Más que una película CAPÍTULO 10 #2
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CAPÍTULO 10 #2

—En realidad… —les interrumpo, ambos se callan al instante— estoy con el guion de una nueva película. Voy a codirigir.

—Ah, ¿otra comedia romántica? —Mi madre suena emocionada, mi padre parece querer tirarse por el balcón.

—Mmm, no, es diferente a lo que he hecho antes… Voy a codirigir con Vera Scheidegger.

Y ahí viene el silencio.

—¿La de Guerras silenciosas? —pregunta mi padre, creo que no lo había visto tan emocionado desde la Super Bowl .

—Sí, papá.

—¡Por fin! Voy a poder ver una de tus películas sin quedarme dormido en el cine.

Yo no puedo evitar reírme.

—¿Y cómo ha surgido? —pregunta mi madre.

—Pues… Vera dio una entrevista, lo sugirió y a sus productores les gustó la idea. Harper Banks y Nolan serán los protagonistas… Y no os puedo contar todavía nada del guion.

Cuando ven que no voy a decir nada más sobre esto, comienzan las preguntas habituales.

Primero van las preocupaciones de mi madre: si estoy durmiendo, si hago ejercicio y si estoy comiendo sano o sobreviviendo a base de hamburguesas.

Mi padre solo menciona el último partido de la NBA y por supuesto no podía faltar el:

—¿Estás saliendo con alguien? —Mi madre le asesta otro manotazo.

—¡No presiones al niño! Tiene mucho trabajo.

—Ya, ya, pero yo qué sé, a lo mejor está con la Scheidegger esta. —Por favor.

—No, ella está saliendo con Harper Banks. —Frunzo el ceño ante esta afirmación de mi madre.

—¿Dónde has escuchado eso? —pregunto.

—Eso dicen en mis revistas. —Se encoge de hombros.

—Pues te garantizo que es falso…

—Ah —interviene mi padre—. Entonces, ¿estás saliendo tú con ella? —Dios mío.

—No. Nadie está saliendo con nadie. Amigos todos.

—Bueno, lo importante… —Agradezco que mi madre cambie de tema—. Sé que es octubre y todavía falta, pero… ¿ya tienes los billetes para Acción de Gracias? —Le sonrío y asiento.

No suelo pasar mucho tiempo en casa, es raro volver. Supongo que me he acostumbrado a vivir solo y cuando tengo que convivir con ellos por más de dos semanas todo se me hace un poco cuesta arriba.

—Ayer me encontré con el padre de Maya. —Aunque mi madre habla, lo hace con duda. Comprensible.

—Oh, ¿y qué tal?

—Bien, bueno, algo forzado como siempre, pero… Están bien.

La sonrisa de mi madre es forzada y yo la imito como puedo.

—¿Ves? Ya lo has incomodado.

Esta vez es mi padre quien riñe a mi madre. Yo pongo los ojos en blanco.

Empiezo a despedirme de ellos y, cuando corto la videollamada, todavía siguen peleando.

Estoy recogiendo algunas cosas que he dejado desparramadas por la mesa, como los envoltorios de los caramelos que he engullido esta mañana, cuando escucho que alguien llama a la puerta del camerino.

Murmuro un «Adelante» esperando encontrar a Nolan tras la puerta; pero no tiene nada que ver.

Es Harper. Y no tiene muy buen aspecto. Está algo despeinada y sus movimientos son algo descoordinados, se apoya en el marco de la puerta para no caerse.

—¿Harper? —Me mira detenidamente. Como si tuviera la mente tan nublada que no es capaz de reconocerme.

—Oh, Zander… Estaba buscando a Nolan.

Por su forma de arrastrar las palabras y la rojez de sus mejillas doy por hecho que está muy borracha, a pesar de que sean las once de la mañana. Confirmo mi hipótesis cuando me acerco y el olor me atrapa: apesta a ron. La vi beber en casa de Nolan, pero no en estas condiciones.

—No va a tardar… ¿Quieres que llame a Vera?

Ella niega con la cabeza.

—No, no, Vera se enfada mucho conmigo cuando bebo tanto. —Me cuesta entenderla por cómo arrastra las vocales—. A Vincent tampoco lo llames.

Ni siquiera tengo su número. La siento con cuidado en una silla y busco una botella de agua que darle, el alcohol debe de haberla dejado deshidratada.

Cuando Vera y Nolan me dijeron que Harper era una chica compleja pensaba que se referían a que actúa como una diva de Hollywood por ser hija de Banks, no pensé que la iba a ver borracha, murmurando incoherencias en un camerino.

—¡Aquí estás!

Nolan atraviesa la puerta, nos miramos durante un segundo y, aunque estoy deseando que me explique qué cojones ocurre, me ignora e intenta hablar con Harper.

Le dice algo sobre llevarla a casa y no le hace mucha gracia.

Aparece entonces Linda Watts por detrás, que parece estar llamando a un coche o al chófer de Harper.

Me acerco directamente a ella.

—¿Tú también lo sabías?

Linda abre y cierra la boca varias veces sin decir ni una sola palabra.

—Deberías irte, Zander, no estás acostumbrado a lidiar con algo así.

Es cierto. Sé que es una práctica común en la industria y he trabajado con mucha gente que bebe o que se droga ocasionalmente; pero nunca les he visto hacerlo.

No suelo frecuentar esas fiestas y no me había encontrado antes en ninguna situación parecida.

Tampoco esperaba hacerlo en un lugar de trabajo, aunque sea el pan de cada día para muchos.

Debería estar conduciendo hacia mi casa. Pero a la mierda. Necesito esa explicación. ¿Por qué nadie me lo había contado?

La casa de Vera desde fuera parece una caja de cartón grande y justo encima una caja más pequeña. Tiene uno de esos estilos modernos, con fachadas revestidas de piedra falsas y tonos nude. Sacada de una revista minimalista y en la cual parece que no vive absolutamente nadie.

Aporreo la puerta sin piedad hasta que me abre. Al ver que soy yo, su rostro pasa de estar irritado a confuso.

—¿Zander? ¿Pasa algo? —Se hace a un lado y ambos nos quedamos en el pequeño recibidor.

—¿Harper está bien? Porque ha aparecido completamente borracha en el set de NALS.

Le sorprende mi franqueza, pero no la información.

—¿Está sola?

—No, la he dejado con Nolan… ¿Por qué no me lo habías dicho? ¿Es recurrente? ¿Está pasando por una mala racha o algo así?

Me mira como si fuera ingenuo. Por alguna razón el hecho de que ella no me lo haya contado me duele exactamente igual o incluso más que el hecho de que Nolan tampoco lo haya mencionado. Y sé que no debería ser así porque uno es mi mejor amigo y la otra se supone que solo una compañera de trabajo…

—Es algo muy privado y personal…

—Lo sé, lo entiendo, pero… ¿Pensabas decírmelo en algún momento? Es algo importante, no podemos tener a una borracha en el set.

—Harper es alcohólica funcional —me explica—. Bebe muchísimo y es más que capaz de camuflarlo. No le afecta al resto de su vida… Honestamente, pensé que lo sabrías, hay muchos rumores al respecto. Gente que dice haberla visto borracha en algún bar, o que se la ha encontrado borracha…

Suelto un suspiro y me paso la mano por el rostro.

—No, no tenía ni idea. No estoy pendiente de qué dice la prensa… Desde lo que te conté sobre cómo me acosaron por internet apenas utilizo redes sociales… No sé muy bien qué hay que hacer en estos casos.

—¿A qué te refieres?

—¿Qué haces tú? ¿Qué tengo que hacer si vuelvo a encontrármela así?

—Llámame a mí.

—No tienes por qué cargar con esto sola, Vera —Le pongo una mano sobre el hombro—. Puedo ayudarte.

Ella niega con la cabeza.

—No tienes qué meterte en esto…

—¿Ha intentado dejarlo?

Algo me dice que la respuesta que me va a dar no me va a convencer.

—No la juzgues; sí lo ha intentado, pero es muy complicado. Tiene unos padres ausentes que intentan reemplazar el cariño con dinero y ha recurrido a lo que ha tenido a mano para…

—¿Ha tonteado con algunas drogas también? —Vera niega con la cabeza.

—No ha llegado a ese punto, creo. —Se cruza de brazos—. Ha estado varias veces en tratamiento. Incluso cuando no era algo muy grave, le daba miedo que escalara… Sin embargo, nunca ha terminado ningún tratamiento. Su padre siempre la saca antes de la clínica.

Frunzo el ceño.

—¿Por qué? Debería querer que su hija esté bien… Además, Steven Banks no parece el tipo de persona que pierde dinero en pagar un tratamiento para que después su hija no lo cumpla.

El silencio que se establece entre nosotros es mucho más tenso de lo habitual.

—Es que no lo paga Banks. Él no cree posible que Harper se desintoxique. Lo ve una pérdida de tiempo.

—¿Lo paga Harper entonces?

—No, su padre vigila todas sus cuentas… Las he pagado yo. Cada vez que la han internado, lo he pagado yo.

—Joder, ¿y ha buscado apoyo psicológico?

—Sí, pero… No es nada fácil dejarlo en un sitio como este.

Asiento.

—Lo entiendo, es solo que, cuando me hablaste de ella en el parque porque te habías pillado, pensé que había algo más, que había algo que no me estabas contando… Pero no pensaba que fuera esto.

—No estoy enamorada de Harper. No se trata de eso.

Pero tampoco me va a decir de qué se trata exactamente.

—Solo… Vera, confío en ti. Si tú crees que podría comprometer el rodaje, necesito saberlo. Y necesito que me digas qué hacer. Me da igual que no quieras involucrar a nadie más en esto. También es mi película y son mis actores, y quiero cuidar de ellos tanto como tú. Déjame hacerlo.

Mis palabras la dejan en silencio durante unos instantes.

—Bueno, depende de lo borracha que esté, intento darle agua si veo que está muy deshidratada, ayudarla a vomitar si llega a ese punto, aunque solo sea sujetándole el pelo…

Siempre llamo a Vincent porque es la persona más cercana a ella y maneja la mejor situación.

Si crees que va a perder la conciencia, llamas a la policía.

Si se pone violenta, es mejor que te alejes.

Si te bloqueas, me llamas… De todas formas, hablaré con ella.

Nunca se había presentado en ese estado en ningún set.

Asiento despacio, intentando hacerme una lista mental de todo lo que ha dicho. Debería apuntarlo.

—Parece que tienes mucha experiencia en esto.

Me sonríe con tristeza.

—Un poco solo.

«Me encantaría entender esa parte de ti, Vera».

—Zander —me llama la atención—, gracias por venir.

—No tienes que agradecerme nada. Solo quiero hacer las cosas bien.

—Por eso, podías haberte enfadado conmigo por no habértelo contado.

—No digas tonterías, entiendo que querías protegerla… Simplemente no tienes que cargar con la responsabilidad de esto sola, ¿vale? No es un peso que tengas que asumir porque sí.

A pesar de que asiente levemente con la cabeza, siento la necesidad de atraerla a mí para darle un abrazo. Nunca me ha parecido que disfrute mucho del contacto físico, pero tampoco parece tener ningún problema con acurrucarse en mi pecho mientras la rodeo con los brazos.

—Gracias, en serio —murmura contra mi piel—. Por intentar entenderla. A ella y a mí.

«No se me ocurre nada que no merezca la pena intentar contigo, Vera».

Me separo con cuidado, casi reticente por tener que hacerlo.

—Debería irme. —Ella solo asiente.

Mientras me marcho, siento sus ojos clavados en mi nuca.