Más que una película CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

Vera

Llamada perdida de Harper Banks.

Hoy habrá soleados y claros en la ciudad de Los Ángeles (California).

L as notificaciones me hacen querer tirar el móvil por la ventanilla del coche. Y eso que no he entrado en ninguna red social. Sobre todo porque, después del numerito de ayer, es cuestión de tiempo que el incidente llegue a oídos de un periodista, y estoy harta de la prensa rosa.

Tengo las noticias puestas en la radio y golpeo con la punta de los dedos el volante mientras espero a que Zander haga su aparición.

Mis ojos se deslizan de nuevo a la pantalla, no puedo evitar pensar que hace casi un mes que no hablo con Harper.

Y que no contesté al último mensaje de esa noche, ni a los siguientes que escribió.

Siempre he mantenido mis sentimientos bajo llave.

Siempre he sido muy buena encerrándolos, anulándolos e ignorándolos.

Pensaba que con el tiempo aprendería a compartirlos; sin embargo, cada vez lo veo más difícil.

Si le contestara ahora mismo y me preguntara que por qué llevo tanto tiempo sin hablarle, la mentira me saldría automática. Y es algo que no quiero.

Al mismo tiempo, me aterra haberme convertido en uno de esos motivos por los cuales se podría estar emborrachando en estos instantes, ni siquiera sé si…

—¡Ya estoy! —La voz chillona de Zander, me sobresalta. Él viene sin aliento, supongo que además de aguantarlo a él como persona, también tendré que soportar su impuntualidad.

—Llegas tarde.

Le abro la puerta del copiloto y él se desliza dentro. Creo que todo su armario son variaciones de bermudas y camisetas. No digo nada al respecto porque el mío en su mayoría son variaciones de trajes de chaqueta.

—Lo sé, lo sé. —Me muestra una bolsa de una tienda de música—. En nada es el cumpleaños de Nolan, tenía que comprarle un regalo. Solo lo celebra con su familia, pero siempre está bien tener un detalle.

Hago un leve asentimiento, aunque eso no me importa ni lo más mínimo. El silencio que se forma a nuestro alrededor es de lo más incómodo.

—Hablando de Nolan, me ha dicho que podríamos quedar en su casa, para…

—No es necesario —lo interrumpo.

—¿Quieres que me crea que prefieres esperar al rodaje para conocer a Nolan, señorita-necesito-tenerlo-todo-bajo-control? ¿De verdad?

Pongo los ojos en blanco.

—Todavía es muy pronto, prefiero hablar con los actores cuando al menos sepa los nombres de sus personajes… ¿A dónde vamos? —Le cambio de tema, muy a mi pesar le toca elegir a él.

—Había pensado en el Observatorio Griffith, pero…

—¿En serio? ¿Vamos a hacer una ruta turística por Los Ángeles? —me burlo—. ¿Qué será lo próximo? ¿El paseo de la fama?

—¿Me dejarás algún día terminar una frase? —Niega con la cabeza—. Da igual, el observatorio estará demasiado concurrido por los fans de La La Land . Vamos a Echo Park, mejor.

Yo asocio Griffith con Terminator o Rebeldes sin causa y él con La La Land . Aunque admito que es de los pocos musicales y romances que he disfrutado. Por lo menos el final me pareció realista. Creo que también es una de las películas favoritas de Harper.

«Mierda. No pienses en Harper ahora».

Encontramos aparcamiento cerca de la entrada del parque. Me giro hacia Zander. Se ha puesto unas gafas de sol de aviador que me dan contenido para burlarme de él durante un año.

—¿Por qué este sitio?

—Porque aquí la ciudad parece mucho menos frenética.

Entiendo a qué se refiere cuando nos adentramos en el parque.

Las palmeras son de una altura vertiginosa y, aunque yo me pierdo mirando el lago, Zander observa a las personas.

Hay una pareja de recién casados que se está haciendo una sesión de fotos, algunas familias de pícnic.

Distingo a lo lejos a un niño tirándole la pelota a un perro.

Nadie parece tener prisa. Shay me comenta que va a un sitio y en seguida vuelve. No me da tiempo a interrogarlo.

El sitio no está nada mal. Aunque el olor de las flores no consigue camuflar el del agua estancada.

Veamos, ¿qué puedo sacar de aquí para una película?

Me siento muy estúpida. Si hubiera una fórmula infalible para inspirarse, ya tendría el guion listo.

Una pareja de chicas que parecen haber empezado a salir hace poco se sientan en un banco cerca de la orilla. Sus carcajadas suenan a primeras veces.

—¿En qué piensas?

Segunda vez en el día en la que Zander Shay casi me da un infarto.

—En nada. —«En el instituto. Y en la primera vez que me pillé por una tía». Carraspeo—. ¿Tener una visión más tranquila de la ciudad te ha ayudado a escribir algún guion?

—Me ha ayudado a tomármelo con más calma. —Su vista está fija en la enorme fuente que marca el centro del parque—. ¿No tienes un sitio en todo Los Ángeles que te calme?

—Eso no es una pregunta relacionada con el trabajo… —me quejo. A pesar del cristal tintado de las gafas, juraría que acaba de poner los ojos en blanco—. La playa El Matador.

—Oh, el nombre te pega mucho.

—La descubrí mientras conducía un poco sin rumbo porque no era capaz de encontrar las palabras que necesitaba para una escena…

—¿Y las encontraste?

—Sí, siempre acabo encontrándolas.

—Y encontraremos una idea para este proyecto también.

Nos hacemos a un lado cuando unos turistas asiáticos se acercan a tomar unas fotos.

—Deberíamos estar hablando de trabajo, no…

Zander niega con la cabeza.

—¿Por qué no me haces una pregunta que no tenga nada que ver con trabajo?

—¿Y eso en qué me va a ayudar? —replico.

—No lo sé, quizás simplemente podamos tener una conversación.

Comenzamos a adentrarnos más en las zonas verdes, escondiéndonos del sol utilizando la sombra de las palmeras.

Esquivamos a un par de críos que juegan en medio del camino adoquinado, mientras sus padres discuten.

La estampa me resulta familiar. Debería dejar de ver a mis padres en cualquier pareja que veo gritándose.

Mi codirector se acerca a un puesto de helados, pero no compra nada. Siento que cada conversación con Zander es un pulso, y aunque él crea que encontraremos una idea que nos sirva como hilo del que tirar, yo cada vez tengo más claro que tendremos que recurrir a la lista mediocre que le presenté.

Sus palabras aún resuenan en mi cabeza. Una conversación que no trate directamente sobre cine. Hace mucho que no tengo ninguna.

—¿Qué le has comprado a Nolan? —Ni siquiera le miro mientras hago la pregunta, no sé por qué, simplemente mi vista sigue clavada en el suelo. Se sienta en el césped y yo lo imito.

—Ah, le he comprado un vinilo de su grupo favorito. Nunca sé qué regalarle, él ya se puede comprar de todo; así que le prohibí que se comprara nada de The Script , así me aseguro de no equivocarme nunca con el regalo. —Bueno, el primer movimiento inteligente que veo que hace.

—¿Os conocisteis en NALS?

—Sí, le tiré un café encima. —Es un desastre—. ¿Y Harper? ¿Cómo es?

No esperaba que la conversación tomara ese rumbo. Aunque intento disimular, sé que es demasiado tarde. Veo la curiosidad saliendo por cada uno de los poros de Zander Shay.

—Es rubia.

Él suelta una carcajada.

—Sí, eso lo sabía… Al final vas a ser una cómica y todo.

—Es muy extrovertida, le encanta hablar con todo el mundo y siempre está rodeada de gente. No le gusta nada estar sola. Es dulce y un poco inmadura a veces. —A veces no se da cuenta de lo que pasa delante de sus narices porque prefiere cerrar los ojos a admitir parte de culpa.

—Sé que conoce a Nolan, pero nunca he coincidido con ella.

El repentino brillo que veo en sus ojos me revela que acaba de tener una idea.

Espero que sea mínimamente buena.

—¿Por qué no quedamos los cuatro en casa de Nolan? Así nos conocemos entre todos.

La idea no solo no es buena, es terrible.

—No voy a ir a casa de Nolan. —Resuelvo con rapidez. Tengo tantas ganas de huir que me levanto sin previo aviso y camino hacia delante, sin un rumbo fijo.

—Eh, Vera —a él no le cuesta ponerse a mi altura—, ¿qué pasa? Solo es una reunión informal, yo creo que nos vendrá bien a ambos saber con quiénes vamos a trabajar.

—No se trata de eso, déjalo. ¿Se te ha ocurrido ya algo? Creo que de aquí no vamos a sacar nada.

—No, no se me ha ocurrido nada, a no ser que quieras escribir un guion sobre un director que se recorre medio parque porque su codirectora se niega a explicarse. ¿Qué pasa?

—¡Nada!

—Mira, si esto es por Nolan, tienes un serio problema de prejuicios.

Te garantizo que es un actor magnífico, aunque lo consideres inferior por hacer sitcoms .

Puedes mandarle si quieres cualquier monólogo clásico o pedirle que interprete cualquier escena de tus películas.

—Niego con la cabeza, pero él no para de hablar—.

Es más, si se lo enviamos ahora, estoy seguro de que no tendrá problema en representarlo para ti en su…

—¡No es por Nolan! ¡Nolan no tiene nada que ver!

Mi interrupción lo sobresalta lo suficiente como para pegar un pequeño brinco. Veo cómo sus ojos pasan de la incomprensión al entendimiento en apenas unos segundos. Que le haya resultado tan fácil leerme me hace sentir desnuda.

—Es por Harper, ¿no? Te ha pasado algo con ella.

Ni siquiera lo ha formulado como una pregunta, y yo tampoco niego la afirmación.

—No tienes nada que ver con esto, Zander. Así que no te metas.

—Me preocupa que haya problemas en la relación entre una de las estrellas principales y mi codirectora. Debería estar al tanto para poder garantizar un ambiente laboral sano. —Creo que nunca había sonado tan formal, hasta él parece orgulloso de haber podido adoptar ese tono.

—Lo que eres es un cotilla de manual.

—También. Una cosa no quita la otra.

Me dan ganas de tirarlo por el mirador.