CAPÍTULO 20
Vera
- ¡¿ T e lo has tirado?! —El grito de Molly hace que tire el móvil sobre el sofá.
—Se lo ha tirado durante toda una noche, que es aún más fuerte —puntualiza Elizabeth.
Yo me quedo callada durante unos segundos, pero, a decir verdad, no tiene sentido que intente negar nada.
Después de todo, las he llamado para desahogarme.
La conversación se basa en grititos, en pedir detalles y en recalcarme cómo ellas tenían claro desde el principio que esto acabaría pasando.
Zander y yo pasamos la noche juntos. Al despertar hicimos café y descubrí que le encanta tararear mientras cocina.
Escondida tras una de sus tazas de NALS le dije que quería repetir.
Él me preguntó si me refería al sexo. Yo le dije que todo.
Sus movimientos se ralentizaron un poco como si no esperara una respuesta tan firme.
Me sentó sobre la encimera y empezó a besarme. Y ninguno de esos besos era brusco o sensual, estaban llenos de una dulzura que no estoy segura de haber experimentado antes. Le correspondí cada uno de ellos. Cuando se separó, le pedí que volviera a empezar.
Le dije que quería intentarlo, pero que no sabía cómo.
Me dijo que lo averiguaríamos juntos.
Siempre que he tenido un acercamiento mínimamente parecido, he huido.
Aterrada de caer en lo mismo que mi madre; que mi bienestar dependa de otra persona.
A pesar de todo eso, no salí corriendo. Nos sentamos a revisar el guion.
Como si nada hubiese cambiado entre nosotros y a la vez hubiera miles de detalles gritando que ya no es igual que antes.
Molly y Elizabeth insisten en que no tengo que apresurarme. Que nadie va a presionarme.
Y sobre todo que, incluso si el intento no sale bien, ambas coinciden en que necesitaba que alguien sacudiera mi mundo. Que merece la pena conocer la versión de mí que soy cuando estoy con él. Ahora mismo solo tenemos que ser él y yo.
«Tú y yo, Vera».
A pesar de que me gustaría pasarme todo el día pensando en esto o pasando el tiempo con Zander, tengo una reunión con Robert dentro de un rato.
Sé que me tengo que centrar en el rodaje.
Ahora mismo no me hablo con Harper, pero me ha llegado la invitación para su fiesta de disfraces.
Una tradición a la que no piensa renunciar a pesar de no estar bien.
Mi situación con la productora no es la mejor, ya me quedó claro con la conversación que tuve con Robert en el cumpleaños de Banks.
También he aprovechado la llamada para contarles a Molly y Elizabeth mi última discusión con él.
Me han recordado que tengo una denuncia de acoso en el primer cajón de mi mesilla de noche que nunca he sido capaz de presentar.
Lo hemos hablado millones de veces, y, cada vez que me siento tonta o culpable por estar atrapada en esta rueda que no para de girar, me recuerdan que cuando firmé solo era una chica inexperta e ilusionada por su sueño. Y se aprovecharon de ello.
Intento no darle más vueltas y cojo las llaves del coche. Me dirijo a la dirección que me ha mandado Robert.
Cuando llego allí observo el interior con interés.
Esta vez ha elegido una de las nuevas cafeterías que han abierto cerca de Beverly Hills.
Una camarera me lleva hasta mi mesa y observo el extraño mobiliario.
Es como un enorme invernadero: todo está lleno de plantas y excepto los asientos todo está hecho de cristal o vidrio. Pido un café con bastante azúcar.
Dos sobres. Nunca le echo azúcar al café.
¿Qué me está pasando?
Zander Shay me está pasando.
Me siento borracha sin haber probado ni un trago de alcohol. Soy incapaz de retener mis sonrisas. Me dedico a borrarlas cuando ya están construidas.
En menos de dos semanas he besado a Zander Shay incontables veces. Las primeras por impulso, otras casi por necesidad. Aun así, si me esfuerzo, puedo sentir su sabor en todos los rincones de mi boca. Dios mío, cuando me miré al espejo después de esa noche, tenía pintalabios por toda la cara.
Terminaremos el guion entre hoy y mañana. Sigue pareciéndome imposible que haya llegado hasta aquí con la persona con la que juré que sería estrictamente profesional.
Unos nudillos golpean la mesa, sacándome de mi ensoñación. Robert está frente a mí, todavía no se ha sentado y parece estar teniendo una conversación acalorada por teléfono. Probablemente con su abogado.
Le dicta la comanda a la camarera aún sin soltar el teléfono.
A la chica le dedica una sonrisa encantadora, sin embargo, al centrarse de nuevo en la llamada vuelve a fruncir el ceño.
Lleva un traje marrón que ya le he visto en otras ocasiones y una camisa blanca, que empieza a desabrocharse con la mano que tiene libre.
Tarda tres minutos más en dejar de hablar.
—Lo siento mucho, Vera. —Por fin se deja caer en el asiento que tengo en frente—. El sitio es precioso. —Yo asiento con la cabeza.
—Y bastante tranquilo. ¿Tu abogado?
—Oh, sí, ¿te puedes creer que una becaria de la productora ha intentado denunciarme?
Trago un sorbo de café esperando que me queme la lengua.
«Vaya, me resulta tan difícil imaginármelo…».
—¿Qué ha alegado?
—Conducta inadecuada. Ha dicho algo sobre que la cercanía entre los dos era una prueba de mi abuso de poder… Eso me pasa por implicarme tanto con mis trabajadores. Ni siquiera era tan buena, iba a deshacerme de ella en cuanto pudiera… ¿Has pedido ya?
—Eh…, solo un café. Necesitaba despertarme.
Él sonríe.
—¿Noche salvaje? —«Un poco»—. ¿Te quedaste hasta muy tarde escribiendo?
Se me olvidaba. Para Robert solo soy dos cosas: o una tía que se puede follar, o una máquina que escribe guiones.
—Tampoco hasta muy tarde. Es solo que he dormido poco.
—¿Cómo va el guion entonces?
—Bastante bien, llegaremos a la fecha sin problema.
Hablar de trabajo me ayuda a cambiar el chip.
La camarera vuelve para tomarnos nota. Robert me comenta un poco por encima lo que quiere que haga en las próximas semanas.
Tenemos la fiesta de la empresa dentro de nada y quiere anunciar el proyecto oficialmente entonces, así que sería magnífico tener el guion listo.
Sobre todo, para presentárselo a otros productores que suelen colaborar en sus proyectos.
Cosa que ya me ha dicho quinientas veces.
—Por cierto, ya tenemos sitio confirmado por el director de localizaciones. —Hace un redoble de tambores con los dedos en la mesa de madera—. Vais a grabar en… ¡Greenlow Valley!
Escupo el café sobre el plato.
Empiezo a toser.
No. No puede ser.
—¿Estás bien? —pregunta tendiéndome una servilleta—. Estaba seguro de que te haría ilusión, está muy cerca de tu pueblo, ¿no?
Efectivamente.
—Sí, está a menos de veinte kilómetros de mi pueblo.
—¡Pues perfecto! Así podrás ver a tu familia, ¡me la puedes presentar!
Esto no puede estar pasando.
—¿Cu-cuándo vamos a grabar allí?
—Por temas de fechas, lo primero que grabaréis será allí… Así que antes de Navidad.
—Eso es dentro de un mes —digo como si no fuera evidente.
—No te pongas nerviosa. Eres famosa, te recibirán con regalos y halagos.
Me coge la mano que tengo sobre la mesa de forma cariñosa. Solo quiero salir corriendo de aquí.
Nos traen la comida y al menos puedo comer algo antes de que Robert siga hablándome sobre el dichoso pueblo. Para mi desgracia, cambia a otro tema que no es mejor:
—De todas formas, esto no era lo único de lo que quería hablarte… —Su tono se vuelve un poco más serio, aunque su mirada sigue siendo afable. Como si yo fuera solo una niña a la que proteger.
—Oh, pues dime.
—Tu contrato con nosotros acaba en enero.
El 31 de enero. —Remarca la fecha como si no diera vueltas en mi cabeza todos los días—.
Lo he estado hablando con Banks y nos gustaría renovar.
Mantener las mismas condiciones por unos cuantos años más, los suficientes como para que puedas escribir el guion y grabar la película que planeabas con él y dos películas más propias aparte…
Aún no tengo todos los detalles, no he podido hablar con Banks en persona; pero serían las mismas cláusulas de exclusividad, a lo mejor alguna novedad, todo nimiedades…
Cuando firmé el contrato con ellos pensé que por fin tenía mi sueño entre mis manos.
Después descubrí que sus cláusulas eran abusivas, que sus condiciones eran pésimas y que en realidad son la productora más despiadada de Hollywood no solo por cómo se enfrentan a la competencia, sino por cómo explotan a sus propios trabajadores.
Pero son el mejor escaparate mediático, estar con ellos es asegurarse de que todo lo que no quiero que vea la luz se quede enterrado bajo llave durante todo el tiempo que yo estime necesario.
Es contribuir a una espiral de poder. Porque la denuncia de esa chica va a caer en saco roto y sin darse cuenta acaba de tirar toda su carrera a la basura. La van a vetar en cada estudio de Los Ángeles.
Igual que harán conmigo si doy un paso en falso ahora. Y aquí vienen las ganas de vomitar.
Sueño con romper el contrato y escapar de las consecuencias. Pero es imposible.
—¿Vera? —No sé si es su llamada lo que me saca de mis pensamientos o el sentir su tacto rozando de nuevo mi mano. La quito rápidamente.
—Lo siento, estoy algo despistada.
—No te preocupes, tómate tu tiempo para pensarlo. No tienes que contestar ahora, aunque ya sé la respuesta. —Me dedica otra de sus sonrisas calculadas. Está convencido de que diré que sí.
Sabe perfectamente lo que puede ocurrirme si digo que no.
—¿Y no hay más? Quiero decir, tú mismo me dijiste antes de firmar el contrato con Shay que había muchos directores ahí fuera que…
Coge mi mano de nuevo y la coloca entre las suyas.
—Vera, ese día no estaba en mis cabales. Me enfadó que no vieras el potencial que tienes y sobre todo que no vieras que yo solo quiero sacar eso de ti…
«¿Con cuántas chicas le habrá funcionado ese discurso antes?».
—No sabes nada de las nominaciones de los Oscar, ¿no?
Él niega.
—Este año se retrasarán más de lo habitual. De todas formas, hemos invitado a la fiesta de la empresa a algunos miembros de la Academia, por si quieres hablar con alguno de ellos en persona.
Yo asiento. Hace un año aún estaba trabajando en Guerras silenciosas, temiendo que fuera un completo fiasco y que no quisieran renovarme el contrato.
Ahora podría tener el papel delante en cuestión de semanas, pero ya no lo quiero.
No así. Quizás debería intentar negociar, aunque no tengo muy claro el qué.
—¿Qué tal la obra de Erin Dawn?
Intento pensar en eso y no en lo que ocurrió después.
—Sublime, a decir verdad.
—Iré a verla, entonces. —Otra sonrisa falsa—. Te va a hacer mucha gracia, ya sabes cómo es Hollywood… He tenido que capar hoy dos artículos jurando que te habían visto muy cariñosa con Zander cerca del Pantages Theatre…
La presión en mi estómago crece un poco más.
—Así es Hollywood.