CAPÍTULO 14
Zander
M e tomo como una señal que Robert se haya llevado a Vera para mezclarme con más gente en la fiesta.
Todos llevan su último modelito, la misma copa de vino en mano y hablan sobre cuál va a ser el próximo taquillazo o de esa película de los años cuarenta que no conoce el noventa por ciento de la población, pero que va a cambiarte la vida.
Definitivamente este nunca ha sido mi ambiente.
¿Podré quitarme la pajarita ya? Empiezo a tirar de ella para aflojarla.
—Zander Shay vestido con traje, ¿estaban todas las sudaderas en la lavadora?
Reconocería esa voz en cualquier parte.
—Erin, qué de tiempo.
Me dedica una sonrisa afable. Lleva su melena rizada pelirroja al aire y un vestido amarillo pastel que resalta el toque de elegancia que siempre ha tenido de forma natural.
—He visto a Nolan y he pensado que tú no podrías estar muy lejos.
Sonrío. Supongo que hay cosas que nunca cambian.
—¿Has hablado con él?
Por toda respuesta, Erin solo le da un largo sorbo a su copa.
—Tal y como terminó todo no he querido acercarme.
No puedo evitar hacer una mueca. Sí, recuerdo perfectamente cómo la relación de Nolan y Erin se fue a la mierda al salir de escena.
—Ya. Entiendo. ¿Y qué estás haciendo ahora?
La pregunta le devuelve un poco el brillo en la mirada.
—Pues voy a estrenar una obra de teatro en nada. De hecho, por eso me he acercado, sé que el teatro no es muy tu rollo, pero dados los rumores he pensado que quizás estás en una etapa de probar cosas nuevas.
—¿Qué rumores?
—Los de que estás trabajando con Vera Scheidegger. No pegáis nada… Y, en fin, ya sabrás cómo es.
Frunzo el ceño.
¿Por qué todo el puto mundo en esta ciudad se cree con el derecho a juzgarla?
—La conocí en una audición. Quedábamos tres para el papel de Thelma, de joven, en su segunda película, yo estaba muy nerviosa…
Después de El último baile salir en una película de Vera te garantizaba estar en boca de todos.
Llegué a la audición y, bueno, ella no se molestó en mirarnos cuando llegó.
Nos hizo pasar una a una, una lectura de guion…
—¿No fue bien la audición?
—Al contrario. Fue genial. Parecía muy desinteresada cuando entré, pero, cuando yo hice mi escena, se quedó mirándome fijamente y me sonrió.
Me dijo que el papel era mío. Salí de allí pletórica.
Llamé a todo el mundo, mi primer gran papel…
Esa misma noche llamaron a mi agente para decir que Vera Scheidegger se había arrepentido y le había dado el papel a otra persona…
—A Harper Banks —completo.
Erin asiente.
—Sí, y eso que ni siquiera se presentó. No puedo negarte que me resultó muy…
decepcionante. Desde entonces no la aguanto —confiesa—.
Pero bueno, la cosa es que, ya que estás haciendo cosas nuevas, quizás disfrutarías de la función.
—Le sonrío como toda respuesta y le aseguro que estaré en primera fila—.
Puedes traer a un acompañante si quieres, mientras no sea Nolan…
—Lo tendré en cuenta.
—¿Cómo va la última temporada de NALS?
—Pues respecto a eso… Quería preguntarte…
—No voy a volver. —Tan directa y concisa como siempre—.
Esa etapa de mi vida acabó. Le sigo teniendo mucho cariño a la serie y no soy estúpida, es la razón por la que la gente empezó a seguirme.
Disfruté mucho de poder compartirla contigo…
Pero creo que el teatro me va más que la pantalla.
Además, estoy rozando los treinta, no quiero seguir interpretando a universitarias.
La conversación muere poco después y ella se ausenta diciendo que va a ir a buscar a su pareja.
Miro hacia donde antes estaban Vera y Robert, pero ambos han desaparecido de allí.
Me interno un poco más en la multitud. Observo a Nolan que está hablando con varios hombres que no tengo ni idea de quiénes son.
Cojo un canapé y le doy instantáneamente la razón a Linda, son asquerosos.
—Un truco: si los mezclas con champán entran mejor.
Me giro al escuchar una voz masculina. Es un hombre de pelo gris y algunos parches blancos, barba recortada y piel oscura, a juego con sus ojos, que la edad ya ha delineado con algunas patas de gallo.
Sin embargo, lo que más llama la atención de él es el traje púrpura, la camisa azul eléctrico y la pajarita fucsia.
Vaya combinación. Es imposible que no destaque.
—Gracias, no suelo venir mucho a estos ambientes —confieso.
—¿Qué eres? —inquiere y lo miro confuso—. Productor, actor, cantante, familia de Banks…
—Director. Y guionista. ¿Conoce Not Another Love Story? —La cara del hombre cambia, pintando una gran sonrisa.
—¡Claro! Es la serie favorita de mi nieta. Qué contenta se va a poner cuando le diga que he conocido a la cabeza de la historia…
Le sonrío con afabilidad.
—El actor que hace del protagonista, Hunter, está por aquí. Por si quiere hacerse una foto con él y mandársela a su nieta.
Él asiente afirmando que lo buscará.
—¿Y no sueles venir a fiestas como estas? —me pregunta. Yo me encojo de hombros.
—No suelo trabajar con la productora de Banks. Ahora tengo un proyecto con ella, conjunto… ¿Y usted?
—Soy productor. En Europa. He viajado por algunos asuntos y he acabado en esta fiesta por amigos de amigos.
Ahora que me fijo, tiene un acento francés bastante marcado.
—¿Le está gustando Los Ángeles?
Eso desata su risa.
—Prefiero París… Tú tienes una película sobre París…
Decir que es sobre París es demasiado, me temo. Estoy a punto de contestarle y decirle que ni siquiera pude filmar en la ciudad por culpa de Nolan.
—Bueno, es una historia de romance.
—Lo sé, la he visto. Me gustó mucho cómo utilizaste París como símbolo de un refugio. Un escondite que para los protagonistas acabó provocando el romance que surgió entre ellos, ¿no?
Siempre he sido yo quien ha sacado eso a colación, nunca nadie lo había hecho antes.
¿De dónde ha salido este tío? Me dice algo más, pero mezcla el inglés y el francés, y no me entero de nada más que de su apellido, Durand. Supongo que es una despedida, porque acaba marchándose.
No quiero entrar en ninguna conversación llena de elitismo.
Comienzo a visitar el resto del jardín, mentiría si dijera que no estoy buscando a Vera.
No tardo mucho en encontrarla. Está sentada en unas escaleras, se parece mucho a la puerta principal; así que supongo que es otra entrada al palacio.
Mira al horizonte, completamente perdida en el cielo.
Estamos en una de las partes más altas de la ciudad; de hecho, sobre una colina, así que ofrece una vista impresionante del atardecer que tiñe toda la ciudad.
—¿Puedo acompañarte?
Mi voz la sobresalta, pero acaba asintiendo levemente.
—¿Has conocido a alguien interesante?
—Bueno, un hombre hortera acaba de alabar una de mis películas de tal forma que casi me ha hecho parecer profundo.
—¿Te sientes realizado? —Asiento—. La verdad, no pensé que llegarías tan lejos.
—Eres terrible —bromeo—. ¿Te gusta eso de dejar mensajes escondidos en tus películas?
—Sí, cuando alguien los pilla me siento muy realizada.
—Antes parece haberte sorprendido que Nolan sea tan fan tuyo.
—No acostumbro a escuchar cosas muy positivas de mis películas. O sea, hay gente que sé que busca complacerme, gente de mi equipo o de la productora… Pero ni Linda ni Nolan tenían por qué hacer eso.
—¿Y no has pensado nunca que esos comentarios positivos hacia lo que escribes son precisamente consecuencia de que has hecho un trabajo impecable y mereces que te lo reconozcan? ¿No te has planteado que no es compromiso, sino genuina admiración? Eres fácilmente admirable.
Ella se pierde unos segundos en mis palabras.
—Suelo preferir las reseñas negativas.
Solo me sale bufar.
—Venga ya.
—Es más útil. Cojo una reseña que solo habla mierda de mí, desecho las partes que sé que son mentira o rumores, y me quedo con lo que puedo utilizar: que el ritmo de la historia ha fallado, que cierto punto de la trama flaquea… Me vale más que la opinión de personas que sé que lo hacen por interés.
—Pero son solo opiniones. No son verdades irrefutables.
Y respecto a lo segundo, porque una persona te quiera, no significa que te mienta diciéndote que le gustan tus películas.
Es más, puede ser alguien importante para ti y que no le guste lo que haces.
Mi padre odia NALS , dice que es una serie insoportable.
Vera parpadea varias veces, asimilando la información.
—¿De verdad?
—Y tanto. Lo traje al estreno de Mi error eres tú y se quedó dormido. —Casi se me escapa la risa al recordarlo—. La cosa es que… no sé. No he visto todas tus películas. Pero tu trabajo me parece alucinante… ¿Crees que te mentí cuando hablamos de La pieza?
—No. Sé que tú no harías eso.
—¿Por qué?
—Porque la gente tiene razón, caes bien a todo el mundo sin intentarlo. No tendrías ninguna razón para mentirme… Y podrías haberme dicho que era una mierda y también te habría creído.
—¿Confías de repente en mi criterio?
—Confío en ti.
Tiene la mirada perdida en el cielo. Me encantaría estar en su cabeza ahora mismo.
Me quito la chaqueta y la dejo detrás de mí.
—He estado con Erin Dawn antes.
Ahora sí se gira a mirarme.
—Oh, ¿qué está haciendo ahora? No la he visto en ninguna película últimamente.
—Va a estrenar una obra de teatro. —«Podemos ir juntos si quieres»—. Me ha dicho que hizo una audición para una de tus películas.
La mueca que dibuja su boca habla por sí sola.
—Sí, fue increíble, la verdad. Pocas veces me he quedado tan descolocada.
—Frunzo el ceño, esperaba otra reacción—.
Recuerdo que terminó la escena y estaba superagitada, y en lo único que yo podía pensar era: «Dios mío, quiero a esta mujer en el set.
Quiero ver este terremoto todos los días».
Le di el papel y me negué a ver al resto porque no quería hacerle perder el tiempo a nadie. Era ella.
—Pero entonces…
Suspira.
—Cuando terminé el guion de La pieza y se lo presenté a Robert, me lo aceptó inmediatamente.
Y como teníamos el objetivo de empezar a grabar cuánto antes, descartamos a todos los actores y actrices que tenían la agenda ocupada.
En ese momento Harper estaba grabando una miniserie y yo no la veía al principio como Thelma, así que no le avisamos…
Pero obviamente se enteró por su padre. Justo después de la audición de Erin, Robert me llamó diciendo que o cambiaba a la protagonista por Harper o la película no seguía adelante.
Al parecer Harper le había montado un berrinche a su padre porque no le gustaba actuar en la serie, Steven le habló de mi nueva película y se le antojó el papel…
Así que consiguió que cancelaran la serie y que yo no tuviera más remedio que ficharla.
«Se le antojó».
—Eso es un poco…
—Lo sé, sé que es egoísta e injusto, y créeme que yo también me opuse; pero a Harper casi le dio algo cuando le expliqué toda la historia.
Estuvo pidiéndome perdón durante semanas y me dijo que la próxima vez que quisiera participar en una de mis películas hablaría conmigo primero.
Que no sabía que su padre y Robert me habían presionado así y que sentía muchísimo su actitud… A veces puede llegar a ser muy ingenua.
«¿Qué coño te ha hecho ese puto tío?».
—Vera, ¿qué has hablado con Robert antes?