Más que una película CAPÍTULO 17 #2
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CAPÍTULO 17 #2

—Eres Vera Scheidegger, irrepetible e irremplazable.

No hay nadie en Hollywood como tú, ni lo va a haber —remarca cada palabra—.

Y Robert puede irse a la mierda. La gente puede pensar que estaba amañado o que otra película se lo merecía más; pero la realidad es que hiciste un trabajo increíble con las dos, joder. Nadie puede quitarte eso.

«No sabes lo que es capaz de hacer Steven Banks».

—Esta película podría ser tu primera nominación a los Oscar.

—Pfff, otro sitio más al que ir con traje… ¿Por qué los tienes separados del resto? —Frunzo el ceño al escucharlo—. El resto de premios los tienes en una vitrina abajo.

Se me encoge un poco el estómago.

—Tienen mayor valor sentimental, no sé… Cuando era pequeña y soñaba con ser directora me imaginaba en los Oscar. No en ninguna otra ceremonia.

La verdad es un poco más larga y agridulce, pero al menos soy honesta.

—¿Significa eso que Vera Scheidegger duerme abrazada a sus estatuillas? Lo voy a filtrar a la prensa.

Sonrío ligeramente mientras niego con la cabeza. Solo le ha hecho falta abrir la boca para que yo deje de sentir presión en el vientre. Esta vez sus cabellos despeinados se deben a la acción de mis manos.

—Quiero volver a besarte.

—Ven aquí y hazlo, entonces.

Me tumbo a su lado y acerco su rostro al mío de nuevo. Es increíble lo fácil que parece ahora hacer algo así. La sensación de vértigo parece haberse diluido, y, tras varios besos, apoyo mi cabeza en la almohada.

—¿Qué quieres hacer con esto? —Cierro los ojos al escucharle.

La pregunta era inevitable, me alegro de que haya salido de sus labios y no de los míos. Estoy perdida; pero no sola.

—Me siento como cuando Hunter en la cuarta temporada no sabe qué hacer después de besar a Isabella. Y en vez de salir corriendo a su casa, acaba durmiendo en el porche de Nico porque necesita hablar con él.

Zander se incorpora al escuchar eso.

—Espera un momento. ¿¡Te has visto NALS !?

—La terminé hace unos días.

—¿¡Y no me habías dicho nada!?

—No creía que fuera tan importante.

—Vera, vamos a tener que revisar tus prioridades. —Le hago un corte de manga—. ¿Cuándo empezaste a verla?

—Poco después de aceptar que no me quedaba más remedio que aguantarte…

—Fíjate, en la cocina pensaba que no tenías problema con ello.

Aunque agradezco que quiera liberar el ambiente de tensión, tampoco quiero seguir evitando el tema.

—No quiero hacerte daño. Esa es la prioridad.

Zander se queda callado durante unos segundos.

—No es la primera vez que haces algo sí con alguien del trabajo, ¿no?

—Esta vez es diferente.

—¿Por qué?

«Porque eres tú».

—Porque quiero que lo sea. —Mi voz es apenas un murmullo.

Es una verdad irrefutable que no estaba preparada para decir en voz alta.

Que, por primera vez en mi vida, algo que se sale de mis planes no quiero evitarlo a toda costa; sin embargo, no tengo ni puta idea de cómo actuar al respecto.

No creo que me haya visto nunca en una situación parecida.

Joder, ¿cómo pude siquiera confundir lo que sentía con Harper hace unos meses con esto?

—Vera —me llama—, vamos a dormir y tú vas a pensar en qué sientes, qué quieres y cómo lo quieres. Mañana me levantaré y me iré antes de que despiertes. Tendrás todo el tiempo del mundo para pensar.

—¿Y tú? ¿Qué hay de ti?

—Para ser una directora insensible y fría te importa bastante el prójimo…

—Capullo. No quiero hacerte daño a ti. ¿Qué necesitas tú?

—Darte el tiempo que necesitas no es un inconveniente. Darte el tiempo que necesitas no me hace daño. Te conozco. Sé que este no es tu estilo. Sé que no tienes ni idea de qué hacer. Y también sé que quieres priorizar el trabajo… Así que no voy a añadirte un peso más.

—¿Entonces?

—Pasamos la noche juntos. Mañana me marcho y te doy todo el tiempo que necesites —me repite.

—¿Y si aun así no tomo la decisión adecuada? —digo mis miedos en voz alta como si no me paralizaran.

—Lo harás. Sea cual sea, tomarás la decisión adecuada para ti. Y, vale, puede que me duela un poco. O mucho —admite—. Pero lo superaré.

—No quiero que esto interfiera en nuestro trabajo…

Me silencia poniendo un dedo encima de sus labios. Me acurruco en el colchón, pegada a su cuerpo. Él se gira para poder pasarme un brazo por encima y abrazarme.

—Zander… —hace un ruido para dejarme saber que me escucha—, siento haberme molestado por lo de tu cita. Ha sido una estupidez.

—No lo ha sido, Vera… No he mentido antes. Hubiese pasado la mejor noche de mi vida si tú hubieses estado sentada en el otro extremo de la mesa… La próxima vez mandaré a Nolan al cuerno cuando me proponga algo así.

Yo dibujo una pequeña sonrisa.

—No se me dan bien las citas, pero ya estoy acostumbrada a estar en cualquier parte de Los Ángeles, a solas contigo, incluso cuando estamos rodeados de gente…

—En ese caso, ven conmigo al teatro en unos días.

«¿Al teatro?».

—Vale, pero… ¿y si decido que no quiero nada? —pregunto con voz temblorosa.

—¿Y qué? Con todo el respeto del mundo, que me digas que no a algo que ni siquiera puedes nombrar en voz alta no me va a sorprender… —Trago saliva—. Solo quiero que te tomes el tiempo que necesites para pensártelo.

—¿Y mientras tanto?

—Mientras tanto vamos a ser tú y yo, Vera. Vendrás conmigo al teatro como has comido conmigo o hemos ido a un parque de atracciones.

No entiendo cómo hace que suene tan fácil.

Asiento despacio.

—Tú y yo —repito.

Zander se inclina un poco para darme un beso en la frente y vuelve a susurrar las mismas palabras. Yo empiezo a repetirlas en mi cabeza, con su voz y con la mía. Hasta que llega un punto en el que pierdo la conciencia y, cuando la recupero, el sol ya está asomando por uno de los ventanales.

Abro los ojos despacio. Estoy enredada en un embrollo de sábanas, y, aunque hay pliegues y marcas irrefutables de que otro cuerpo ha dormido a mi lado, no hay rastro de esa persona.

Suelto un suspiro, no sé si de alivio o de resignación por haberme quedado dormida.

Él ya me advirtió que se levantaría primero, pero supongo que tenía la esperanza de adelantarme.

Al incorporarme veo una nota en la mesilla, en su lado de la cama.

«Nunca he salido de la cama de nadie sin despedirme, así que por lo menos quería dejarte esto.

He preparado tu café favorito, tienes una taza abajo, aunque quizás tengas que calentarlo.

Me pondré a escribir bastante hoy (estoy inspirado), así que tendrás notificaciones mías.

No contestes si no quieres. No me ofenderé.

Ni me dolerá. No te preocupes por eso. Ya lo sabes: ahora mismo, solo tenemos que ser tú y yo.

Y a mí se me da muy bien ser yo cuando estás tú. Espero que a ti te pase lo mismo».

Releo un par de veces la nota hasta que decido dejarla a los pies del Oscar que sostuvo anoche. Intento centrarme en escribir, aviso a Elizabeth y Molly de que necesito hablar con ellas cuando puedan y, en el tiempo restante, revivo mentalmente lo que compartimos anoche.

Hablo con Zander a lo largo del día, pero solo de trabajo.

He quitado la estúpida escena que puse ayer cuando estaba un poco celosa.

El guion por fin va tomando forma, y cada vez estoy más orgullosa de él.

De nosotros. Hoy me dedico sobre todo a detallar algunos planos, mientras sigo haciendo lluvia de ideas para el final de la película.

Mi día se basa en escribir, comer algo decente y pensar cada momento de descanso en lo que ha pasado.

Estoy intentando elegir una película o un documental para no consumirme en mi escritorio, cuando oigo la puerta.

Tiene que ser Zander. Es una estupidez, porque no me ha dicho nada y, aun así, ansío tanto que sea él que lo asimilo antes de abrir la puerta.

No me encuentro a un director obsesionado con caramelos de limón, sino a una rubia bastante alterada. Su pelo está algo alborotado. Sus ojos, rojos. Su respiración es errática. Mierda.

—¡Vera! —exclama con éxtasis y se abalanza torpemente a abrazarme.

—Harper, ¿qué…? —me interrumpe para besarme, y ahora no es el olor lo que me golpea, sino el sabor.

Una mezcla de ron y… ¿whisky? No le devuelvo el beso. Intento separarme con rapidez y acabo siendo más brusca de lo que pretendía. Harper me mira con el ceño fruncido, dolida.

—Harper, te dije que no quería que se repitiese… Y estás muy borracha.

—Lo sé, lo siento… Es que te echaba mucho de menos.

La cita de hoy ha sido un desastre, no me gusta nada ese tío.

—Supongo que la habrán hecho salir con alguien para sacarle fotos con él.

Es la típica cosa que Steven sugiere cada vez que resurgen comentarios sobre su sexualidad—. ¡Prefiero estar contigo!

—Solo quieres acostarte conmigo porque estás borracha. —La corrijo intentando mantener la compostura.

—¡Da igual! ¡Es lo mismo!

—Supongo que para ti lo es.

En momentos como este me siento a un abismo de distancia de ella. Entiendo perfectamente lo que me atrae hacia ella, porque es lo mismo que nos separa. Me recuerda demasiado a otra persona. Y definitivamente no puedo lidiar con esas imágenes del pasado ahora.

—A veces pienso que no te conozco, Vera. —Debería invitarla a entrar, pero seguimos en la puerta.

—A veces pienso que yo tampoco. —Ella hace un sonido de ofensa, yo me paso una mano por la cara.

—Sabes todo de mí. Todo el mundo sabe todo sobre mí. Soy Harper Banks.

No creo que haya una sensación peor que pronunciar tu propio nombre con el asco que ella se reserva para sí misma.

—No, Harper, me estaba refiriendo a mí. Que yo tampoco me conozco a mí misma —Hablo despacio para que me comprenda. Pero ella ya ha empezado su ataque y no va a recular.

—¿Cómo vas a conocerte si huyes de todo?

—Deberías irte a casa.

Le doy la espalda, dispuesta a entrar, cerrar la puerta y fingir que esto nunca ha pasado.

—¡Que tú huyas no significa que yo lo haga!

Sé lo que va a pasar si discuto con ella. No quiero que ocurra. Se acerca a mí de nuevo e intenta besarme, pero la esquivo. Ella tarda unos segundos en recobrar el habla.

—Sé lo que piensas… Que soy la peor persona del mundo.

—Estás borracha y me dijiste que ibas a dejarlo.

—¡Y tú estás huyendo de mí!

Intenta empujarme contra la pared, pero su sincronización física es pésima ahora mismo. Me aparto como puedo.

—Harper, ¡ya basta!

—Seguro que es por Zander, ese gilipollas te está lavando la cerebro con mierda sobre mí. —La acusación provoca que mis manos empiecen a temblar de la rabia.

Intenta besarme de nuevo, presionando sus labios contra los míos. Solo me muevo para apartarla. Y todo lo que me queda es explotar.

De la peor forma posible.

—¡Te he dicho que pares! Dios, Harper, ¿es que tú no huyes también?

¿Para qué es entonces toda esa mierda que bebes?

¡No eres mejor que yo! No tienes ningún derecho a reprocharme nada.

Me mandaste un mensaje diciéndome que nunca querrías nada serio conmigo y que te alegrabas de saber que nunca sentirías algo fuerte por mí…

¿Te gustan las tías o solo he sido un estúpido experimento morboso?

—Aunque estoy furiosa, escojo cada una de mis palabras con la precisión que reservo para mis guiones.

—Yo…

—Puede que yo me aleje y necesite tiempo para arreglar las cosas.

Puede que yo me vaya y no vuelva porque no merezco arreglar las cosas, pero al menos tomo mis propias decisiones, y asumo las consecuencias de mis actos.

No espero que mi puto padre se ahorre un poco de dinero en putas y lo use para cubrir todas mis cagadas.

Harper se queda inmóvil en mi sitio. No he gritado. No hace falta que lo haga. No quiero que el significado de lo que digo se pierda en el tono de mi voz.

—¿Eso piensas? ¿Qué todo lo que tengo es gracias a mis padres?

Podría mentirle. Podría ser buena. Podría diseccionar la verdad y elegir unas palabras sobre otras.

Pero no lo hago.

—Eres una actriz normal. Una actriz con tu fama sufre el doble de acoso que tú; da gracias a que tienes a tu padre para que te proteja de todo.

Una actriz con tu fama necesita el doble de proyectos para mantenerse relevante…

Si no tienes el apellido de alguien importante, necesitas perseverancia y trabajo para seguir en la cima —veo cómo su semblante se quiebra—, y no digo que tú no seas capaz de llevar esa vida.

Pero, Harper, ¿qué coño estás haciendo? Al principio el alcohol no te suponía un problema, y aun así fuiste a dos centros de rehabilitación porque no querías que fuera a más.

¡Dos! ¿Y quién los ha pagado? ¡Yo! ¿Y sabes por qué?

Porque a tu padre se la suda que tengas un coma etílico un martes cualquiera. Y tú sigues defendiéndolo.

»Tú no trabajaste para convertirte en una estrella.

Eso lo hicieron tus padres. Lo has tenido tan fácil que a veces no te das ni cuenta de todo lo que te ha ahorrado tener ese maldito apellido.

Si todo se va a la mierda, tus padres lo arreglarán.

Si haces una actuación nefasta, la maquillarán.

Si mañana hay fotos tuyas borracha, corriendo por Los Ángeles o rogando en esta puerta, se encargarán de que no vean la luz.

Si la cagas, lo taparán. Deja de ignorar el privilegio que tienes, deja de echarme en cara que huyo.

Yo al menos tengo los ovarios de decirte lo que pienso sobria y no llamo a ninguna puerta porque me apetece un polvo mientras no veo lo que tengo delante por el puto alcohol.

Cuando la bofetada impacta en mi mejilla, ni siquiera me sorprendo. Ya la he visto agresiva antes, solo que nunca conmigo.

Al menos tras eso se marcha, un portazo como despedida.

Le mando un mensaje a Nolan porque todo lo que acabo de decir no significa que no me preocupe por Harper.

Le digo que he hablado con ella y que estaba muy mal.

Temo que no esté pendiente del teléfono, pero me contesta.

Me dice que la llamará y verá qué puede hacer.

Le mando un escueto «gracias» antes de apagar el teléfono.

Siempre me pasa lo mismo. Por eso me voy antes de explotar. Antes de que la presa que normalmente contiene lo que siento se abra y todo salga antes de que pueda retenerlo.

Mi madre me recordaba a todas horas que tenía que pensar todo dos veces antes de hablar. Mi padre decía que yo no hablaba en hechos sino en crueldades y que por eso no sabía querer. Supongo que tenían razón. Mi cabeza sigue funcionando a toda velocidad.

La he cagado.