Más que una película CAPÍTULO 7 #3
30%

CAPÍTULO 7 #3

¿Cree que es el único que puede jugar a este juego? Imito su postura.

—No, cuando realmente me las quiero llevar a la cama, soy más agresiva. —Lo reto con la mirada, como ya he hecho mil veces antes.

—Ah, entonces ponte todo lo agresiva que quieras. —Se lo toma tan a coña que no puedo evitar hacerle un corte de manga. Él suelta una carcajada—. ¿Cómo han ido los encuentros? ¿Te los estás tomando como si fueran audiciones?

—Odio esto.

—No te he visto muy incómoda… —Levanto las cejas, exagerando mi expresión.

—¿Estabas mirándome?

—Sí, Vera. Estaba mirándote mientras hablaba con otras mujeres… Confieso que ninguna me ha interesado lo suficiente…

—¿Hasta ahora? —le pregunto con fingida inocencia.

—Qué ego, ¿no?

Decido cambiar de tema. Es imposible tener una conversación seria con él si no es de trabajo. O al menos yo soy incapaz de tenerla.

—¿Por qué no me has dicho que íbamos a hacer esto?

—Porque te hubieras negado y ni lo hubieras intentado. Puedes mentirme todo lo que quieras y decirme que lo estás pasando terriblemente mal, pero ambos sabemos que no es verdad.

—¿Quién es el del ego ahora? —Él decide responder a mi pregunta con una pronunciada sonrisa—. En serio, ¿de verdad te sirve lo de las citas?

Shay se revuelve en su asiento, como si de repente temiese que su respuesta vaya a parecerme ridícula.

—Nolan siempre se burla de mí, pero suele funcionarme…

Voy a citas siempre dejando claro que no busco una relación y, sobre todo, disfruto de conocer a personas nuevas.

La forma en la que fluya la conversación me permite cavilar, ¿sabes?

Imaginarme qué hubiese pasado si hubiera accedido a una segunda o tercera cita…

He tenido citas de mierda, pero me permiten moldear historias a partir de situaciones que podrían haber sido reales.

Supongo que eso es lo que hace que mis historias resulten creíbles.

—¿Y si tuvieras pareja? —pregunto—. ¿Seguirías yendo a citas para inspirarte?

No voy a mentir. He intentado buscar información sobre eso, sobre si hay alguna mujer en la vida de Shay que no ha mencionado, o alguna exnovia que no haya superado. Pero no he encontrado nada. Y dudo mucho que nunca haya salido con alguien. Él me mira directamente a los ojos antes de contestar:

—No me harían falta. Estar enamorado de alguien de verdad… Los escenarios fluyen solos. Una cita no me inspiraría ni la mitad de lo que lo haría el pensar que podría pasar toda la vida con esa persona.

Quiero seguir preguntando, pero nos avisan de que se ha acabado el tiempo.

Intento ver qué escribe sobre la ficha antes de que se marche.

Por pura y genuina curiosidad. No se me ha pasado por alto que él también está bebiendo un Aperol.

Supongo que, después de tener tantas diferencias, me es más fácil contar los puntos que tenemos en común.

Me aúpo para ver si veo lo que escribe. Solo consigo quedar en ridículo, pues él levanta la mirada y me pilla de lleno.

—Eres una tramposa —me acusa.

—Solo quiero asegurarme de que no buscas más excusas para pasar tiempo conmigo, eso sería comportamiento un poco de acosador.

—Ah, sí, ¿en qué documental lo has visto? —Vuelvo a hacerle otro corte de manga mientras se marcha a la mesa contigua.

Hasta ahora no me había fijado en la chica que hay en esa mesa. Es una mujer que debe de tener nuestra edad, tiene el pelo rizado, de un color caoba. No solo es guapa, sino que tiene una cara adorable, como si fuera la personificación del bien. Al menos físicamente, pegan.

¿Y a mí qué me importa eso?

—Hola —¿Otro chico? Dios mío, qué de testosterona.

Este parece estar rozando la treintena, lleva unas gafas metálicas que incluso hacen resaltar más sus ojos azules.

Tiene uno de estos cortes que se han puesto de moda últimamente, un mullet, creo que se llama.

La verdad es que le queda bastante bien.

Lo suficiente despeinado como para aparentar tener un aura de tío tranquilo, pero no tanto como para que parezca que es descuidado.

Solo tengo un problema, y es que parece uno de esos tíos que son amigos de Robert. Esos que se creen demasiado inteligentes por llegar a los treinta a las conclusiones filosóficas a las que yo llegué a los doce. De nuevo escucho la voz de Zander en mi cabeza diciéndome que no sea tan prejuiciosa.

—Hola —le saludo, aunque con un poco de retraso.

—Soy Leo. Como el horóscopo, sí. —Se acomoda en el asiento.

—¿Haces mucho esa broma?

—Bueno, intento hacerla yo antes de que alguien me la haga a mí —confiesa—. Tú eres Vera, como la directora.

Casi me atraganto con la bebida al escuchar eso.

—¿Vera Scheidegger? No he tenido el placer de conocerla —miento piadosamente—. ¿Tú trabajas en el mundo del cine? —Él niega con la cabeza.

—Soy fotógrafo. —Espero que añada algo más, pero solo dice—. ¿Tú?

—Yo sí trabajo en el mundo del cine… Soy guionista. —Él asiente, aunque no parece tener ni el más mínimo interés.

—¿Te puedo hacer una pregunta personal? —Yo dudo, pero acabo asintiendo. Siempre puedo mentirle.

—¿Cómo eres en la cama? —¿Perdón?—. Es que he visto que al principio se ha sentado una chica contigo, así que he asumido que eres una de esas que dice que es bisexual; pero vaya, que eso es básicamente lo mismo que ser promiscua, porque lo único que quieres es tener más oportunidades para follar, ¿no?

Suelto una carcajada.

—Soy bisexual, sí. Y disfruto del sexo, sí. Pero no creo que encajemos bien en la cama, suelo pedirles que hagan una prueba de inteligencia y creo que no acertarías ni la primera pregunta.

—¿Me estás llamando imbécil?

—¿Ves cómo no acertarías ni la primera pregunta?

—Eres una hija de puta… Intentas toda esta movida para comerte un rosco, pero ningún tío voluntariamente te llevaría a la cama. Dios, ni siquiera eres guapa y seguro que tus películas son una mierda insufrible que nadie quiere…

—Tío, déjala en paz.

Tanto Leo como yo nos giramos a la mesa de al lado. Es Zander el que ha hablado, y por la cara de sorpresa de la tía que le acompaña, creo que la ha interrumpido para decir eso y no se lo esperaba. Mi cita se levanta de la mesa para encararle.

—¿Quién cojones eres tú para interrumpirme?

—Un tío con un ego menos frágil que el tuyo.

Bueno, se ve que el tío no solo tenía masculinidad frágil, sino que también es algo violento. Esquivé una bala. Y Zander acaba de hacerlo también. Porque Leo intenta tirarse sobre él, aunque acaba cayendo sobre la mesa.

Shay pega un brinco y saca a su cita del embrollo mientras los organizadores se acercan. Se asegura de que la chica está bien antes de lanzarme una mirada.

Tampoco tenía que pedírmelo. Apuro mi bebida de un trago y salgo pitando de allí, con Shay pisándome los talones.

No sé por qué, en vez de ir hacia dónde había dejado el coche, sigo caminando por el paseo marítimo. Ha sido un movimiento casi automático.

—¿Todas las citas rápidas terminan así? —le pregunto cuando nos hemos alejado lo suficiente.

El sol está empezando a bajar y la luna ya es visible en el cielo.

Dejo que la brisa me calme un poco. Él, en vez de contestarme, no aparta los ojos de mí, como si fuera a romperme en cualquier momento.

Y no voy a hacerlo. Es más, ahora que hemos salido de allí, mi cabreo parece estar despertándose de nuevo.

—Estoy bien, Zander. Tampoco necesitaba que intercedieras, lo tenía controlado.

—No lo sé, Vera. Parecía una persona violenta y no es buena idea cabrear a alguien así… —Su tono conciliador me pone nerviosa.

—¿Ahora es mi culpa por cabrearlo?

—No he dicho eso, solo prefería intervenir para direccionar su ira hacia…

—¿Hacia ti? —pregunto—. Repito, no necesito a nadie que me salve. Solo somos compañeros de trabajo. Gracias por involucrarte, pero no hace falta. Si quieres puedes volver y tener tu última cita. Puedo esperar para llevarte a casa.

Él niega con la cabeza.

—Prefiero quedarme aquí. Contigo.

Sin decir nada nos sentamos en un banco. Se me forma un nudo en el estómago cuando me doy cuenta de que lo de hoy tampoco ha servido de nada.

—Robert me ha escrito —me giro para mirarlo—, me ha dicho que la idea de Cumbres borrascosas le parece brillante, pero que, en vez de una adaptación, reinventemos la historia. Que solo nos quedemos con la premisa.

Solo asiento. Nos pondremos con eso mañana, esta noche no quiero ni pensarlo. Supongo que estoy completamente saturada.

—¿De qué va El último baile? El personaje que me salió esta mañana en el test es de esa película, ¿no?

No me creo que no sepa nada de la trama, pero aun así le contesto.

—Es un concepto un poco retorcido… Se me ocurrió durante el instituto.

Un grupo de tres compañeros de piso que desarrollan una teoría: en la vida hay siete momentos claves y los denominan bailes.

Hacen un pacto, como una competición, para ver quién consigue completar esos siete bailes antes.

Así que, aunque sus vidas van cambiando, quedan el mismo día todos los años para confesar sus avances.

—¿Te cargas a alguien más aparte del profesor en la película? ¿Quizás al personaje que ama todo el mundo? —inquiere.

—¡No sabía que lo iban a adorar hasta que salió la película! —protesto como respuesta.

—Oh, venga ya. Esas cosas se saben.

Sé que lo está diciendo de broma, pero no puedo evitar ponerme a la defensiva.

—No, Zander. Tú las sabes.

Frunce el ceño.

Obviamente no me entiende.

—¿A qué te refieres?

—Tú eres el director que encanta al público porque siempre le das lo que quiere.

Sabes qué es lo que necesita ver. Yo solo escribo, cierro los ojos y deseo con todas mis fuerzas que me sigan dejando hacer lo que me gusta…

Lo que has dicho antes en el coche es cierto, escribirás mil veces lo mismo, pero seguirás encantando a la gente porque tienes algo…

—Algo que yo no tengo—. Eres el mejor en las entrevistas porque sabes jugar con las preguntas y las retuerces hasta hacerlas completamente tuyas.

Yo no sé hacer eso. Me piden una y otra vez que lo haga, que sea como tú, y yo…

no sé cómo hacerlo. Intento hacerlo, pero yo no tengo tu chispa.

No importa cuántas bromas y chistes absurdos memorice o cuántas entrevistas suyas me haya tragado copiando sus frases para aparentar naturalidad. Dios, he llegado a fingir que mi salón era un plató de televisión y me he entrevistado a mí misma durante horas.

—¿Por eso estabas tan rara en la entrevista con Joe? ¿Estabas intentando ser yo? —Su mirada es tan sincera que decido honrarla con la misma honestidad.

—Sí, y mira a dónde me ha llevado. Es patético. Si hubiera sido yo, si hubiera sido yo de verdad, no estaríamos aquí teniendo que adaptar un libro porque no se nos ocurre una idea original lo suficientemente buena…

—Vera…

—¿¡Qué!? —Se sobresalta cuando ve que le grito. Joder. No era mi intención. Antes de que pueda pedirle perdón, me coge las manos y sigue hablando él.

—Que a mí me encantaban tus entrevistas de antes. Eras intransigente, no dejabas que nadie pusiera en duda tu trabajo, no te reías de bromas sin gracia para agradar a nadie…

—¿Por qué ibas a ver entrevistas mías si no has visto ninguna de mis películas?

—Porque tú para mí sí tienes esa chispa.

—Se adelanta a contestar—. A mi padre le encantan tus películas.

Nolan puede hablar durante horas sobre cómo escribes tus personajes.

Y yo, no sé, si estaba viendo la televisión y tú estabas en alguna cadena, prefería verte a ti antes que cualquier otra cosa. Creo que has conseguido algo insólito.

—¿El qué?

—Que te admire sin haber visto nada de tu trabajo.

«Quizás el problema está en que yo no me admiro a mí».

El silencio que nos rodea se vuelve algo denso e incómodo. Me abrazo a mí misma, tengo la piel de gallina. Supongo que porque la brisa se ha acentuado un poco más.

—Creo que voy a pasarme todo el día leyendo Cumbres borrascosas, pero…

—¿Pero? —inquiere.

—Pero creo que deberíamos seguir intentándolo. Buscar una idea original. Incluso si no la utilizamos para la película, creo que necesitamos recordarnos que somos buenos en esto, ¿no?

Me siento algo ridícula proponiéndolo. La realidad es que ya no siento que seamos buenos en esto. En absoluto.

Él solo asiente.