Más que una noche con el jefe (Mucho más que jefes 1) 25
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Nash

Al día siguiente de la revelación, conduzco hasta San Diego con una decisión tomada.

Necesito confrontar a Jewel ya.

Aparco frente al elegante edificio de vidrio donde se encuentra Luxe Horizons, su agencia de planificación de eventos de lujo y consultoría de estilo de vida para clientes de alto nivel.

Viajes exclusivos, fiestas privadas en yates, bodas en islas remotas…

siempre moviéndose por el mundo. Ese era uno de los grandes problemas entre nosotros.

Subo hasta el piso quince. Su secretaria me reconoce al instante.

—Señor Langford… no tenía agendada su visita.

—Dile que es urgente. No me iré hasta que me reciba.

Dos minutos después estoy dentro de su despacho.

Jewel está de pie junto al ventanal, vestida con un impecable traje blanco que resalta su figura. Tiene el pelo rubio recogido en un moño elegante. Cuando me ve, levanta una ceja con esa expresión de sorpresa controlada que tan bien conozco.

—Nash —dice con una sonrisa cortés—. Qué inesperada visita.

—Jewel.

Nos sentamos en los sillones de diseño. Durante un par de minutos hablamos de tonterías: el tiempo, un evento reciente en Montecarlo, la salud de su madre. Cortesía pura. Hasta que ya no aguanto más.

—Sé que estás detrás del ataque al Golden Dolphin —digo sin rodeos, mirándola fijamente.

Jewel no se inmuta. Solo inclina ligeramente la cabeza.

—¿Perdón?

—No te hagas la tonta. Sé que contrataste a Shadow Reputation. Sé que estás financiando la campaña de reseñas falsas y las filtraciones. Lo sé todo, Jewel.

Por primera vez, veo un destello de sorpresa real en sus ojos. Se queda callada unos segundos, observándome.

—¿Y has venido a amenazarme?

—He venido a decirte que por la historia que compartimos, aún no te he denunciado a la policía. Pero si no detienes esto inmediatamente, lo haré. No voy a permitir que destruyas todo lo que mi abuelo construyó.

Jewel se levanta lentamente y camina hasta el ventanal. Se queda mirando la ciudad en silencio durante un largo rato. Cuando habla, su voz suena más baja, más vulnerable.

—Lo hice porque te echo de menos, Nash. —Me quedo helado—. Todo esto… lo hice porque pensé que, si el Golden Dolphin dejaba de existir, dejaría de existir también lo único que siempre estuvo por encima de mí. Creí que entonces volverías conmigo.

La miro con incredulidad.

—Jewel…

—Éramos felices —continúa, girándose hacia mí con los ojos brillantes—. Teníamos una vida increíble. Viajes, eventos, libertad. Y de repente tú decidiste que nada de eso iba contigo. Que el resort era más importante. ¿Cómo creíste que iba a aceptarlo?

Me levanto también, manteniendo la distancia entre nosotros.

—No, Jewel. No habríamos estado juntos. Hay otra mujer en mi vida.

Y aunque no la hubiera… tú y yo nunca fuimos compatibles a largo plazo.

Nuestras vidas siempre fueron incompatibles.

Tú necesitas volar constantemente. Yo necesito tener un hogar.

Lo intentamos durante casi diez años y al final nos destruimos mutuamente.

Jewel aprieta los labios. Por un segundo veo dolor auténtico en su mirada.

—¿Nunca fuimos compatibles? —pregunta con una sonrisa amarga—. ¿Eso es lo que te cuentas para dormir tranquilo? Porque yo recuerdo otra cosa. Recuerdo diez años en los que siempre encontrábamos la manera de arreglarlo. Hasta que dejaste de intentarlo.

Niego despacio con la cabeza.

—No fue así.

—Sí lo fue. —Da un paso hacia mí—. Dejaste de viajar. Cada conversación terminaba igual: «No puedo marcharme, el resort me necesita». Siempre era el resort. Siempre.

—Porque era mi responsabilidad.

—No, Nash. Era tu obsesión.

Aprieto la mandíbula.

—Era el legado de mi abuelo.

—Y yo nunca conseguí estar a su altura.

El silencio que sigue pesa como una losa. Jewel baja la vista unos segundos antes de volver a mirarme.

—¿Sabes cuántas veces cancelaste un viaje porque surgió un problema allí? ¿Cuántas cenas terminaban con una llamada del hotel? ¿Cuántas veces me prometiste que, cuando todo estuviera más tranquilo, recuperaríamos nuestra vida?

No respondo.

Porque no puedo.

Muchas de esas cosas ocurrieron de verdad.

—Esperé años, Nash. Años. Y un día comprendí que ese momento nunca iba a llegar.

Respiro hondo.

—Lo sé. Y siento haberte hecho daño. Nunca quise que te sintieras en segundo lugar.

Jewel deja escapar una risa sin humor.

—Pero así me sentía.

Asiento lentamente.

—Lo sé. Y precisamente por eso terminé nuestra relación. Porque seguía queriéndote, pero me di cuenta de que ninguno de los dos iba a renunciar a la vida que necesitaba. Tú necesitabas recorrer el mundo. Yo necesitaba quedarme aquí. No había un término medio que no acabara rompiéndonos otra vez.

Los ojos de Jewel se humedecen.

—Podríamos haber seguido intentándolo.

—No. Lo habríamos alargado unos meses... quizá un año más. Pero el final habría sido exactamente el mismo. —Jewel guarda silencio—. Lo que nunca imaginé es que intentarías hundir el Golden Dolphin para obligarme a volver contigo.

Su expresión se endurece apenas un instante.

—No quería hundirlo. Solo necesitaba que dejaras de elegirlo a él antes que a mí.

—¿Y cuántas personas estabas dispuesta a arrastrar para conseguirlo? ¿Los empleados? ¿Las familias que viven de este lugar? ¿Todo eso también te parecía un daño aceptable?

Jewel baja la mirada.

—Lo dicho —digo con calma—. Retira la campaña hoy mismo. Haz que la gente que contrataste elimine las reseñas falsas, rectifique públicamente y deje de atacar al Golden Dolphin. Quiero que desaparezca hasta el último rastro de todo esto.

Levanta la cabeza despacio.

—¿Y si no lo hago?

La miro fijamente.

—Entonces mañana por la mañana tendrás una denuncia sobre la mesa y toda la información que hemos recopilado estará en manos de la policía. Y te prometo una cosa, Jewel: esta vez no voy a protegerte.

Su expresión se quiebra apenas un instante.

—Nash...

Niego con la cabeza.

—Lo que sentí por ti durante diez años merecía un final mucho mejor que este.

Me doy la vuelta y camino hacia la puerta.

—Tienes hasta mañana.

No espero su respuesta.

Abro la puerta del despacho y salgo sin mirar atrás.