Más que una película CAPÍTULO 1
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Más que una película

Más que una película

Por Ana Cresswell

© inepub.com

CAPÍTULO 1

Vera

M i éxito es el producto del peor error de mi vida.

Tienes tres segundos para captar la atención de alguien, por eso la primera frase es crucial.

Por eso a veces cuando escribo un guion puedo tardar meses en escribir esas palabras; porque vivimos en un mundo en el que nadie dura más de diez segundos viendo un vídeo.

Y cuando tienes la oportunidad de que alguien decida elegir tu película de todo el catálogo disponible, tienes que conseguir que se quede.

Y si has llegado al final de este párrafo, seguramente haya sido por esa primera frase.

Volviendo a lo importante, puede que no haya cometido todavía ese gran fallo del que hablo, pero quizás esté a punto de hacerlo. Podría atravesar la yugular de mi productor ejecutivo ahora mismo y no sé si sería capaz de fingir ante ningún policía algún tipo de remordimiento.

Robert Butler es el productor principal de cada una de mis películas. Es egocéntrico, altivo, condescendiente y un tremendo hijo de puta. Pero hace bien su trabajo. Aunque ahora mismo lo único que está haciendo es ligarse a mi peluquera mientras terminan de maquillarme.

—¿Te gusta así? —La maquilladora me habla y yo miro mi reflejo. Bueno, no parece que haya dormido tres horas, así que ya es un milagro.

Antes de que pueda asentir, Robert se adelanta:

—¿No puedes estirarle más la mirada? Sigue pareciéndose a un mapache.

Lo dicho, que me lo voy a cargar.

—Gracias, Robert. Muy amable por tu parte, pero me veo bien así.

—Me muevo un poco hacia la izquierda para evitar que la maquilladora se acerque con otra brocha—.

Creo que vuestro trabajo ya ha terminado y podéis iros.

—Dejo bastante claro el «vuestro» para que la chica de peluquería también se dé por aludida. Por suerte las dos se marchan juntas.

—Debería haberle pedido el teléfono. —Eso es lo único que dice Robert cuando se cierra la puerta del camerino.

—También podrías sobornar a cualquier persona de la dirección del programa para que te lo dé, ¿no es lo que haces siempre? —Ejercer tu poder. Extralimitarte con cualquier chica ingenua que se te cruce.

—No tienes que ponerte celosa, Vera. Ya sabes que para mí tú eres… —se queda en blanco mientras su mirada se pasea por mi cuerpo, quedándose demasiado tiempo en mi pecho. Sea lo que sea que soy, desde luego no es paciente— especial —resuelve con una sonrisa propia de un anuncio de dentífricos.

No soy especial. Solo soy una de las tantas que sabe lo que esconden sus intentos de seducción.

—Qué alentador… —Intento ignorarlo y cojo mi teléfono, pero tengo como mil notificaciones debido a las últimas entrevistas que he dado por Guerras silenciosas. No sé muy bien cuál presionar primero.

Tampoco tengo tiempo de hacerlo, Robert me quita el teléfono de las manos y lo tira desinteresadamente sobre una mesa donde hay un pequeño surtido de pasteles que no he probado.

Este camerino es como cualquier otro: paredes blancas, suelo de moqueta color huevo, dos tocadores con espejos de luces, un burro con diferentes prendas, los materiales para que las chicas hagan su trabajo y una mesita con bebidas, café y comida.

—¿Has visto lo que te mandé?

Pongo los ojos en blanco solo de recordarlo.

Me mandó un vídeo de una entrevista de Zander Shay y el mensaje siguiente fue un «En el programa de Joe Donnell deberías ser un poco más como él».

Más amable. Más interesante. Más divertida.

Más como Zander Shay. No sé cómo mi productor pretende ayudarme si lo único que hace es compararme con mi némesis, pero él sabrá.

Si pudiera tragarme una pastilla para ser carismática la tomaría. En realidad, no. Si fuera carismática tendría que aguantar a más gente. Y apenas aguanto a la que ya tengo cerca.

—Sí, lo he visto. Y sigo sin entender por qué su serie tiene tanto éxito. —Ahora es Robert quien pasa de mí.

La puerta vuelve a abrirse, esta vez para dejar entrar a una chica con cascos y que lleva una camiseta del programa. Deduzco que forma parte del equipo de realización.

—Ya está todo preparado, señora. —Robert casi se ríe por la forma en la que se ha dirigido a mí.

Ya no solo por las formalidades, sino porque la chica se mantiene apoyada en la puerta, abrazando unos papeles y con expresión asustadiza.

Bueno, ese es el efecto habitual que causo en las personas que tengo cerca, así que… comprensible.

Robert y yo la seguimos por el laberinto de pasillos hasta el plató.

Podría corregirle y decirle que soy señorita, que apenas tengo veinticuatro años y no tengo ni la mitad de poder que ella cree que poseo.

Que, si yo pudiera decidir, no habría nada preparado porque yo estaría sentada en mi cómodo sofá con una copa de vino empezando a escribir un nuevo guion, no repasando mentalmente todas las instrucciones que me han dado en los últimos días.

Todas se resumen en «Tienes que ser menos arisca y mucho más amable».

—Puede quedarse aquí hasta que reciba la señal de entrar.

Yo asiento a la chica mientras ella me coloca el micrófono y se asegura de que está bien. Debo admitir que me suena su cara, que probablemente haya sido ella siempre quien me haya acompañado cada una de las veces que he venido a este programa. No recuerdo su nombre.

Ya me he acostumbrado al plató. Incluso podríamos empezar a decir que es una tradición venir cada vez que saco una película.

De hecho, mi primera entrevista fue bajo este techo y, por supuesto, con el mismo presentador.

Es el show más visto de Estados Unidos a esta hora y la oportunidad perfecta para promocionar películas, series o cualquier otro proyecto.

Normalmente hubiera venido antes, días después del estreno, pero la promoción de esta película en comparación con las otras ha sido insana.

Me he recorrido medio mundo de entrevista en entrevista, asistiendo a los principales estrenos: Los Ángeles, Londres, Berlín, Madrid, París, Tokio…

Ha sido difícil encontrar un hueco en mi agenda.

Cuando se enciende una luz que indica que estoy a punto de salir a que me abrasen todos los focos, me fijo en Joe Donnell, en sus patas de gallo, su injerto de pelo, su sonrisa falsa y su clásico traje gris. A veces pienso que todos los tíos en Hollywood salen del mismo molde.

—A continuación —aunque debo admitir que tiene la voz perfecta para conducir un programa como este—, tenemos con nosotros a una de las directoras y guionistas más aclamadas de los últimos tiempos.

Con dieciocho años, su primer corto, Vacío, llamó la atención de las mejores productoras de Hollywood.

Apenas unos años después, su primera película, El último baile, ganó tres Oscar, siendo uno de estos por mejor película del año.

El éxito continuó con La pieza, y hoy está aquí presentando el nuevo éxito en taquilla: Guerras silenciosas .

Señoras y señores, la inigualable, imparable, invencible… Vera Scheidegger.

La chica vuelve a darme un toque para que camine hasta el sillón que hay al lado del de Joe y me alegro de haber estado practicando durante horas con estos tacones porque si no habría tenido una entrada bastante accidentada.

Manteniendo una sonrisa apacible y una postura erguida, sonrío a los espectadores que se encuentran en el propio set, aplaudiendo.

Me dirijo a la cámara con la misma sonrisa y saludo a Joe con un abrazo a pesar de que odie el contacto físico.

Al plató le hace falta una pequeña reforma o, al menos, que cambien de una vez el sillón morado hortera en el que me tengo que sentar.

—Han pasado casi dos años desde la última vez que nos vimos, Scheidegger. —Intento soltar una risa. El ambiente es cálido. Demasiado cálido.

—Bueno, ¿qué puedo decir? No puedo sacar películas si no las escribo primero. —El comentario sirve para que Joe suelte una risita y algunos miembros del público le sigan la corriente.

A ver, podría dirigir más películas; de hecho, me han ofrecido más de un proyecto en los últimos años.

Pero me gusta tener pleno control sobre la narrativa, y eso incluye también que la idea principal y el guion dependan exclusivamente de mí.

Además, sacar una película taquillera cada dos años tampoco es mal ritmo.

«En realidad es un ritmo vertiginoso».

—Me parece alucinante lo mucho que has crecido en los últimos años.

Viniste aquí por primera vez presentando tu primer corto que dejó a todo el mundo boquiabierto y ahora estás presentando tu tercera película.

—Mientras habla hay fotos mías de diferentes photocalls a lo largo de los años en una pantalla que está a su lado y que los espectadores estarán viendo el doble de grande—.

¿Cómo se siente saber que lo estás logrando?

—Ges­ticula para las cámaras con emoción, lo que hace que algunas personas del público vitoreen.

Después se gira hacia mí, esperando una respuesta.

«La mayor parte del tiempo siento que me estoy ahogando».

Y, aun así, el precio a pagar siempre merece la pena.

—Creo que es una de las mejores sensaciones del mundo…

Eh… —«No trastabilles, ¿qué narices estás haciendo?

»—. Pero la mayor parte del tiempo no soy realmente consciente de mi éxito porque siempre estoy trabajando en algo nuevo.

Es en entrevistas así cuando realmente miro en retrospectiva y veo el camino que yo misma me estoy labrando.

«Has dicho “realmente” dos veces en dos oraciones seguidas. No te repitas tanto».

—Hablando de hacer retrospectiva, nuestro increíble equipo ha encontrado un fragmento de la primera vez que estuviste aquí en El show de tu noche , vamos a verlo. —Joe y nos giramos hacia la pequeña pantalla.