco, repitiendo el mismo proceso que con Nolan.

Estar de nuevo entre sus brazos se me hace extraño.

No hemos hablado mucho estos días. Él se ha centrado en escribir NALS y yo en seguir ultimando detalles del guion y la producción.

—¿Miércoles Addams? —me pregunta—. ¿Al final vas a hacerme caso en todo?

—Tampoco te flipes.

La sonrisa que me dedica significa que ya se ha venido arriba.

—Voy a ver si encuentro a Harper —dice Nolan, y desaparece en la multitud.

Hay formas más sutiles de dejarnos solos, pero tampoco protesto.

Le hago un gesto a Zander para que me siga, guiándolo hasta la cocina.

Allí también hay gente, pero menos que en el salón.

Además, hay un DJ que Harper contrata todos los años que hace que la gente vuelva a la gran habitación para dejarse la voz coreando alguna canción de los 2000.

En la cocina también hay un montón de copas preparadas, yo cojo una violácea y Zander se decanta por una de color gris. Hago una mueca nada más tomar un primer sorbo. Está demasiado dulce para mi gusto.

—¿Brindamos? —propone Zander. Yo levanto la copa—. Por haber sacado un proyecto adelante en el que no creías.

—¿Me vas a restregar eso toda la vida?

—Uh, ¿me vas a dejar molestarte por el resto de tu vida?

No soy capaz de contestar con otra broma.

—Imbécil.

—¿Las fiestas de Harper siempre son así?

Recapitulo en mi cabeza a toda velocidad las últimas fiestas de Halloween que he experimentado en esta casa.

Me limito a asentir. Siempre hay muchísima decoración, gente rica que te cagas, ya sea del mundo del espectáculo o no, música excesivamente alta y una Harper cada año más borracha que el anterior.

—Me recuerda un poco a alguna de las fiestas de una fraternidad a la que fui durante la universidad.

—Oh, sí. Solo que esta tiene más presupuesto, y no hay beer pong .

—¡Se me daba genial el beer pong! —exclama.

—No fui a muchas fiestas de mi universidad, la verdad. Pero sí que visité a mi amiga Elizabeth en la suya. Fuimos a una fiesta y acabé vomitando ponche detrás de un matorral.

—Guau, una anécdota muy épica…

Desato su risa cuando le saco el dedo de en medio.

—Fue patético…

—¿Quieres que salgamos? No creo que sea nuestro ambiente.

Otra cosa en la que coincidimos Zander y yo es que somos increíblemente jóvenes para lo que son el resto de directores con los que nos relacionamos.

Nunca hemos hablado mucho de ello. Estamos tan acostumbrados a estar rodeados de personas mayores que nosotros que se dedican a lo mismo que estar en una fiesta rodeados de personas de nuestra edad se nos hace extraño.

Ni siquiera sabría cómo empezar una conversación.

Casi todos son influencers o nepobabies .

Salimos por una puerta trasera, yendo a otro pequeño porche. Este tiene una bruja suspendida del techo, volando en una escoba.

—¿Qué hacías en Halloween cuando eras pequeña?

El recuerdo es un poco agridulce. Supongo que, como siempre, me saltaré una parte de la historia.

—Elizabeth, Molly y yo siempre nos vestíamos en grupo. E íbamos a pedir caramelos. Después nos quedábamos en casa de alguna viendo películas hasta que nos dormíamos. ¿Y tú?

—Pff…, pues en el Chicagoween

—¿Chicagoween? ¿Eso existe? —me burlo.

—Sí, hay muchas actividades en la ciudad durante toda la semana, pero yo…

En Chicago el tiempo empieza a volverse cada vez más frío a mediados de octubre.

Siempre me ponía enfermo en esas fechas.

Era terrible. Nunca podía hacer nada con mis amigos.

—Hace un puchero adorable—. De adolescente fui a alguna que otra fiesta. Poco más.

—Eso explica por qué no te sabes disfrazar: no tienes práctica.

—Primero, técnicamente no es Halloween. Segundo, dar miedo está sobrevalorado. Tercero, tu disfraz es literalmente tu armario, Vera —me pica.

—Pero las trenzas me las he hecho yo y no me quedan mal…

Aprovecha que he dicho eso para darme un repaso nada disimulado.

—Te quedan bien, todo te queda bien… Para el año que viene deberías disfrazarte como el chaval que viene con el cartel de «Compromiso». Dicen que la mejor forma de superar tus miedos es enfrentándolos.

—¿Crees que ponerme un disfraz así podría ayudarme?

—No estoy seguro. Solo me gustaría verte en él para burlarme de ti, la verdad.

Le saco otra vez el dedo de en medio.

Ambos nos sentamos en las escaleras del porche. Yo me abrazo las rodillas mientras lo escucho, él estira las piernas. No se me pasa por alto cómo toma una gran bocanada de aire.

—Vera, quería hablar contigo de…

—¡Aquí estáis! —La voz estridente de Harper me hace pegar un brinco.

Me giro para mirarla. Está disfrazada de Marilyn Monroe zombi, con su pelo rubio recogido de la misma forma y su característico vestido fucsia que llevó en Los caballeros las prefieren rubias .

Zander y yo nos levantamos para saludarla.

Me doy cuenta de que tiene una botella de vodka en su mano derecha y la sujeta como si fuera toda su vida.

Justo detrás de ella se encuentra Nolan.

Mientras la abrazo, lo veo negar con la cabeza.

Harper parece superfeliz de verme, como si la última vez que nos vimos no la hubiera echado de mi casa a gritos.

No me molesto en decirle que deje la botella, dudo que sea el momento de tener otra discusión.

Los dos se sientan con nosotros, Harper empieza a insistir sobre subir a la planta de arriba y jugar a un «Yo nunca».

Al principio dice que nunca hacemos cosas de la gente de nuestra edad, esperaba que se le pasara, pero cuando me doy cuenta estamos en una cama excesivamente grande, con una bandeja y cuatro vasitos en medio.

Tengo un mal presentimiento.

—Venga, algo en lo que bebamos todos y empecemos con buen pie. —Harper nos sonríe como si sus labios pudieran calmar tempestades—. Yo nunca he trabajado en Hollywood. —Todos bebemos.

El turno pasa a Nolan.

—Mm… Yo nunca he estudiado en una escuela o instituto.

Frunzo el ceño.

Todos bebemos menos él. Supongo que a Nolan lo educaron en casa, al trabajar desde pequeño. Lo confirma acto seguido:

—He pasado más tiempo rodando que en clase.

Zander ríe un poco ante el comentario exasperado de su amigo.

—Te toca, Vera —me dice Harper.

—Dale caña. —Zander va a arrepentirse de haber dicho eso.

—Yo nunca he hecho ninguna locura por amor.

La primera en beber es Harper, que murmura algo sobre paracaidismo. Zander me mira a los ojos. No bebe. ¡Será mentiroso! No me puedo creer que no haya hecho ninguna. Busco la mirada de Nolan para que le diga algo.

—Bebe —le insta él.

—No he hecho ninguna locura por amor.

—Por favor, ambos sabemos que estás aquí por la mayor locura de tu vida.

Zander bufa, pero acaba bebiendo.