CAPÍTULO 21
Zander
-Y eso vendría a ser todo.
Nolan no es la clase de tío que grita, y menos por teléfono.
Pero teniendo en cuenta que llevo semanas con demasiada información guardada, estoy esperando a que me confirme que no le ha dado un cortocircuito.
Necesitaba desahogarme con él, aunque Vera me haya dicho que lo mejor es no contarle nada a nadie.
—Zander, has follado con tu crush de la universidad. Todo un logro.
—¡No era mi crush! Me la crucé solo una vez en el campus… ¡Solo te dije que me parecía guapa!
—¿Ahora solo te parece guapa?
—Me acojo a la quinta enmienda, señoría.
—Dios mío… Ya sabía que pasaba algo. Literalmente Erin, que no me habla, me escribió solo para preguntarme si estabais saliendo.
—No te preocupes, Vera tiene más cabeza que yo. No hará ninguna locura…, o sea, no afectará a nuestro trabajo… Es más, gracias a lo que ha pasado hemos escrito una escena increíble y…
—¿Y?
—Y estoy pensando en hablarle de… ya sabes…
—Oh. —Trago saliva mientras espero a que diga algo más—. ¿Cuándo fue la última vez que te sinceraste con alguien respecto a eso?
—Pues… contigo.
—Joder, de eso hace años, Zander.
Suelto un largo suspiro. Sé que quiero enseñarle esa parte de mí a Vera, pero me bloqueo cada vez que abro la boca. Casi prefiero no pensarlo.
—¿Has conseguido quitar las pinturas de Cece de la pared?
Él bufa.
—Están pintando ahora mientras mi madre le grita a todo el mundo.
—Si lo necesitas puedes pasar unos días aquí, Nolan.
—¿En tu cama? ¿Haciendo la cucharita?
—¡Me pido cuchara pequeña!
—¿Seguro que estás bien? —Vuelve a cambiarme de tema.
—Sí, de verdad.
Siendo honesto, aunque le he dicho a Vera mil veces que no puede saber cómo es una relación porque nunca ha estado en una, yo también estoy bastante oxidado.
No recordaba con exactitud lo que era que se te iluminara la cara al ver un mensaje, o la cantidad de datos estúpidos que puedo almacenar sobre alguien.
En concreto, esto es lo que he aprendido en este tiempo sobre ella…
Adora el café amargo. Nunca empieza en la primera página de Word, sino en la segunda.
No le gusta llevar colores claros. Al comer, empieza por las cosas que le gustan menos y termina por las que más.
Si se atasca mientras escribe, se muerde la lengua.
Está preciosa cuando llora. Cuando se sincera la fachada de tía insensible y fría se reduce a cenizas.
Cuando se abre me imagino escuchándola toda la vida.
Cuando se abre, joder, confirmo que está sacada de mis putas fantasías.
Miro el reloj. Hemos quedado con la directora de reparto para que nos muestre en qué actores ha pensado al recibir nuestras indicaciones.
Vera llevará una hora reunida con el director artístico, ultimando detalles.
Podría haberme unido a la conversación, pero Scheidegger ya me dijo que tenía una imagen muy clara en su cabeza que yo no iba a ser capaz de alterar.
Además, en esto confío ciegamente en ella.
—Debería dejarte o llegaré tarde.
—O sea, como siempre… —se burla—. Zander, encontrarás la forma de decírselo, no te preocupes.
Trago saliva. Es un pensamiento bastante recurrente últimamente.
—Lo intentaré.
Cojo el coche y hago el mismo camino que hice cuando quedé con Robert por primera vez.
Por la ubicación que me indicó Vera, no es el mismo edificio, sino en el estudio que hay a cinco minutos andando de allí.
Las audiciones se hacen normalmente en estudios, oficinas de agencias de talentos y espacios de casting que a menudo se alquilan.
Tengo una descripción muy vaga de la directora, Phoebe.
Vera solo me ha dicho que es una mujer bastante regia, de pelo grisáceo y que siempre lleva colores crema.
Por suerte, me está esperando en la puerta del edificio.
No me cuesta sacarle conversación: descubro el nombre de sus hijos, a qué universidad van y su signo lunar antes de sentarnos en una sala con una cristalera enorme.
Se ve gran parte de la ciudad desde aquí.
Supongo que también ayuda que esta es de las zonas más altas de Los Ángeles.
—¿Esperamos a Scheidegger?
Tengo la sensación de que no le gustará nada a mi querida codirectora si tomamos una decisión sin que ella esté presente.
—Será lo mejor.
Phoebe me deja ver los perfiles de algunos actores que ella considera los mejores.
Algunas caras me resultan conocidas, pero inconscientemente siempre me inclino por esos actores que no me suenan nada.
No es la mentalidad de Hollywood, desde luego; un actor reconocido vende más que una buena sinopsis.
Le explico a Phoebe que Vera y yo necesitamos que sean muy expresivos.
Los personajes secundarios no tienen mucho texto en la película, por eso sus expresiones deben delatar lo que están experimentando en escena: gestos que desatarán peleas en la pareja principal o miradas que nos dirán exactamente qué piensan sobre Amelia y Liam en cada momento.
—Me ha gustado bastante el guion.
Le sonrío.
—Gracias, esperemos que funcione.
—Bueno, en eso creo que te pareces a Scheidegger. Ambos queréis hacer una película que la gente recuerde y, como objetivo secundario, una película que la gente vaya a ver.
Yo asiento.
—¿Llevas mucho tiempo en la industria?
—Oh, sí, desde antes de que nacieras…
—¿Has notado muchos cambios en este mundillo?
—Bueno, antes los estudios utilizaban la recaudación de los grandes taquillazos para hacer otros éxitos y para financiar ideas más arriesgadas. Cada vez veo menos lo segundo. Las películas que dan más dinero solo se utilizan para hacer películas que dan aún más dinero. —Se encoge de hombros.
La puerta se abre de golpe. Vera entra con tres vasos desechables de café y cierra la puerta con una de sus piernas. Lleva uno de sus clásicos trajes, esta vez azul marino. Su pelo en una cola de caballo y su flequillo bien peinado.
—Lo siento, me he encontrado con Tom en el pasillo y he acabado dándole todas las indicaciones sobre la marcha.
Tom es el director de fotografía, se encargará de la iluminación y en general de la composición de las escenas, el color y la atmósfera.
Lo que decidimos Vera y yo es que la iluminación cambiara con el tipo de escenas; de esa forma el entorno se convertiría en el aliado perfecto para representar los diferentes momentos en la relación de Amelia y Liam.
Vera me tiende uno de los vasos de café, resulta ser uno de mis favoritos. Por la expresión de Phoebe creo que también ha clavado su pedido habitual. Como si fuera un torbellino, empieza a ver los perfiles de los actores y actrices a toda velocidad.
Phoebe y yo nos miramos, normalmente en este tipo de reuniones los productores suelen estar presentes. Ambos pensábamos que tendríamos que esperar a alguien más.
—¿Robert no nos acompaña? —pregunta ella.
—Mientras no nos pasemos del presupuesto, Robert no va a asistir a ninguna de las reuniones.
Phoebe parece aliviada al escucharla. Vera empieza a hacer preguntas y vemos juntos algunas de las grabaciones de las audiciones.
Confieso que con algunas se me pone el vello de punta.
Lo examinamos todo con tranquilidad, tomando decisiones con los consejos de la veterana en la habitación.
Al terminar, ambos parecemos exhaustos. Nos despedimos de Phoebe, dejándola libre para que dé la noticia por teléfono a los elegidos.
A Vera no le entusiasma nada que el estudio nos haya metido tanta prisa con las audiciones, tendría que haber sido más largo y estudiado, pero ha acabado reducido a una fase.
Robert sigue presionando con estrenar cuanto antes, así que toca ganar tiempo como se pueda.
Siento que ahora el proceso de sacar la película adelante ha pasado de ser un folio en blanco a una lista casi interminable de tareas que tachar.
Como guionistas nuestro trabajo casi ha terminado, como directores nuestro trabajo acaba de empezar.
Y durante unos meses viviremos por y para esta película.
—Aún no tengo clara la escena final.
Yo hago una mueca al escuchar eso.
Estoy en las mismas. Es lo único que nos queda antes de enfocarnos en los detalles más diminutos.
Hicimos una puesta en común de varias escenas que se nos ocurrieron. Pero la realidad es que no encontramos nada que sea capaz de encapsular el sentimiento que buscamos.
—No lo forcemos, vendrá a nosotros.
—O podemos ir a la tarotista a ver qué opina ella.
La miro con una sonrisa.
Y pensar que la última carta que apareció fue la de los enamorados…
—No te agobies. Tenemos tiempo hasta entregar definitivamente el guion. Y tendremos doscientas reuniones para poder grabar cuánto antes.
—Nos dividiremos el trabajo.
—¿Te veré en la fiesta de disfraces de Harper? Me ha dicho Nolan que es el evento del año.
—Creo que sí. Suele coincidir con Halloween, que este año se haya retrasado me hace pensar que está incluso peor de lo que imagino. Pondría la mano en el fuego por que su agente le haya prohibido hacer ninguna fiesta en ese estado, pero al final Harper lo ha convencido y…
—Y por eso es más tarde de lo normal —completo por ella.
—No va a ser el ambiente ideal, pero no quiero dejarla sola.
Asiento. Nolan opina lo mismo, duda que ninguna fiesta plagada de borrachos y drogadictos le vaya a hacer bien a Harper. El ascensor nos deja en la planta baja. Busco las llaves del coche mientras atravesamos todo el vestíbulo.
—¿Quieres que te lleve a casa?
—Bueno, había pensado que quizás podía ir a tu casa.
—¿Te estás autoinvitando a mi casa? —bromeo.
Andamos en silencio hasta el coche. En cuanto enciendo todo, pongo la canción que escuchamos por primera vez juntos mientras comíamos. Es una tontería, pero me gusta ponerla siempre que ella está sentada a mi lado. Por la mirada que me dedica es un gesto que no le ha pasado desapercibido.
—¿Cómo vas tú con NALS? ¿Tendrás algunas reuniones este mes?