CAPÍTULO 4 #2
—Sí —confiesa—, antes incluso de trabajar en mis propias películas ya venía mucho por aquí. Trabajaba como ayudante de Robert y como script doctor , aunque con esto último no me dejaban venir al set.
Parpadeo confuso. No tenía ni idea de que había sido script doctor . Es un término acuñado que se utiliza para referirse a guionistas anónimos que trabajan para mejorar guiones de películas o series de televisión cuando están en proceso de desarrollo. Guionistas que no suelen recibir créditos.
—No me mires así —me dice mirándome un poco de lado—, le debo mucho a Banks.
Por la forma en que lo dice intuyo que no va a elaborar más.
Vera atraviesa una puerta por la que, en vez de entrar al interior, entramos a un nuevo exterior.
Uno con fachadas de edificios en una parte y con un equipo completo.
Distingo a varios camarógrafos y a algún que otro ejecutivo.
Ahora parecen estar en un descanso, así que soy incapaz de distinguir quién es el director de fotografía o el ayudante de cámara.
Una de las cosas que más me impresionó cuando empecé en el mundo del cine es la cantidad de personas que están involucradas en el rodaje de cualquier película.
Obviamente, depende del tipo de producción que sea.
Si es una productora independiente o pequeña, puede haber de veinte a cincuenta personas en el rodaje.
Pero en una superproducción, como esta lo aparenta, pueden estar contratadas desde doscientas a mil personas.
Por suerte, no todo el mundo está a la vez y al mismo tiempo.
Un hombre de mediana edad se acerca a nosotros, café en mano.
Adivino por la camaradería con la que trata a Scheidegger que es el director.
Creo que se llama Kevin. Pelo canoso y ojos hundidos, ya sea por la presión de Hollywood o por el cansancio del rodaje.
Vera me presenta y aprovecha para preguntarle por la película que están rodando.
Al parecer es la segunda entrega de una comedia sobre ladrones, ¡A la fuga!
Si hay algo por lo que se rige Hollywood, es por lo que dicen los directores de ventas.
Son literalmente los mejores amigos de los productores.
Y es que nunca se sabe lo que va a funcionar, pero sí lo que ha funcionado.
Por eso se hacen tantas secuelas, porque es una cantidad de dinero asegurada a la que los ejecutivos no saben negarse.
Aunque en mi opinión las primeras partes siempre son mejores.
Por petición de Vera, Kevin nos deja una copia de la separata de hoy. Unas cinco páginas, lo normal para un día de rodaje.
—Entonces, ¿te inspiran algo las historias de ladrones?
—Bueno, depende de cómo de trastornados estén los ladrones. Si es mucho, sí.
—¿Todos tus personajes tienen que estar trastornados?
—¿Qué? ¿No sería divertido un grupo de trastornados que escapan de un psiquiátrico y perpetran un robo? —Y lo dice tan ancha.
—Es un poco preocupante que tu idea de diversión incluya por defecto a gente mal de la cabeza. Voy a empezar a pensar que tú también lo estás. —Solo consigo que ponga los ojos en blanco.
Vera sigue leyendo y es bastante fácil saber qué piensa. Le parece una mierda. Estoy seguro.
Kevin da un aviso a su equipo de que el descanso se ha acabado.
Nosotros nos desplazamos hacia una esquina donde podamos observar todo sin molestar.
Algunos actores que estaban fuera entran y empiezan a ponerse en la escena, mientras cada trabajador ocupa su lugar.
Yo intento observar todo con ojo analítico, más que nada por ver cómo trabaja otro director.
Sin embargo, Vera tiene su vista clavada en mí.
Por puro nerviosismo vuelvo a sacarle tema de conversación:
—¿Te inspira estar en el set? Yo siempre voy al de NALS cuando no sé cómo seguir alguna frase…
—Sí —admite—, es como si, al ver los decorados y las luces, pudiera ver a los personajes y saber qué van a hacer cuando una escena no me termina de convencer.
Esta vez soy yo quien se queda mirándola a ella.
—Vaya, algo en común, qué grata sorpresa. —Le sonrío.
—¿Grata? Por favor, si vas a decir eso, hazlo irónicamente.
«Dios, dame paciencia».
Al escuchar el «Acción», me quedo completamente quieto y callado, observando a los actores en escena.
Identifico rápidamente quién es la pareja principal del atraco.
Las estrellas pueden serlo todo en una película, a menudo son la razón por la que muchos deciden verla.
Pero a veces las estrellas son complicadas. Y a veces eso afecta a la grabación.
Lo pienso porque se nota a la legua que algo pasa entre esos dos y no precisamente bueno.
Deberían estar teniendo una escena emotiva de dos amantes que tienen que separarse; mientras que, desde aquí, parece que cada uno va a saltar a la yugular del otro.
Ambos rompen contacto visual cuando escuchamos un «Corten».
Kevin se levanta del asiento para hablar con ellos, que ni siquiera son capaces de mirarse.
—Se acaban de divorciar —me giro de nuevo hacia Vera—, los actores, digo. Es una putada.
—¿Por qué sabes todo lo que pasa en Los Ángeles?
—Soy omnipotente y omnipresente —ironiza.
—¿Significa eso que me has visto follar?
Por la mueca que hace, intuyo que mi broma no le ha parecido muy divertida.
—No te preocupes. Ninguna chica gemía lo suficiente como para que me interesara mirar.
Se vuelven a poner en marcha en apenas unos minutos y la escena empieza. Scheidegger camina para acercarse un poco más y escucharlos; yo, por enésima vez hoy, la sigo. No llevan ni dos diálogos cuando la escucho susurrar. Ni siquiera deberíamos estar hablando en el set.
—Qué mierda de escena.
—¿Por qué? ¿Por la falta de química?
—No, porque se supone que están en una situación crítica. No es momento de confesiones de amor.
—¿Qué tendrá que ver? La historia tiene que ser creíble, pero si fuera completamente verídica nadie vería la película.
—Sí, pero ¿una escena de amor? Innecesario.
—¡Que no! Muestra que los personajes son vulnerables, que tienen sentimientos…, es fácil empatizar con un enamorado.
—¿Qué dices? ¿Cómo va a ser fácil empatizar con alguien así de gilipollas? —Sin querer vamos subiendo el tono de voz.
—¿Gilipollas? ¿Crees que todos los enamorados son imbéciles?
—¡El amor idiotiza! ¡Es un hecho!
—Oh, por favor, ¿qué eres, anticupido?
—Primero, anticupido no existe. Cupido lanzaba flechas de plomo cuando quería generar rechazo, pregúntale a Dafne. Y el dios que vengaba el amor no correspondido se llamaba Anteros. ¡Y yo no rompo relaciones! ¡El amor trae problemas!
—¿Qué problemas?
—Joder —señala a los actores—, ¿no estás viendo ese desastre de actuación?
—¡Chicos! —No sé en qué momento el director se ha levantado, pero ahora está delante de nosotros y tiene la cara roja de furia—. ¿Podéis hacerme el favor de marcharos? No estáis ayudando precisamente…
Vera me da la espalda, y sin decir ni un adiós comienza a caminar hacia la puerta.
Yo le pido perdón a Kevin antes de ir tras ella.
Hacemos el mismo recorrido que antes, pero a la inversa.
De nuevo, no me atrevo a hablar. Siento que ya la he calentado bastante, y a la velocidad que está conduciendo, prefiero no tentar a la suerte. O a la Parca.
La vuelta se me hace mucho más rápida que la ida. Vera para en doble fila para dejarme en la puerta de mi apartamento. La miro antes de salir del coche.
—Mañana nos vemos, ¿no? —Asiente con la cabeza.
Está tan entusiasmada que deja caer la cabeza sobre el claxon.
Al final lo de la ironía se me va a dar mejor de lo que pensaba.