Más que una película CAPÍTULO 21 #2
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CAPÍTULO 21 #2

Para tener esas reuniones debería tener una mínima idea de lo que va a pasar en la temporada.

Escribir está excesivamente romantizado.

Puedes ver mil vídeos en internet de personas hablando de su proceso y que ninguno te sirva.

Crear es un arte en sí mismo. Un arte distinto para cada persona.

Como Noelle, hay personas que piensan que escribir es algo que puede hacer cualquiera.

Piensan que es tan simple como sentarte en una silla, delante de un portátil, y ya está.

Pero ninguna de ellas se sienta a hacerlo, ¡qué curioso!

Cada temporada de NALS nació por una pequeña semilla que pudo venir de cualquier parte. Ahora siento que me han quitado el jardín, y no puedo ni siquiera probar a sembrar algo.

—Alguna. No me diste tu opinión extensa sobre la serie… —La miro de reojo. Ha abierto la ventanilla y tiene el codo apoyado sobre ella.

—El guion de la cuarta es desternillante. Mis favoritas son la quinta y la séptima, las tramas que unen todos los capítulos a pesar de que se puedan ver desordenados son una maravilla. Eso sí, una putada que Erin se fuera, el personaje de Isabella era la hostia.

—La verdad… ¿Eres team Isabella y Hunter? —pregunto con curiosidad.

—Se dice Huntbella, melón. —Pongo los ojos en blanco al escucharla—. Y no… Me gustaría que se quedara con Gwen.

Freno demasiado rápido al escuchar eso. Ella me mata con la mirada por el movimiento brusco.

—¿Qué? ¿Por qué? —le pregunto mirándola fijamente.

—¿Podrías intentar no matarnos? Tenemos una película que grabar.

Pongo los ojos en blanco.

—Contesta a la pregunta.

—Porque… porque siempre ha sido Gwen, desde el primer momento que la vio.

Y sí, entiendo toda esa mierda del código de amigos y que como Nico la vio primero se quedó con ella.

¡Pero esa relación no tiene futuro! Nico es demasiado inestable, necesitaría madurar de golpe para tener una relación seria con Gwen.

Además, es un hijo de puta, viene y va y lo único que hace es confundirla.

»Pero con Hunter… Ellos se complementan.

En la quinta temporada, cuando todo el mundo de Hunter se viene abajo, Gwen es la primera persona a la que recurre.

La puerta a la que llama cuando no sabe qué hacer.

Es la única que lo quiere incondicionalmente.

Nico debería quedarse con Raquel o solo.

Raquel es la única mujer a la que ha querido de verdad.

No hay guion de octava temporada que escribas que pueda cambiar eso.

Dios, me muero por besarla ahora mismo.

—Vera, tienes razón. Tienes toda la razón.

—Siempre la tengo, idiota.

—¿Por qué me insultas?

—Porque he dicho algo muy bonito, ahora tengo que compensarlo.

Vuelvo a poner el coche en marcha, siento que me acaba de dar la clave que llevaba meses buscando. Me parece que hoy tendré una jornada de escritura bastante entretenida. Vera tararea la siguiente canción que acaba de saltar y yo aprovecho cada semáforo en rojo para mirarla de reojo.

—Oye —carraspea—, vamos a grabar en Greenlow Valley.

No tengo ni idea de dónde está eso. Doy un leve asentimiento, sin darle demasiada importancia. Pero veo su expresión. Cómo huye de mi mirada, se cruza de brazos y parece estar muy lejos de aquí.

—¿Qué ocurre? ¿No te gusta el sitio? ¿No crees que encaje para la película?

—No, no es eso.

—¿Entonces?

—Está en Tennessee.

Frunzo el ceño. Espera un momento.

—¿A cuánto está de tu pueblo, Vera?

El prolongado silencio que se forma después de la pregunta habla por sí solo.

—¿Vera? —insisto.

—A unos quince minutos en coche.

—¿Lo sabe Robert? Podemos hablar con él para buscar otro pueblo con alguna excusa.

—No. —Su voz suena lo suficiente tajante como para hacer que cualquiera no quiera continuar.

Por suerte yo no soy cualquiera.

—Vera…

—Escúchame. No quiero darle más munición, ¿vale?

Puedes llamarle y poner una excusa absurda, pero pasará de ti porque si han elegido este sitio será por intereses económicos…

Escarbará hasta que se entere de que lo has hecho por mí, y puede llegar a ser tan hijo de puta que podría hacerme grabar todas mis películas allí para torturarme si le da la gana… Así que déjalo estar.

—Es solo que deberías tener pleno poder de decisión de cuándo quieres volver a casa, no sentirte obligada a ello. —Acabo murmurando.

No se me escapa que ella mira al sol directamente, evitando que alguna lágrima rebelde escape.

—Bueno, las cosas no siempre salen como queremos, ¿no?

—Supongo que no siempre, pero yo suelo tener bastante suerte… Por eso me odiabas.

Ella me sonríe.

—Aún te odio un poco…

—Juraría que sentada sobre el billar no decías…

—Imbécil —masculla.

Yo suelto una carcajada.

—¿Ves? Eso no puedes negármelo.

—No, supongo que no…

Tengo los ojos fijos en la carretera, pero siento su mirada sobre mí.

—Me dijiste que lo de Lexy era solo una de las razones por las que no querías volver a casa… ¿Cuáles son las otras?

—Preferiría no hablar de ello ahora.

Y ahí está el muro de vuelta.

No la culpo. No es la única que no quiere hablar del pasado.

Al llegar a mi piso deja sus cosas en el que ya es su piso, mientras yo voy a la cocina a por algo de beber.

La observo desde el marco de la puerta. Tarda unos cuantos segundos en darse cuenta de que la estoy mirando.

Sus ojos buscan los míos, llenos de curiosidad.

Hay un poco también de acusación, como si la hubiera estado espiando a escondidas.

—¿Pasa algo?

Bueno, si voy a hacer esto, debería hacerlo bien.

—¿Puedo decir una locura?

—Depende, ¿incluye citas rápidas?

Suelto una risa. Es muy graciosa cuando no finge ser un muro de piedra.

—Ven conmigo en Acción de Gracias. A Chicago. Les diré a mis padres que has venido porque tenemos que seguir trabajando en el guion, aunque ya lo hayamos entregado.

Supuse que le cogería por sorpresa, pero al menos no he recibido un «No» instantáneo.

—Zander…

—No tenemos que decirles nada a mis padres sobre lo que ha pasado entre nosotros. Y a ti te vendría bien desconectar de Los Ángeles, especialmente antes del rodaje. Para esa fecha ya no estarás apurada por ninguna entrega…

Me encantaría saber qué está pensando ahora mismo, porque sus ojos me miran con una curiosidad que no soy capaz de desentrañar.

—¿Puedo pensarlo?

Su pregunta es apenas un susurro.

—Claro.

Me acerco y aprovecho para abrazarla por la espalda. Ella rodea a su vez mis brazos y se apoya sobre mi hombro. Parece que está a punto de contarme algo, pero se arrepiente en el último momento y decide guardar silencio.

Esta chica va a acabar conmigo.