CAPÍTULO 7
Vera
N os quedan seis días. Joder. Debería dejar de vivir mi vida como si fuera un contador que se va a agotar en algún momento.
Tras la conversación que tuve con Zander en la cocina de Nolan, nos centramos en la chica con amnesia y su historia.
Sin embargo, nos hemos encontrado con un problema crucial: nos haría falta muchísima documentación para que la historia fuera mínimamente realista.
Y no tenemos suficiente tiempo para ponernos con ella.
Después de hacer un breve esquema de cómo sería la historia y ver en primer plano cómo no era capaz de unir ni uno de los cabos que yo misma había creado, me bloqueé mirando la pantalla de mi ordenador.
No tenemos tiempo para esto, así que la trama hay que tirarla a la basura.
De los personajes que habíamos empezado a desarrollar quizás podamos salvar algo.
Así que aquí estoy, en el piso de Zander.
Desde la ventana se ve una calle de dos carriles con una acera diminuta y diferentes edificios separados unos de otros por pequeños jardines.
Coches conduciendo como locos y algún vecino corriendo mientras otros pasean a sus perros.
Robert me ha mandado un mensaje para preguntarme que cómo vamos, que si necesita ir comprando los derechos de adaptación de algún libro.
Estamos tan desesperados que Zander le ha escrito un correo pidiendo que nos mande una lista de los derechos que han adquirido en los últimos años y aún no tienen adaptación.
Veamos, si nos basamos en los perfiles que habíamos escrito, tenemos a una chica inocente con sed de venganza y a un chico torturado desesperado por empezar de cero. ¿Qué me sugiere eso? Zander se pasea por la habitación mientras yo sigo desesperándome.
—¿Y si escribimos sobre dos directores que se ven obligados a trabajar juntos?
—¿Sobre nosotros? —pregunto—. Olvídalo, la prensa rosa nos atrincheraría. Se inventarían un nombre de ship absurdo para nosotras.
—Algo como… ¿Vender? ¿Verader? ¿Zanra?
—Se te da fatal poner nombres. —Él bufa—. Anda, céntrate.
Suspiro y me asomo por la ventana. Lo único que veo es a una chica subiéndose en un coche a toda prisa, a lágrima viva, mientras el que parece su novio le suplica a gritos que no se marche.
—Podemos escribir una película sobre una chica que saca tanto la cabeza por la ventana que acaba cayéndose al vacío.
Vuelvo a meterme dentro del piso con cara de pocos amigos.
—Eres insufrible.
—No te preocupes, el récord sigue siendo tuyo —me contesta con una gran sonrisa.
—¿Alguna idea que de verdad nos vaya a servir para escribir algo, o vas a seguir diciendo estupideces?
—¡Podríamos escribir un musical! —dice con fingida emoción.
—Me gustaría terminar esta película antes de jubilarme, gracias.
Me dejo caer sobre la silla mientras él revisa sus correos electrónicos.
Al parecer Robert le ha contestado y juntos empezamos a barajar las opciones.
Las revisamos una a una, apuntando brevemente las sinopsis, los personajes principales, la longitud de la novela.
Es la primera vez que estamos tan callados juntos, se me hace extraño.
Cuando terminamos, empezamos a valorar las posibilidades. Mi cara lo dice todo.
—Esto no te hace ninguna gracia, ¿verdad?
Su voz me sobresalta, parece que llevaba un rato mirándome. Suelto un largo suspiro y niego con la cabeza. Acepta mi resignación, volviendo a trabajar. No termina de encajarnos ninguna idea y…
—¿Y un clásico? No sé muy bien cómo funciona la compra de derechos, pero supongo que serán más sencillos de obtener.
Frunzo el ceño. ¿Acaba de tener una idea decente? No sabía que era capaz de eso.
—¿En qué clásico estás pensando?
— Cumbres borrascosas . Todos los personajes están mal de la cabeza, pero hay un gran componente romántico en el libro, aunque sea muy tóxico. Es lo mejor de los dos, ¿no?
Lo sopeso durante unos instantes. Leí ese libro cuando estaba saliendo con Lexy, en el instituto. Me parece que ha pasado una eternidad. A primera vista, me parece factible: personajes que conocemos, una historia ya marcada y la oportunidad de darle nuestra visión artística. Quizás eso funcione.
«Pero nunca te ha servido algo que solo funcione. Siempre has aspirado a más. A algo propio».
Da igual. Es mi última película con el estudio Banks. Esto servirá.
—De acuerdo.
—Le escribiré a Robert. Te confirmo lo que me diga… —Titubea unos instantes antes de continuar—. He pensado que, mientras esperamos a que conteste, podríamos seguir intentando lo de inspirarnos de alguna forma…
Asiento, ni siquiera sopeso que eso pueda quitarnos tiempo de enfocarnos en la adaptación del libro. Solo quiero escabullirme, estar sola y dejar de sentir que he dejado de ser buena en lo único que se me ha dado bien siempre.
A la mañana siguiente recibo instrucciones muy concretas de Zander: que lo recoja de una reunión que tiene con una productora y que me arregle un poco más de lo habitual.
Dice que tiene la clave para inspirarnos.
Sinceramente, lo dudo. Yo he aprovechado y he empezado a releer Cumbres borrascosas , que creo que a este paso me hará falta…
Aunque no tengo muy claro cómo encajar a Harper y a Nolan en el proyecto.
Supongo que Harper podría ser Catherine, pero ¿qué hacemos con Nolan?
No puede un hombre hegemónico blanco interpretar a Heathcliff, quizás pueda interpretar a Edgar. Esto me va a volver loca.
Aún me queda algo de tiempo hasta que tenga que ir a recoger a Zander, así que me pongo otro episodio de NALS .
Porque sí, he empezado a verla, aunque solo lo sepan Elizabeth y Molly.
Y más que nada se debe a que me dedico a comentar cada cosa que veo por nuestro grupo en común.
Ellas siguen haciendo bromas sobre si ya me he tirado a Zander.
Y, más bien, me he convertido en su chófer.
Cuando se acerca la hora, pongo el GPS y me dirijo donde me ha indicado.
Decido buscar un sitio a la sombra y esperar apoyada sobre el capó, luciendo mis enormes gafas de sol negras.
Me siento como una viuda que acaba de matar a su marido.
Antes le he mandado una foto a Harper con ellas y me ha dicho que parecía una mafiosa; además de ponerme emojis con caritas llorando de felicidad porque he salido de mi casa sin traje.
—No te preocupes, no tardará en salir.
Me giro hacia la derecha. Nolan Harlow me dedica una tímida sonrisa.
Sospecho que él también habrá tenido otra reunión y por eso está aquí. Tampoco le pregunto. Al contrario de su amigo, Nolan siempre suele ir mejor vestido. Lleva un conjunto blanco de lino. Probablemente sea de alguna de las marcas que suele promocionar.
—Parece que de momento no me voy a poder librar de él —confieso.
Ya lo pensé el otro día, pero Nolan es muy tranquilo. No solo lo demuestra su tono de voz, sino también sus movimientos.
—No creo que te sirva, pero yo pensé que no lo vería más después de terminar la tercera temporada y ahora llevamos años siendo los mejores amigos.
Parpadeo rápidamente, es como si me acabaran de echar un balde de agua fría encima.
—¿Eres consciente de que es como si me acabaras de dar mi sentencia de muerte?
—Bueno, sé que Zander puede ser un poco… —Se rasca la nuca. Él está intentando buscar las palabras adecuadas, pero yo ya las tengo.
—¿Irritante? ¿Infantil? ¿Cursi? ¿Lo contrario a mí en todos los sentidos? —Cruzo los brazos para no empezar a gesticular demasiado.
—Es una persona fácil, pero difícil de encontrar. —Frunzo el ceño.
—¿A qué te refieres?
—Zander es la persona que llamas cuando todo se ha ido a la mierda y la misma a la que llamas para compartir el mayor logro de tu vida. Hace que cualquier conversación que necesites tener, por compleja que sea de llevar, resulte fácil. Con él, todo es más fácil. Y eso es muy difícil de encontrar.
Nunca nadie hablaría de mí de esa manera.
Me pide permiso para sentarse junto a mí en el capó y yo me echo a un lado para hacerle hueco.
Él se deja caer con suavidad. Tiene la mirada de alguien que carga con muchas responsabilidades.
Harper me contó por encima su situación familiar y flipé un poco.
Creo que nunca hubiera adivinado el peso que hay sobre sus hombros si nadie me hubiera hablado de ello.
—Zander tiene razón, no eres como los personajes que interpretas. —Él se encoge de hombros. Deduzco que hay gente que le ha dicho eso de forma despectiva. Esperando que fuera lo opuesto.
—Me temo que no. Soy un introvertido solitario que interpreta a extrovertidos gilipollas que cometen más errores cuando están enamorados. —Esbozo una sonrisa por la descripción.
—¿Le has dicho a Shay que opinas eso de sus personajes?
—No, por Dios. No quiero que me despida. —Esta vez soy yo la que ríe un poco—. Por eso tengo ganas de cambiar de género.
—Quieres demostrar que vales más que el personaje que siempre te condenan a interpretar —completo por él.
—Zander tenía razón: eres increíblemente perspicaz.
—Lo sé.
Hago el gesto de quitarme polvo sobre los hombros y esta vez es él quien ríe.
—¿Lo estás poniendo en mi contra?
Zander acaba de salir del edificio que hay enfrente del coche, se ha puesto las gafas de aviador y nos mira a ambos con una sonrisa.
Lleva una camisa azul pastel remangada hasta los codos y unos pantalones formales, que no llegan a ser de traje, de color azul marino.
¿Se ha arreglado por la reunión? Nolan aprovecha para despedirse de ambos.
Subimos al coche y Zander mete en el GPS la dirección a la que tenemos que llegar. No dejo de observarlo, extrañada. Él se da cuenta de que lo hago porque los espejos son unos chivatos y esboza una sonrisa que no se esfuerza en ocultar. Creo que se ha echado colonia. Huele a cítricos.
—Te queda bien no llevar traje.
—Y a ti ir arreglado —comento.
Intento preguntarle por qué ha elegido un restaurante de Santa Mónica, pero se me adelanta.