CAPÍTULO 1 #2
Me encuentro con la mirada de una Vera de dieciocho años que entrecerraba los ojos por las luces, que no sabía cómo colocar sus manos y que contestaba las preguntas de una manera mucho más seca de la que pretendía.
En la secuencia Joe me estaba preguntando sobre mi adaptación a Los Ángeles cuando había crecido en un pueblo minúsculo.
Incluso insinuó si era la primera vez que veía un semáforo en persona y la mueca que puse como respuesta salió en la portada de varios diarios al día siguiente.
Creo que nunca voy a olvidar ninguno de los titulares, en especial el de The LA Journal: «VERA SCHEIDEGGER: TAN SECA Y ABURRIDA COMO SU APELLIDO».
Hay algunos aplausos al terminar el pequeño clip y las cámaras vuelven a nosotros.
—Voy a ser honesto, ¡ni siquiera creo que seas la misma persona! ¿Qué sientes que ha cambiado?
Hace unos años habría cometido el error de pensar que quieren escuchar una respuesta profunda.
Que quieren escuchar que, a pesar de que Los Ángeles es una ciudad de infarto, la siento más como mi hogar que la casa de mi infancia.
O que esa Vera era mucho más inocente. Pero quienes ven este programa están cenando después de un día largo, están hartos de sus jefes o de estudiar, y no quieren escuchar a una chica hablando sobre crecimiento personal.
Quieren reír y olvidar la mierda de vida que tienen.
—Bueno, ahora sé andar con tacones. —Eso provoca la risa de todo el público y también la de Joe. Sirve para calmar mi ansiedad y que mi sonrisa sea un poco más natural.
—Como ya adelantábamos, has estrenado nueva película, Guerras silenciosas … Así que cuéntanos, ¿sobre qué trata?
—Sigue la historia de dos amigos desde la cuna, David y Flint, que realmente se odian desde que se conocen, pero mantienen esta extraña amistad para el resto del mundo.
Todos piensan que son los mejores amigos perfectos, excepto su compañera de clase Charlotte, que es realmente la verdadera narradora de la película.
A lo largo de los años sus vidas se complican y también lo hace su relación, su odio crece y con ello ambos empiezan a plantearse si podrían llegar a acabar con la vida del otro.
—Uff, inquietante… —Suelta una risa que no tiene mucho mucho sentido y carraspea antes de seguir—.
Quiero leerte algunas de las críticas que se han publicado en periódicos y revistas que seguro que te suenan…
The Scene dice: «Scheidegger vuelve más voraz, más cruda e ingeniosa.
Su nueva obra querrá hacerte saltar del asiento», Angels presenta: «La obra más maquiavélica de Scheidegger hasta el momento, jugará con tus sentidos desde el primer minuto», The LA Journal declara: « Guerras silenciosas somete al espectador a una realidad en la que puede identificarse con personajes macabros, unos que podrían ser tus vecinos o incluso tus propios hijos».
»Y por favor no olvidemos las palabras del que se considera el mejor director de cine del siglo, Steven Banks: « Guerras silenciosas se ha convertido en mi nueva película favorita, es tan brillante que cuando terminé de verla solo pude desear que se me hubiera ocurrido a mí primero».
Escuchar cómo pronuncia el nombre de Banks con admiración me revuelve el estómago.
La sala estalla en aplausos. Este momento siempre me recuerda un cumpleaños. Cuando todos te están cantando y todavía no puedes soplar las velas, así que solo te queda esperar a que terminen. No sabes a dónde mirar, ni cómo sonreír. Bastante incómodo.
—Debo admitir que yo mismo fui a verla hace dos noches y quedé completamente encandilado. —La voz de Joe me trae de vuelta.
—Muchísimas gracias, no tienes ni idea de cuánto significa esa opinión viniendo de ti.
En realidad, no creo que haya visto ninguna de mis películas, mucho menos esta. Solo he dicho eso porque la mejor forma de caerle bien a un hombre como Joe es alimentar su ego.
Su expresión cambia un poco, las comisuras de su boca dibujan una sonrisa que me pone alerta:
—Aunque tus películas son bastante diferentes hay un elemento común entre todas ellas y tiene nombre: Harper Banks.
Ha habido muchos rumores sobre una posible relación romántica entre vosotras dos después de varias fotos que han salido durante el rodaje de esta película…
Venga, Vera, suéltate un poco y háblanos de lo que significa tu rubia favorita… y, bueno, también la del público.
No me hace falta mirar hacia donde está Robert para saber que va a cargarse a algún becario por la pregunta, cuando probablemente la persona a la que le eche la bronca sea la que menos culpa tenga.
Mi bisexualidad no es ningún secreto, pero tampoco es un tema del que hable públicamente.
No es algo que saliera a la luz por mi propia voluntad, el estudio para el que trabajo se ha dedicado a ocultar todo lo que ha podido debajo de una gran alfombra e ignorar el tema.
Por eso mismo sé que tengo que esquivar esta pregunta de la manera más elegante que pueda.
—Harper y yo somos muy buenas amigas. Es una actriz excelente y disfruto mucho de poder trabajar con ella. Solo es una bonita amistad. —Mentiras. Todo mentiras. Me gustaría que la pregunta se quedara ahí, pero sé que no lo hará.
—¿Seguro? —Joe levanta las cejas varias veces y se acerca un poco a mí como si fuera a poder sonsacarme un gran secreto a través de ellas. El público ríe.
—Segurísimo. —Me coloco la mano en el corazón como si jurara.
«En realidad, me he acostado con Harper. Un par de veces. Puede que me esté pillando. Puede ser también que ahora mismo le esté haciendo ghosting».
—Entonces, ¿ha sido la bisexualidad tan solo una fase?
—Donnell camufla la pregunta como una broma y no sé si me molesta más el contenido de la frase, que se lo tome a coña o las risas del público.
Camuflo mis emociones de la mejor manera que puedo mientras mis manos se aferran a la tela de mi vestido.
«¿Es tu maldito retraso mental una fase también?
La sexualidad no es un tinte de pelo, gilipollas».
Por suerte, con mis contratos aprendí rápido que, si tienes que dar una respuesta sí o sí, para dar la correcta, a veces tú misma tienes que cambiar un poco la pregunta.
Así que acabo contestando algo que no tiene nada que ver.
—Creo que mis películas demuestran que las relaciones amorosas no son lo mío. —Consigo que el público se ría y siento que estoy volviendo a ganar el partido, pero unas señas que recibe Joe desde detrás de cámaras me demuestran que posiblemente acabe de cavar mi tumba.
—¿Es por eso por lo que no hay ninguna escena romántica en tus películas?
Me paso la lengua por los labios. Es cierto. No escribo romance. No es lo mío. No lo he intentado nunca. No pretendo hacerlo.
—Sí hay amor en mis películas, pero no es ningún secreto que no hay escenas románticas. Simplemente me centro en contar una historia que toque el corazón del público. Y hasta ahora no he necesitado romance para eso.
¿Me ha pedido mi equipo mil veces que cambiara mínimamente un guion para meter alguna escena? Sí. ¿He cedido? No.
—Creo que hay alguien bastante conocido que estaría completamente en desacuerdo contigo, ¿sabes de quién estoy hablando?
—Me encojo de hombros, haciéndome la tonta.
No quiero que la conversación siga este rumbo—.
Oh, venga, seguro que sí… —Joe se dirige al público—. ¿Sabéis de quién estoy hablando?
—¡Zander Shay! —Claro que lo sé, no vivo bajo ninguna roca.
No es que tenga nada en contra de Zander Shay (todo lo que tiene es por suerte y no por trabajo), ni que lo odie (solo un poco), ni que no aprecie su trabajo (es que no me interesa), simplemente estoy harta de que alguien lo saque en cada conversación para demostrarme por qué tengo que meter historias románticas en mis películas.
Entiendo que hay elementos comunes que hacen que nos puedan comparar: ambos empezamos más o menos a la vez, tenemos casi la misma edad, estudiamos en la misma universidad (él no terminó la carrera), como yo todo lo que dirige es guionizado por él… Pero ahí acaba todo.
—No sé si lo sabes, pero Zander estuvo aquí hace menos de un mes presentando la última temporada de Not Another Love Story , y hablaba precisamente de lo fácil que era escribir sobre el amor porque todo el mundo ha experimentado algún tipo de amor en su vida o quiere experimentar uno.
Dijo textualmente que él era incapaz de ver una película o serie que no tuviera un componente romántico, aunque este fuera secundario, ¿no te ocurre lo mismo?
«Si me ocurriera lo mismo, no estaríamos teniendo esta conversación, imbécil. Y no todo el mundo quiere una relación romántica en su vida, las personas arrománticas existen. Será gilipollas».
—Bueno, no soy fiel seguidora del trabajo de Shay, pero no concuerdo.
Hay muchas más emociones que sentir y muchas maneras diferentes de conectar con el público.
No es que anhelar amor romántico o experimentarlo sea malo, sino que no es una emoción que a mí me interese retratar en pantalla.
Sin embargo, sí retraté amor en forma de amistad en El último baile , mi primera película…
Lo que Shay y yo ofrecemos a la industria son dos polos opuestos completamente incompatibles, pero coexistimos precisamente porque nuestras visiones hacen que conectemos con públicos distintos.
—Entonces, supongo que no podemos esperar ningún tipo de colaboración entre los dos a menos que los cerdos vuelen, ¿no?
El público se ríe y yo le sigo la broma:
—Para que eso ocurra, Nolan Harlow y Harper Banks deberían ser los protagonistas.
El público vuelve a estallar en risas.