Más que una película CAPÍTULO 2 #3
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CAPÍTULO 2 #3

—Ya sabes por qué. —Trago saliva y suelto un suspiro mirando la pantalla.

—Solo me aterra no tener esa inspiración… Ya sabes

—¿Te da miedo que ya no venga del mismo lugar? —Nolan, como siempre, directo al grano.

—No es miedo, es… nostalgia, supongo.

—Bueno, piensa que, si Vera trabaja contigo, te quitará la nostalgia de un guantazo. —No puedo evitar sonreír—. ¿Crees que es tan dura como la pintan?

—Creo que tiene la misma actitud que un director blanco de mediana edad, pero esa actitud se la permiten solo a ese perfil y no a ella. —Es toda mi respuesta.

—No crees que sea tan dura como la pintan —resume él. Lo pienso durante unos segundos.

—Una de las primeras cosas que me enseñaste tú cuando llegué a la industria fue que no podía juzgar a nadie por lo que se veía a través de una pantalla.

Que todos sois actores, y que si actuáis en una serie también podéis hacerlo en una entrevista.

No conozco a Vera. Nunca he cruzado una palabra con ella. Y es cierto que su trabajo me parece…

—Dilo.

—Soporífero. —Nolan hace una mueca—. ¡Pero eso no significa que no pueda trabajar con ella!

—La verdad es que no sé si el romántico empedernido sin novia y con adicción a los caramelos y la chica que solo escribe psicópatas e incluye el concepto de muerte en todos sus proyectos sean la mejor combinación posible. —Pongo los ojos en blanco.

—Bueno, quizás este proyecto sea precisamente para sacarnos a los dos de nuestra zona de confort.

—Ya, pero… No sé, solo pensar en que tenéis que trabajar los dos juntos en lo mismo es…

¿raro? Vera da guiones detallados, escenas muy precisas, y no hay ni una sola improvisación en sus películas.

Sé que para La pieza le hizo a Harper repetir la misma escena cincuenta y dos veces.

Tú no me has dado un guion completo en tu vida y, en cuanto te gusta más o menos la escena, pasamos a la siguiente.

—Pero tú quieres trabajar con Vera, ¿o no?

Frunzo el ceño.

—Sí, pero no quiero que tomes una decisión a la ligera solo porque yo haya hecho un comentario.

Nolan me conoce demasiado bien y sabe que soy voluble. Él suele decir más que soy fácilmente manipulable, pero yo prefiero quedarme con la primera palabra. Y Vera parece muy testaruda. Puede ser la combinación perfecta o un completo desastre.

«Yo voto por la combinación perfecta».

—No es a la ligera, de verdad. Dependeremos de la señorita Banks y ya está.

—Odias a Banks.

Nolan mira de reojo a Linda, que parece estar llevando una conversación acalorada con alguien. Yo entreabro la boca varias veces por la acusación. A ver, odiar es una palabra muy fuerte.

—No me gusta el nepotismo. Nunca la he visto actuar, así que no voy a hacer ningún comentario al respecto…

—¿Pero?

—Pero prefiero a actores desconocidos con mucho talento que a aquellos que tienen un buen apellido. —Nolan suelta un suspiro.

—Harper es compleja, pero no es mala persona y te aseguro que mucho menos mala actriz.

Estoy a punto de pedirle que defina «compleja», pero la verdad es que casi prefiero no saberlo.

Y además Linda se acerca a nosotros algo alterada por la llamada.

Resulta que la había llamado la madre de Nolan, que, bueno, es un poco sobreprotectora y no deja que Linda haga su trabajo con completa libertad.

Me despido de ellos mientras dejo que Nolan, que suele ser el mediador, se encargue del problema.

Cojo el coche para llegar a casa, bueno, el piso pequeño del que me enamoré la segunda vez que vine a Los Ángeles.

Un amigo me recomendó buscar algo por el NoHo, y aunque desde entonces he ido mudándome de piso en piso no he querido salirme de la zona, ni buscar ninguna casa mucho más grande, no necesito más espacio.

Cuando estoy subiendo en el ascensor me llega un correo de Robert, supongo que Linda ya ha hablado con él. Más rápida que un rayo. Simplemente me escribe para presentarse y darme una idea general. Las condiciones las discutirá con Linda.

¿La parte mala? Quieren la película cuanto antes, así que nos obligarían a trabajar a contrarreloj.

Yo tendría que hablar con la productora de NALS para advertirles sobre cualquier posible retraso, pero sé que no me pondrán ninguna pega. Nunca lo han hecho.

Ya dentro del piso me quedo mirando la pantalla del móvil. Creo en el destino, que la vida poco a poco te lleva al lugar adonde tienes que ir y en donde te mereces estar, al igual que te acerca a quienes estás destinado a conocer. Ahora solo me queda esperar a ver si Vera es una de esas personas.

Han pasado bastantes días (una semana). Días en los que he intentado escribir, sin éxito.

Nolan tiene una entrevista en no sé dónde y yo voy por la mitad del maratón de mi propia serie.

Apuntando cabos que están sin atar. Recibo el mensaje de Robert justo cuando he decidido qué sabor de palomitas voy a hacer en el microondas.

No me molesto en cambiarme de sudadera cuando me pide que llegue a su oficina cuanto antes.

Tenía que haber supuesto que recibiría noticias suyas pronto, Linda me dijo que había conseguido un acuerdo muy bueno.

Que al menos eso había hecho que mereciera la pena compartir espacio con él.

Robert me llama un taxi y yo lo agradezco, sobre todo porque podría llevarme una hora solo intentar aparcar allí.

Cuando llego me quedo parado unos segundos en la puerta, mirando hacia arriba.

¿Cómo de alto es este edificio? ¿Y por qué parece el hogar gigantesco del supervillano de una película?

Decido que no voy a hacer esa broma en el despacho.

Por suerte, el agente de Vera me espera en la puerta.

Juzga mi atuendo (mi sudadera ancha de color verde pastel y mis vaqueros anchos) durante unos minutos, pero no le presto demasiada atención.

Cuando me hace pasar al recibidor me da una especie de tour.

Me explica que el edificio completo es de Banks, pero que ellos no utilizan todas las oficinas.

Me presenta a una de las recepcionistas, con la que liga un poco antes de pedirle que me dé una credencial de visita, para que pueda moverme libremente.

Admito que cuando empieza a contarme la historia del estudio me pierdo un poco.

Simplemente me limito a seguirlo, a observar los grandes ventanales, la gigante lámpara de cristal que hace sombra en una de las paredes y, bueno, también lo observo a él.

Somos más o menos de la misma altura, debe sacarme diez años al menos, aunque el traje gris le envejece aún más.

Está recién afeitado, apesta a colonia y creo que lleva tanta gomina que es imposible que un solo mechón oscuro se mueva de su lugar.

Al llegar a su despacho, me pide que tome asiento.

Me repite lo que ya me había dicho por correo hace días o, al menos, no me ha dicho nada nuevo cuando la puerta se abre.

«Qué entrada más dramática».

Vera Scheidegger parece igual de intimidante que en la pantalla.

Aunque pensaba que era más alta. Tiene unos enormes ojos verdes que ahora están clavados sobre los míos.

Deslizo mi mirada hasta sus labios comprobando uno de los rumores que había escuchado: Scheidegger siempre lleva los labios de color rojo.

Parece que no se esperaba esto. Incluso luce amenazada.

—No esperaba que estuvieras tan sorprendida al verme. —Soy yo el primero en hablar.

—Todavía no se lo he dicho. —« Oh, no ».

—Decirme el qué.

—En la entrevista con Joe Donnell dijiste que la única manera de que trabajaras con Zander sería que consiguiéramos que Harper y Nolan trabajaran juntos.

Bueno, nos ha costado casi una semana de negociaciones y llamadas, pero lo hemos conseguido: serán los protagonistas de vuestra nueva película.

Así que he pensado que era momento de que conocieras personalmente a tu nuevo codirector y coguionista.

—Miro a Scheidegger, su expresión se destruye y se reconstruye en apenas unos segundos.

—¿Harper Banks y Nolan Harlow han aceptado? —Toma asiento ignorando mi presencia.

—Vincent, el agente de Harper, me ha llamado hace una hora. Está dentro. Cree que le vendrá muy bien a la reputación de Harper trabajar con dos nombres reconocidos en Hollywood. —Vera se pellizca la nariz. Parece que no le gusta nada esto.

—¿Y Nolan Harlow?

—Quiere trabajar contigo. Su agente me lo dejó claro desde el minuto uno.

—¿Y si yo no quiero trabajar con él? ¡Ni siquiera sé cómo actúa!

—Nolan lleva toda su vida actuando —me meto en la conversación— y quiere demostrar al mundo que es más que un simple actor de comedia. —Mis palabras captan la atención de la directora, que se gira hacia mí—. Y te aseguro que lo es. —Respira profundamente antes de mirar a su productor.

—No dije eso en la entrevista con el objetivo de que pasara en realidad, lo hice para continuarle una broma a Joe. —Yo también pensaba eso. Pero daba por hecho que Robert ya se lo había propuesto y había aceptado.

«¿Para qué querría Vera trabajar contigo si se pasó como cinco minutos recalcando lo incompatibles que son vuestros estilos?». Soy gilipollas.

—Lo sé —el tono de Robert es conciliador—, pero la gente comenzó a hablar, Vera.

A hablar bien. Le encantaste a todo el mundo.

Twitter se llenó de comentarios del tipo «Sé que lo ha dicho como una broma, pero amaría ver una película de esos dos juntos», «Scheidegger y Shay, lo que no sabía que quería pero resulta que necesito» … Y nosotros…

—Tenemos que darle a la gente lo que quiere. —El tono de hielo que utiliza Vera para decir esas palabras provoca que me yerga—. ¿Podemos hablar un momento fuera? —Robert duda durante un momento, pero asiente y sale de la oficina.

Antes de que Vera lo siga me dirijo hacia ella.

—No habría aceptado si hubiera sabido que no querrías esto. Pensaba que era algo que ya habríais tratado los dos y no algo espontáneo que surgió en ese momento, lo siento.

—No me interesa Nolan Harlow, ni tus comedias románticas.

¿Para qué querría trabajar contigo? —Ni siquiera tengo tiempo para sorprenderme de que haya dicho justo lo que yo he pensado.

Sale de la oficina con un portazo y yo aprovecho para leer un mensaje que me había mandado Nolan.

Ya le había comentado que tenía la reunión hoy.

«¿Es tan dura Vera como pensabas?».

Yo no dudo en la respuesta que voy a escribir.

«Creo que me va a tirar por la ventana».