Más que una película CAPÍTULO 8
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CAPÍTULO 8

Zander

- ¿ Z ander, me estás escuchando? —Parpadeo varias veces. Vera está sacudiendo su mano a escasos centímetros de mi cara.

—Oye, lo de agredir a tu codirector no entraba en ninguna cláusula… —Ella gruñe. Creo que tengo un don para sacarla de quicio—. Perdona, ¿qué decías?

Vera ha venido demasiado pronto a mi casa.

Ya ha terminado de leer Cumbres borrascosas , y aunque yo aún voy por la mitad del libro, hemos empezado a hacer el dosier de personajes.

Mientras yo lo retoco, Vera ha estado diseccionando la historia en varias ideas que nos gustaría mantener, y poco a poco estamos retocando el argumento.

El libro ha sido nuestro punto de partida, pero ni de lejos va a ser una adaptación.

Murmuro que voy a por un café. Acabo preparando para los dos y en silencio decidimos que es la hora de un pequeño descanso. Vera empieza a jugar con sus dedos en vez de mirarme a la cara. Lo suele hacer cuando va a sacar un tema de conversación del que le resulta difícil hablar.

—¿Te ha pasado esto antes? O sea, lo de quedarte en blanco.

Sé que lleva dándole vueltas desde la conversación de anoche. Quizás incluso desde antes. Ni siquiera soy capaz de fingir que me tomo tiempo para pensarlo: la verdad está tan pegada a mis narices que no puedo ignorarla.

—No. Nunca me ha pasado antes… —No hace falta que me diga que a ella tampoco, lo veo claramente en su rostro—. ¿Sabes? Podríamos ver una película, quizás eso nos ayude. He visto que en un cine cerca de aquí echan La pieza y…

Está negando con tanto ímpetu que enmudezco.

—Olvídate, soy incapaz de ver una película mía en el cine. —Por unos segundos pienso que se está quedando conmigo. Sin embargo, está tan seria que me es imposible interpretarlo como una broma.

—¿En serio?

—Sí —me confiesa—. Durante mis premières me encierro en el baño.

No soporto la idea de una sala llena de gente juzgando lo que hago.

No me importa leer reseñas negativas, de hecho me recreo en ellas…

Harper suele decirme que parece que me gusta que me destrocen…

Pero tener una sala llena de gente que está estableciendo un juicio sobre algo que he sentido tan mío durante meses y que ahora está en manos del resto…

No saber qué pasa por las cabezas de esas personas en esos momentos… Me mata. No puedo soportarlo.

La observo con curiosidad. Jamás se me hubiera ocurrido que se sentía así.

—Vera, sabes que tu trabajo vale más que lo que diga una sala llena de gente, ¿no?

—Zander, sabes que solo podré seguir dirigiendo y guionizando mientras esas salas sigan llenándose, ¿verdad?

No le falta razón. Es muy difícil crear.

No puedes dar por sentado que vas a estar en la cima siempre, es más, en cualquier carrera creativa ni siquiera puedes dar por sentado que vayas a seguir siendo relevante por un largo periodo de tiempo.

Solo podemos centrarnos en lo que hacemos y esperar que sea suficiente.

Seguimos trabajando en el dosier que tenemos que entregarle a Robert.

Todo está fluyendo mejor, al menos hasta que llegamos al tema de la ambientación.

No queremos hacer algo de época, queremos acercarlo más a la actualidad, algo parecido a Clueless , que nadie pensaría que viene de una obra de Jane Austen.

Sin embargo, no nos ponemos de acuerdo, o más bien le encontramos trabas sin solución a cada idea que se nos ocurre.

Vera ha borrado y escrito lo mismo tres veces.

Yo por mi parte he intentado seguir leyendo a ver si tengo alguna revelación, pero nada.

Volvemos a estar en un punto muerto.

—Zander —me llama y me giro a mirarla a los ojos—, ¿vamos a por tacos?

Yo suspiro y asiento. Total, seguir mirando por la ventana tampoco nos va a llevar a ninguna parte. Solo vamos a seguir volviéndonos locos. Más locos.

—Yo conduzco. —Me ofrezco.

El día creativamente está siendo una mierda.

Pero los tacos están riquísimos. Hemos venido a un restaurante mexicano que no está muy alejado de mi casa.

Desde fuera parece que el local es pequeño, pero tiene espacio hasta para un escenario donde suelen tocar música en directo.

Las paredes están llenas de fotos, sombreros mexicanos, máscaras de lucha libre y decoraciones de colores.

Del techo caen unos flecos azul oscuro y fucsia que aportan incluso más vida al lugar.

—¿De qué temporada de NALS estás más orgulloso?

Miro al techo del restaurante pensándolo.

—La sexta, sin duda… ¿Y tú de qué película estás más orgullosa?

Ella no necesita reflexionarlo.

— La pieza . Aunque mi favorita es El último baile.

—¿Por qué? —Se encoge de hombros.

—Bueno, El último baile fue la primera película.

Después de trabajar como becaria y script doctor durante la universidad, no sé, me planteé muchas veces si de verdad ese momento iba a llegar o era solo un espejismo.

Aprendí muchísimo en el set… Y sobre todo cuando terminamos la película, pensé: «No me he equivocado, esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida».

—Te entiendo. Yo adoro a mis padres, pero nunca me han apoyado mucho con esto. Siempre han pensado que lo mejor para mí era un trabajo de nueve a cinco, con unos ingresos fijos, no que desaparezca durante meses porque lo único que hago es escribir o estar encerrado en el set.

—Yo hace años que no veo a mis padres, así que no sabría decirte qué piensan al respecto.

Creo que jamás había mencionado a su familia antes.

—¿Desde cuándo no los ves?

Ella termina de masticar antes de hablar.

—Pues a mi madre desde los dieciocho. Y mi padre se fue de casa unos años antes de eso…

Aunque a él sí he vuelto a verlo, se presentó en el estreno de La pieza .

La seguridad de Banks lo echó. Pero no hablamos.

—Habla del tema con una naturalidad que me hace sentirme mal por ella, pero en cuanto lo ve en mi rostro, me regaña—.

No necesito tu compasión, ¿vale? No es que no tenga a nadie.

—¿A quién tienes? —Me atrevo a preguntar.

—A Elizabeth y a Molly. Mis mejores amigas. Son dos grandes fanáticas tuyas y de Nolan. —Yo sonrío al escuchar eso, no tarda en intentar borrarme dicha sonrisa—. No entiendo por qué, pero bueno.

Yo asiento. Guardándome todas las preguntas que me encantaría hacerle porque no quiero abrumarla. Ella sigue comiendo y, aunque por unos minutos pienso que va a cambiar de tema, continúa:

—Elizabeth trabaja para una aerolínea y Molly abrió una cafetería en nuestro pueblo. Siento que las tres hemos cambiado un montón, porque nos conocimos de enanas… Pero me alegro de poder mantener su amistad.

Parece que ahora es cuando se da cuenta de que se está abriendo más de lo que probablemente ha hecho en años.Aunque no se muestra abiertamente molesta o incómoda al respecto.

—¿Puedo hacerte otra pregunta? —Ella asiente—. ¿Con quién pasas Acción de Gracias? ¿O Navidad?

—Sola. Robert siempre me invita en Acción de Gracias y Harper en Navidad. Pero raramente voy… Esos ambientes familiares no son lo mío —admite.

—¿Cuántas cosas has dicho que no son lo tuyo sin ni siquiera intentarlo, Vera? —Mi pregunta la descoloca lo suficiente como para encogerse de hombros, sin tener muy clara una respuesta.

—Supongo que más de las que podría admitir en voz alta. —No puedo evitar sorprenderme por su franqueza.

Empiezan a sonar unos acordes de guitarra en la otra parte del restaurante.

Hay una chica subida a un pequeño escenario, sentada sobre un taburete.

Rasguea las cuerdas hasta que parece encontrar el sonido que necesitaba.

Tiene una voz un poco rasposa y, aunque no conozco la canción, casi podría decir que me he enamorado de ella cuando la cierra con los mismos acordes con los que la empezó.

Vera ha estado tan ensimismada como yo con la música.

—Esto también me ha inspirado siempre mucho.

—¿La música? —le pregunto.

—Sí. Y ahora no siento nada. No sé cómo narices salir de este bloqueo… Me da miedo que este sea el final. Se suponía que tenía otras ideas para otras películas, pero tampoco soy capaz de ponerme con ellas.

»Siempre he sido una persona muy creativa y he sentido la necesidad de crear para seguir adelante porque no me imaginaba mi vida de otra forma…

Pero ahora, no sé, hay tantas películas y series, tanta competencia, tantas productoras…

Y si no sigues ese ritmo te olvidan. No les importas. Es tan frenético que no sé… No sé…

—Vera, vamos a encontrar la forma. Encontraremos la forma de empezar a escribir algo que nos apasione y saldremos del bloqueo.

—¿Cómo estás tan seguro? Porque yo nunca había sentido nunca nada parecido. Joder, ¡ya nos hemos recorrido la mitad de Los Ángeles buscando algo y no hemos encontrado nada!

—¡Pues nos recorreremos la otra mitad!

—¡Venga ya! Hemos hecho de todo, ¡me has hecho incluso tener citas, Zander!

—Sí, ya lo sé, metí un poco la pata…

—¿Qué nos falta? ¿Visitar a una vidente? ¿A una tarotista?

Me quedo en silencio al escuchar eso. Sé que lo ha dicho en broma, pero supongo que estoy lo suficientemente desesperado como para que no me parezca una mala idea.

Cuando ella se percata de lo que estoy pensando, empieza a negar con la cabeza.

—No. No, no, no, no… Lo de las citas tenía un pase, pero lo de la tarotista está a otro nivel, no vamos a recurrir a algo así. Me niego. ¿Te queda claro? Me niego.

Y media hora después estamos en frente de la puerta de la tarotista que más cerca estaba de nosotros según Google Maps. Tiene buenas reseñas, aunque no sé muy bien qué esperar. Jamás he visto a una adivina en la vida real, solo tengo la imagen caricaturesca que he visto en alguna serie o película.