CAPÍTULO 5 #2
Ambos nos mantenemos la mirada. Supongo que en cierto sentido nos estamos retando.
Si esto fuera un western, habría un primerísimo plano de nuestros ojos antes de empezar el duelo.
Pero esto no es una película. Solo somos dos personas buscando inspiración.
Por primera vez me analizan igual que yo al resto.
—Hagamos otro trato. —Se quita las gafas de sol, como si quisiera asegurarse de que lo miro de verdad.
—¿Qué trato?
—Mañana te daré una respuesta. Respecto a las ideas que me mandaste. Si de verdad crees que esto no va a servir de nada, elegiré una.
—¿Y a cambio?
—A cambio, tú me cuentas qué ocurre.
Esta vez la mirada es diferente, supongo que me siento un poco como en esas escenas en las que alguien en el que apenas confías te tiende la mano y no tienes muy claro si cogerla es la opción correcta. Si no lo es, acabo de sumar un error más a mi lista.
—De acuerdo. —La sonrisa que me dedica me destensa en parte, pero el cosquilleo que me recorre desde el estómago solo me pone más nerviosa.
—Genial. Vera, creo que ha llegado el momento de enseñarte mi sorpresa.
Zander no me da explicaciones, así que me limito a seguirlo.
Se para delante de un edificio de fachada blanca y tejas rojas.
Al principio pensaba que era una especie de bar o restaurante por las mesas que hay fuera ocupadas por gente charlando animadamente.
Sin embargo, me percato de lo que esconde el edificio en sí, un pequeño muelle con botes. Y no cualquier tipo de bote.
—¿Lista para remar?
—¿Nos vamos a montar en un bote?
—¡En un bote con forma de cisne! —puntualiza él como si fuera lo mejor que podría habernos pasado. Yo hubiera preferido ganar la lotería y estar en un yate.
Descubro rápidamente que no tengo mucha opción de réplica.
Por eso se había ausentado antes, para reservar la embarcación durante una hora.
No me queda otra que aceptar, ponerme el chaleco salvavidas y subirme a la pequeña superficie flotante.
Mientras empezamos a pedalear, Zander me lanza varias miradas para que hable de una vez.
Pero yo me aseguro de que estamos lo suficientemente alejados del resto de cisnes antes de hablar.
—Tienes que prometerme que esto no va a salir de aquí. No es solo mi historia, sino también la de Harper, y no quiero que nada de lo que pueda decir a continuación la perjudique. —Puedo ser una cabrona, pero una cabrina con conciencia.
—Te juro que sea lo que sea no va a salir de este cisne.
Prefiero no mirarle mientras hablo, así que solo miro al frente, teniendo cuidado de no chocarnos con nada.
—Harper trabajó por primera vez conmigo en El último baile, que fue mi primera película.
Tenía muchísimas ganas de poder trabajar por mi cuenta después de haber sido becaria.
Y, bueno, el contrato que firmé tenía muchas cláusulas…
Yo no tenía tanto poder de decisión como me hubiera gustado y eso acabó con que Harper Banks fuera una de las protagonistas del proyecto.
Estaba algo reticente al principio, pero interpretó bien a Eve.
Bastante bien. Los personajes que interpreta son completamente opuestos a ella.
—¿De verdad?
Yo asiento, aún sin girarme a mirarle.
—Sí. Te lo he dicho antes, es pasional y graciosa. No melancólica y fría, como los personajes que escribo.
—A Nolan le pasa lo mismo. Interpreta al alma de la fiesta, pero no creo que se haya desmadrado en la vida.
—Después de El último baile , Harper organizó por su cuenta una fiesta de fin de rodaje. Supongo que esa fue la noche en la que empezamos a ser amigas… No soy una persona muy abierta.
—No te preocupes, de eso ya me he percatado.
—Calla. Haz los comentarios cuando termine la historia. —Me tomo su silencio como un asentimiento—. Pues eso, que apenas tengo amigos en Los Ángeles. Desde que me mudé mi vida ha girado en torno a las películas.
He empezado a jugar con mis manos. Y ambos hemos aminorado el ritmo de pedaleo.
—Mantuvimos esa amistad cuando interpretó la versión joven de la protagonista en mi segunda película, La pieza . Ahí empecé a conocerla más.
»Conocí a la persona, en vez de a la actriz.
Una chica extremadamente enamoradiza, que se pilla por los actores con los que la emparejan y también de aquellas celebridades con las que tiene que fingir que sale para que sus fotos vendan más.
La llegué a entender tanto que dejó de sorprenderme que bebiera para olvidarse de todo cada vez que tiene oportunidad.
Por eso siempre intento estar para ella, incluso si ella no puede estar para mí.
»Mientras grabábamos Guerras silenciosas , nos liamos varias veces y la cosa ahora está un poco tensa.
Me he saltado partes importantes. Como que la primera noche que nos besamos estaba tan borracha que pensé que no se acordaría al día siguiente.
Pero al despertar me propuso que siguiéramos liándonos.
Me prometió que no se pillaría. Sexo sin compromiso.
Acepté. Esa noche llevó a otra. Y a otra.
Seguía pensando que, si seguíamos así, al final acabaría enamorándose, pero tampoco le ponía fin.
Cada noche me inventaba un motivo diferente para no hacerlo.
Me dije que no iba a volver a pasar muchas veces y no sirvió de nada.
Jamás me había pasado antes algo similar, y aunque la sensación no me disgustaba, tenía que hablarlo con ella…
Hace casi un mes se fue a Nueva York por unos desfiles de su madre…
—Acabó pillándose por ti, ¿no? Por eso estáis raras.
Niego con la cabeza.
Me prometí que sería sincera con Harper en cuanto ella pusiera un pie en Los Ángeles.
No me hizo falta esperar tanto para tener una conversación así.
Me mandó un mensaje a las tres de la mañana borracha y completamente pletórica por poder decirme que después de otros rollos que había tenido estaba muy orgullosa de poder confirmarme que lo nuestro era solo sexo.
No solo que no estaba enamorada de mí, sino que se alegraba de no estarlo.
—Esa mirada… —Su voz me saca de mis pensamientos—. No se ha pillado ella, te has pillado tú.
Me giro para mirarlo.
—No diría tanto. Simplemente sentía que era diferente a otras cosas que había vivido antes. Solo tengo que hablar con ella para cortarlo por lo sano y que ninguna de las dos salga mal parada.
El hecho de que se alegrara de no estar pillada por mí es la peor parte.
Las palabras son de Harper, pero evocan las de mi padre, diciéndome que por mucho que yo lo quisiera nunca iba a hacer que él me quisiera a mí.
No son los únicos que me han hecho sentir que mi forma de querer no es suficiente.
También todos aquellos que se han alegrado de que no sea fácil de amar para así poder excusarse en no hacerlo.
Aquellos que sienten cómo el alivio les recorre las vértebras al entender que no seré yo quien les rompa el corazón, mientras empiezan a quebrar el mío sin darse cuenta.
—Bueno —me recompongo—, más te vale leer esas ideas y darme una respuesta mañana, Zander, porque si no…
—No me gusta.
Yo lo miro confundida.
—¿El qué?
—No me gusta Harper para ti. Ni como pareja ni como amiga. —De todo lo que podía decirme, esto definitivamente no me lo esperaba.
—Sabes que el poder de decisión que tienes sobre mi vida es cero, ¿verdad?
No es hasta que empieza a pedalear de nuevo que me doy cuenta de que nuestro cisne se había quedado parado en mitad del lago.
—Vamos por partes: ¿es la clase de historia que escribiría yo para después meter el plot twist de que no fue Harper quien te escribió, sino su malvado agente que no quiere que estéis juntas? Sí. ¿Es la clase de historia que creo que te mereces? No.
—¿Qué me merezco? No me conoces, Shay.
—Pero quiero hacerlo.
Ambos nos quedamos en silencio.
Al principio no entiendo qué está planeando, está mirándome a mí en vez de al frente y tiene la boca un poco entreabierta. A medias entre decir todo o no decir nada. Y entonces lo entiendo.
Está pidiéndome permiso.
Está pidiéndome permiso para seguir hablando de mi vida porque sabe que me incomoda. Que solo he accedido a esto como una condición relacionada con el trabajo. Parece estar pidiéndome permiso para saber si quiero escuchar algo que pueda dolerme. O molestarme. O quizás confundirme aún más.
—Llámala —me dice completamente serio—. Llámala, ahora.
—¿Ahora? ¿Para decirle el qué?
—Que ahora con este nuevo proyecto preferirías no acostarte con ella de nuevo, que prefieres marcar distancias y quedarte con la amistad…
No estás pillada, Vera. O sea, no parece que lo estés…
Cuando estás enamorado dudas de muchas cosas, pero no de si lo estás —carraspea adoptando un tono más cómico—.
Me nombro a mí mismo tu persona de confianza para tener conversaciones incómodas.
Además, tienes un cisne gigante como mascota de apoyo emocional.
Pongo los ojos en blanco por lo ridículo que suena.
Sin embargo, me muevo por inercia, sacando el móvil y buscando el contacto de Harper. He llegado a tener pesadillas con los tonos del teléfono que suenan antes de escuchar su voz; ahora solo miro a Zander mientras él pedalea por los dos para llevarnos de vuelta a la orilla.
—¿Vera? —Escucho la pastosa voz de Harper al otro lado, seguida de una carcajada—.
¡Por fin! Pensaba que no volvería a saber nada de ti…
Tenemos que hablar de tu película con Zander, me muero de la ilusión de trabajar con los dos —suelta un pequeño grito que lo demuestra—. Pero, primero, ¿todo bien?
—Sí, todo bien. —Zander arquea una ceja, incrédulo, y yo le hago un corte de manga con la mano que tengo libre—. De hecho, Harper, quería hablar contigo sobre lo de acostarnos… No quiero… Creo que sería mejor que de momento no volviera a ocurrir.
—Oh, vale, claro. Lo entiendo. —Se queda callada por unos segundos—. Vera, ¿por eso no me has llamado hasta ahora?
—Sí, no sabía cómo… No quería joder las cosas, necesito algo de espacio…
—No tienes que explicarme nada más, Vera. —Escucho decirle algo de una copa a quien supongo que es un camarero. Joder, no es ni mediodía.
—¿Seguro que todo bien, Harper?
—Sí, sí. Ya lo hablamos cuando empezamos, que en el momento en que una de las dos quisiera que se acabara, se acababa.
—Entonces, ¿todo bien?
Casi puedo ver su sonrisa.
—Mientras no te pierda como amiga, no me importa lo demás. Con lo que te sientas cómoda está bien… ¡Y me estoy muriendo de ganas de que me cuentes todo! Jamás he tenido tantas ganas de leer un guion como este.
«¿Cómo te explico que no hemos escrito ni una sola palabra?».
Me giro hacia Zander, que ya no está sentado a mi lado, sino de pie sobre el muelle. Oficialmente el paseo ha terminado, me tiende una mano para que salga del bote.
—Te prometo que haré todo lo posible para que puedas leerlo cuanto antes… Tengo que colgar, ¿vale? Hablamos luego. —Me espero a escuchar un asentimiento antes de terminar la llamada.
Después me aferro a la mano de Zander y dejo que tire un poco de mí para sacarme de ahí.
—¿A que no ha sido para tanto? —No sé si se refiere al paseo en cisne o a la llamada. Pero, en cualquier caso, solo niego y le hago otro corte de manga—. Ahora que está todo aclarado, no tienes ninguna excusa para no venir a casa de Nolan, ¿no?
El capullo tiene razón.
—Idiota.