Más que una noche con el jefe (Mucho más que jefes 1) 22
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Nash

La luz del amanecer se filtra suavemente a través de las cortinas blancas de la villa, tiñendo todo de un tono dorado cálido.

Abro los ojos despacio y lo primero que veo es a ella.

Mila duerme plácidamente a mi lado, completamente desnuda.

Su pelo castaño está revuelto sobre la almohada, los labios aún ligeramente hinchados por los besos de anoche, y una de sus piernas está enredada entre las mías.

La sábana apenas cubre su cintura, dejando a la vista la curva perfecta de sus pechos y la suave piel de su vientre.

Joder. Es preciosa.

Mi cuerpo reacciona al instante. La polla se me pone dura solo con mirarla. Anoche fue increíble, pero no fue suficiente. Con Mila nunca es suficiente.

Me incorporo con cuidado, apoyándome en un codo. Ella sigue dormida, respirando de forma tranquila y profunda. Una sonrisa se me escapa. Anoche se entregó por completo, sin reservas, y ahora parece un ángel exhausto.

No puedo resistirme.

Me deslizo bajo las sábanas con lentitud, teniendo cuidado de no despertarla todavía. Separo suavemente sus piernas y me coloco entre ellas.

Beso el interior de su muslo izquierdo, luego el derecho. Subo despacio, dejando un rastro de besos húmedos. Cuando llego a su centro, inhalo su aroma y siento que se me hace la boca agua.

Paso la lengua lentamente por toda su hendidura. Mila se remueve un poco pero no despierta. Repito el movimiento, esta vez presionando más, saboreándola. Está ligeramente húmeda, dulce, adictiva.

Succiono su clítoris con suavidad entre mis labios. Lo rodeo con la lengua en círculos lentos. Mila suelta un pequeño gemido en sueños y sus caderas se mueven un poco. Sonrío contra su piel y sigo.

Introduzco la punta de la lengua en su entrada, follándola suavemente, y luego vuelvo a subir para concentrarme en su clítoris. Lo succiono con más fuerza, lamiendo rápido de lado a lado.

—Mmm… —gime ella, aún medio dormida.

Sus piernas se abren más de forma instintiva. Perfecto.

Añado dos dedos, deslizándolos dentro de ella con facilidad. Está mojándose por momentos. Los curvo buscando ese punto que sé que la vuelve loca y empiezo a moverlos con un ritmo constante mientras mi lengua no deja de trabajar sobre su clítoris.

Mila jadea más fuerte. Sus caderas se mueven contra mi cara.

—Nash… —murmura con voz ronca, despertando por fin.

Levanto la vista sin dejar de lamerla. Nuestras miradas se encuentran. Tiene los ojos entreabiertos, llenos de placer y sorpresa. Sus mejillas están sonrosadas y los labios entreabiertos.

—Buenos días —gruño contra su coño, y vuelvo a succionar su clítoris con fuerza.

—Dios… —gime, arqueando la espalda. Sus dedos se enredan en mi pelo, tirando de él—. Nash… joder…

Acelero el movimiento de mis dedos, follándola más rápido, más profundo. Mi lengua lame y succiona sin piedad. Siento cómo sus muslos tiemblan alrededor de mi cabeza.

—Menudo despertar… —jadea, moviendo las caderas contra mi boca—. No pares… por favor…

No pienso parar. Quiero que se corra en mi lengua. Quiero saborear cada gota de su placer.

Succiono su clítoris con más intensidad y froto ese punto dentro de ella con los dedos. Mila se tensa. Sus gemidos se vuelven más altos, más desesperados.

—Nash… ¡Sí! ¡Me corro!

Su orgasmo explota con fuerza. Aprieta mi cabeza contra su sexo mientras tiembla violentamente, inundándome con su sabor. Sigo lamiendo suave y lentamente, alargando el placer hasta que queda temblando y sensible.

Solo entonces subo por su cuerpo, besando cada centímetro de piel que encuentro a mi paso. Cuando llego a su boca, la beso profundamente para que se pruebe a sí misma.

—Buenos días de verdad —murmuro contra sus labios, sonriendo.

Mila suelta una risa entrecortada, aún recuperando el aliento. Sus ojos brillan con satisfacción y algo más profundo. Me rodea el cuello con los brazos y me besa otra vez.

—Esto sí que es una buena forma de empezar el día —susurra

—Pues prepárate, porque pienso despertarte así más a menudo.

Ella se ríe suavemente y esconde la cara en mi cuello.

Anoche cruzamos una línea importante. Hoy, en la luz clara de la mañana, no hay arrepentimientos. Solo ganas de más. De ella. De todo lo que podamos construir juntos, aunque sea complicado.

Mila se estira contra mí, perezosa y satisfecha.

—¿Qué hora es? —pregunta con voz aún ronca de sueño.

Miro el reloj en la mesita.

—Poco más de las siete. —Ella suspira—. ¿Por qué?

—Es lunes, Nash. Tenemos trabajo, ¿recuerdas? La crisis del resort no se va a resolver sola.

Me quejo contra su cuello, abrazándola más fuerte y besando la piel suave debajo de su oreja.

—¿Y si hacemos campana? —propongo, mordisqueando suavemente—. Solo un día. Tú y yo, encerrados aquí. Sin reuniones, sin correos, ni reseñas falsas. Solo esto.

Mila se ríe, pero niega con la cabeza, aunque noto que le cuesta.

—La crisis del resort no permite campanas, señor Langford. Además, Chloe y el equipo de Marketing me esperan a las nueve para revisar los resultados de los directos del fin de semana.

Gruño y ruedo sobre ella, atrapándola bajo mi cuerpo. Mi polla se apoya contra su muslo.

—Podemos llegar tarde… —murmuro, besando su cuello, bajando hacia sus pechos—. Dame media hora más y te prometo que valdrá la pena.

Mila gime bajito cuando succiono uno de sus pezones, pero pone las manos en mis hombros y me empuja con suavidad.

—Nash… —advierte, aunque su voz suena tentada—. Anoche ya fue una locura. Si seguimos así, no voy a poder caminar derecho en todo el día.

—Eso suena como un plan excelente —respondo, sonriendo contra su piel.

Ella se ríe y me da un empujón más firme.

—Levántate. Necesito una ducha y tú también. Y después… vuelta a la realidad.

Suspiro dramáticamente, pero termino rodando a un lado. Mila se incorpora, dejando que la sábana caiga revelando su cuerpo desnudo. Me quedo mirándola sin disimulo.

—Eres peligrosa por las mañanas —murmuro.

—Y tú eres insaciable —responde ella, inclinándose para darme un beso rápido antes de levantarse.

La observo mientras camina hacia el baño, admirando el balanceo de sus caderas. Antes de entrar, se gira y me mira por encima del hombro.

—¿Vienes?

No necesito que me lo diga dos veces.

Me levanto de un salto y la sigo. El agua caliente cae sobre nosotros minutos después. La beso bajo el chorro, despacio, saboreando la mañana. Mis manos enjabonan su cuerpo y las suyas recorren el mío. No follamos, pero las caricias son íntimas, cargadas de promesas.

Mientras nos vestimos, la realidad empieza a filtrarse. Mila se pone un traje pantalón azul marino que le queda espectacular.

Yo, en cambio, tengo que ponerme la misma ropa de anoche: el esmoquin arrugado que todavía huele a la gala. Me miro en el espejo y hago una mueca.

—Tengo que pasar por mi villa antes de ir al despacho —digo mientras me abotono la camisa—. No puedo presentarme así en una reunión.

Mila se acerca por detrás y me rodea la cintura, mirándonos a ambos en el reflejo.

—Te queda bien el look de «noche intensa» —bromea, besando mi espalda—. Pero sí, mejor que te cambies. No queremos darles carnaza a los cotilleos.

Mila prepara café en la pequeña cocina de la villa. Nos sentamos en la isla, aún con el pelo húmedo. El aroma del café llena el ambiente mientras el sol entra por los grandes ventanales.

Doy un sorbo a mi taza, observándola por encima del borde. Está guapísima. Bueno, miento. Es guapísima.

—Mila… —digo en voz baja—. Sobre lo de anoche… y lo de esta mañana. ¿Significa esto que tengo tu aprobación para que se repita?

Ella levanta la mirada de su taza. Por un segundo se queda callada, mordiéndose el labio inferior. Luego sonríe, con una sonrisa pequeña y traviesa que me encanta.

—Significa que ya no quiero seguir luchando contra esto —responde con sinceridad—. Me gusta estar contigo. Me gusta cómo me haces sentir. Y sí… quiero que se repita. Pero tenemos que ser muy cuidadosos, Nash. Nadie puede enterarse.

—¿Ni siquiera Kai?

Ella duda.

—Bueno… Kai es diferente —admite finalmente—. Confío en él. Es tu mejor amigo y socio, y ya sospecha que algo pasa entre nosotros. Si alguien tiene que saberlo, prefiero que sea él. Pero solo él. Nadie más.

Sonrío, aliviado.

—Trato hecho. Solo Kai.

Mila asiente y da un último sorbo a su café.

—Ahora ve a cambiarte a tu villa. Nos vemos en la reunión de las nueve. Y compórtate, señor Langford.

Me guiña un ojo antes de dirigirse al dormitorio para terminar de arreglarse. Me quedo un momento más en la cocina, sonriendo como un tonto.

El día acaba de mejorar considerablemente.

Sé que aún nos queda mucho de lo que hablar, y que no tengo ni idea de lo que pasará en unas semanas cuando ella se marche. Lo único que sé es que quiero aprovechar cada segundo que tengamos juntos.

Salgo de la villa con una sonrisa que no me cabe en la cara. Camino por el sendero hacia mi villa, todavía con el esmoquin arrugado de anoche, pero sintiéndome el hombre más afortunado del mundo.

Apenas he avanzado unos metros cuando escucho pasos rápidos detrás de mí.

—¡Nash! ¡Espera!

Me giro. Mila viene corriendo por el sendero. Lleva el móvil en la mano y su expresión ha cambiado por completo.

—¿Qué pasa? —pregunto, preocupado.

Ella se detiene frente a mí, respirando agitada.

—Acabo de recibir una llamada de uno de mis informáticos de confianza en Nueva York. Ha estado trabajando toda la noche en las trazas… —Hace una pausa, mirándome a los ojos—. El ataque se está perpetrando desde California, en algún lugar cerca de Golden Cove.

Me quedo helado.

Eso significa que quien intenta destruir el Golden Dolphin ha estado mucho más cerca de nosotros de lo que jamás imaginamos.