Más que una noche con el jefe (Mucho más que jefes 1) 26
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Mila

Todo cambia de la noche a la mañana.

A primera hora, mientras reviso los últimos informes en mi despacho, mi teléfono empieza a vibrar sin parar. Notificaciones de redes sociales, mensajes de Chloe y un correo urgente de mi equipo en Nueva York.

Abro Instagram y allí está.

Shadow Reputation (@shadowrep_official) ha publicado un comunicado:

Comunicado Oficial

Durante las últimas semanas, Shadow Reputation ha desarrollado una campaña de comunicación contra el Golden Dolphin Resort por encargo de uno de nuestros clientes.

Tras revisar internamente dicha actuación, reconocemos que aceptamos un proyecto que incumplía los principios éticos que deberían regir nuestra actividad profesional.

Como consecuencia, hemos retirado la totalidad de los contenidos publicados, solicitado a todos los colaboradores implicados que eliminen sus publicaciones y emitan una rectificación pública, y damos por finalizada nuestra relación profesional con el cliente responsable.

Queremos pedir disculpas al Golden Dolphin Resort, a sus propietarios, empleados y huéspedes por el perjuicio ocasionado.

Asumimos plenamente nuestra responsabilidad por haber participado en una campaña destinada a perjudicar la reputación de una empresa.

Shadow Reputation Team

Los comentarios no tardan en llegar:

@luxurytraveler92

Por fin alguien reconoce lo que todos sabíamos. El Golden Dolphin es impecable. Llevo yendo 5 años y nunca he tenido una mala experiencia.

@californiadreamer

Qué vergüenza. Pagar por difamar a un resort de esa categoría… ¿quién hace eso?

@realreviewer_la

Bien por admitir el error. Ahora devuelvan las reservas que se cancelaron por culpa de sus mentiras.

@goldenlover

Nash y Kai no se merecían esto. El resort es un paraíso. Gracias por la rectificación.

Sigo bajando y veo decenas de comentarios positivos hacia el Golden Dolphin. La narrativa está cambiando. Rápido. Muy rápido. Y siento un alivio tan intenso que tengo que cerrar los ojos un instante.

Durante semanas, cada vez que abría las redes encontraba un nuevo ataque.

Hoy, por primera vez, no hay ninguno.

Solo disculpas.

Solo rectificaciones.

Solo la verdad abriéndose paso.

Saber que Jewel estaba detrás de todo aquello fue un golpe para todos.

Para Kai, porque jamás imaginó que alguien pudiera llegar tan lejos por resentimiento.

Para mí, porque después de tantos días siguiendo pistas dentro del resort, el enemigo había estado completamente fuera de nuestro radar.

Pero, sobre todo, para Nash. Había compartido casi diez años de su vida con ella.

Descubrir que la mujer a la que una vez amó era la responsable de intentar destruir el legado de su abuelo fue muy doloroso.

Al final, Nash había conseguido que Jewel retirara la campaña y obligara a Shadow Reputation y a todos los perfiles implicados a rectificar públicamente. No podía deshacer el daño causado, pero al menos había detenido la hemorragia.

Y ahora, viendo cómo la reputación del Golden Dolphin empieza por fin a recuperarse, comprendo que todas aquellas noches sin dormir, las reuniones interminables y las horas analizando datos han valido la pena.

La crisis ha terminado.

Hemos ganado.

***

—¿Entonces no vais a decirnos quién estaba detrás de los ataques? —pregunta Chloe, frunciendo el ceño mientras deja su copa sobre la mesa.

Estamos todos reunidos en The Drift, uno de los pubs más bonitos del resort.

Después de semanas de tensión, por fin hay algo que celebrar.

Kai ha insistido en invitar a todo el equipo y, por primera vez desde que llegué al Golden Dolphin, las conversaciones no giran en torno a crisis, reseñas falsas o reuniones de emergencia.

Nash, sentado a mi lado, intercambia una rápida mirada conmigo antes de responder.

—Es una información confidencial —dice con calma—. Lo importante es que todo ha terminado.

—Y que las reservas han vuelto a dispararse —añade Chloe con una sonrisa—. Esta mañana hemos recuperado prácticamente todo lo que habíamos perdido.

Alrededor de la mesa se escuchan algunos aplausos y varios brindis improvisados.

—Por el Golden Dolphin —dice Kai, levantando su cerveza.

—¡Por el Golden Dolphin! —repetimos todos.

Estamos en mitad de la celebración cuando mi teléfono vibra. Es Alice, mi jefa en Nueva York.

—Ahora vuelvo —digo, levantándome.

Salgo a la terraza del pub. El sonido de las olas llega desde abajo.

—¿Alice?

—Espero no interrumpir la celebración.

Sonrío sin darme cuenta.

—¿Cómo sabes que lo estamos celebrando?

—Porque acabo de leer el informe que me ha enviado Alex. También he visto lo que está pasando en redes. Enhorabuena, Mila. Has gestionado una de las peores crisis reputacionales que ha tenido jamás uno de nuestros clientes.

Suelto el aire lentamente.

—Ha sido un trabajo de equipo.

—Puede. Pero has sido tú quien lo ha dirigido. Y precisamente por eso te llamo. Ahora que el proyecto ha terminado, quiero que vuelvas a Nueva York.

Asiento despacio.

—¿Cuándo?

—Lo antes posible. Tenemos una reunión pendiente contigo.

Mi corazón da un pequeño vuelco.

—¿Ha pasado algo?

—Sí. Algo bueno.

Suelto un suspiro.

—¿Bueno?

—El ascenso que llevas años esperando es tuyo. El consejo ya ha dado el visto bueno. Después de lo que has hecho aquí, nadie duda de que estás preparada. A partir del mes que viene serás directora de estrategia.

Durante unos segundos soy incapaz de decir nada.

Es exactamente el puesto por el que he trabajado durante años.

El motivo por el que acepté venir a California.

El objetivo que me había repetido una y otra vez desde que empecé en la empresa.

—Gracias... —consigo decir al fin, en un susurro emocionado—. De verdad.

—Te lo has ganado. Disfruta de la celebración y vuelve a casa. Te esperamos en Nueva York.

La llamada termina.

Me quedo unos segundos mirando la pantalla apagada del teléfono.

Hace solo unas semanas habría dado cualquier cosa por escuchar esas palabras.

Respiro hondo y vuelvo a entrar en el pub.

Las risas siguen llenando el local. Chloe está contando una anécdota, Kai intenta convencer al camarero de que saque otra ronda, Imogen corretea entre las mesas con un refresco en la mano y Nash...

Nash levanta la vista al verme entrar y me dedica esa sonrisa que, sin darme cuenta, ya siento como un hogar.

Aprieto el móvil entre los dedos.

He conseguido exactamente todo lo que quería.

Entonces... ¿por qué tengo la sensación de que acabo de perder algo?

***

Horas más tarde Nash y yo estamos en mi villa, desnudos, después de hacer el amor. La habitación está en penumbras, solo iluminada por la luz de la luna que entra por los ventanales.

Nash me tiene abrazada contra su pecho, acariciándome la espalda con lentitud.

—¿De verdad tienes que irte mañana? —pregunta en voz baja. Intenta que suene como una simple curiosidad, pero hay algo en su tono, una decepción contenida, que hace que el pecho se me encoja.

—Sí. Alice quiere que regrese cuanto antes a Nueva York. Ahora que la crisis del resort está resuelta, ya no tiene sentido que siga aquí. Además... —No puedo evitar sonreír un poco—. Me han dado el ascenso que tanto quería.

En el fondo deseo que me diga que sí tiene sentido quedarme. Que hay un motivo lo bastante importante como para aplazar el vuelo. Pero también sé que no sería justo esperar algo así. Llevamos juntos muy poco. Apenas unos días. Todo ha ocurrido demasiado deprisa.

Nash parpadea una vez. Después otra. Finalmente consigue dibujar una sonrisa que no llega a sus ojos.

—Vaya... Enhorabuena.

El silencio que sigue es pesado. Apoyo la mejilla contra su pecho y cierro los ojos, escuchando los latidos de su corazón.

—Gracias.

Nash permanece callado unos segundos.

—¿Entonces esta es nuestra última noche?

Sonrío con tristeza.

—Dicho así parece que me vaya al fin del mundo.

Nash suelta una risa sin gracia, casi un suspiro.

Se incorpora un poco y nos miramos a los ojos. La luz de la luna ilumina su rostro. Tiene la mandíbula tensa, pero su mirada es suave, llena de algo que me duele y me calienta al mismo tiempo.

—Ha sido el verano más imprevisible que recuerdo —murmura, acariciándome la mejilla con el pulgar—. Y también el más bonito.

Al oír la palabra «imprevisible» se me forma un nudo en la garganta. Yo, que siempre he adorado los planes, las listas y el control… nunca pensé que la imprevisibilidad llegaría a gustarme tanto. Y mucho menos que llegaría a enamorarme de ella.

Sin decir nada más, nos besamos.

Es un beso intenso, profundo, con lengua. Pero esta vez no es sucio ni urgente como otras veces. Es dulce. Tierno. Lento. Como si ambos quisiéramos grabarnos en la memoria cada roce, cada sabor, cada respiración.

Nash me tumba con cuidado sobre la cama y se coloca encima de mí. Sus manos recorren mi cuerpo con reverencia, como si estuviera memorizando cada curva. Cuando entra en mí, lo hace despacio, mirándome a los ojos todo el tiempo.

No follamos.

Hacemos el amor.

Cada embestida es profunda y medida. Cada gemido es bajito, casi susurrado. Nos besamos sin parar, respirando el aliento del otro, como si quisiéramos llevarnos un pedazo del otro dentro.

—Te voy a echar de menos —susurra contra mis labios en un momento dado.

Y yo no soy capaz de responder con palabras. Solo lo abrazo más fuerte y lo beso con más intensidad, dejando que mi cuerpo le diga todo lo que mi voz no se atreve.

Porque mañana me voy.

Y esta noche… esta noche es todo lo que nos queda.