CAPÍTULO 16
Zander
B oto la pelota dos veces y tiro a canasta.
Agradezco la brisa que recorre el jardín trasero de la casa de Nolan.
Llevamos casi dos horas hablando mientras jugamos al baloncesto.
O, mejor dicho, llevo dos horas escuchando cómo Nolan no ha cometido un asesinato múltiple con su familia porque es el hijo perfecto y porque no puede permitirse aparecer en todos los titulares nacionales.
Está desahogándose todo lo que puede ahora para no explotar en la cena familiar que tiene hoy.
Resulta que al final su hermano Beck le ha pedido matrimonio a la chica y ella ha dicho que sí.
Me resulta raro que alguien de mi edad se vaya a casar, supongo que porque yo no tengo perspectivas cercanas de hacerlo.
Pero en el caso de Beck daba por hecho que se casaría después de una noche loca en Las Vegas, no planeándolo.
En un movimiento rápido se acerca a la canasta y hace un mate.
La pelota entra perfectamente por el aro.
Acto seguido desliza la mirada a la esfera del reloj.
Sin decir nada, me lanza una botella de agua casi congelada y ambos subimos al porche.
Nos tumbamos sobre unos sillones acolchados.
La verdad es que apestamos tanto a sudor que deberíamos darnos una ducha antes de sentarnos.
—No tienes por qué hacerlo. Lo sabes, ¿no?
Tardo unos segundos en descifrar a qué se refiere.
—Lo sé, lo sé. Deja de preocuparte.
Stacy le debía un favor a alguien y eso se ha traspasado a Nolan, que le debía un favor a su hermana.
Y en último lugar a mí, que ahora voy a tener una cita en un restaurante excesivamente caro con una chica de la que solo sé que se llama Noelle.
Creo que ha sido un castigo divino por haberle dicho a Vera que echaba de menos tener una cita.
—¿No estás ignorando un poquito el hecho de que no te interesaba lo más mínimo aceptar la propuesta de mi hermana hasta que descubriste que Noelle es bastante parecida a Vera?
Ya estamos.
—¡No se parece a Vera! ¡Ninguno de vosotros la conoce!
Él arquea una ceja.
—¿Y tú sí?
—¡Pues sí!
—¿Entonces por qué no pasas de la puta cita y…?
—¿Prefieres salir tú con Noelle?
—No, por Dios.
—Entonces no te preocupes. Me tomaré un par de copas, disfrutaré de una charla tranquila, después volveré a mi casa... Ya está. Y tú no tendrás una cita hasta que no aparezca la parisina.
Nolan me pega un puñetazo cariñoso en el brazo.
Fue de las primeras cosas que me confesó cuando empezamos a ser amigos.
¿Quién les diría, a las adolescentes que tienen su cuarto cubierto con pósteres de Nolan Harlow, que su crush es incapaz de superar a la chica que conoció hace años en un viaje a Francia?
—Deberías irte.
Mi mejor amigo y su sutil forma de echarme de su casa.
—¿Ya?
—Llevamos aquí medio día, ¿tú no tenías que escribir una película?
—Sí, solo tengo que hablar con Vera antes para terminar la escena en la que estoy trabajando.
Él asiente. Se incorpora un poco. Solo por ese gesto sé que está a punto de cambiar de tema.
—He hablado con Stacy sobre Harper… Me preocupé al no verla en el cumpleaños de su padre. Y como ella trabaja en un centro de rehabilitación, pensé que podría aconsejarme.
—¿Y qué te dijo?
—Le conté la situación y me dijo que lo ideal sería que la internaran ya; pero si lo hicieran no estaría completamente bien para cuando empecemos a grabar.
Robert os mataría a Vera y a ti, bueno, sobre todo a Vera.
Le importa una mierda tener a una persona así en el set mientras la película siga siendo viable.
—Cada vez odio más a esta maldita productora. —«Y a Robert».
—Ya, sobre eso… —Lo miro con atención—.
Después de lo que nos dijo Linda antes del cumpleaños de Banks, le pedí que si podía indagar un poco más sobre los asuntos turbios de las productoras…
Sé que todo el mundo en esta industria tiene trapos sucios, pero quería ser consciente de dónde me estoy metiendo…
Sobre todo, le pedí que averiguase si algo había pasado con Vera en algún momento.
—¿Y?
—Son solo rumores… Pero dicen que Robert se pasó muchísimo con ella cuando era becaria y que, al ascender y dirigir su primer proyecto…
No sé cómo, pero Robert vetó a todos los productores de la propia empresa de Banks para que solo pudiera trabajar con él…
Pasara lo que pasara en el set, los peces gordos hicieron la vista gorda…
—La verdad, Nolan…, creo que Vera tiene la reputación de ser tan fría en el set porque si no marca esas distancias… —Dejo en el aire el resto de la frase.
—Sí, yo también lo creo. A Linda le han dicho fuentes cercanas que Scheidegger tiene tolerancia cero con cualquier tipo de acoso y que no le importa echar a gritos a quien sea que no la cumpla.
«Esa es mi chica».
Escuchamos unos pasos y veo asomada a la puerta a Leyla.
—¿Qué estáis haciendo? —nos pregunta curiosa. Se me hace raro pensar que, cuando la conocí, me parecía una cría y ahora está muy cerca de acabar el instituto.
—Eh, no sabía que estabas aquí… —Ella se ríe mientras se acerca a abrazarme.
—Buah, Zander, apestas a sudor.
Es muy parecida a Nolan, el mismo tono de rubio y de ojos.
Solo que ella tiene algunas facciones, como los labios, que son más parecidas a las de su madre.
A Leyla la suelo ver menos que a otros de los hermanos de Nolan porque se pasa todo el día en el estudio de danza y además vive con su padre, no en esta casa.
Al menos es una responsabilidad con la que mi amigo no tiene que lidiar.
—Parece que lo quieres a él más que a mí —se queja Nolan.
—Ah, ¿solo lo parece? —bromea ella.
—Estás demasiado guapa… —me lamento, dramatizando.
—No salgas con ningún chico aún —le advierte su hermano—, es muy pronto para aguantar a un gilipollas en tu vida porque sí.
Leyla pone los ojos en blanco. Creo que empieza a hartarse de que Nolan sea tan sobreprotector.
—No te preocupes, cielo. Si quieres quedar con algún tío y no tienes sitio, yo te dejo mi piso.
—¡Zander! —protesta Nolan. Sí, ahora sí creo que es el momento de marcharme.
Sonrío cuando escucho que me descuelga.
—¿Qué tal la sesión de escritura hoy, Vera?
Aprovecho para mirarme al espejo, mientras dejo el móvil sobre mi cómoda, con el altavoz activado.
—Bien, ¿y tú? ¿La de trabajar te la sabes?
Supongo que me merezco la pulla. Ella me ha escrito antes para hablar del guion y yo le he mandado una foto de Nolan encestando.
—Vale, vale…, mañana me centro y no me muevo del escritorio hasta que avance todo lo necesario.
—No sé si creerte.
—Cambiando de tema… ¿Qué te parece más sexy, una corbata color vino o una azul marino?
—No soy tu estilista —se queja. Parece estar de mal humor—. Ninguna me parece atractiva. ¿Por qué me preguntas a mí?
—Porque Nolan está ocupado y necesito opinión femenina para esta noche.
—¿Para tu cita? —Yo suelto un asentimiento mientras empiezo a ponerme la camisa—. ¿A dónde vas?
—¿Por? ¿Vas a plantarte allí a espiarme? —bromeo. A ella no parece hacerle mucha gracia. O ninguna—. A un restaurante pijo cerca de Whitley Heights.
—Ah, ¿tú sabes distinguir el tenedor de la carne del tenedor del pescado?
—No —admito—, por suerte hemos quedado a tomar un cóctel. No a cenar.
—¿Vas a volver a empezar a salir con cada chica de la ciudad hasta que se te ocurra un guion decente?
—Ya te dije anoche que esto era un favor… Stacy, la hermana de Nolan, le debía a un amigo uno y él le dijo que le buscara una cita a su prima. Será una estupidez. No será el amor de mi vida.
—¿Siempre vas con esa mentalidad?
—No, pero dudo mucho que vaya a enamorarme esta noche. O a besarla. O a tener nada más que una buena conversación.
Ella se queda callada por más tiempo del que pensaba que lo haría y acabo teniendo que asomarme a ver la pantalla del teléfono. Por unos momentos pensé que se había cortado.
—¿Todo bien, Vera? ¿Sigues ahí?
—Sí, sí. Perdona. —La escucho carraspear—. Deberías seguir preparándote.
—Puedo hacer dos cosas a la vez, aunque no lo creas…
—Zander, no te pongas corbata —me interrumpe.
—¿No?
—No. Camisa blanca, los dos primeros botones sin abrochar.
Me cuelga sin darme la oportunidad de agradecerle nada.
Yo maldigo cuando miro el reloj porque ya se me está haciendo tarde y tendré que apresurarme para llegar a tiempo. El tráfico de Los Ángeles siempre es una locura.
Lo único que me ha dicho Stacy de Noelle es que es abogada. Después ella fue bastante directa, diciéndome el día, la hora, el restaurante y la etiqueta adecuada para el lugar. Nolan me ha deseado suerte, no sé por qué está tan preocupado.
Llego a la entrada del lugar, y es tan pijo como me esperaba.
Hay dos guardias de seguridad en la puerta, que me la abren con cuidado.
El lugar está decorado como si de repente nos trasladásemos a cualquier capital europea: suelo de mármol con varias zonas recubiertas de alfombras de color vino, una barra enorme llena de alcohol que no tiene pinta de ser barato, todas las mesas con manteles elegantes que llegan hasta el suelo y asientos de terciopelo que, intuyo, me van a hacer sudar la gota gorda esta noche.
El maître me pregunta por mi mesa, yo le digo que busco a Noelle Clover.
Me hace saber que ya ha llegado y me limito a seguirle cuando se ofrece a acompañarme.
Para las primeras citas siempre he preferido ir al cine, especialmente cuando no conoces mucho a la persona. Al menos una vez termine ya tienes un tema de conversación asegurado, te haya gustado o no. El maître se para en una de las mesas del fondo y yo le doy las gracias antes de sentarme.
Noelle es exactamente igual que en su foto de perfil: lunar sobre el labio, cabello color miel y unos ojos marrones que parecen haber estado analizándome desde que he empezado a caminar hacia ella.